“La democracia española será muy débil mientras sea fuerte el capitalismo clientelar”

5 junio 2017 2

Contra el capitalismo clientelar es, para mí, una referencia obligada en todas las bibliotecas de las Facultades de Economía y Derecho de España. Es una referencia imprescindible para comprender que las libertades, la justifica y la capacidad de mejora como sociedad pueden ser muy endebles si no somos vigilantes. Si no establecemos los incentivos adecuados. Si no creamos una sociedad civil fuerte, con ciudadanos responsables y vigilantes que obliguen a crear las instituciones adecuadas, sino trabajamos en esta vía, pronto se irán lastrando nuestros derechos, nuestras conquistas como individuos que vivimos en sociedad. Michael Corleone o la familia Soprano está muy bien para la gran pantalla, pero tenemos que trabajar de forma firme, y castigando de forma firme a quien no lo haga, en crear los mecanismos que eviten la profileración de estos personajes en nuestra sociedad; hoy sentados en muchos palcos de equipos de fútbol y en despachos de todo tipo. Que no nos secuestren nuestras libertades. Y para eso lo mejor que hacemos es informarnos, exigir, castigar y premiar los buenos comportamientos.

Este libro, escrito por algunos de los impulsores de la Fundación ¿hay Derecho?, te permite comprender muchos de los problemas de nuestra economía y sociedad: desde la corrupción política al poder de ciertos gremios como los taxistas; pasando por el problema con las eléctricas, nuestras carencias en materia de competencia y regulación de grandes empresas… en definitiva, una receta magnífica.

Esta es una entrevista a varias manos, de los autores del libro (que se han aglutinado bajo el nombre literatario de Sansón Carrasco): Elisa de la Nuez, Ignacio Gomá, Segismundo Álvarez, Rodrigo Tena, Fernando Gomá y Fernando Rodríguez –Prieto. Creo que la entrevista es suficientemente nutrida como para saber qué te vas a encontrar en esta magnífica obra.

:: “El capitalismo clientelar se alimenta de todo un conjunto de debilidades institucionales”. ¿Nos podéis poner 3 de las debilidades que consideráis más peligrosas?

Nosotros tenemos una visión primordialmente institucionalista de la situación política y también de la económica. Como señalamos ya en las primeras páginas, el capitalismo clientelar es el reverso íntimo de la democracia de baja calidad. En nuestro libro anterior (¿Hay derecho?: La quiebra del Estado de derecho y de las instituciones en España) estudiábamos la mala regulación, la politización de nuestras instituciones, la convivencia entre poderes públicos y privados, la falta de separación de poderes, el incumplimiento de las leyes, etc., – las debilidades que preguntas- destacando principalmente sus nefastos efectos para nuestra convivencia democrática y la calidad de nuestras instituciones.

En Contra el capitalismo clientelar, queremos poner el foco en los aspectos económicos de esta misma historia. El capitalismo clientelar se produce cuando esas instituciones no funcionan adecuadamente y eso permite que haya favores -a través de la legislación favorable o de la falta de control-. Los dirigentes políticos realizarían esos favores a determinadas empresas “amigas”, o actores económicos en general, a las que dichos beneficios colocarían en una posición de ventaja competitiva injustificada y les permitiría extraer rentas por motivos distintos de los propiamente económicos. Lógicamente siempre en detrimento de consumidores y competidores. Por eso, el capitalismo clientelar es la espina dorsal de un Estado clientelar cuya manifestación externa más evidente es un Estado de Derecho débil y unas instituciones capturadas por los intereses de unos pocos.

