Trabajar y disfrutar del viaje

14 julio 2022

Cada día me encuentro con gente que disfruta razonablemente con su trabajo.  Es cierto que hay muchas personas que viven el trabajo como algo que no les motiva y para algunos les hurta lo mejor de la vida. Para todos aquellos que tienen un trabajo donde disfrutar es muy difícil, les presento todo mi respeto y comprensión. Este no es un artículo para ellos, aunque si se deciden a leerlo espero que no les incomode.

Escribo para quienes sienten que el trabajo no es una condena, aunque les cueste ir a trabajar por las mañanas, se le hagan cortas las vacaciones o haya días de fatiga. Escribo para aquellos que ven en el trabajo una oportunidad para seguir creciendo como personas y un viaje en el que se puede disfrutar.

Lo que nos hace disfrutar del trabajo (o nos hace detestarlo) son las personas. Disfrutamos trabajando al lado de personas que nos hacen sacar nuestra mejor versión. No hay nada cómo trabajar con alguien que te inspira y del que aprendes. Por el contrario, trabajar con tóxicos significa convivir con gente que ni disfruta, ni deja disfrutar.

El respeto, el aprendizaje constante y el sentido del equilibrio son elementos que nos permiten disfrutar de nuestro trabajo. Disfrutamos mucho cuando sentimos que podemos crear y concretar oportunidades.

Disfrutamos especialmente cuando combinamos nuestras funciones habituales (nuestro puesto de trabajo) con proyectos que nos descubren otras dimensiones de la empresa, del negocio o del management.

Tener un contexto de personas positivo es fundamental para estar bien en el trabajo. Gente buena y buena gente. Ni más tóxicos, ni más pesados de los que nos depare la estadística.

Si además la empresa tiene un propósito que dignifica en algo a las personas o a la sociedad, no solamente disfrutamos si no que le encontramos sentido a lo que hacemos. Disfrutamos de un propósito que dignifica.

Es un gusto disfrutar de una buena reunión, ágil, inteligente y en la que se toman decisiones. Una reunión exenta de egos desatados, de pesados y de redundancias. Es reconfortante escuchar una presentación que a la par de breve tiene algo de lección magistral, disfrutamos con debates que nos elevan, que nos ayudan a esquivar la mediocridad. Es excitante tomar decisiones responsablemente arriesgadas. Pero cuando más disfrutamos es cuando descubrimos la autenticidad en aquellas cosas importantes: las del respeto a las personas y la forma de vivir los valores.

Disfrutamos con la fluidez, con el sentido práctico y el sentido común. Cuando rematamos una venta. Al sentir en las entrañas la excelencia. Cuando tenemos un equipo sincronizado. Al aprender. Disfrutamos cuando no nos colonizan las tonterías.

Pero disfrutar trabajando no quiere decir que no debamos enfrentar adversidades. Los problemas llegan a todos y a todas partes. Pero incluso en los momentos complejos conozco profesionales y directivos que encuentran un sentido especial a su trabajo.

La resiliencia y los desafíos de inteligencia y de esfuerzo que exigen también dan sentido al trabajo. Si todo fuera fácil y previsible nuestro trabajo lo harían las máquinas. Hay mucha gente que disfruta con la esencia de su trabajo, con lo que hace. Simplemente les gusta mucho.

Es evidente que hay momentos en que nos disfrutamos: al enfrentarnos a decepciones con algunas personas; sufrir desilusiones; cuando una cuando una venta o un proyecto ilusionante se caen.  Por supuesto, cuando hay conflictos. O cuando no para de crecer la complejidad con más dilemas que problemas. Es evidente que se puede disfrutar, aunque haya sinsabores puntuales, o que vivamos etapas más duras y etapas más felices.

Todos estamos muy acostumbrados a vivir entre objetivos ya sea a escala empresa, equipo o a nivel personal. Es una forma de funcionar. Pero, aunque el ritmo sea alto, les sugiero aprender a disfrutar del viaje. Los objetivos están bien, pero el viaje también.

Aprender a transitar los días con el hilo conductor del aprendizaje, en un contexto de convivencia positiva, con liderazgos que se conjugan con ejemplo y humildad. La vida profesional es un largo viaje, en el que hay destinos y estaciones intermedias, con sus atascos y demoras.

Es importante disfrutar del viaje, aprender a madurar, saber pasar de la obsesión por dar respuestas a la querencia por las preguntas pertinentes. Alcanzar la brevedad. Comunicar sin necesidad de decirlo todo y acariciando los silencios. Hablar menos y escuchar más. Aprender a escuchar lo que no nos dicen. Saber contextualizar. Tener perspectiva, dramatizar menos, pero conjurándonos en no perder una cierta ingenuidad.

Desafiarnos con la innovación deconstruyendo ortodoxias. Militar en la liga de los que se quejan poco, pero a los que les gusta el equilibrio y el sentido de justicia. Componer detalles y apreciar los detalles como regalos. Liderar sin aspavientos, con batuta invisible, gracias Inma Shara, me quedo con tu frase:

«la tecnología tiene que crear personas del renacimiento, personas cultas. Porque la tecnología, al final, está al servicio del ser humano. Porque, ¿qué hace diferencial una marca de otra? Su capital humano. Un metrónomo puede ser alta tecnología pero, ¿qué es lo que da vida a esa tecnología, qué es lo que hace que una obra pase de la lectura a la interpretación? El espíritu humano».

Disfrutar requiere aprender a dominar las pretensiones. Ir tejiendo una trayectoria con sentido (aunque lo descubras después) y con compromiso. Saber discernir la agilidad de la prisa. Administrar las urgencias. No forzar la naturalidad. Desmitificar ciertos esfuerzos. No confundir el valor de las personas con los galones profesionales.

No hacer de la perfección una religión, pero acostumbrarnos a procurar más resultados que excusas. Aprender a admirar. No olvidar a los memorables nunca. Empequeñecer cualquier arrogancia. Sortear la autocomplacencia. Aprender para no envejecer. Desaprender para enfrentar nuestras obsolescencias. No renunciar a la creatividad ni en la complejidad.

Viajar. El trabajo. La vida.

Este pequeño texto es un pequeño homenaje a los que, normalmente, disfrutan con su trabajo y no tienen necesidad de refregarlo cada día al prójimo. Y sobre todo, es un homenaje sincero a todos aquellos que nos han enseñado a disfrutar de nuestro trabajo. Buen viaje.

Artículo escrito por Xavier Marcet

Fundador y presidente de Barcelona Drucker Society

9 Comentarios

  1. Teresa

    Muchísimas gracias, llevo 25 disfrutando de mis proyectos y eligiendo el foro donde expresarlo

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  2. Juan Guerrero

    Extraordinario. Gracias

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  3. Jose Manuel Galván

    Simplemente Gracias

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  4. Raquel

    Muy Interesante !! Yo también disfruto de mí que hago, cada día es un reto.
    Graciasssss

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  5. jordi wilfred

    Salud y gotas de alegría para tus andares !

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  6. Esteban

    Fantástico, muy bien explicado

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  7. Jorge Blandon

    Maestro Xavier, muchas gracias por sus enseñanzas. Gracias por recordarnos que debemos ser humanos.

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  8. Isabel

    Donde esta la frontera entre la reivindicacion justa y la queja?

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  9. Blanca

    Gracias, es fantástico de nuevo.

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