Sin inversión (en innovación) no hay paraíso

26 septiembre 2021

La innovación y los Juegos Olímpicos tienen mucho en común. Durante los últimos días de los Juegos Olímpicos, El Confidencial publicó un análisis muy interesante sobre la evolución de la inversión en los deportes olímpicos, y el resultado obtenido.

Y a partir de ahí, con la calma de agosto, me surgieron algunas ideas relacionadas con la innovación, que quiero compartir con los lectores de Sintetia.

Al final de los Juegos Olímpicos de Tokio, el presidente del Comité Olímpico Español Alejandro Blanco definía los resultados conseguidos como excelentes “sobre todo teniendo en cuenta la inversión realizada”.

Y sí, España es la campeona en el “coste por medalla”, es decir inversión realizada dividido entre el número de medallas conseguidas.

Pero en el ranking total, estamos en el puesto 22, bajando del 17 de los Juegos de Río 2016. Mismo número de medallas, pero peor calidad. Como comentaba mi buen amigo Juan Pastor Bustamante, las olimpiadas son el Innovation Scorecard del deporte. Y ahí salimos retratados.

España consiguió el máximo de medallas en los Juegos de Barcelona 92, donde hubo una movilización de fondos públicos– privados de 102 millones de euros (80 públicos y 22 privados), la máxima conseguida.

A partir de ahí, la inversión fue reduciéndose y como consecuencia, las medallas conseguidas. Como dice Laura Morales en el artículo, “conseguimos lo que invertimos”. Luego nos sorprendemos de Italia, que invierte sólo en 1 año, lo que España invierte en 4.

Parece claro, que a menor inversión en preparación deportiva, menores resultados. No es una fórmula mágica, pero sí importa. Aunque también es importante, no sólo la cantidad sino dónde se invierte.

Podemos ser los líderes de la eficiencia deportiva, pero no creo que Uzbekistán, con 5 medallas (3 oros, 2 bronces), dedique más dinero al deporte que España.

En la innovación empresarial pasa algo parecido.

Invertir a nivel micro en innovación

Como he escrito otras veces en esta casa, me interesa más la microeconomía que los grandes indicadores macro. Existen muchos estudios sobre los vergonzosos niveles de inversión en innovación a nivel país, pero me interesa centrarme en las empresas particulares y cómo aplican la innovación.

En 2014, realizamos un estudio para radiografiar el perfil de la empresa innovadora en España. El resultado es que seguía un patrón diferente a los modelos europeos. El 50% de la innovación venía de las pymes, al contrario de en Europa, donde existen grandes tractoras

A pequeña escala, es lo que el profesor Xavier Ferrás denomina los “campeones ocultos”.

Sin embargo, todavía existen muchos CEOs que ven la innovación como algo de las grandes empresas, o de las start-ups. Una creencia alimentada por una prensa que vive en el hype continuo con noticias de tecnologías revolucionarias o de grandes inversiones de dudoso impacto final.

Uno de los grandes mitos de la innovación es que para ser muy innovador tienes que invertir grandes cantidades en I+D. Sin embargo, existe evidencia suficiente que demuestra que no necesariamente es así.

Tomando el ejemplo anterior del deporte, si un país como Uzbekistán, quiere conseguir medallas, deberá invertir algo. Aunque sea en pagar los viajes de los atletas, el sueldo de un entrenador o un fisio. Algo.

En innovación ocurre lo mismo. Es imposible innovar sin invertir. Al menos, horas de dedicación de personas para generar ideas y desarrollar proyectos. Sin dedicar tiempo, no se puede innovar.

La innovación no se puede comprar en el supermercado de las consultoras. Hay que cocinarla en casa. Y por supuesto, es imposible innovar condicionando todo el esfuerzo a la consecución de subvenciones públicas. 

Una peligrosa tendencia que estoy viendo ahora con los fondos europeos. Empresas que antes dedicaban presupuesto a innovación de su propio riñón y que ahora han parado, a la espera del maná europeo.

Pero no siempre ocurre así. Una vez superado el nivel mínimo de innovación necesario, los resultados de innovación dependen de otros factores, diferentes a la inversión.

En el siguiente gráfico, podemos ver las empresas más innovadoras y aquellas con mayor inversión de I+D.

