La Economía en un cociente poderoso

27 junio 2022

Un simple cociente puede ser poderoso, determinar incluso nuestro progreso a largo plazo. Esto ocurre con el PIB per cápita. Consiste en saber cuánto equivale el valor añadido que se produce en un país por cada uno de sus habitantes.

Para confusión de muchos, el PIB no son las ventas, ni los beneficios, de las empresas. El PIB es un indicador del Valor Añadido que se produce en una economía, es decir, la diferencia entre el valor de todos los bienes y servicios que se producen, menos los consumos intermedios (materias primas y otros aprovisionamientos que se necesitan para ello). Por definición, este Valor Añadido Bruto es igual a la renta que se genera esa economía. Una parte de esa renta se consume y otra se ahorra. Y el ahorro se convierte en inversión a través del sistema financiero.

Esa renta agregada se genera en las empresas. Las empresas son el oxígeno que mantiene activo nuestro sistema vital, la capacidad para generar renta. La renta se distribuye entre los accionistas de las empresas (quienes arriesgan sus ahorros, y su patrimonio presente y futuro) y los empleados, quienes aportan todo su talento y capacidades para producir bienes y servicios.

Este cociente puede cambiar nuestras vidas. Tomemos ese PIB per cápita, o renta per cápita, y hagamos un sencillo cálculo: multiplicar y dividir por el número de empleados, lo que es igual a 1 y, por tanto, nada cambia. Y después reordenemos algunos términos.

El cociente del PIB per cápita se divide en dos

1.- Por un lado, el PIB por persona empleada.

Este simple cociente nos responde a una poderosa pregunta, ¿en cuánto aumenta la renta bruta o el valor añadido de una economía cuando se crea un empleo?

Este indicador muestra algo que los economistas denominamos la productividad laboral: cuál es la contribución al valor añadido, a la renta, al crearse un empleo. Cuanto mayor sea esa contribución, mayor es la productividad.

2.- El segundo cociente mide qué parte de la población tiene empleo, lo que se traduce en un indicador de la actividad laboral.

Si quisiéramos hacer crecer la renta por habitante, es decir, si quisiéramos hacer que ese cociente fuera mayor, tenemos tres maneras:

  • La primera, que cada empleado (cada hora, cada gramo de talento que se use) genere más valor añadido.

Y no, esto no va de inflación, porque para hacerlo bien, hay que “mantener constantes” los precios para medir ese valor añadido.

Es decir, la primera alternativa es ser más productivos: lograr más valor con los mismos recursos.

  • La segunda, si no somos más productivos, habrá que trabajar más horas o más personas: incorporar a más personas al mercado laboral.
  • Y la tercera, una combinación de las otras dos: ser más productivos y, a la vez, incorporar más personas al mercado laboral.

¿Por qué se dice que la productividad a largo plazo lo es todo o casi todo?

Porque normalmente hay un techo (el día tiene 24 horas y el mercado de trabajo no puede absorber una cantidad ilimitada de empleo). Aunque existiera una demanda de trabajo ilimitada, sólo el 100% de la población podría trabajar (niños, ancianos o personas inactivas por motivos de salud incluidos) … ¡y no hay más!

Por ello, si a largo plazo existe algo así como pleno empleo, la única manera de generar más renta es a través de ser más productivos. De hecho, a largo plazo, los datos muestran que la renta sólo puede crecer al ritmo del crecimiento de la productividad.

Y esto es relativamente nuevo en la humanidad, sólo tenemos poco más de 200 años de experiencia en hacer crecer nuestra renta per cápita. Lo explica de forma fabulosa Mark Manson en su libro Todo Está J*odido:

«Durante gran parte de la historia, el ‘crecimiento’ no existía. El cambio sucedía tan despacio que todo el mundo moría más o menos en las mismas condiciones económicas en las que había nacido.

El humano medio de hace dos mil años experimentaba el mismo crecimiento económico a lo largo de su vida que el que vivimos nosotros en seis meses.

La gente vivía toda su vida y no cambiaba nada; no había nuevos desarrollos, ni inventos, ni tecnologías. La gente vivía y moría en el mismo lugar, entre la misma gente, utilizando las mismas herramientas, y nunca mejoraba nada. De hecho, cosas como las plagas, la hambruna, la guerra y los gobernantes imbéciles con grandes ejércitos solían empeorarlo todo. Era una existencia lenta, agotadora y triste».

¿Por qué es relevante la productividad aunque exista desempleo?