:: Pero, esto no es nuevo…

Por supuesto que no. Esta situación en la que corremos el riesgo de caer, o mejor, de persistir,  no es nueva. Durante muchísimos siglos ni el sistema económico ni el político se han basado en el mérito y la eficiencia, sino en las relaciones de confianza, familiares y de lealtad. Pero en los países democráticos avanzados se supone que los ciudadanos no están sujetos a esas relaciones de servidumbre basados en la lealtad y la cercanía. Son libres y participan en un proceso político en el que priman los principios de capacidad y mérito sobre los lazos de parentesco o clan. Compiten en un sistema capitalista de mercado que se basa en la competencia en libertad entre los distintos agentes de la economía, que se esforzarán trabajando mejor y de forma más eficiente que sus competidores, y con ello obtener el favor de los consumidores (y sus beneficios). El problema es cuando las reglas que afectan a los intercambios, inevitables en cualquier economía, favorecen a unos pocos distorsionando las reglas de mercado y favoreciendo las ineficiencias. Y, a la postre, haciendo que nuestra Economía sea menos competitiva: perdemos todos.

:: El capitalismo clientelar va por barrios, ¿en qué posición se encuentra España y cómo se logran medir estos aspectos?

Todo lo que es objeto de las Ciencias Sociales es, por definición, difícil de medir, porque depende de la conducta humana, no siempre previsible, y menos todavía cuando esa conducta se quiere deliberadamente ocultar por incurrir en la ilicitud o rechazo social. La intuición que tenemos es que nuestro capitalismo clientelar es equivalente al nivel de fuerza de nuestra democracia que, a la vista de los datos objetivos sobre el funcionamiento de la justicia, la separación de poderes, el control y la rendición de cuentas de nuestros gobernantes tiene el peligro de ser considerada una democracia débil. Hace no mucho The Economist hacía un interesante índice sobre el Crony Capitalism y, aunque no nos incluía, previsiblemente no estaremos mucho mejor que Tailandia. También es muy interesante

Recientemente estudios como el de García-Santana, Pijoan-Mas, Moral-Benito y Ramos demuestran que si bien la economía española creció a una tasa anual del 3,5% durante la larga expansión de 1995-2007, en realidad este crecimiento no se basó en ganancias de productividad, sino en la pura acumulación de capital y trabajo. De hecho, la productividad agregada descendió a una tasa anual del 0,7%, mientras la de Europa crecía al 0,4%. Y ese deterioro de la productividad se produjo no tanto porque el sector de la construcción hubiera crecido demasiado, sino porque los recursos no se asignaron a las empresas más productivas, debido al aumento de ineficiencias y distorsiones en la economía. Y este problema fue especialmente grave en los sectores más propensos al capitalismo clientelar.

:: ¿Dónde están las raíces de este tipo de actuaciones? ¿En la justicia, en las regulaciones de los sectores, en dificultar la competencia?

La debilidad institucional generalizada es a la vez la raíz y el principal síntoma del capitalismo clientelar. A la hora de capturar las instituciones los políticos no han encontrado apenas resistencia, ni en las propias instituciones, ni en los medios de comunicación, ni tampoco en la ciudadanía en general, poco interesada en favorecer la fortaleza del marco institucional y bastante más en participar en el reparto de las migajas. Sin embargo, los que verdaderamente han aprovechado esa circunstancia para obtener un reparto mucho más jugoso han sido ciertos sujetos fuertes de nuestra economía, por la vía de tejer una red de complicidades con la política. Desde esta perspectiva, las instituciones encargadas de la elaboración normativa (legal y reglamentaria) y de su control (AAPP y organismos reguladores) han constituido sus principales objetivos. Pero hay que ser conscientes de que una vez que se inicia el camino de la captura la inevitable tendencia es recorrerlo hasta el final: no se pueden dejar cabos sueltos con autonomía para luchar por un reequilibrio del sistema –aunque sea tardío- como podría ser la justicia.

:: Si tuvierais que indicar un ámbito, sólo uno, por donde empezar a atajar de raíz y hacerlo de forma inminente, ¿cuál sería?

La Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia (CNMC) y la Comisión Nacional del Mercado de Valores (CNMV) necesitan urgentemente una mayor capacidad de intimidación para vigilar y redirigir una economía tan cartelizada como la nuestra. Ahora no la tienen y las razones las estudiamos con bastante detalle en el libro. Pero insistimos en que si no emprendemos una reforma integral de todo el marco institucional tampoco cabría avanzar demasiado. Aunque tuviésemos una CNMC mucho más fuerte, su eficacia disuasoria podría seguir siendo limitada si la justicia no la respalda, revocando sin suficiente fundamento sus sanciones, o si el legislador continúa generando agujeros de impunidad o privilegio al margen del control de los organismos reguladores. En consecuencia, necesitamos una reforma integral que, en base a la triste experiencia acumulada durante las últimas décadas, dificulte la captura y garantice un funcionamiento relativamente autónomo de nuestras instituciones de vigilancia del mercado.

:: Hablemos de las eléctricas, sólo por entender bien lo que pasa en el sector y sus privilegios (voy a llamarlos así, aunque me surgen otras palabras como estafa). Me gustaría que nos pudierais resumir por qué nuestro sistema eléctrico ha sido, es y parece que será uno de los estandartes del capitalismo clientelar de España.

Es un sector que por naturaleza se presta a ello. Está fuertemente regulado, lo que favorece que se trate de captar al regulador. Es difícil que opere una competencia real por el tipo de industria, y está muy concentrado, lo que dificulta más la competencia y hace que esas empresas (muy grandes) tengan recursos para influir sobre el poder político.

Además, hay que reconocer que la organización del suministro eléctrico es compleja pues tiene que combinar la seguridad del suministro y la competencia en precios, lo que dificulta el análisis de cuales son las mejores opciones.

En este escenario favorable al clientelismo, las grandes eléctricas han sido muy eficaces en esa captación del regulador. Han utilizado de manera muy intensa las puertas giratorias, sirviendo de retiro a políticos de distintos partidos, pero además han conseguido lo que llamamos la captura cultural: el legislador ha llegado a convencerse de que los intereses de las eléctricas coinciden con el interés público, y por eso hace poco veíamos al Ministro Nadal defendiendo con convicción el llamado impuesto al sol.

:: ¿Tenemos ejemplos internacionales donde el sector eléctrico no opere de esta manera?

La regulación eléctrica, insisto, es muy compleja, y ha habido muchos ejemplos de mala gestión y regulación también en el exterior, con graves perjuicios para la economía, como sucedió en California en el año 2001.

Pero tampoco cabe duda de que nuestra regulación ha sido muy mala en términos relativos como demuestran el descontrol del déficit de tarifa y la evolución del precio de la electricidad en relación con los demás países de la UE, como se ve en este gráfico.

:: Después de leer vuestro libro, que tengo que reconocer que en muchos casos me he quedado perplejo y sólo sumaba costes e ineficiencias por todos los sitios, cómo entendéis que Luis de Guindos afirme que la corrupción no genera costes económicos sino sociales?

Pues la verdad es que no se entiende, porque ya hay muchos estudios que ponen de relieve no ya los costes sociales que son evidentes sino los costes económicos, en la medida en que se favorece a las empresas menos eficientes, pero mejor relacionadas, frente a las más eficientes, pero que carecen de los adecuados contactos políticos. Resultado: todo el sistema capitalista se pervierte. Eso sin contar los costes económicos directos de la corrupción que son enormes. La CNMC estima en 45 millones de euros al año las ineficiencias en la contratación pública, aunque no todas se deban a la corrupción. El señor Ministro debería de leer nuestro libro.

:: Estamos acostumbrados a asociar empresas y capitalismo clientelar. ¿Qué me decís de los sindicatos o de ciertos gremios con poderes como estibadores, mineros, taxistas o controladores aéreos? 

En general, debe incluirse cualquier actividad económica que, de alguna manera, esté condicionada por la legislación y pueda aprovecharse de ella, capturando al regulador. Es propio de la naturaleza humana el deseo de enriquecerse, alcanzar el poder y obtener reconocimiento y honores sin reparar mucho en los medios. Más bien lo que es una conquista de la civilización –y como todas las conquistas de la civilización extremadamente frágil- son las limitaciones que tratan de imponer los Estados modernos a estas desmedidas ansias de riqueza y poder de nuestros modernos capitalistas. La profesora de Cambridge Sheilagh Ogilvie pronunció en Madrid una conferencia que se titulaba “¿Por qué sobreviven las malas instituciones? Lecciones de la Historia Europea” en la que explicaba por qué determinadas instituciones favorecen el capitalismo clientelar, poniendo como ejemplo los gremios.

