Los 10 + 1 errores que llevan a las PYMEs a no saber innovar

9 Diciembre 2015 2

Vale, generalizar es injusto, y además es falso. Sobre todo porque buena parte de la innovación que se produce en el mundo viene de PYMEs o startups que apuestan por la innovación como ventaja competitiva. Pero reconozcamos que la gran mayoría de las PYMEs no tienen a la innovación dentro de su ADN, y que lo que muchas startups llaman innovación sería, cuanto menos, discutible.

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Como señalan Steve Blank y Bob Dorf en el imprescindible El manual del emprendedor, una startup no es una empresa, por lo que no voy a hablar de startups, que tienen una casuística distinta, sino de empresas con un tamaño pequeño y medio pero que ya tienen un recorrido y están más o menos asentadas en el mercado. Ello no quiere decir que no pueda hacer alguna referencia a los emprendedores y las startups, pero no son el centro de mi reflexión.

Dice Juan Ramón Rallo en el libro colectivo #Ciudadanos. Deconstruyendo a Albert Rivera, que hay tres factores clave que movilizan la innovación y que en España no se cumplen: incentivos, financiación y conocimiento. La verdad es que cualquiera de estos factores no han de tener su origen necesariamente en las empresas que innovan, pero sí han de saber conseguir su acceso a ellos y su gestión adecuada. Por eso creo que los puntos clave por los que las PYMEs tienen dificultades para innovar son:

1.-Desconocimiento del concepto de innovación.

Ya lo he dicho en alguna ocasión, no es lo mismo innovar que ser creativo, y sé que a veces la línea de separación es muy fina, pero es fundamental tenerlo en cuenta. Entre otras cosas porque así tendremos claro dentro de qué sector estamos innovando. Imaginemos que soy escaparatista y me he preocupado por encontrar nuevos materiales, nuevas técnicas y nuevas formas de diseñar mis escaparates, algunas tan sorprendentes y novedosas que se podrían considerar una innovación dentro de mi sector. Ahora me contrata una cadena de grandes almacenes y yo aplico estas técnicas y productos innovadores a sus escaparates. Quien ha innovado no es la empresa que me ha contratado, he sido yo, el escaparatista. La empresa no ha adquirido ninguna ventaja competitiva, puesto que este mismo tipo de escaparate lo puede poner la tienda de la esquina contratándome. Yo sí he conseguido esa ventaja competitiva respecto a mi competencia, pero no mi cliente.

La innovación ha de suponer una ventaja competitiva para la empresa que la aplica, una ventaja competitiva con cierta dificultad de ser salvada por la competencia. Si no, estamos hablando de otra cosa. Las PYMEs, y las empresas y emprendedores en general, han sufrido durante los últimos años un aluvión de información en torno a la innovación que les está llevando a hacer de ella casi una commodity. La innovación es fundamental pero todo parece ser innovación. Casi cualquier cosa que consiga cambiar, sobre todo en mi producto, es innovación, y eso les lleva a ser poco exigentes consigo mismos a la hora de innovar. Y por supuesto, a no tener ninguna ventaja competitiva relevante y consistente en el mercado.

2.-Identificar innovación con innovación de producto.

Posiblemente fruto de ese desconocimiento que he comentado las PYMEs suelen entender que cuando hablamos de innovación hablamos de producto. Tanto el Manual de Oslo como el Radar de la Innovación muestran que no sólo de producto vive la innovación, es más, desde mi punto de vista la innovación en producto puede ser el menos disruptivo de todos los enfoques de innovación.

Existe poca preocupación por el modelo de negocio, los canales de comunicación y promoción o la experiencia del cliente, y éstos son fundamentales cuando queremos poner en marcha un proyecto de innovación en nuestra empresa, por no hablar de la gestión interna, los procesos o el management. La innovación no es un hecho aislado que afecta sólo a una parte de nuestra empresa. Si innovamos en producto podemos alterar (y de hecho lo hacemos) nuestro modelo de negocio, accediendo o perdiendo segmentos de clientes, necesitando nuevos canales de comunicación y distribución, requiriendo de nuevos recursos y actividades clave… Si no somos conscientes de estos cambios nos limitaremos a introducir un nuevo producto en el mercado gestionándolo como si fuera un producto ya existente y, por tanto, fracasando en nuestra gestión y no obteniendo los resultados esperados. Recordemos que la innovación sólo es tal cuando tiene un uso útil, y por lo tanto es susceptible de ser un objeto del mercado (ya sea como producto, como estrategia de marketing, como canal de distribución, como modelo estratégico, como tecnología aplicada…).

