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Las “fake news”: la desinformación en el siglo de la información

El virus del siglo XXI, las fake news. Y sólo se pueden contener con buenas noticias, reales, fiables, contrastadas


Natalia Díaz Santín
Las “fake news”: la desinformación en el...

“Hablemos de ruina y espina
hablemos de polvo y herida
de mi miedo a las alturas
lo que quieras pero hablemos”

(Vetusta Morla)

No hay duda, vivimos rodeados de información y cada vez es más complejo discernir cuál es o no cierta.  Si tienes una enfermedad grave, si te quieres tratar de una dolencia, si quieres adelgazar, o simplemente quieres decidir cómo educar a tu hijo. Acudimos a la red para esto y cualquier otra cosa. Leemos gigas de información. Hasta el punto de la saturación. Y, sin los conocimientos técnicos adecuados, nos quedamos con aquello que confirma nuestras creencias, normalmente con lo fácil, lo barato, lo inmediato.

Pero la información, la mala información, también es un riesgo y genera un perjuicio social y económico, y deberíamos poner mucho cuidado a este fenómeno viral. Un virus que nos puede hacer mucho daño, porque como ciudadanos estamos cada vez más expuestos a las ‘fake news’: cada vez más sofisticadas, en diferentes formatos, aupadas por grupos de presión, por colectivos con intereses muchas veces ideológicos o religiosos (ajenos a la búsqueda de ‘la verdad’). Y esto conduce a una dificultad para discernir y comprobar su veracidad y los riesgos asociados.  

Los costes de la mala información.

Algunos costes de las ‘fake news’ pueden generar un gran impacto social. Pensemos en la corriente de los llamados anti-vacunas. El pasado año, un tal Lars Andersson publicó un trabajo donde relacionaba el aumento de la vacunación contra el Virus del Papiloma Humano (HPV) y el cáncer de cérvix. El artículo se publicó en la  Indian Journal of Medical Ethics  y el título ya lo decía todo:Increased incidence of cervical cancer in Sweden: Possible link with HPV vaccination” . 

Como pueden imaginar, los grupos anti-vacunas estallaron en euforia y empezaron a reenviar la publicación en todas las direcciones posibles. El virus empezó a expandirse globalmente. Al rescate salieron científicos de todo el mundo que analizaron en detalle el estudio y encontraron cosas sorprendentes: la solidez estadística era muy cuestionable e invalidaba los resultados, y el tal Lars Andersson era un nombre falso y, por supuesto, no trabajaba en el Instituto Karolinska.

Cuando se descubrió, exhortaron a la publicación india a que añadiese que nadie con ese nombre trabajaba en ese instituto.  Y ésta emitió el siguiente comunicado en mayo:

“Como editores, desconfiamos de la extrema división ideológica que se observa en las discusiones ‘pro’ y ‘anti’ vacunas. En países de ingresos bajos y medios como la India, la infección temprana por el VPH y la incidencia de carcinoma de cuello uterino son relativamente altas, la discusión científica y la resolución de los problemas relacionados con la vacuna contra el VPH son críticas para las mujeres que la reciben y para la formulación de políticas sobre su introducción en el programa de inmunización universal. Esperamos que la hipótesis del posible daño de la vacunación de mujeres previamente expuestas al VPH se explore cuidadosamente en estudios futuros”.

Como se puede observar, la mala información puede explotar y difundirse a gran velocidad y facilitad. El sesgo de confirmación que llevamos dentro —buscamos aquello que, por pequeño que sea, nos confirme nuestras creencias, tenga o no rigor—, y nuestra capacidad para ‘conectarnos’ con gente de nuestra misma ideología está generando grandes desigualdades de información.

La desigualdad de información está muy conectada con la desigualdad de formación y de ingresos dentro de los países. Las personas de menos ingresos y menos formación, también tienen acceso a peor información, o de peor calidad, lo que perpetúa su situación.

El concepto de desigualdad se amplía en el siglo XXI, y la infotoxicación está detrás de este proceso.

