Plan de ajuste fiscal: la tercera variable de la ecuación

14 mayo 2010

Hasta ahora, el gobierno ha tomado dos tipos de medidas para reducir el déficit público: aumentar los impuestos (el % a aplicar sobre la base imponible) y recortar el gasto. Con ello busca la reducción de un déficit estructural que amenaza con disparar la prima de riesgo de los bonos españoles. Pero la llave para la evolución del déficit público se encuentra en una tercera variable: la evolución de la base imponible o, dicho de otra forma, la reacción de los ingresos públicos ante las variaciones del PIB nominal.

Si bien el análisis macro suele efectuarse sobre variaciones reales de magnitudes, en el caso de los ingresos fiscales varias peculiaridades aconsejan realizar el análisis con magnitudes nominales: (i) los salarios tienen rigideces nominales, (ii) las escalas impositivas no se actualizan cada año con la inflación -esto impulsa los ingresos cuando la inflación es fuerte y viceversa-, (iii) la ilusión monetaria altera la percepción de los agentes y (iv) la rigidez de muchos precios a la baja causa desplomes en las ventas ante una caída de la demanda agregada nominal.

El siguiente gráfico resume la situación a la perfección. Muestra en el eje de coordenadas (x) la variación del PIB nominal y en el eje de abscisas (y) la variación de los ingresos públicos nominales. Desde luego, no es un modelo perfecto que recoja todos los factores que afectan a los ingresos públicos (* ver nota 1), pero resume perfectamente la relación histórica entre el crecimiento del PIB y de los ingresos.

La linea de tendencia muestra una fuerte y significativa relación entre el crecimiento del PIB nominal y el crecimiento de los ingresos. Cada punto de crecimiento del PIB nominal tiene como consecuencia 2,65 puntos de crecimiento de los ingresos públicos, aunque el crecimiento mínimo del PIB nominal tiene que encontrarse en el 5% para que comience a haber un aumento de los ingresos.

Fuente: Banco de España e INE

Algunos años concretos están señalados por ser significativos. El dato de 1986 nos muestra lo sensibles que son los ingresos públicos a la inflación. Mientras el PIB real sólo crecía un 3,2%, la inflación era la responsable del resto del aumento del PIB nominal, que crecía un 14,8%. Pues bien, la combinación de ambos factores disparó los ingresos públicos un 29,6% -los trabajadores saltaban de tramo en el IRPF por un efecto puramente monetario, no real-.

Otra clave para entender esta relación se haya en el dato más anómalo (el más lejano a la linea de tendencia) del período, el 2002. El PIB nominal crecía un 7,3% mientras los ingresos se desplomaban un 13,4%. En este caso se trató mayoritariamente de una fuerte disminución de los ingresos del impuesto de sociedades por la explosión de la “burbuja .com”, que deterioró los balances de muchas empresas del país.

Los datos de 2008 y de 2009 no parecen especialmente anómalos, especialmente éste último. Tras una evolución del PIB nominal del 0,5% y del -3,3%, los ingresos disminuyeron un 19,1% y un 21,1%, respectivamente. Concretamente, durante 2009, los ingresos por IVA cayeron un 28% y los ingresos del impuesto de la renta (personas físicas y empresas) y patrimonio un 24,3%.

España necesita aumentar su base imponible

La primera enseñanza es sencilla. Subir el tipo de gravamen (por ejemplo, la subida del 2% que aplicará el gobierno a partir del mes de julio) palidece en efectividad ante lo que supone el crecimiento económico nominal: una mayor base imponible declarada sobre la que cobrar los tipos vigentes. Por ello, toda medida encaminada a volver a la senda del crecimiento es absolutamente necesaria: cambio de los incentivos del mercado laboral, reforma profunda del modelo educativo, mejora de la intermediación en la búsqueda de empleo, etc. Muchas de las propuestas necesarias han sido descritas ya en el documento de las 25 propuestas para la reforma estructural de la economía española, editado por Fedea.

Y España necesita… inflación

La segunda enseñanza es también evidente: una manera rápida de aliviar nuestra posición fiscal a largo plazo sería experimentar unos años de inflación moderadamente elevada. Por un lado, depreciaría en términos reales la deuda total de sus agentes. Además, aumentaría significativamente los ingresos públicos. Por ejemplo, una inflación sostenida del 4% junto a un crecimiento real del 3% producirían un aumento anual estimado del 18,8% en los ingresos públicos, suficiente para aliviar nuestras penas fiscales(* ver nota 2). Es un escenario lejano, pero hacia él hay que caminar, canalizando el aumento en la masa monetaria hacia el mercado real; para ello puede ser clave el FROB y una aceleración del proceso de saneamiento del sistema financiero.

En futuros artículos continuaremos analizando la posición fiscal estructural de la economía española y el papel de la inflación.

Abel Fernández
www.sintetia.com

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* Nota 1: En última instancia, la omisión de una variable relevante omitida correlacionada con un regresor no es un problema si (i) se trata de un proceso endógeno y (ii) lo que queremos es conocer la función de esperanza condicional de Y|X. Precisamente, al omitir el resto de regresores relevantes estamos forzando a X a contabilizar su propio efecto más todos aquellos efectos que ella misma suele acompañar. Sirva este ejemplo: supongamos que nuestra satisfacción de un día de playa depende de dos factores, temperatura ambiental (signo positivo) y temperatura del agua (signo positivo). Si estimamos un modelo de nuestra satisfacción sólo con uno de los dos factores (por ejemplo, la temperatura ambiente), podrían acusarnos de que nuestro estimador estará sesgado al alza por la exclusión de la temperatura del agua (positivamente relacionada con la temperatura ambiental). Es decir, podríamos estar sobreestimando la satisfacción que proporciona la temperatura ambiental. Pero también podemos plantear el problema al revés. Me interesa poder estimar mi satisfacción de un día de playa exclusivamente a través de la temperatura ambiente, con todos los factores que esto acompaña (que pueden ser también negativos, como la masificación de la playa). No necesito incorporar a mi estimación todos los factores. Como la temperatura ambiental y del agua están muy correlacionadas (pertenecen al mismo proceso endógeno), el modelo que incluye sólo la ambiental está forzando a dicha temperatura a incorporar también la satisfacción que suele llevar aparejada la temperatura del agua. Por ello nos basta con levantar la persiana para saber si queremos ir a la playa, sin necesidad de consultar en algún medio la temperatura del mar.

* Nota 2: Todo esto no quiere decir que sea justo, pues la inflación se “comería” tanto los pasivos monetarios como los activos, actuando como mecanismo de confiscación de los que han ahorrado en el pasado. De todas formas, también es necesario recordar que los acreedores, tanto de empresas como de estados, están siendo salvados masivamente desde el comienzo de la crisis; los procesos de quita han sido anecdóticos.

Artículo escrito por Abel Fernández

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