En este contexto, hay quien cree que como España es un país con un problema histórico severo de paro, entonces, no tenemos un problema de productividad: que se contraten a más personas y seguirá creciendo nuestra renta, ¿qué puede fallar en este argumento?

El fallo está en que hay pocas cosas sólidas en Economía, muy pocas, pero una está por encima de todo: sólo se pueden pagar mayores salarios si la contribución de las capacidades humanas a la producción también crece.

Productividad y salarios están estrechamente ligados. O las personas somos más productivas, en términos de aportar más valor, o es imposible tener mejores salarios. Crecer sólo a base de horas y personas nos lleva directos a un tejido empresarial poco productivo, de bajo valor añadido y, por tanto, de bajos salarios… ¡y renta!

Pero la creencia de que la productividad no importa es una de las mayores equivocaciones que nos hemos creído en España, durante décadas y décadas. Y con ello llegamos a nuestra enfermedad estructural: olvidarnos de la productividad como mecanismo de creación de renta y riqueza.

La brecha del PIB por hora trabajada en España

Los datos son alarmantes y un simple cociente nos permite explicarlo. Empecemos con la primera parte del cociente: el PIB por hora trabajada. Comparemos España con la zona euro (19 países) y con Alemania, porque es la referencia en productividad empresarial (y a mí me suele gustar aprender de los mejores…).

Hemos vivido con gran júbilo y milagro, incluso escucho a políticos recordar estos tiempos como el ejemplo a seguir, la época que transcurre desde el año 2000 a 2008, cuando el mundo financiero global estalló por los aires.

Pues bien, entre los años 2000 y 2007, la productividad por hora trabajada en España creció un 3%. Mientras, en Alemania lo hizo un 10% y en la zona euro un 3,4%.

En la actualidad, cada hora que trabaja una persona en Alemania, genera 17 € más de valor añadido que nosotros. Y en la zona euro más de 9 €.

Esto es catastrófico, pero, lo peor, estas brechas no somos capaces de reducirlas, como puedes comprobar en el siguiente gráfico. En Alemania (y en la zona euro) nos vienen ganando durante 20 años, todos los años, en productividad por hora trabajada.

Evolución de la renta per cápita y el empleo en España

Justo en este momento es cuando al oído nos dice nuestro diablo que estemos tranquilos: la renta de España crece, aunque la productividad no lo haga con solvencia. Por eso, volvamos a nuestro cociente: si la productividad no creció mucho, ¿qué le pasó a la renta per cápita y al empleo?

La renta per cápita de España entre 2000 y 2007 creció en 7.700 € por habitante. Nada mal, nuestra renta creció un 43% en 8 años, todo un éxito. Los alemanes en ese período ‘sólo’ mejoraron su renta per cápita en un 30%. Alguno diría que éramos los Champions de la renta per cápita , y que no necesitamos ni la mente ni las máquinas de los alemanes… pero…

¿Cómo lo logramos? Con empleo. En el año 2000 trabajaban en España 15,8 millones de personas. Antes de estallar la burbuja inmobiliaria llegamos a tener 20,47 millones de personas trabajando.

España creó casi 4,7 millones de empleos en 8 años. Nuestra fuerza laboral creció un 30%.

¿Y dónde salieron esos empleos?

La población en España creció casi un 11% entre 2000 y 2007, unas 4,7 millones de personas.

En enero de 2002 (no tengo cifras de 2000), había en España 2,3 millones de inmigrantes, cuando estalló la burbuja inmobiliaria había casi 6 millones.

Por lo tanto, si no hubo crecimiento de la productividad, la única manera de que la renta per cápita creciera fue incorporando más y más empleo.

Esto no estaría mal, si no fuera porque los salarios no crecieron con mucha fuerza, o por lo menos con la fuerza del empleo…

Según Eurostat, que hace una encuesta donde mide el salario medio en un país de una persona media sin hijos, el salario en España creció un 20% menos entre 2000 y 2008 respecto a lo que lo hicieron los alemanes… Una vez más, productividad y salarios van de la mano.

Hemos incorporado una gran cantidad de empleo, pero de poca aportación de valor añadido y, en definitiva, de salarios bajos.

¿Qué pasó en España después de la burbuja inmobiliaria?

El problema ocurre cuando la economía se frena y hay que gestionar una crisis. Una pregunta relevante en España: ¿qué pasó cuando estalló la burbuja inmobiliaria?

Lo primero que hay que tener en cuenta es que para crear valor añadido necesitamos empresas que sean capaces de crear productos y servicios diferenciales, que se venden a escala global y que mucha gente está dispuesta a pagar por ellos. Esto no cae del cielo, implica mucho talento pensando en diseñar esos productos y procesos (innovación), invertir en tecnologías, en personas y crear modelos de negocio realmente solventes y diferenciales.

