Miguel Pita: “no es cierto que la selección natural promueva la supervivencia del más fuerte”

25 septiembre 2017 1

Abro una hoja al azar y leo esto: Hay una parte de nosotros que se nos impone: es lo que hace nuestro ADN dictador. Nos hace creer que nos deja hacer lo que queremos, y en parte es cierto, mientras cumplamos su plan. Como si la naturaleza fuese un personaje maligno de una película y el individuo fuera un pobre inocente, al que se libera con un microchip secreto injertado que le obligará en un determinado momento a cumplir una misión. […] Ese microchip es el ADN, y la explicación de cómo se ha llegado a esta situación tiene un nombre conocido: evolución». Pero al rato, sigo leyendo y me encuentro con esto: «nuestros genes nos condicionan, muy cierto, pero no es menos cierto que esas potencialidades —en positivo o en negativo— se verán maximizadas o minimizadas en función del aprendizaje, del entorno, de las circunstancias vitales y las decisiones que tome cada cual a lo largo de su vida. El ambiente, la alimentación, la cultura, el deporte, el estrés, el tabaco, el alcohol o las drogas, la vida interior y la espiritualidad… Todo eso influye y moldea la expresión de nuestra carga genética. Estamos conformados por los genes heredados de nuestros ancestros, pero es el ambiente en el que vivimos, nuestra forma de vida, lo que posibilita que algunos genes se expresen y otros no, y en qué medida. Por tanto, hay determinismo pero también hay margen de actuación.»

La conclusión es que los genes importan y la ciencia es clave para comprender cómo nos comportamos y por qué hacemos lo que hacemos (hasta pararnos en una pastelería y no resistirnos). Pero también la ciencia abre desafíos, algunos morales, sobre nuestra capacidad de maniobra. El ADN dictador es un libro apasionante, todo un chorro de inteligencia vertida de una forma brillante por Miguel Pita, un doctor en Genética y Biología Celular que desarrolla su carrera como investigador y profesor en la Universidad Autónoma de Madrid, donde imparte clases de Evolución y Genética. Es autor de numerosas publicaciones científicas y su campo de investigación abarca desde la citogenética hasta la etología, colaborando habitualmente con universidades de EEUU, Chile o Australia en distintos proyectos científicos y educativos. Su capacidad de divulgación que demuestra en El ADN dictador la entra bien en la radio en Tiempo de Juego de la cadena COPE.

:: Miguel, ¿el ADN es el software de los humanos?

Es difícil decir si es un software, un hardware o ninguna de las dos cosas. Podemos imaginarlo más bien como los planos de un edificio, que somos nosotros. Unos planos que tienen escrito cómo se nos va a “construir”. Y como podría pasar en una construcción cualquiera, el resultado final es la suma de lo que pone en los planos, el ADN, y de la aplicación de los mismos, el metabolismo, lo que nos pasa en la vida, etcétera.

:: ¿Y quién controla ese software? ¿Por qué los genes pueden ser nuestros pequeños dictadores?

Los genes llevan escrita mucha información sobre nosotros, toda nuestra arquitectura: desde nuestro grupo sanguíneo hasta si seremos altos o bajos (aunque esto lo modula nuestra dieta, nuestros hábitos…), o si seremos, o no, calvos. Asimismo, puede llevar escritas enfermedades que padeceremos y resistencia a enfermedades. Y por supuesto tiene información que condiciona a nuestro comportamiento. Son unos pequeños dictadores, para algunos rasgos duros, para otros rasgos blandos.

:: ¿Qué ve un doctor en genética cuando observa a un humano?

A otro animal, a otro ser vivo, a un conjunto de reacciones químicas coordinadas para evitar el colapso y reproducirse. Los conocimientos en genética y en evolución aportan una forma distinta de vernos. Casi hasta se vuelve inevitable vernos como lo que “realmente” somos, y no como lo que pone en nuestro DNI.

