7 antídotos para no acabar siendo un estúpido

24 octubre 2021

Antídoto, según la RAE, es un medio preventivo para no incurrir en un ‘vicio’. Así que asumo el reto. Tras describir las 7 amenazas para no acabar alimentando a nuestro estúpido interior, me han propuesto que me pronuncie sobre cuáles podrían ser los 7 antídotos para evitar esas amenazas. 

¿Qué podemos hacer para no caer en el ego, la autocomplacencia y, en definitiva, perder lo que nos ha hecho fuertes? Supongo que esto no es como el pan, o como preparar percebes —hervir un minuto en agua y mucha sal—. No hay recetas fáciles ni instantáneas ni, mucho menos que sirvan para todo el mundo. Pero el desafío me ha hecho pensar y atreverme a describir lo que serían mis 7 antídotos favoritos. Y, con la misma sinceridad que los comparto, estaré encantado de recibir más ideas y más antídotos.

Antídoto 1.- Abre el foco

El foco es crítico para la productividad. Dedicar una hora a una tarea es dejar de dedicar esa hora a otra. Elegir qué hacer y, por tanto qué no hacer, es absolutamente necesario para progresar, crecer, mejorar y lograr una excelencia en cualquier campo. 

El foco de la atención y la energía son las dos bombas de productividad más importantes a nuestro alcance. Pueden crear una especialización, y potenciar nuestras destrezas, a niveles extraordinarios. 

Pero ese foco también es peligroso. Un martillo siempre ve y busca clavos. Un foco excesivo nos conduce a estrechar nuestra realidad. Si en esa realidad ya me empiezo a “sentir el gallo del corral”, aparecen los problemas, y el estúpido que llevamos dentro puede emerger con fuerza.

¿Cómo lo controlamos? Abriendo el foco de nuestra atención y energía. Combinar la hiper-especialización con nuevos terrenos por descubrir. 

Piensa en el siguiente ejemplo estúpido —pero esto va de estupidez, ¿no?—:

Si diseñamos, fabricamos y vendemos sillas de madera azules, y sólo azules y sólo de madera. Y somos los mejores del mundo en esas sillas. Es probable que tengamos el ego subido y la estupidez en límites clínicos. Pero quien sólo piensa y ve el mercado de las sillas azules se olvida del mercado de las sillas blancas. Se olvida del mercado de las sillas y se desconecta del mercado del confort,… en definitiva, se olvida de todo lo que NO le deja ver su estrecho foco. 

¿Y sabes qué pasa cuando, de repente, a nadie le gustan —ni compran— sillas azules de madera? Que se acabó el ego y el dinero… ¿Y sabes qué pasa si estás pensando en el mercado del confort y no en el de las sillas azules? Que tendrás tantas cosas que aprender continuamente, cada día, que no tendrás tiempo de sentirte el mejor, porque no lo serás. Porque compites en una liga donde es casi imposible ganar siempre. El océano es demasiado grande cuanto más amplio sea tu foco.

Antídoto 2.- Proponte retos ambiciosos

En la Burbuja Emprendedora usé, porque le admiro, varios ejemplos de Kílian Jornet. Un chico de 1,71 metros de altura y 60 kilos que ha logrado hazañas deportivas míticas. Por ejemplo, subir corriendo y coronar la cima del Everest. De él admiro dos cosas:

La primera, porque abre mucho su foco. Amplió las disciplinas donde sus capacidades deportivas pueden tener cabida: ultra-maratores, carreras extremas de montaña, esquiar, subida a cimas corriendo… 

Esto le lleva a entrenar muy duro y plantear siempre un reto superior. En este proceso no hay espacio para el ego y caer en la amenaza del estúpido interior. 

Si lo hiciera le podrían pasar dos cosas:

  • Una, que no entrenaría tan duro, y no lo lograría, porque cada reto implica una superación y un nuevo entrenamiento. 
  • Y, dos, creerse invencible y entrar en el pensamiento peligroso de ‘si lo hice antes, ahora también’.  Esto le llevaría a cometer riesgos estúpidos: y se jugaría la vida. De hecho, ha visto morir a amigos y deportistas de élite como él en algunas de estas hazañas.

Y esto me lleva al segundo motivo de mi admiración por Kílian. Su diálogo interior y la forma en la que comunica. Desprende una humildad, real y auténtica —nada artificial—  de un hico de 60 kilos que entrena muy duro, sigue su pasión y mejora continua pero que, en el fondo, considera que lo que hace no es nada extraordinario. 