Detrás del valor añadido está el management, la innovación y convertir ideas, tecnologías y necesidades en productos y servicios que aporten valor al cliente (es decir, que tenga una disposición a pagar por ellos muy superior a lo que cuesta producirlos). Si esto no existe, y crecemos a base de incorporar horas y personas, ¿cómo será el ajuste cuando baja la marea y llega la crisis? La respuesta no puede ser otra que con desempleo.

Así que volvamos al cociente.  Si entre 2000 y 2007 nuestra renta per cápita creció en casi 7.700 euros, desde entonces hasta la actualidad lo hizo tan sólo en un mísero 1.422 euros. En cambio, los países como Alemania, que tienen alta productividad, su renta per cápita creció en más de 8.800 euros por ciudadano desde 2008 hasta la actualidad.

La productividad es silenciosa, pero poderosa, y es nuestro mecanismo de generar riqueza.

Resulta que la burbuja inmobiliaria nos hizo destruir de un plumazo 2,9 millones de empleo, mientras Alemania se mantuvo estable, incluso creó 450.000 empleos.

En 2008 en España trabajaban el equivalente al 45% del total de la población. En 2012 este indicador cayó 7 puntos. Mientras, en Alemania, consiguieron aumentar la proporción de personas trabajando en 1,6 puntos durante el momento más duro de la crisis. ¿Y saben qué ha pasado al salario medio del alemán? Que creció casi un 37% desde 2008, el doble que nuestros salarios.

La contabilidad del crecimiento

Pero este cociente tan poderoso es algo que se estudia con regularidad a través de modelos matemáticos y metodologías estándar. No son perfectas, pero ayudan a comprender qué contribuye a generar valor añadido. Y esto lo viene haciendo históricamente la OCDE. Y aquí puedes ver los resultados.

En este caso, el cociente es algo ‘más sofisticado’: mide qué parte del crecimiento se debe a trabajar más (más horas), qué parte a invertir más (en activos digitales y no digitales) y qué parte a la productividad de los factores, es decir, cómo usamos los recursos que disponemos para producir más, mejor y de forma más eficiente. A esto se le conoce técnicamente como la Productividad Total de los Factores.

Como se puede observar, en la década de 1985-95, España tenía crecimiento de la productividad, con una contribución de casi 1 punto todos los años, de media. Se creció de una forma más equilibrada: invirtiendo, incorporando personas y mejorando la productividad. No tanto como los alemanes, pero podríamos decir que era un modelo mucho más “saludable”.

En la época 1995-2008 el crecimiento fue a base de inversiones y de personas, pero no de productividad. Incluso hemos tenido productividades negativas, de media.

Y desde entonces, España vuelve a tener un ligero incremento de la productividad, casi nulo, y ha destruido empleo incluso invirtiendo en capital tecnológico y no tecnológico.

La conclusión podría ser que en España somos expertos en meterle horas al pico y la pala, y no en usar la inteligencia para hacer lo mismo, con más valor y crear riqueza. Y esto nos está torpedeando el futuro.

Además, detrás de ese cociente tan poderoso y de la productividad están, como decía, las empresas. Y su tamaño es crítico.

Productividad y tamaño empresarial

Si contabilizamos las empresas (excluyendo autónomos), el gran problema de España es que su tamaño empresarial es relativamente pequeño y, peor, perdemos posiciones respecto a los mejores.

España tiene tantas empresas como Alemania, y eso que tenemos la mitad de población. Pero en Alemania el 12% de sus empresas emplean a más de 10 personas, nosotros el 4%.

Desde 2008, en Alemania hay 79.000 empresas más que emplean a más de 10 personas, pero en España 37.000 menos.

Si un país tiene un 30% más de empresas de mayor tamaño (Alemania) y otro un 22% menos (España), ¿no crees que esto tiene algo que ver con que uno (Alemania) cree empleo y sus salarios crezcan el doble que en el otro (España)?

El tamaño empresarial es crítico porque:

  1. Hay inversiones que no se pueden acometer, si no tienes el tamaño adecuado.
  2. Hay servicios avanzados que no se pueden contratar, si no tienes el tamaño adecuado.
  3. Hay talento que no puedes contratar, si no tienes el tamaño adecuado.