Los gremios eran asociaciones que compartían ciertos intereses profesionales y perseguían objetivos comunes. Los gremios disfrutaban de privilegios legales, atribuyendo a sus miembros el derecho exclusivo a desarrollar una actividad en un determinado lugar. Para defender estos privilegios, el gremio disfrutaba de ciertos poderes: barreras de entrada, restricción de los bienes o servicios producidos, establecimiento de precios por encima del nivel competitivo y sueldos por debajo de este nivel. Económicamente no parecían muy ventajosos para el conjunto de la sociedad, aunque indudablemente lo fueron para sus integrantes.

Pues bien, siguen existiendo comportamientos gremiales bastante típicos que demuestran los perniciosos efectos de la connivencia en España entre la empresa privada y el regulador; pero en todo caso no nos podemos engañar: la captura del regulador es un fenómeno bastante generalizado perseguido por cualquier grupo de interés digno de este nombre –al margen de los puramente empresariales- en la mayoría de las ocasiones con perniciosos efectos sobre nuestro sistema económico. Valga como muestra la tradicional captura del Estado realizada por los grandes cuerpos de funcionarios de nuestro país o los que has mencionado.

:: En los procesos de descentralización de competencias, ¿un mal diseño institucional acelera los procesos de poder y capitalismo clientelar y, por tanto, se genera más daño o se puede controlar este riesgo?

Las relaciones clientelares pueden desarrollarse, desde luego, en cualquier nivel de la Administración, y en el libro aparecen buenos ejemplos de ello. Pero no es un secreto que la proximidad incrementa el riesgo de que éstas se erijan en un pilar del sistema. En estos casos tienden a ser más considerados los criterios de lealtad, a veces incluso de cercanía ideológica, frente a los de mérito y capacidad. En este sentido la Fundación Hay Derecho hizo un estudio que indicaba la mayor prevalencia de casos judicializados de corrupción en la administración regional y local. En estos casos sería esencial el refuerzo de los mecanismos de control, como por ejemplo el desarrollado por los Secretarios municipales, hoy tan desprotegidos. Y en todo caso un buen diseño de responsabilidades que se adecuara a cada nivel de gobierno. En este sentido, el avance de una cierta conciencia social que reprueba las cacicadas es positivo.

Ciertas medidas de restablecimiento de la legalidad sean públicamente presentados en el debate político como maquinaciones del enemigo exterior, como sigue ocurriendo por ejemplo en Cataluña y otros lugares. A este respecto nos causa verdadero estupor la queja en ocasiones esgrimida por ciertos políticos de que se “judicialicen” los problemas. Desde luego la forma de evitar esa judicialización es el respeto a la Ley, no pretender estar por encima de la misma.

:: El otro día leía una entrevista al director del The New York Times donde reclamaba periodistas valientes y se congratulaba de que los ingresos por suscripciones ya superaban a los de la publicidad, y eso les hacía más libres y poder hacer mejor periodismo. ¿Qué papel juega la prensa en una sociedad menos clientelar y qué modelos tenéis como referencia a la hora de reflexionar sobre estas cuestiones?

Que los medios de comunicación, en general, y el periodismo, en particular, están atravesando una profunda crisis es, por sabido, una obviedad. Pero que un periodismo independiente y de calidad es uno de los pilares esenciales de una democracia avanzada, también. Por tanto, no es de extrañar que la decadencia de nuestra democracia y nuestras instituciones vaya de la mano de la crisis del periodismo de calidad. Varios son los males que le aquejan: desde la falta de independencia frente a los poderes políticos y económicos a la baja calidad de la información pasando por la falta de especialización y la precariedad laboral (sobre todo entre los más jóvenes). La clave es la enorme dependencia de los medios tradicionales de los ingresos publicitarios y de las empresas que están detrás, o de las Administraciones públicas a través de la publicidad institucional.

