Los chupaideas y el arte de matar equipos de alto rendimiento

28 noviembre 2021

1+1:33

La columna de:

David Asensio

Chupaideas, el arte de apuntarse ideas propias cuando no son originales. Podría ser el título de un buen documental.¿Te acuerdas cuando ver documentales de La 2 era cosa de frikis, objeto de risas incluso? Pues ahora ver los documentales de Netflix es algo de creativos, culturetas que beben ideas de todos los rincones y algo que marca la diferencia con el resto de los mortales. Las modas traen este tipo de contradicciones, y tenemos que convivir con ellas. 

Si hiciéramos un documental de los chupaideas mostraría que siempre han estado ahí, latentes, con nosotros. Pero cuando las crisis acechan, ellos salen a la caza. Tras empresas caducas y secas de ideas, suele haber una buena proporción de chupaideas por metro cuadrado.

¿Cómo es un chupaideas?

El perfil de chupaideas es aquella persona que toma ideas de los demás y luego las sueltan como ocurrencias propias, en otros contextos.

Todos conocemos a la típica persona que propone el plan de los demás y lo hacen propio o cacarean discursos calcados al de otros amigos y los hacen propios. En el mundo de los negocios esto se hace aún más estrambótico. Sobre todo en equipos de bajo rendimiento, cargados de egos y de una necesidad imperiosa por figurar. Cualquier chupaidea puede hacer que te lleves una ‘medalla’. Y empieza una competición autodestructiva.

Porque tener un chupaideas cerca es una bomba de destrucción masiva de motivación. Nada peor que matar la meritocracia y aupar a los que tienen ideas trabajadas, propias o en equipo, con esfuerzo, dedicación y energía puesta en la mejora. Para que luego un chupaideas la “eleve”, se quede con el mérito, oculte al equipo/persona y mantenga su ego. 

Este método clasista, muy típico durante más de un siglo de managament, destruye la creatividad. Mata cualquier energía positiva. Genera competencias absurdas. Organizaciones verticales, donde uno es el visible, y no el resto. Resultado: matan la sabia que hace eternamente joven a un proyecto. 

Los chupaideas son células cancerígenas que se extienden por toda la organización. Son lo contrario de las culturas transparentes. Navegan en la dirección contraria a la de crear equipos de alto rendimiento: personas apasionadas, trabajadoras, que buscan aportar en cada momento, que trabajan en todos los rincones de la compañía para lograr las mejores ideas y ejecutarlas. Pero que también quieren tener la recompensa de sentirse validados. Valoran la meritocracia como una parte de su salario emocional. Y el cáncer de los chupaideas se lo impide. 

¿Y sabes qué hace un profesional con gran liderazgo y capacidad ante los jefes chupaideas? Se va…

Tipos de chupaideas

Son las personas que dan origen a esta estirpe.  

Son aquellas personas que son fanáticos de los términos que empiezan por Co-.  Colaboración, Cooperar,  CoBranding, Coworking. Y no porque crean en ellas como herramientas para crear cosas diferentes. Creen en ellas como una vía para aparentar: hacer como que saben —pero recitando ideas de otros—. Mostrar que trabajan —pero rodeados de otras personas con más talento que ellos que hacen el trabajo de verdad—.  Pero sobre todo, tienen una gran habilidad en comunicar —los primeros en contarlo en redes sociales, hacerse fotos, mostrar y aparentar—.

A un chupaidea no le importa tener en la boca todo el rato palabras como autenticidad, pasión, lucha. Sin embargo, no suelen hacer nada por ellos mismos. Un chupaideas se involucra en proyectos con “marca” o con equipos “ya consolidados”. Porque no tiene ideas propias, pero es el más hábil en usar el ventilador a la hora de contar qué se hace, y los resultados que se logran. Y, de paso, tratar de apuntarse el tanto. 

Ojo, el principio de Peters falla poco. Es fácil que todo el mundo ascienda hacia su nivel de incompetencia. Y estos chupaideas cuando ocupan altos cargos de responsabilidad —se nos vienen a la cabeza cargos políticos puestos a dedo, puertas giratorias varias, directivos que están ahí por su apellido— sólo generan desdén entre sus equipos. Sus equipos saben que trabajan para un chupaideas que los va a menospreciar, que usará su trabajo para mejorar su imagen y tapar sus vergüenzas. Esto, tan típico en empresas de gran tamaño y en empresas familiares, destruye la capacidad creativa de los equipos.

Otra versión de los chupaideas son los que se suman a todas las modas. Da igual de lo que sea, si sabe como si no. Está al día, recita ideas, se involucra en proyectos o se tratan de aprovechar de quien sabe de ello, para rápidamente, con una mínima capa de pintura, hablar de la “nueva moda”, del nuevo “vocablo”, de la nueva “tendencia”. Hablar, hablar y hablar, siempre desde la superficie, después de haber chupado ideas o una ligera formación sobre el tema. Un chupaideas se esconde tras su gran habilidad: comunicar bien, aparentar y tratar de ganarse la vida en base a ello. 

