Publicaciones de Juan Sobejano

Graduado en turismo, especializado en marketing y dirección hotelera. Trabajo desde hace años en temas de innovación y emprendimiento desde una perspectiva transversal. Tener estudios de filosofía me ayuda a ver los problemas con un enfoque más abierto y siendo consciente de que las preguntas correctas son más importantes que las respuestas. Trabajo desde hace años con la Escuela de Organización Industrial, ayudando a emprendedores y empresas a mejorar sus conocimientos y proyectos, tanto desde un modelo de emprendimiento puro (lean startup, design thinking...) como en otros ámbitos como la innovación y la transformación digital. En Latinoamérica, con Innodriven.

Últimas publicaciones de Juan Sobejano

En el artículo anterior definía cada fundamento moral. Hoy los analizo desde una perspectiva de innovación, reflexionando sobre qué enfoque puede utilizar un equipo que pretende desarrollar proyectos de innovación consistente. Para eso voy a empezar retomando cada fundamento y viendo qué valor puede tener para un equipo innovador y cómo se ha de gestionar. […]

Cuando hablamos de innovación solemos hacerlo de procesos, metodologías, herramientas e incluso cultura. Trabajamos desde una perspectiva fundamentalmente técnica o, al menos, finalista, aunque es cierto que aderezada en ocasiones con ciertos elementos más o menos humanistas, que ayudan a integrar esas reflexiones en un modelo más amable. En realidad, lo que estamos haciendo es […]

Jonathan Haidt, el autor del brillante libro La Mente de los Justos, es un intuicionista moral. Defiende que la razón juega un papel secundario en nuestra construcción moral y en nuestras decisiones morales. Nosotros no tomamos una decisión moral porque racionalicemos la situación, sino porque tenemos el impulso de actuar y juzgar una determinada situación […]

En un artículo previo hablé de la importancia de tener muy claro cuál es el problema sobre el que vamos a trabajar antes de iniciar un proyecto de innovación. Es cierto que en ocasiones podemos iniciar el proceso sin tener muy claro cuál es el problema (aunque sí tener una ligera idea), pero siempre hemos de ser conscientes de que ha de haber un momento, más pronto que tarde, en que lo definamos correctamente, o la necesidad sobre la que se desarrolla nuestro proyecto de innovación.

Henri Bergson decía que «en filosofía, el problema bien planteado es un problema resuelto». Me parece fundamental esta afirmación, ya que, si es cierto que el desarrollo de un proceso de innovación es clave, también lo es el punto de partida. Y desde mi punto de vista éste ha de ser un problema detectado.La definición de innovación lleva implícita la utilidad de sus resultados, es decir, que el producto, proceso, estrategia de marketing o modelo que se defina tenga utilidad para el grupo poblacional al que va dirigido.

Luis Pérez Breva, en su magnífico libro Innovar. Un manifiesto de acción ,  dice: “nada es nuevo en la génesis de una innovación.” Y esto me parece básico.Cuando innovamos trabajamos con elementos y herramientas que ya conocemos, que sabemos cómo se utilizan y para qué sirven, y que nos generan un cierto grado de seguridad por transitar por territorios ya sabidos.

Este es el tercero de una serie de artículos que he dedicado a la innovación y a la dicotomía entre un modelo de innovación más centrada en la empresa y otro más abierto a ecosistemas externos. En el primer artículo pretendía sentar algunas bases de esta reflexión, fijando los conceptos de Innovación Egoísta e Innovación Ecológica, como dos fases de un proceso continuo en el que tratamos de materializar todo el potencial que la innovación nos puede ofrecer.

La innovación egoísta se produce en un entorno muy limitado, controlado y sin desplegar todo su potencial. La innovación egoísta es en cierto modo una actitud, porque tiene mucho de psicología de la innovación y de nuestra capacidad para enfrentarnos de manera abierta a entornos que requieren modelos de gestión o respuestas distintas. Podemos hablar de varios niveles en los que afecta la innovación egoísta: IndividualLa innovación ha de empezar siendo una actitud, una predisposición más que una acción.

Cada vez estoy más convencido, la innovación tiene un componente personal que se minusvalora cuando se implementa en cualquier organización. A veces nos centramos demasiado en la tecnología, apostando toda nuestra estrategia a una innovación “de cosas”. Esperamos que por arte de magia la compra de un CRM transforme nuestra organización, y la haga más centrada en el cliente. A veces ponemos el foco en los procesos, materializar un entorno funcionarial donde las normas son, equivocadamente, la visualización de la innovación.

Estoy convencido que una de las mayores virtudes del Design Thinking es su consciente abandono de lo cuantitativo y su entrega a lo cualitativo. Las formas tradicionales de acceder a un mercado, de analizarlo y comprenderlo, son puramente cuantitativas. Cualquier tipo de segmentación o modelo de análisis poblacional enfocado a la implantación de una nueva empresa, producto o servicio, es decir, a estar en el mercado, se centra más en la cantidad que en la cualidad, más en el cuánto que en el qué.

El otro día estaba en una panadería/pastelería comprando un par de barras de pan y aproveché para observar a los clientes. A veces lo hago, no por cotilleo o curiosidad malsana, sino por esa extraña tendencia que tenemos los seres humanos de tratar de encontrar pautas y reglas que nos expliquen y, por qué no, nos simplifiquen, la complejidad en la que nos movemos.