El argumento “ ad naturam”

Otras de las grandes creencias infundadas es que lo natural es mejor, y se contrapone, contra lo “químico”. Buscamos la etiqueta de ‘biológico’, ‘natural’ o ‘ecológico’ para conectarlo con elementos comerciales de ‘bueno’, ‘mejor’ o ‘saludable’. Pero no siempre es así. Natural no es sinónimo de bueno, o de mejor, ni incluso de seguro. Esto es lo que se conoce como la falacia del argumento ad naturam.

Edzard Ernst es quizás el mayor especialista que ha investigado sobre terapias alternativas. Demostró que no funcionan y lo hizo en la British Medical Journal Blogs, bajo un título muy sugerente: «la falacia de que lo natural es igual a lo seguro». Señala que parece que estamos programados mentalmente para aceptar esa falacia. Y lo que se usa (en el caso de la medicina alternativa) con fines comerciales, conectar natural con seguridad, es incorrecto y, lo que es peor, puede poner en peligro la salud de quienes caen en esta falacia.

La calidad  cuenta. La revisión por pares

Tendemos a creer que todo aquello que leemos en revistas científicas es cierto. Pero este argumento lo ha desmontado el periodista e investigador John Bohannon. Envió un artículo que demostraba las propiedades cancerígenas de una determinada sustancia a 304 revistas de open access. Prácticamente la mitad lo aceptaron. Pero su trabajo era falso. La revisión de la calidad científica también puede estar en entredicho, si no existen los procesos adecuados para su supervisión. El propio John Bohannon lo explicó esto en su artículo: “Who’s Afraid of Peer Review? A spoof paper concocted by Science reveals little or no scrutiny at many open-access journals”.

Muchos han criticado esta forma de ‘engañar’ a las revistas por parte de Bohannon, porque sesgaba un argumento para llevarlo al extremo. Pero abrió un debate importante. Si este debate llega a la esfera científica, ¿qué podemos esperar de los medios generalistas?

La regulación pública

Desde las administraciones públicas se empieza a asumir que este problema de rigor y supervisión de lo que se publica puede ser un problema serio. Y empiezan a exigir mayores criterios de supervisión.  Hay países que van más allá, tomando medidas sobre la obligatoriedad de las vacunas o la imposición legal de recibir quimioterapia en casos de cáncer frente a la decisión de padres que quieren utilizar remedios no contrastados por la medicina.

Las fake news sólo se pueden contener con buenas noticias, reales, fiables, contrastadas y poniendo en tela de juicio verdades absolutas. La ciencia está en evolución continua, se hace preguntas recurrentes, usan métodos y procesos en continua evaluación, contrastan datos, hacen experimentos para crear información donde no la hay y someterla al rigor.

Si las malas noticias circulan a más velocidad que las buenas, la batalla puede estar perdida. Si no damos credibilidad, valor, respeto y facilitamos la divulgación de la ciencia y el rigor, todos pagaremos el coste de la des-información.

Mala información, malas decisiones. Por lo tanto, no es la cantidad, sino la calidad y cómo se distribuye esa calidad, donde tenemos que poner los esfuerzos. Hay que aupar a los divulgadores científicos, darles incentivos y cabida en los espacios públicos, crear lazos de comunicación sólidos. Esto creará una cultura pro-ciencia que es realmente positiva como país.  

Porque incluso lo evidente hace falta verlo. Como dijo el gran Guillermo López Lluch, de la Universidad Pablo Olavide de Sevilla, cuando se pudo conseguir la imagen de un agujero negro: “Y el agujero negro era eso, un agujero. Puede parecer un comentario estúpido pero los científicos somos tozudos y si algo se ha predicho que será como un agujero, hasta que no lo veamos como tal no se puede afirmar que sí, que es un agujero y, además negro. El esfuerzo tecnológico parece que ha valido la pena y los datos almacenados permitirán saber algo más del Universo en el que habitamos.”

Artículo en colaboración con nuestro editor, Javier García.