:: “El cerebro decide lo que nos gusta”, lo que implica que no tiene por qué ser sano. ¿Ésa puede ser una de las causas de una parte importante de muchas de nuestras enfermedades?

El cerebro se encarga de ofrecernos una sensación al ingerir alimentos (u otras cosas). A lo largo de la evolución, con el paso de las generaciones las habilidades del cerebro se han ido viendo seleccionadas, de tal manera que lo que nos gusta, lo que recibe una etiqueta favorable en el cerebro, generalmente es lo sano para nosotros. Por ejemplo: los dulces, las grasas y la sal “le gustan” a nuestro cerebro porque son imprescindibles para nuestra supervivencia.

Los problemas de salud empiezan cuando se ingieren ese tipo de alimentos en cantidades demasiado elevadas.

Esa tarea de moderarnos no la lleva a cabo tan “bien” el cerebro, porque no se ha seleccionado para ello, tenemos un cerebro que no ha evolucionado demasiado desde la época en que nuestros antepasados tenían un acceso muy escaso a los alimentos, cuando tener un cerebro “ávido” por atiborrarse no era nocivo para la salud, porque los excesos eran imposibles. Nuestro cerebro de cazador-recolector toma decisiones erróneas para la salud y se sobre-excita frente al escaparate de una pastelería. Está bastante bien calibrado en la elección de los productos, y bastante mal en cuanto a las cantidades.

Eso explica en parte algunas de las muchas enfermedades que existen, y concretamente algunas de las que padecemos en las sociedades opulentas.

:: Para ti, ¿cuáles serían los 3 hitos más relevantes en la historia científica de la genética?

Los hitos de la genética son muy numerosos, es difícil elegir los 3 más importantes, así que voy a elegir mis favoritos:

1.- el redescubrimiento de las Leyes de Mendel, que podían no haberse descubierto nunca, porque ocurrió unos 25 años después de que las publicase con muy poca repercusión, y cuando el pobre monje ya había muerto.

2.- También a principios del siglo XX, el descubrimiento, en el laboratorio de Morgan, de la primera localización física de un rasgo. Es decir, cuando por primera vez se vio que el color rojo o blanco del ojo de la mosca de la fruta se producía por alteraciones en un lugar concreto de la célula (su cromosoma X).

3.- Y por último, ya de este siglo, la secuenciación de los genomas, que nos permite conocer los detalles de ese mapa que es el ADN y que permite a la genética sumergirse en los detalles de la vida.

:: Y, a futuro, ¿dónde están los retos científicos de la genética?

En realidad, los grandes retos futuros de la genética no implican exclusivamente a los científicos, sino a toda la sociedad. Se han desarrollado herramientas que van a permitir que los futuros individuos nazcan sin enfermedades genéticas. Hace pocas semanas se demostró que somos capaces de reemplazar en un embrión un gen con una variante que va a producir una enfermedad (en el experimento concreto causaba una miocardiopatía responsable de la muerte súbita) por la variante que portan los individuos sanos. Esos embriones se destruyeron, pero habrían dado lugar a un individuo modificado genéticamente para evitar una enfermedad. Hay bastante conocimiento y existen las herramientas para que, en un futuro próximo, la descendencia nazca sin enfermedades. Creo que en lo relativo a enfermedades es una gran noticia.

Pero esas mismas herramientas permitirían la modificación genética a la carta, y creo que la sociedad debe estar informada para decidir si desea exigir a sus representantes que legislen al respecto. Creo que habrá un consenso en que todos los ciudadanos desearemos que estas herramientas se utilicen para evitar enfermedades en nuestra futura descendencia, pero… ¿y más allá?

::  A pesar de tener pequeños dictadores que nos controlan (o tratan de hacerlo) el azar juega un papel muy importante en nuestras vidas, ¿Cuánto exactamente?

