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Las preguntas y los retos que nadie aborda en Europa


Abel Fernández
Las preguntas y los retos que nadie aborda...
¿Qué se jugaban los ciudadanos europeos en las pasadas elecciones a su parlamento común? El resultado en los distintos países ha confirmado que dichas elecciones son percibidas por los europeos como un asunto de importancia menor, siendo a menudo utilizadas para expresar su hartazgo con los problemas institucionales. ¿Se ha producido en esta ocasión un cambio estructural de tendencia? Las próximas elecciones de ámbito nacional confirmarán o desmentirán dicha tendencia, pero, mientras tanto, los partidos contendientes y los ciudadanos han perdido otra oportunidad para abordar los enormes retos a los que se enfrenta nuestro continente. Concretamente, PP y PSOE han basado su campaña en los habituales tópicos sobre la protección agrícola y en asuntos de política nacional que poco tienen que ver con el ámbito de las decisiones que se toman en Europa. En cambio, en Europa se construyen las políticas comunes que afectan a varios de los asuntos más importantes para el futuro de nuestras sociedades, entre los cuales podemos destacar los siguientes ejemplos.

Faro_Noche

1. Las ideas como motor de crecimiento El único motor de crecimiento en el largo plazo es la innovación, es decir, la creación de nuevas ideas en forma de factores de producción no rivales –algoritmos de búsqueda, procesos industriales revolucionarios, nuevas recombinaciones de materiales ya existentes, etc.-, innovación que se da tanto en el sector público -a través de la investigación básica de las universidades- como en el sector privado –tanto en productos como en procesos-. Cada vez que se genera una nueva idea con aplicación práctica, nada impide que infinidad de agentes puedan usarla simultáneamente, por lo que, al contrario de lo que sucede por ejemplo con la inversión en capital físico, el efecto de la misma es multiplicador. Casi la totalidad de la innovación es generada por trabajadores altamente cualificados, motivados y con capacidad de movilidad geográfica y sectorial. ¿Qué políticas europeas pueden ponerse en marcha para incentivar este proceso? ¿Sería óptimo reforzar el sistema Erasmus con generosas becas de postgrado para los estudiantes de mayor capacidad? ¿Quizás premiar con recursos a las instituciones que alcancen la verdadera excelencia? ¿Es el sistema actual de protección de la propiedad intelectual el sistema ideal para incentivar la generación de ideas? 2. La tecnología y los mercados: “El ganador se lo lleva todo” Gran parte de la innovación mundial se está produciendo en los sectores tecnológicos, tanto en los servicios de información dirigidos a las propias empresas como al consumidor final. Dichos mercados tienen a menudo una estructura de “El ganador se lo lleva todo”, en la cual el vencedor obtiene una renta desproporcionada mientras el resto de competidores luchan por sobrevivir: la mayoría de las personas no suelen utilizar más de una red social, un buscador de información o un servicio de mensajería para móvil. El vencedor en cada uno de dichos servicios disfruta de unas rentas casi monopolísticas. ¿Qué puede hacer Europa para ser competitiva con Estados Unidos y la pujante Asia en la generación de dichos campeones mundiales? ¿Cómo deben nuestras sociedades gravar unas rentas con cierto componente monopolístico? 3. La “carrera contra la máquina” perjudica a los menos formados La aceleración en la robotización de procesos y la competencia con la mano de obra barata está creando una brecha de división entre empleados altamente cualificados (los cuales ven amplificada su productividad a través de las nuevas tecnologías y ven sus salarios crecer con fuerza) y aquellos con menor formación (cuya renta mediana lleva décadas estancada en los países desarrollados). ¿Cuáles son las regulaciones laborales y las prestaciones sociales óptimas para abordar este problema? ¿Qué efecto tiene la libertad de movimiento de mercancías sobre este fenómeno? Los ciclos sectoriales se han acortado. Mientras hace tiempo la madurez y caída de los sectores podía durar décadas, una nueva innovación puede hoy llevarse por delante a un sector entero en cuestión de años (como, por ejemplo, el sector de la película fotográfica). ¿Tenemos una estructura de protección social óptima ante esta aceleración de los ciclos? 4. La carrera tecnológica y la libertad de movimientos del capital acentúan la desigualdad Como se desprende de los datos de desigualdad recopilados por Thomas Piketty y sus coautores, muchos países desarrollados han experimentado un crecimiento de la desigualdad interna (aunque este no ha sido por ahora el caso de España). El porcentaje de rentas del capital que conforman nuestras economías está creciendo de nuevo y ello arroja dudas sobre la evolución futura de la desigualdad. ¿Es posible que este aumento socave la igualdad de oportunidades que las sociedades intentan mantener? ¿Debería Europa unificar su política fiscal para gravar con más fuerza las rentas que no se deriven de una estructura competitiva tradicional? ¿Qué hacer con el impuestos de sucesiones en un contexto europeo? 5. El envejecimiento de Europa La Segunda Guerra Mundial y la incorporación de la mujer al mercado laboral crearon durante el Siglo XX extrañas mecánicas demográficas con un peculiar efecto perverso: una pirámide de población que se invierte a partir de los menores de 30 años. Se trata de un problema que afecta a toda Europa y que puede tener profundas repercusiones en el futuro. En primer lugar, la productividad puede resentirse conforme las cohortes más abultadas se aproximen a la edad de jubilación. En segundo lugar, la población en edad de trabajar está ya disminuyendo en muchos países de Europa (especialmente aquellos en los que persiste la crisis, como España). Además, el gasto sanitario y en pensiones subirá a pesar de que éstos habrán de ser soportados cada vez por menos trabajadores. Por último, existe un riesgo de depresión mundial del precio de los activos (“the great asset meltdown”), provocado por la venta masiva de los activos ahorrados para disfrutar de una mejor calidad de vida en la jubilación. Esta depresión afectaría sobre todo a los activos menos líquidos, como la vivienda. ¿Qué sucedería con los balances de las familias y de las entidades financieras con fuertes carteras inmobiliarias? Algunos países están logrando suavizar dicho impacto a través de la atracción de capital humano joven, mientras España sufre actualmente un flujo migratorio negativo. ¿Debería revisarse la política de visados de trabajo de la Unión Europea para extranjeros?