Y no se puede luchar contra la complejidad en la que está instaurada nuestra sociedad sin músculo, sin tamaño empresarial suficiente. Quien estudió esta complejidad demuestra que:  

  • Se necesitan 20 veces más investigadores que hace 80 años para conseguir la misma ganancia de productividad de la economía.
  • Hasta cumplir con la propia la Ley de Moore —el poder del procesamiento de una computadora se duplica cada doce meses— hoy cuesta 18 veces más, en términos de investigación, que en los 70.
  • Incluso, competir en cualquier mercado es cada vez más difícil. En una ciudad media como Londres o Nueva York un consumidor tiene acceso a más de 100 millones de códigos de barras (productos) distintos. Incluso en una gran superficie, hay más de 25.000 referencias.

¿Cómo abordas esta complejidad si no es a través de empresas con una capacidad extraordinaria para hacer cosas extraordinarias?

Tamaño empresarial e impacto socioeconómico

Y es que el tamaño empresarial está relacionado con tracción no sólo en renta, sino en todo lo que hay detrás: salarios, exportaciones, inversiones en I+D, recaudación de impuestos y, por tanto, posibilidades de hacer gasto público (pensiones, sanidad, educación…) ¡y un largo etcétera!

Veamos algunos indicadores en España, para entender esto con más precisión.  Sólo en la industria (pero lo mismo ocurre en el resto de los sectores):

En una empresa que emplea a más de 20 personas, el valor añadido por cada una de esas personas es el doble que en una empresa con menos empleados. Y esto explica por qué el salario en esa empresa de mayor tamaño es un 79% superior.

Otro ejemplo, en España las empresas destinan 8.700 millones de euros a invertir en I+D. El 80% lo ejecutan empresas de más de 50 empleados. Las diferencias aquí son muy significativas: una empresa que emplea a más de 50 empleados, de media, puede invertir incluso hasta 7 veces más que una más pequeña.

Y si analizamos el sector exterior, confirmamos que 3 de cada 4 euros exportados dependen de tan sólo 1.000 empresas en España.

En definitiva, el cociente más poderoso de la economía esconde muchas cosas (y casi todas relacionadas entre sí): tamaño empresarial, tecnología, management, inversiones críticas, educación, aprovechamiento del talento, ajustes del mercado laboral (entre oferta, demanda y capacidades), calidad institucional para tener un sistema fiscal, mercantil y burocrático que favorezca el desarrollo empresarial.

Y, como no, y muy importante, aflora la necesidad de tener un capital social sólido: tenemos que trabajar (individual y socialmente) en crear un país que favorezca las ideas, el riesgo, el aprendizaje, el mérito, el esfuerzo y lo recompense. Hay sociedades que frenan el crecimiento, normalmente son caldos de cultivo de un capitalismo de amiguetes. Y otras que fomentan, sin ideologías, que las empresas y los ciudadanos se desarrollen con todo su máximo potencial. En el crecimiento empresarial nadie pierde (salvo quien ve peligrar su status quo). No se trata de ideología. Se trata de aportar nuestra mejor versión en lo que nos da de comer hoy, y en el futuro.

Cada vez que te hablen de Economía, nunca olvides cómo afecta lo que te dicen a ese cociente, evitarás a muchos chamanes.

Artículo escrito por Javier García

Editor de Sintetia

7 Comentarios

  1. Xoan Castro

    Enhorabuena por el magistral artículo, que como investigador me ha servido para explicar, de modo científico, algunas cosa que intuía, ahora todo encaja…Muchas gracias!!

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    • Javier García

      Muchas gracias, Xoan!

      Responder
  2. Ferran Pi Roca

    Disfruté con el artículo. Muchas gracias.

    Responder
    • Javier García

      Muchísimas gracias!

      Responder
  3. José Farid Villanueva.

    Señor Javier, mis reconocimientos por tan buena información y que bien que personas como usted que tienen el conocimiento , también tenga esa disposición para compartirla.
    Agradeciéndole siempre…

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    • Dr. Eduardo Jurado Bejar

      Extraordinario artículo. Me atrevo a sugerir, dar continuación al mismo incorporando el coeficiente de la innovación sistémica en el algoritmo y su impacto en la productividad total de los factores.

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  4. Matilde Mas

    Hola Javier,
    Enhorabuena por tu artículo. Clarito clarito.
    Solo un comentario respecto a la relación entre productividad y tamaño empresarial.
    La pregunta es: ¿la productividad es baja xq las empresas son pequeñas? ¿o son pequeñas xq son poco productivas?
    Lo mismo se podría decir respecto a la innovación: ¿innovan poco xq son pequeñas? ¿o son pequeñas xq innovan poco?Un abrazo,

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