El chupaideas se siente feliz en la Burbuja Emprendedora, como este experto en Congresos 🙂

¿Cómo detectar a un chupaideas? 

Suelen ser personas aduladoras. Encantadoras de serpientes. Te llaman crack, muchas veces. Dicen que te admiran, tu trabajo les parece atractivo. Quieren sumarse a tus proyectos. Escucharte, colaborar gratis incluso. Buscan empaparte de ti, de tus ideas… para… ¡copiarlas!

También utilizan otras tácticas. Llaman a menudo, te escriben. Preguntan mucho, quieren saber todos los detalles de tus proyectos. Qué ideas estás cocinando nuevas, con quién, cómo. Parece que se preocupan por ti. Un chupaideas no cuenta mucho sobre qué hace, básicamente porque no tiene mucho que decir. Tiene la capacidad de absorber como nadie. Y su trabajo es adular, preguntar, extraer lo que puede gustar o llamar la atención… e irse, hasta la próxima.

A cambio, un chupaideas no está cuando le necesitas. No está cuando no salen los proyectos, hay problemas y no sabes cómo abordarlos. Ni tampoco está para dar la cara por ti y por el equipo. Un chupaideas es pasivo, no da pasos al frente por nadie. En el fondo es un ser inferior sin capacidades más allá que tener una fachada.

¿Cómo alejarte de un chupaideas?  

Si tienes un jefe chupaideas, lo sentimos, pero ese será su modus operandi y ahí no crece buena hierba. Si no estás dispuesto a entrar en el juego de que te chupen las ideas, la sangre y la motivación, vete. Contacto cero. 

Un líder sólido en un equipo de alto rendimiento, tiene que ser capaz de no dejar entrar a los chupaideas. Gente pasiva que sólo bebe de los demás. Parásitos del equipo. Si no aportas, si no crees en el equipo por encima de todo, si no das más de lo que recibes… ¡estás fuera! Si el ego es superior a la causa, ¡estás fuera! Cuando ocultas y no valoras el bienestar del equipo y su crecimiento, ¡estás fuera! 

Si convives con ellos y estás sólo, es decir, que no trabajas en equipo, lo mejor es una vez detectado a estos personajes, no darles información. Cioran dejó escrita una frase muy contundente: «esconde tu vida». Con un chupaideas, en cuanto le escondas la vida y las ideas… se va, se apaga, desaparece. No tienes ni que discutir. Basta con ocultar y no involucrar en tus proyectos profesionales a quienes no aportan.

Los chupaideas les encanta figurar como expertos  

Un concepto que se prostituye, un día si y otro también, es el de experto. Parece que confundimos personas altamente formadas y con un gran bagaje de experiencia en un campo —el verdadero experto— con cacatúas de titulares de libros de moda. Estos suelen ser los chupaideas.

No hablan en función de lo que sienten y/o han vivido. Hablan como si estuvieran dando titulares para una entrevista. Aprenden lo que tienen que decir, aunque no lo entiendan en profundidad. Y lo repiten y repiten. Saben hacerlo bien, y hasta los medios y las redes (fruto de esta pasión por lo inmediato, lo corto, lo sencillo, lo fácil de digerir) les aúpan fácilmente. Algunos chupaideas llegan así a ser incluso famosos.

Nada le da más miedo a un chupaideas que un debate. Que se le rebata una idea. Tienden a dar argumentos sencillos, frases que valen para todo. Inocuas incluso. Pero que suenan bien. No entran en la profundidad de los temas. En lo conflictivo. Porque al no tener ideas propias, les costaría defenderlas. En caso de debatir, se ponen nerviosos, trabajan sin cesar los argumentos. Tapan sus inseguridades. Serían vulnerables. 

No podemos construir sociedades sanas, con muchos chupaideas por metro cuadrado. Ni podemos tener organizaciones fuertes, creativas y luchadoras, con estos perfiles dentro. No habrá equipos ganadores con parásitos a su alrededor. O valoramos el mérito, sudar la camiseta, el reconocimiento, el trabajo bien hecho, la autenticidad desde el respeto y la verdad… o seguiremos construyendo desde lo artificial, desde el postureo, y eso nos conduce a la destrucción de valor.

Malcom GladWell divulgó una potente idea: “la clave del éxito en cualquier campo es simplemente una cuestión de practicar durante 10.000 horas una actividad”. Pero no vale 10.000 horas cualquiera. Bruce Lee lo dejó claro también: «no temo al que ha dado 10.000 patadas, sino al que ha dado UNA patada 10.000 veces». El trabajo consciente, el esfuerzo, la mejora continua y la determinación marcan el camino.

Los chupaideas lo han leído al revés, piensan que por repetir una idea 10.000 veces ya pueden ser expertos en la ola de una moda efímera. 

Artículo escrito por

David Asensio

Fundador de Chocolate Rojo

Javier García

Editor de Sintetia

1 Comentario

  1. Esmeralda

    Buen artículo David, así son los chupaideas, es decir, los parásitos de la creatividad. Un abrazo!

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