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Estos problemas son solo una pequeña muestra de los enormes retos que nuestras sociedades habrán de afrontar, muchos de los cuales requerirán reformas profundas y coordinación política. Existen por supuesto otros asuntos de vital importancia ya conocidos por la población, como la regulación financiera y la crisis de desequilibrio que asola al sur de Europa, el nivel de competencia real de nuestros mercados o la regulación del sector energético, los cuales determinarán en gran medida tanto el corto como el largo plazo de la evolución de Europa. Se trata de problemas cuyas soluciones (parciales o completas) pueden generar ganadores y perdedores, y dichos ganadores y perdedores pueden estar desproporcionadamente representados en algunos países (de hecho, España puede llevarse la peor parte en muchos de estos escenarios). En su lugar, la campaña y el debate electoral han servido a los principales contendientes para proponer soluciones populistas que desplazan el coste hacia terceros poco definidos (pero que nunca son el ciudadano de a pie), para hablar de remolachas y anchoas, también de cuestiones importantes pero de ámbito estrictamente nacional (como el aborto) y, como guinda, para debatir el correcto comportamiento de un caballero cuando percibe una clara superioridad intelectual sobre una indefensa mujer. El resultado es bien conocido: los resultados y su interpretación han gravitado alrededor del bipartidismo y de los nuevos partidos emergentes, los cuales han enfocado su campaña hacia los principales problemas nacionales, olvidando mayoritariamente los problemas de ámbito europeo. Tanto los partidos como la población ha dado la espalda, por interés electoral o por falta de información, a los asuntos que verdaderamente estaban en juego y que determinarán la estructura de nuestra sociedad por las próximas décadas.

Nota: Artículo publicado en la revista Tiempo de Hoy

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