Sabe en qué es bueno, pero asume que no puede curar el cáncer, ni pilotar un avión o simplemente hacer cosas que otros muchos hacen. Simplemente, trabaja duro y piensa en retos y desafíos nuevos, sigue su pasión sabiendo siempre que es un punto más en el océano. Quizás por estas cosas, y por lo que representa, se puede explicar por qué las marcas quieren patrocinarle y por qué él puede vivir de su pasión.

Antídoto 3.- Nunca renuncies a la sinceridad y la transparencia

Cuando leí el libro del fundador de Netflix, Reed Hastings, me quedó radicalmente claro. Es imposible crear algo extraordinario, reinventarse de la nada, y estar en la cresta de la ola surfeando todos los días, sin una cultura y unos valores sólidos. Pero, sobre todo, sin asumir que la sinceridad y la transparencia son condimentos imprescindibles: si no los tienes, no lo lograrás en contextos de alto rendimiento y creatividad. 

Una de las cosas más terribles que nos puede pasar, cuando nos creemos ‘alguien’, es rodearse de personas aduladoras, que no se atreven a contradecirte y jamás te dirán lo que piensan. Lo vi y lo veo en empresarios de todo tipo, en políticos o, incluso, en profesionales que tienen una reputación muy sólida, o eso creen. Pierden cada día el partido cuando tienen a su lado a quienes les bailan el agua y no les desafían. 

Y esto lo sabe muy bien los que pretenden conseguir grandes metas y, además, mantenerlas en el tiempo. Rodéate de personas sinceras, auténticas, que no tengan el ‘halo’ de que eres ‘alguien’. Que te bajen a la tierra, te desafíen, resalten si te equivocas, cuando lo haces. Que no acepten malos modales. Y se conviertan en tu espejo de confianza extrema.

En Netflix se creó un sistema de organización trazada para controlar estas cosas. Es prácticamente imposible que los estúpidos coronen y nadie les diga nada. Hay contrapesos, gente de talento extraordinario debatiendo ideas de otros ‘extraordinarios’. Cada día es un desafío. Importan las ideas, la ejecución marca la diferencia y los egos se quedan en el parking. Es un sistema diseñado para matar a la autocomplacencia.

Si creas tu propio sistema para trabajar (y, en general, vivir) con personas leales, trasparentes, sinceras. Te apoyas en ellas y evitas tomar decisiones sin pasar por filtros duros, será difícil que el ‘porque lo digo yo’ funcione. Y, si funciona, empezará tu muerte lenta. 

Una amenaza terrible para quien se cree que tiene mucho dinero, poder, sabiduría o… ‘lo que sea’ es que desprecie lo que los demás le pueden aportar. Si no te proteges de esa amenaza y te sometes a la crítica constructiva y trabajada, el peligro de que el estúpido interior reine a sus anchas está cerca.

Antídoto 4.- Haz preguntas abiertas

En general, podría decir que la mejor vacuna contra la estupidez es tener inquietudes inagotables por aprender y desaprender. Y la chispa siempre arranca de una pregunta: qué, por qué, cómo, cuándo, … Pero una vacuna aún más potente es cuando te impones preguntas abiertas, que no tienen una respuesta categórica hoy y para siempre. Son preguntas que te llevan siempre a seguir en la brecha. 

Por ejemplo, ¿cómo puedo prestar un servicio mejor? ¿Cómo puedo hacer esto en menos tiempo? ¿Cómo puedo reducir el impacto? ¿Quién es el líder de este mercado y por qué lo es? ¿Qué puede querer mi cliente y que no le estoy ofreciendo? ¿Dónde estará mi mercado en los próximos… meses, años, décadas? ¿Qué alternativas tienen mis clientes a lo que yo les ofrezco? ¿Dónde quiero estar en 2 años y qué pasos debo de dar para ello? ¿Tengo la energía, el equipo y los recursos adecuados en aquello que aporta más valor? ¿Y por qué sé que estoy aportando ese valor? ¿Qué problemas están resueltos en otros sectores/empresas y no en la nuestra? ¿Y esto por qué ocurre?

Hay miles de preguntas abiertas. Las preguntas abiertas en los negocios son una fuente inagotable de ideas, proyectos, mejoras y maneras de romper el puzzle. Una empresa sin preguntas es una empresa sin sangre en sus venas, sin oxígeno, en muerte lenta cerebral.