Tenemos nuestra genética, que juega un papel muy importante en nuestra vida, pero en incontables aspectos de nuestra vida hay que tener también en cuenta otros muchos factores. Por ejemplo, el ambiente. En muchas enfermedades, como por ejemplo muchos tipos de cáncer, su manifestación va a estar determinada por lo que ponga en nuestros genes sumando a factores ambientales: lo que comemos, respiramos, etcétera…

Asimismo, en la evolución el azar juega un papel determinante. Se pueden encontrar fácilmente rasgos que hacen a sus portadores tener más probabilidades de éxito en la supervivencia o reproducción, pero ningún rasgo es una garantía definitiva. Por ejemplo, un determinado dibujo o color en el pelaje de un ratón lo puede hacer camuflarse mejor de sus depredadores y evitar ser devorado. Ese color de pelaje lo determinan unos genes, que a priori parece favorable poseer. Pero si ese animal se accidenta y cae desde un precipicio al mar, el valor de ese rasgo, tan valioso en teoría desaparece, y esos genes no han sido útiles. Mientras tanto puede haber otro ratón con un pelaje menos apto para el camuflaje, que sobrevive y se reproduce. Y así transmite esos genes menos valiosos “en teoría”.

:: Eso de que la ley de la supervivencia es siempre el del más fuerte veo que lo consideras una chorrada, ¿por qué? 

Ningún estudioso de la evolución opina que la selección natural promueva la supervivencia del más fuerte. Se habla (correctamente) de la “supervivencia del más apto”, pero porque apto no alude a ningún rasgo concreto, mientras que “fuerte” sí, por eso este término falso.

Ser fuerte puede ser bueno, malo o neutro. Igual que ser rubio o moreno, o alto o bajo, o, en el caso de otros animales, tener plumas de colores o grises. Todo depende de en qué ambiente (y también, como comentábamos antes, en parte del azar).

Un ratón con pelaje blanco se espera que sea más apto en la nieve que uno con pelaje rojizo. Mientras éste lo será en terrenos con barro, por ejemplo.

Pero en realidad solo sabremos quién ha sido el más apto (tenga pelaje blanco o rojizo) cuando contemos quién ha dejado más descendientes. Por eso ningún rasgo concreto garantiza la supervivencia, aunque podemos deducir que algunos rasgos que la favorecen. 

:: Al hilo de esto, ¿cuáles consideras que son los 3 mitos más extendidos sobre genética? 

Sobre genética, y sobre evolución, hay muchas confusiones. Por eso en “El ADN dictador”, que lleva el sobrenombre: “lo que la genética decide por ti”, hablo mucho también sobre lo que la genética no decide por ti.

La evolución se entiende muchas veces como un recorrido direccional que funciona de forma organizada, así como se explica siempre como si “selección natural” y “evolución” fuesen sinónimos, siendo quizá éstas las confusiones más habituales: la evolución no tiene un fin.

En genética, la mayor confusión es relativa a su alcance, sobre qué pueden hacer realmente los genes, que es el tema que a mí más me atrae y que procuro explicar mejor cuando hago divulgación. 

:: ¿Cuál sería tu deseo para mejorar la ciencia española? 

Una apuesta a largo plazo. Que decidamos ser un país que va a producir cambios científicos.

Los países que logran desarrollarse son aquellos que apuestan por la ciencia. Tanto básica como aplicada. Pero los plazos de la ciencia son lentos, hay que marcarse objetivos a diez o veinte años, y al cabo de ese tiempo la sociedad lo nota y mejora.

Este objetivo es imposible en países donde las miras políticas no alcanzan más allá de los periodos electorales. Lo que quieren algunos gobiernos es que los resultados sean beneficiosos electoralmente, que sean para su propio mérito y se obtengan durante los cuatro y ocho años de gobierno. En esos casos la ciencia tiene poco que hacer, y eso se nota en los países.

Invertir en ciencia es invertir en mejorar tu país a medio o largo plazo, no invertir en el éxito de tu partido a corto o medio plazo.