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3.-Identificar innovación y tecnología.

A veces las PYMEs se niegan a trabajar la innovación porque, dicen, no son tecnológicas o no tienen capital para desarrollar o contratar esa tecnología. Sin embargo parecen no comprender que no hay una conexión única entre tecnología e innovación. Dicho de otro modo, se puede innovar sin tecnología. Es más, desde mi punto de vista la tecnología es una herramienta, no la innovación en sí. De hecho uno de los principales problemas que tiene la I+D es el salto a la innovación, cómo encontrar que ese nuevo descubrimiento, esa nueva tecnología pueda convertirse en una innovación susceptible de ser querida por las personas para solucionar sus problemas sociales (innovación social) o diarios (innovación “de mercado”).

Pero claro, si hacemos esa identificación de innovación con tecnología habrá una gran cantidad de PYMEs que antes incluso de intentarlo queden fuera. Unas porque el uso de tecnología requiere de fondos y supone unos costes, cada vez menores, es cierto, pero que se han de asumir, y otras porque creen equivocadamente que puesto que ellas no son empresas tecnológicas no tienen ni el deber ni la posibilidad de innovar. Y esto es lo que está pasando en sectores como el turístico, muy importante y necesario para la economía española, pero que no puede ser la base de nuestro sistema productivo pues iríamos a un modelo de servicios de poco valor añadido, entre otras cosas por la mentalidad de sus dirigentes, que cuando surgen agentes disruptivos en el sector (como AirBnb dentro de la economía P2P) se preocupan más por sacar estudios que demuestran que no estamos ante empresas P2P que por preguntarse por qué el mercado (los clientes) están derivando hacia este tipo de alojamientos. Y cuando alguien lo intenta se le critica por estar trabajando contra el sector. Y esto me lleva al siguiente punto.

4.-Mentalidad poco innovadora.

No suele haber un enfoque hacia la innovación, ni mental ni, por supuesto, estructural. Hay una gestión centrada en el día a día olvidando la planificación estratégica, y cuando ésta se hace la innovación tiene muy poca importancia. La crisis no ha hecho sino potenciar esto, tratando las PYMEs de reducir el riesgo y derivando recursos al mantenimiento del proyecto a corto plazo más que en apostar por un modelo innovador y con capacidad de capturar demanda y fortalecer su posición en el mercado.

Además, en algunos sectores el entorno está ayudando a mejorar los resultados, por lo que no requiere de esfuerzos a la hora de mejorar su capacidad de innovación. Es sabido que en el sector turístico los problemas que está teniendo el norte de África y en cierta medida Turquía (aunque menos) están derivando demanda hacia España, con lo que las necesidades de invertir en innovación se aplazan o se olvidan puesto que no parece haber un problema de demanda, aunque sí de rentabilidad, pero eso ya se gestiona atacando los costes en lugar de mejora e innovar en la gestión, el producto y la experiencia del cliente.

5.-Mala gestión de la información y el conocimiento.

Estamos en un momento de abundancia de información, que si no somos capaces de procesar adecuadamente puede llevarnos a un estado de infoxicación. Las empresas tienen un problema desde dos puntos de vista. A nivel interno no disponen de estructuras que favorezcan el flujo de información entre los equipos humanos y éstos puedan gestionarla y procesarla para aumentar las fuentes de conocimiento, de modo que este conocimiento depende sólo de una dirección que en más de una ocasión utiliza información sesgada y mal seleccionada.

A nivel externo la abundancia de información está haciendo que la captura de la misma sea deficiente si no se dispones de herramientas de filtrado, que no todos saben o quieren usar.

No olvidemos que la información y el conocimiento son fundamentales para desarrollar proyectos de innovación, y de la calidad de ese conocimiento dependerá el resultado y la excelencia de esos proyectos.

6.-Ausencia de incentivos (internos y externos)

Que hay que innovar se ha convertido en un mantra, como ya he dicho, pero si no hay un convencimiento de sus beneficios y su necesidad es imposible que la innovación pase de acciones puntuales con un recorrido muy corto. Está claro que la mejor manera de innovar es interiorizando sus beneficios, pero también ayuda incentivar esa innovación acompañándola con programas de conocimiento y mejora de los procesos y principios de la innovación.

No es sólo que las direcciones de las PYMEs no estén, en muchos casos, preparadas para innovar, es que tampoco lo están los equipos, a veces por falta de conocimiento y otras por falta de incentivos, que van desde salarios adecuados hasta la necesidad de un modelo de gestión en el que los trabajadores tengan libertad y responsabilidad para tomar decisiones y gestionar la información.