Estamos en el siglo XXI y hay todo un mundo de nuevas posibilidades de información y comunicación a través de las redes sociales y de Internet en general. Pero eso no significa que no necesitemos buen periodismo, todo lo contrario: lo necesitamos y más que nunca. Hay toda una selva cada vez mayor y más inmanejable de datos, opiniones, fuentes de información fiables y otras nada fiables, intoxicadores profesionales o tergiversadores de hechos, y si hay algo que es fundamental es contar con el criterio de profesionales independientes –sobre todo respecto del Poder- que capten, filtren, ordenen, traten y expongan esa información. Y, sin embargo, lo que no necesitamos es un periodismo sujeto y atado al poder político y económico: lo que podríamos llamar un periodismo clientelar. Cada uno debe escoger el que más le convenza.

:: Los lobbies por mucho que nos empeñemos parece que siempre los habrá. ¿Es hora de regular los lobbies en España? ¿Cuál creéis que es el modelo más sano?

Desde luego, es esencial regular los lobbies en España, precisamente para garantizar que sean transparentes y formales y no opacos e informales (como los que operan en el famoso Palco del Bernabéu). Al final tenemos a muchos lobbistas que no están correctamente identificados como tales por el público en general, e incluso por los políticos y gestores públicos, que son su objetivo. La regulación debe de cumplir un triple objetivo:

1) garantizar la transparencia: quién se reúne con quien y para qué,

2) la integridad: quién lo ejerce y cómo se ejerce, teniendo en cuenta que no sólo hay que respetar la legalidad sino también la ética

y 3) la igualdad de acceso, porque todos debemos de tener las mismas oportunidades para acceder a los que toman decisiones que nos afectan a todos.

:: ¿Y qué papel desempeñan la sociedad civil en la permisividad de todos estos procesos clientelares? Nos quejamos, estamos asqueados, votamos incluso a gente que nos promete de todo (recogiendo ese sentimiento de malestar), pero ¿cuál es nuestra responsabilidad y cómo deberíamos ejercitarla? 

Nosotros estamos firmemente convencidos que el papel de la sociedad civil es clave en este momento, mucho más abierto y participativo que antes, por la pérdida de poder de los partidos tradicionales y por cierta concienciación derivada de la crisis. Pero, cuidado, hay que evitar el activismo reactivo, ese que nos anima cuando nos indignamos ante una noticia concreta a ir a manifestaciones y recoger firmas, pero de una manera individualista y poco articulada, con poco compromiso a largo plazo, y muy ideologizado, sin objetivos concretos. A la larga esto conduce al desánimo.

Abogamos por una actitud cívica de largo plazo que implique dos cosas: por un lado, conciencia –casi en sentido marxista- es decir, conocimiento cabal de los hechos y particularmente de lo que ello implica para nosotros. En un mundo complejo los problemas son también complejos. Las explicaciones sencillas a estos problemas son gratificantes pero rara vez proporcionan soluciones efectivas. Esa complejidad y aristas diferentes creemos lo refleja bien el libro, ¡Léanlo J!

Y, por otro lado, una cierta resiliencia o persistencia, con visión también a largo plazo. Este tipo de problemas exigen reformas que beneficiarían a la mayor parte de los ciudadanos, aunque el efecto en cada uno de los consumidores individualmente considerados puede ser pequeño o casi inapreciable. Por eso es difícil que se organicen y movilicen para promoverlas. En cambio, si finalmente se llevaran a término, los pocos que disfrutan de la actual situación tendrían muchísimo que perder. Es decir, se precisa una voluntad constante de exigencia y concienciación. Estamos convencidos de la fuerza de los círculos virtuosos: ciertos cambios incrementales van conduciendo poco a poco a mejoras significativas. En este sentido, colaborar con Fundaciones como Hay Derecho es una vía para ello. Aparte de votar con conciencia, por supuesto.

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