A nivel personal me ocurre lo mismo: ¿Cómo me podría alimentar mejor? ¿Cómo podría estar más saludable? ¿Dónde quiero estar en 3 años y cómo lo voy hacer? ¿Soy humilde y luchador y trabajo lo suficiente cada día? ¿A quién debo agradecer su ayuda esta semana? ¿Qué problemas me gustaría abordar y resolver? ¿Dónde pongo la energía esta semana? ¿Dónde están mis carencias? 

Preguntas, preguntas, preguntas… porque sólo así nos daremos cuenta de que no hay un estado único. Vivimos en un equilibrio (‘éxito’) inestable. Hay cosas importantes en nuestras vidas y tenemos que re-preguntarnos si estamos haciendo lo correcto en cada momento. Y esto es una forma importante de luchar contra ese estúpido. Pero, ojo, esto sólo sirve si se aplica el antídoto anterior: responder bajo un sistema de sinceridad y transparencia. El autoengaño no sirve, porque no obtendrás nada de valor.

Antídoto 5.- Haz cosas que no tengas ni idea de hacer

Resulta fácil sentirse cómodo, el rey de la sala, si siempre jugamos al mismo juego, donde tú eres líder. O un juego en el que tienes ventajas sobre los demás, por lo que sea. Eso tiene su mérito, pero si el mérito acaba en estupidez… durará poco ese supuesto éxito.

Un antídoto que me encanta es beber de muchas fuentes. Si no sabes nada de chino y vas el primer día a clase, ¿cómo te sientes? ¿Quién es el listo ahora? Si eres el mejor economista de tu comunidad pero vas a una clase de programación en robótica, ¿dónde queda tu sabiduría en economía? Si eres un gran emprendedor vendiendo chicles, ¿qué pasa si buscas productos nuevos para vender? Siempre hay ámbitos donde podemos ser meros novatos, aprendices eternos. Y muchos de esos ámbitos aún refuerzan más tus capacidades personales (donde ya eres fuerte). 

Abrir nuevos frentes, aprender, desafiarte, mantener viva la curiosidad, es una fuente infinita de poder creativo, de humildad y de trabajo duro. Cuando uno aprende cosas nuevas, conoce negocios diferentes (radicalmente diferentes) a los que conoce. Tecnologías diferentes. Problemas recurrentes —siempre existen problemas, miles de problemas por tratar—. Cuando te dedicas a escuchar, leer y conectar con grupos de personas ajenas a tu ‘mundo’… Cuando esto ocurre algo nuevo emerge. 

Emerge la posibilidad de combinar nuevas posibilidades para crear. En general, este antídoto te hace más fuerte, a la vez que muestra tu vulnerabilidad (hay n campos vitales donde el gallo del corral NO eres tú).

Antídoto 6.- Inúndate de la complejidad social

El mundo es cualquier cosa menos sencillo. Nada es es lineal, fácil ni predecible. El mejor antídoto para saber que somos seres en evolución continua es inundarte de esa complejidad. No hay una App que resuelva el Alzheimer. Estamos lejos de resolver el problema del cambio climático. La desigualad y la pobreza aún hacen estragos. Y la libertad individual, por muchos derechos humanos que publiquemos, sigue siendo, a nivel global, escasa.

Pensaba en ello cuando en el verano de 2019 visitaba el mayor vertedero del mundo, en Bombay. Justo donde proyectos solidarios de ONGs tratan de rescatar a los niños y niñas, la mayoría sin papeles ni identidad legal, de las redes de la trata de seres humanos. 

Les ofrecen oportunidades para educarse, tener una identidad y a preparase para la ‘selva’ de la vida. Pasear por aquel vertedero, callejear por los sitios más pobres de la India, te da esa perspectiva de que la vida es compleja. Está plagada de problemas, de desafíos sin resolver. 

Entre otras cosas, me permitió preguntarme, ¿por qué yo no estoy ahí, en ese vertedero también? El líder de Sonrisas de Bombay, una ONG de la que participo, me decía, precisamente, que uno entiende la complejidad cuando trata de aportar una identidad a esos niños, lucha contra las mafias, incluso contra los propios gobiernos, para que nos les quiten ‘sus productos valiosos’. O cuando entiendes que educar es un desafío terrible, o que asegurar la libertad como personas, y nuestros derechos humanos, es una lucha diaria.

Esa complejidad te hace sentirte ‘pequeño’. Te ayuda a controlar el estúpido que llevamos dentro. Por eso, un antídoto ideal es viajar. Pero pisando terreno, conocer gente, problemas, desafíos. Querer ver más allá de nuestro ‘pequeño mundo’. 