Si muchas empresas están teniendo beneficios y si tienen la sensación de que eso se va a mantener en el medio plazo ¿por qué innovar? Se preguntan. No tienen ni la voluntad ni la aparente necesidad de hacerlo. Pero lamentablemente estamos en un cambio de modelo que va a generar cambios en el mercado que si no somos capaces de verlo nos va a sacar de él. Eso es un incentivo que se tienen que aplicar las empresas. Si no que se lo pregunten a Kodak.

7.-Ausencia de financiación.

Y está claro que sólo con fondos no se innova, pero sin un presupuesto para ello tampoco. No hay una financiación adecuada a la innovación. Los fondos públicos que se publicitan en muchos casos o tardan en llegar o no lo hacen nunca, incluso habiendo sido concedidos.  Además, esos fondos y ayudas a la innovación están mal enfocados demasiadas veces. No se puede llamar innovación a diseñar una página web, a instalar wifi o a crear una app, eso es otra cosa.

Del mismo modo no hay una adecuada financiación privada de la innovación. Hacen falta más fundaciones, asociaciones, confederaciones… que apuesten por llevar la innovación a las pequeñas empresas. Las startups tienes abundantes fuentes de financiación (nunca son suficientes, por supuesto), pero las PYMEs se encuentran en muchas ocasiones sin esos fondos que necesitarían, a pesar de no ser proyectos tecnológicos, replicables o escalables.

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8.-Pensar que para innovar se necesita mucho dinero.

Y eso a pesar de que para innovar no es necesario mucho dinero, aunque no es sencillo y sí se necesitan recursos. Como ya he dicho la innovación no tiene que ser de producto ni utilizar la tecnología. Es perfectamente posible trabajar la innovación del modelo de negocio, mejorando nuestra capacidad de acceder al mercado de una manera más sólida y atractiva para el cliente.

Esta idea de que para innovar hace falta mucho dinero puede paralizar en ocasiones a las empresas, que no se ven con capacidad de trabajar más allá de la innovación en producto, bien por desconocimiento, bien por convencimiento.

9.-No pensar en el cliente a la hora de innovar.

La innovación ha de partir y llegar al cliente o no tiene sentido. El problema es que en muchas ocasiones el cliente no da la información adecuada o nosotros no somos capaces de interpretarla. Mirarse el ombligo a la hora de innovar obliga a crear una necesidad que posiblemente el mercado no tenía. No se innova para crear necesidades, se innova para resolver problemas. Es cierto que se puede innovar en procesos o en gestión interna, pero creo que incluso en estos casos se ha de buscar un beneficio para el cliente, porque eso nos va a dar una ventaja competitiva en el mercado.

10.-No pensar en el equipo a la hora de innovar.

La innovación tiene un problema, que se ha de ejecutar, y a veces nos montamos castillos en el aire pensando que vamos a desarrollar un proyecto muy innovador y luego no tenemos recursos para ejecutarlo. O peor, iniciamos procesos de innovación con expectativas que no se corresponden con las capacidades de nuestro equipo, ya sea porque lo sobrevaloramos y buscamos resultados inalcanzables o porque los minusvaloramos y no somos capaces de sacar el máximo partido de ese equipo.

La innovación la hacen las personas, los equipos los componen personas. Es una relación obvia.

11.-Innovar desde los propios recursos.

Para terminar, por ahora, hay una limitación autoimpuesta por muchas empresas y también por muchas PYMEs, pensar que sólo se puede innovar con los recursos propios. Conceptos como innovación abierta, coopetición o economía colaborativa parece que no forman parte del diccionario de muchas empresas. No digo que deban utilizar estos modelos, pero sí sería interesante conocerlos y ver si pueden ser útiles para ellas. La innovación ya no necesita ser gestionada por los recursos propios, podemos y debemos integrar recursos externos en nuestros procesos para mejorar y aumentar nuestras capacidades de innovación. Las PYMEs ya no tienen excusas para no innovar por falta de recursos.

Estos son algunos de los problemas que, desde mi modesta opinión, encuentran y tienen las PYMEs a la hora de innovar. En muchos casos no es falta de recursos, sino de voluntad y conocimiento. Creo que es urgente un cambio de mentalidad potenciando un modelo de gestión en el que la innovación forme parte del día a día y no sea una excepción puntual dentro de la empresa, de modo que ni se entiende ni se le da importancia.

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