Con los datos de 2019, el grupo Volswagen y el grupo Daimler (Mercedes) estaban en el top10 de empresas que más dinero ha dedicado a la I+D, sin embargo no es de las más innovadoras, ni ha sido de las que ha desarrollado del vehículo eléctrico, donde ha aparecido claramente Tesla.

Por cierto, la empresa de Elon Musk sube hasta el puesto 5 de las más innovadoras, siendo la primera empresa industrial, pero con menor inversión en I+D que la mayoría de gigantes de automoción, como

¿Pero cuánto es necesario invertir para empezar a obtener resultados en innovación?

Escribe Alex Osterwalder en su genial libro “La empresa invencible”, prologado por nuestro anfitrión Javier García, que “no podemos elegir el ganador”.

Es decir, nadie puede predecir si una idea, un proyecto X, será el bombazo del sector o no. Porque la innovación es un fenómeno estadístico de probabilidades, no directamente lineal a la inversión. No hay una receta de alquimista que explique cómo conseguir el oro innovador. Pero sí una relación. A mayor inversión, mayor probabilidad de obtener algún proyecto rentable.

Los datos nos dicen que aproximadamente, el 70% de los proyectos innovadores fracasan. El 25% recuperan la inversión realizada y el 5% pueden considerarse éxito por recuperar más de 2 veces lo invertido.  

Por tanto, hay un nivel mínimo de inversión en innovación. Y además, dependerá del tamaño de la empresa. Es lo que se conoce como la “intensidad de la innovación”, calculado como el cociente entre la inversión realizada y la facturación de la empresa.

Como cualquier inversión, depende de la aversión al riesgo del Comité de Dirección. En caso de la innovación, yo lo llamo “el cagómetro del jefe”. ¿Estás dispuesto a jugar en serio o hacer el teatro de la innovación?

Los campeones ocultos que mencionaba más arriba son empresas industriales, altamente tecnificadas, internacionalizadas e invierten entre un 5 y un 10% de su facturación en nuevos proyectos y nuevas tecnologías. Ese es el mínimo, aunque dependerá del sector.

Un modelo interesante de “campeones ocultos” corresponde a los interproveedores de Mercadona. Fabricantes industriales como SPB (fabricante de productos del hogar), Casa Pons (frutos secos) o Helados Alacant son un claro ejemplo.

Hace unos años, se publicó un estudio en el que se ponían cifras. La inversión media realizada en innovación era del 3% respecto a facturación (el triple respecto a las empresas del sector), con un retorno del 13% en ingresos por productos innovadores. De nuevo, se demuestra la correlación. Sin inversión no hay paraíso.

¿Qué otros factores hacen que funcione la innovación?

Explicaba más arriba que hay otros factores que influyen en los resultados de la innovación. Y desde mi punto de vista son fundamentalmente tres:

  • Las personas

Evidentemente, sin personas no hay innovación. Las personas son las que identifican problemas, generan ideas, las convierten en proyectos y las ponen en marcha.

Toda organización necesita tener personas innovadoras, dispuestas a hackear la organización. No sólo creativas. Dispuestas a hacer las cosas de otra manera, a probar, equivocarse y aprender. A preguntarse por qué las cosas son así. Y sobre todo ¿Qué pasaría si…?

  • El sistema de innovación

Un sistema de innovación permite obtener ideas alineadas con la estrategia del negocio de forma continua de diferentes fuentes y seleccionar aquellas que sean más interesantes y transformarlas en proyectos, que pueden, con suerte y esfuerzo, dar resultado.

Hablamos de un proceso medible de exploración, que además, permita reducir el riesgo asociado a la innovación, realizando la inversión en los proyectos por hitos, como el capital riesgo.

  • La cultura

Los factores de personas y sistema permiten hacer proyectos de innovación de forma más o menos continua. Pero el factor diferencial realmente es la cultura.

Ya saben, la cultura se desayuna la estrategia todos los días, que escribió el maestro Peter Drucker. Sin una cultura innovadora, que empieza por el ejemplo del liderazgo (y sí, también por la inversión económica), es muy difícil conseguir resultados.

Y la cultura se puede diseñar, a través de diferentes palancas, pero no es el tema de hoy.

Resumiendo, ya hemos visto que la innovación no es un problema de tamaño de la inversión. Es una condición necesaria, pero no suficiente. Necesita de otros tres elementos, que iremos detallando en próximos artículos en Sintetia para construir una empresa innovadora de verdad.

Artículo escrito por Ángel Alba

CEO Innolandia.es

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