Aunque es necesario reconocer que la labor no es en absoluto sencilla y que el actual Gobierno ha heredado una situación muy mala del sistema financiero, la última fase de la reforma financiera es, cuanto menos, injusta. Se trata de una solución a un problema mal enfocado y aplicada en mal momento, lo cual la convierte en una mala medida.
La principal medida de esta nueva reforma es la provisión genérica, o, como ahora la llaman, preventiva. Esta provisión preventiva, situada desde hace tres meses en el 7% para el crédito inmobiliario sano, se eleva hasta un 30% en la actualidad.