Quien mejor resumió esta idea fue Guy Kawasaki cuando me dijo que, al final, todos somos los restos de unas cenizas que valen unos pocos centavos. Lo único que prevalece es el legado que dejamos. Lo que hemos contribuido a mejorar esa complejidad y esos desafíos sociales.

Debemos ser conscientes de ese privilegio e, incluso, de esa suerte, y tratar de impactar más allá de nuestras vidas. Malcolm Gladwell, lo explicaba bien en su libro Fuera de serie:

«hay muy claramente un patrón; y resulta asombroso lo poco que parecemos querer reconocerlo. Fingimos que el éxito es exclusivamente un asunto de mérito individual. Pero no hay nada en ninguna de las historias que hemos visto hasta ahora que corrobore que las cosas son así de simples. 

Estas historias, en cambio, hablan de personas que tuvieron una oportunidad especial de trabajar duro y bien y la aprovecharon; y que además llegaron a su mayoría de edad en un buen momento para que su extraordinario esfuerzo fuese recompensado por el resto de la sociedad. Su éxito no fue sólo de fabricación propia: fue un producto del mundo en el que crecieron».

Conoce mundo, descubre y analiza problemas, involúcrate en esto que llamamos sociedad. Trasciende. Hay un valor increíble que aportar. Suma, no dividas. Aplica el antídoto de asumir que vivir es un reto apasionante y estamos en el mismo barco.

Antídoto 7.- Sé, usa y disfruta del silencio 

Titular: “Abre en Barcelona una escuela de postureo”… Estar en un sitio, tener la foto con, hacer como que…para enseñar al mundo. El postureo es fruto de una vida cada vez más artificial. Repasas las cuentas de Instagram de empresarios famosos (alguno italiano vomitivo, pero hay cientos), de supuestas modelos, actrices, famosos que no se sabe por qué lo son… personajes con millones en sus cuentas y especialistas del espectáculo. 

Repasas sus cuentas ves: felicidad, vidas perfectas, sonrisas perfectas, cuerpos perfectos, momentos especiales todos los días y personas exitosas. Fiesta, vivir, carpe diem… y mucho ‘glamour’. Peligro: esto se transmite como un ventilador masivo —y tengo hijas en la adolescencia y lo sufro— y hace pensar que esto que hacen algunos de estudiar, trabajar, sufrir y sudar la camiseta es … ¡algo ‘de estúpidos’!

Y, en realidad, la estupidez es lo que transmiten estos supuestos influencers. Los estúpidos son ellos. Venden lo que queremos comprar: lujo, diversión, éxito a ‘imitar’. El éxito de lo banal, de una vida sin problemas y del photoshop. La vida de lo sencillo. Justo lo contrario de lo que decía en el antídoto anterior.

Por todo ello, un antídoto al que le doy mucho valor es al silencio. Mantenerse honesto, no pavonearse, contribuir y aportar por encima de todo. Esconder nuestra vida huyendo de ese postureo… 

Este antídoto se podría resumir con una reflexión que el editor Erling Kagge publicó en su libro El silencio en la era del ruido:

«El lujo es un bien innecesario del que hay escasez…Algunas de las personas más acaudaladas del planeta llevan una vida moderada desde el punto de vista material, mientras que otros optan por nadar en la abundancia. La experiencia me dice que todos aquellos que viven cubiertos de lujo saben una cosa que los demás ignoran: que solo reporta satisfacciones pasajeras. Lo que quiero decir es que el silencio es el nuevo lujo. El silencio posee una cualidad más exclusiva y perdurable que ningún otro lujo».

Las personas que más admiro. Las que más han influido en mí. Las que me hacen replantearme las cosas. Por las que lucho y daría hasta mi última gota de esfuerzo. Esas personas las reconozco por sus valores sólidos, su contribución más allá de sus bolsillos, su forma de vivir y de afrontar los problemas. Somos seres humanos, por suerte, en construcción y mejora. Como decía Machado: por mucho que lo intento, no soy capaz de sumar personas. Somos tan diferentes, que es imposible agregarnos o simplificarnos en un número. Por eso el mejor antídoto, que igual simplifica los 7 anteriores, quizás sea este: aspira siempre a ser tu mejor versión. Cuando compites contra ti mismo es más fácil controlar la estupidez interior.

Artículo escrito por Javier García

Editor de Sintetia

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