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Innovar requiere trabajo mental: también tiene EGO y se hace fuerte en modo ECO

Una innovación ECO supone un cambio mental y asumir que el conocimiento no tiene valor por sí mismo, sino el uso y lo que obtenemos con él.


Juan Sobejano
Innovar requiere trabajo mental: también...

Cada vez estoy más convencido, la innovación tiene un componente personal que se minusvalora cuando se implementa en cualquier organización. A veces nos centramos demasiado en la tecnología, apostando toda nuestra estrategia a una innovación “de cosas”. Esperamos que por arte de magia la compra de un CRM transforme nuestra organización, y la haga más centrada en el cliente. A veces ponemos el foco en los procesos, materializar un entorno funcionarial donde las normas son, equivocadamente, la visualización de la innovación.

Estos enfoques, y otros similares, nos protegen de la verdadera clave de la innovación: tomar decisiones arriesgadas. Queremos pasar de un entorno controlado, de una zona de confort conocida, a otro entorno controlado, construyendo otra zona de confort donde habitar apaciblemente. Pero la innovación no es eso. Más bien implica equivocarse, arriesgar y aprender constantemente. Eso no lo hacen las máquinas, lo hace el ser humano.

Por eso me parece importante hablar de dos tipos de innovación: la innovación EGO y la innovación ECO.

EGO de innovación EGOista o EGOcéntrica. Aquella cuya organización que la desarrolla busca mantener el control del entorno y de todo el proceso innovador. Es un tipo de innovación que teme compartir —información, conocimiento, resultados, tecnología…— porque cree estar en un entorno de suma cero; y la ventaja competitiva está en evitar el desarrollo de la competencia.

ECO de innovación ECOlógica o ECOsistémica. Se trata de asumir que es más interesante compartir que ocultar y crear ecosistemas de innovación donde nuestra organización puede o no llega. Hacer innovación implica compartir también el proceso y tratar de desarrollar todo el potencial de las organizaciones en entornos donde todos ganan.

Hay varios grados entre estos dos tipos de innovación. De hecho, considero que la innovación abierta puede ser un grado intermedio. Tiene elementos de la innovación ECO —comparte información, utiliza recursos ajenos a la organización…—pero puede ser profundamente EGO si tiene un enfoque más de control que de apertura.

La importancia del ser humano en la innovación

Una de las claves para decantarse por un tipo de innovación y no otro es nuestro enfoque personal. Nuestra predisposición para sentirnos más o menos cómodos con cada una de ellas. Como decía al principio, el componente humano es fundamental en los procesos de innovación, por varias razones:

Innovan las personas, no la tecnología. Por mucho que haya hechos ejecutados por tecnología, las decisiones estratégicas, el enfoque y el modo de innovar es una decisión humana.

Los procesos, estrategias de marketing o modelos de negocio los diseñan los seres humanos. Al igual que la tecnología, cuando hablamos de innovación en marketing, en modelo de negocio o en productos, todos son el resultado de decisiones humanas. Éstos son el resultado de la innovación, pero no la innovación en sí.

Cualquier proceso de innovación es incierto, complejo y genera incertidumbre. Puedes cubrir de normas todo el proceso, pero hay momentos donde la realidad nos supera y se tienen que gestionar escenarios no previstos, y más con una complejidad creciente en la que nos encontramos.

La innovación tiene un claro componente mental. No basta con querer innovar, e incluso decirlo. Es necesario mantener un estado mental en toda la organización: desde la dirección hasta el último miembro del equipo. Todos han de asumirla como un componente clave de la gestión diaria. No se innova una vez —eso es otra cosa, ¿suerte, quizás?—, se construyen organizaciones que tienen la capacidad de hacerlo de forma recurrente: con estructuras, procesos y, sobre todo, una cultura enfocada a la innovación.

Innovar te obliga a cuestionarte constantemente. Y esto puede ser muy duro para un equipo. Pensemos que se trata de equivocarte, hacer cosas que hasta entonces no hacíamos, tomar riesgos, asumir responsabilidades.

Lo habitual es decir que la dirección pone barreras a la innovación y no quiere salir de su zona de confort. Es cierto, pero también lo es, y no se habla tanto, que existen barreras —a veces imposibles de saltar— puestas por el resto del equipo. Muchos equipos prefieren mantener un statu quo conocido, una responsabilidad limitada y controlada, y no arriesgarse a tomar decisiones que puedan ser erróneas.

Todo lo anterior me lleva a pensar que usar un modelo de innovación EGO implica un cambio menor en el entorno, al menos en principio. Mantenemos el control, los procesos pueden ser más reconocidos y fijos, y existen pocas influencias externas que afecten a ese control.

La innovación ECO, por su parte, nos obliga a crear ecosistemas de innovación donde no participamos sólo nosotros, también influyen otras organizaciones. Participan en los procesos y también en los resultados. Perdemos el control y eso nos pone nerviosos, aunque los resultados podrían ser potencialmente mucho mejores.

Apostar por una innovación ECO supone un cambio mental, comprender el entorno en el que nos encontramos, y asumir que el conocimiento no tiene valor por sí mismo, sino el uso y lo que obtenemos con él.

Para comprender este cambio mental, recomiendo leer a C. Otto Scharmer y su libro Teoría U. Liderar desde el futuro a medida que emerge. En él explica todo ese proceso que hemos de seguir para desarrollar todo nuestro potencial en un entorno tan imprevisible como el actual. Y, lo más interesante, aporta algunas claves para transformar equipos EGO en equipos ECO.

No es posible transformar organizaciones innovadoras —de esas que lo llevan en el ADN y son capaces de mejorar con cada paso que dan— si no se inicia todo el proceso con la creación de equipos innovadores.

Cada organización es distinta, en algunas es suficiente con poner la semilla en la dirección y ella la extiende con un liderazgo claro. En otras habrá que poner cuñas con equipos concretos. Y en otras tal vez haya que hacer un trabajo más global. Con todo, me parece necesario apostar por una innovación ECO para extender nuestros procesos y estrategias de innovación más allá de equipos concretos, es casi una necesidad vital.

En próximos artículos, explicaré cómo este tipo de innovación ECO no significa solamente “fuera de la organización”, también tiene un enfoque y significado “dentro de”.

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