Tener criterio: sesgos, decisiones y complejidad

11 diciembre 2021

Tomar decisiones es complicado. No tomarlas es casi siempre desastroso. Tomar decisiones exige criterio, pero también gestión de los tiempos. Algunas personas no se atreven o se acomodan a lo que digan su jefe, sus amigos, su esposa (o marido), su familia, o su tribu. Hay quien toma las decisiones ignorando la información o haciendo una lectura sesgada.

El diseño de los sesgos forma parte del mapa de reclusiones futuras. Los sesgos y su aplicación nos acorralan. El toro al que hay que temer tiene dos cuernos: algoritmos y sesgos. Para pensar con claridad y elegir la mejor opción posible con la mayor libertad posible conviene tener criterio.

Hay gente que está bendecida por una gran intuición, lo que para otros es un juicio experto. Nadie tiene una fórmula científica de la intuición, y mucha gente admira el éxito de quien ha demostrado tenerla, pero siempre se admira aquello que ha tenido éxito. Nos apuntamos a comentar la Liga el lunes. Es más difícil crearla. Hacer suceder. Hubo gente con intuiciones acertadas y otras erróneas.

Hay una broma macabra y que intenta acaso mostrar algo de verdad que decía que al llegar el nazismo a Alemania en 1933 hubo dos grupos de judíos: los pesimistas que terminaron en Hollywood (emigraron); los optimistas, en Auschwitz.

Si alguien cree que en las empresas o gobiernos siempre se dice la verdad, que vea la serie The Vietnam War, de Ken Burns. Ya lo dice el refrán alemán: «Quien quiera decir la verdad debe tener un caballo rápido».

Cuando hay que tomar decisiones es recomendable desconfiar de personas que siempre empiecen las frases con el temible «Yo creo que». Más allá del simpático voluntarismo de los ingenuos (aquellas personas, a veces enternecedoras, que lo basan todo solo en su olfato) debemos buscar el apoyo de aquellos que saben que tener los hechos de tu lado es mucho mejor que andar a ciegas. Hay que prestar atención a lo que te vas a encontrar. Lo dice el refrán árabe «Primero ata tu camello y luego confía en Dios». Y, al mismo tiempo, solo lo que es grande como un sueño a veces sucede y se convierte en algo grande de verdad.

Hay personas que son muy habilidosas para torturar los datos, hasta que estos digan lo que quieren escuchar. Pero eso es engañarse y engañar. Hay que mirar la realidad de cara. Y saber elegir la información relevante y, de paso, a las personas con criterio que te ayudan a pensar.

Todo el mundo sabe que ser políglota es bueno, pero si no sabes pensar en tu propia lengua no sabrás formular ideas en ningún idioma nuevo. Un necio educado en una escuela internacional es necio sin acento. Pero lo sigue siendo.

Cuando un avión se estrella porque no funciona el altímetro, hemos fallado en lo esencial. Hay que pensar, vivir y trabajar como los paracaidistas. No se contempla la opción de «A ver si se abre». La llamada disrupción digital no es más que un acelerador del darwinismo, según el cual sobrevive el que mejor se adapta y, habría que añadir, quien tiene más y mejores medios. Que gane el mejor es la frase predilecta de la gente que no ha leído la primera frase de la obra maestra de Fitzgerald, El gran Gatsby:

«En mi primera infancia mi padre me dio un consejo que, desde entonces, no ha cesado de darme vueltas por la cabeza.»

»Cada vez que te sientas inclinado a criticar a alguien —me dijo— ten presente que no todo el mundo ha tenido tus ventajas…» 

Sin información de calidad, sin criterio, sin coraje y sin talento, tomar decisiones acertadas no deja de ser una casualidad. Un exceso de información también puede postergar decisiones, pero es mal momento para dudar infinitamente, aunque una dosis de incertidumbre implica inteligencia. Dudemos y, al mismo tiempo, decidamos.

La gestión de tiempos es esencial: la maestría de saber cuándo actuar. Mucha gente es especialista en decir «Yo ya te lo dije», solo que hablan de tener proyectos en lugar de realizarlos.

Entre un novelista y un crítico, uno ha escrito doscientas páginas y otros dos. Entre un consultor y un empresario acostumbra a haber muchas nóminas a su cargo de diferencia. Las opiniones son gratis, salvo las que pagamos a precio de oro, que sin duda son baratas si son buenas. Ante tanta incertidumbre, que es lo único seguro que nos acompañará toda la vida, hay que asumir la soledad y el cansancio (Mark Twain dijo que en la vida son hay dos certezas: la muerte y los impuestos). 

Seleccionemos bien la evidencia; debemos tratar la complejidad sin aumentarla. Si tenemos dos opciones aparentemente iguales de buenas, elijamos la más simple. Lo descubrió Guillermo de Ockham hace 700 años cuando dijo: «En igualdad de condiciones, la explicación más sencilla suele ser la más probable». Ya lo djo Italo Svevo, genio de la novela italiana: «En los negocios, la teoría es utilísima, pero operativa solo cuando ya se han solucionado los asuntos».

Como escribir es más fácil que hacer bien las cosas, en caso de duda, leamos a Roberto Colom, que nos refuerza dónde está el norte. «Suponer puede estimular el pensamiento, pero la evidencia empírica ilumina». Lo dijo Vicente Aleixandre, Premio Nobel español: «Hacer es vivir más».


Último libro de Jordi Nadal. Libroterapia. Leer es Vida.

Artículo escrito por Jordi Nadal

Escritor, editor y fundador de Plataforma Editorial

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