En España se hace una ciencia de excelente calidad con mucho esfuerzo y sacrificio, y se forman magníficos científicos. No me puedo ni imaginar el alcance si realmente fuese un país que invierte en ello.

Estamos en cifras de porcentaje de PIB que son mucho más bajas que las de países como Alemania, Corea del Sur, Reino Unido, Estados Unidos… con, además, una tradición mucho menos de inversión privada. 

:: Cuando escuchas alguien decir que no se puede destinar dinero público a investigaciones que no tienen una utilidad en el mercado inmediata, ¿qué les dirías? 

La ciencia aplicada es muy importante. Pero todos los resultados de ciencia aplicada proceden de descubrimientos previos de ciencia básica. Hay que invertir en muchos proyectos para que uno produzca un cambio de aplicación en el mercado. Y compensa, primero porque los resultados de todos ellos son útiles por distintos aspectos, y segundo porque el que resulta aplicable compensa con creces los gastos.

Es una apuesta de rentabilidad asegurada, pero a medio o largo plazo. Difícilmente solo en 4 años.

:: Vivimos casi una epidemia de pensamiento positivo. Parece que todo está en nuestro coco, y no tanto en nuestra genética. Querer, esforzarte, comprometerse…cosas que parece que pueden con todo. ¿Existe alguna evidencia científica de que nuestras creencias puedan modificar el funcionamiento del cerebro o nuestro software?

En realidad nuestra voluntad nos dota de un gran margen de maniobra. Pero hoy en día sabemos que muchas de nuestras aptitudes, aunque tengan margen de mejora, nos vienen “de serie”. Ya no existe la idea de la “tabla rasa”.

Pero yo no diría que “nuestras creencias puedan modificar el funcionamiento del cerebro o nuestro software”, porque las creencias desde luego que no pueden. Pero lo que sí es cierto es que nuestro cerebro viene genéticamente dotado de gran plasticidad. Nuestra propia genética lo fabrica así. Aunque como todo tiene unos límites. Alguien con aptitudes musicales de nacimiento, genéticas, puede llegar a dominar un instrumento con más facilidad que alguien sin aptitudes musicales. A pesar de ello, este último puede llegar a ser un gran músico con gran esfuerzo, eso sí, nunca será Mozart. 

:: La divulgación científica parece que es una de tus pasiones. Vivimos una época donde presentadores estrella o famosos pueden defender cosas que, cuanto menos, parecen lejos de los fundamentos científicos. Pero tienen una gran influencia. ¿En la era de Google y la infotoxicación necesitamos más y mejores divulgadores para contrarrestar a los ‘vendedores de humo’? 

Sin duda es una época muy particular, es el momento de la opinión y de la posverdad, que son lo menos científico que hay. Parece que la opinión de todos cuenta por igual. Y no hay que confundir el derecho a opinar, con la validez que ésta tenga.

Los aviones no vuelan por el trabajo de opinadores ni de influencers, y en todo un hospital no vas a encontrar una sola pieza que se haya basado en opiniones, u originado en programas de radio o foros de twitter, sino en rigurosos procesos científicos contrastados.

La campaña de desprestigio a la vacunación es uno de esos hechos lamentables. Es una falta total de formación. Las vacunas salvan vidas y son uno de los grandes descubrimientos de la humanidad. Criticarlas es una falta de educación, y no me refiero a una falta de modales, me refiero a ignorancia. Tanto en cuanto a conocimientos como a responsabilidad cívica. Es terrible.

Sería bueno que la gente estuviese bien formada, la formación en civismo y responsabilidad no está en las manos de los científicos. Pero, sin embargo, sí creo que los científicos tenemos el deber de divulgar e informar, y aportar información rigurosa y contrastada a la sociedad. Y debemos hacerlo en un tono y un lenguaje que la haga accesible, interesante, y, como es cuando uno la descubre, entretenida y apasionante.

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