Mostrar comentarios (15)

Comentarios

  • Daniel

    Gran artículo sobre un problema tan cotidiano como las “fake News”.

    La gente de hoy en día habla y cree comprender muchos temas, pero no profundiza en ninguno. Vale como ejemplo la tan denostada palabra democracia. Tan usada, tan prostituida, tan poco estudiada, tan banalizada; que si vas a un supermercado puedes leer “tomates a precios democráticos”. ¿Qué quiere decir eso? Un auténtico anacoluto. Pregúntale a la gente que es una democracia y no sabrán contestarte científicamente. Es una pena, la sabiduría ha muerto. Es tan triste, que un ermitaño esté más cerca de la VERDAD, que un urbanita que tenga acceso a toda la información.

    Felicidades por el artículo, nos da luz en esta penumbra intelectual que vivimos en pleno Siglo XXI.
    !Una pena!

    • Article Author
  • Laura Silva

    Genial Natalia. Que fácil es caer en engaños o errores. Es cierto que la tecnología ha traído avance en información y comunicación pero todo tiene su lado negativo y este es uno de ellos.

    • Article Author
  • Ana Belén Jimenez

    Cierto… en esta sociedad de la información cada vez estamos más desinformados.

    • Article Author
  • Ana

    Muy buen articulo Natalia. Hoy en día tenemos demasiada información, buena y mala y es muy complejo discernir cual es cierta o no. Además siempre tendemos a quedarnos con la que más nos conviene. Hay que ser muy cautos a la hora de procesarla.

    • Article Author
  • Guillermo López Lluch

    Gran artículo de Natalia. Como bien dice, la proliferación de noticias falsas en la sociedad conduce a una infotoxicación peligrosa. No hay tiempo para digerir, para pensar, para argumentar con calma y, lo malo es que el objetivo no es informar sino apoyar una postura, muchas veces sectaria, con información falsa o manipulada si es necesario. En ciencia eso es muy peligroso ya que crea hipótesis falsas que conducen a callejones sin salida y hace perder tiempo, esfuerzo y fondos públicos. Cada falso estudio crea espectativas que no se van a cumplir y acaban desprestigiando la ciencia y alimentando posturas irracionales. Gracias Natalia por usarme como ejemplo.

    • Article Author
  • Noemí

    Gran articulo.
    El problema es que resulta muy difícil distinguir las noticias e información contrastada de la que no lo está.
    No podemos profundizar en todo y aunque lo hiciéramos nada nos aseguraría que siguiéramos obteniendo información sesgada
    Tendemos a creernos lo que leemos o escuchamos y mucho más si necesitamos ese apoyo para confirmar o reafirmarnos en nuestras ideas.
    Es fácil crear confusión y de eso se benefician algunos sectores interesados.
    Lo dicho la gran paradoja de poder acceder a gran información y sin embargo estar más desinformados
    Deberíamos pensar antes de compartir noticias

    • Article Author
  • Cristina

    Vivimos un tiempo de paradojas:Soledad en un mundo interconectado, pobreza espiritual frente a riqueza material y menor interés por el pensamiento crítico frente a las mayores posibilidades de acceder al conocimiento. Gracias x este enfoque tan necesario sobre la hiper información que no informa ni forma.

    • Article Author
  • Eladio

    Excelente artículo. Es cierto, en la época en que tenemos más posibilidades de estar bien informados es, precisamente, en la estamos más desinformados. Falta de cultura, de síntesis, de exceso de información contradictoria…Es la dura realidad. Felicidades.

    • Article Author
  • Dani

    Excelente artículo Natalia! Enhorabuena

    • Article Author
  • Mónica

    Enhorabuena Natalia por este artículo tan necesario

    • Article Author
  • Sira García

    Y yo me pregunto, cómo, de qué manera podemos asegurarnos que con cualquier noticia o información no nos están manipulando? .
    Excelente Natalia, por hacernos pensar y darnos cuenta que solo nosotros contrastando noticias e información, tenemos el poder de no dejarnos manipular.

    • Article Author
  • Laura

    Estoy totalmente de acuerdo con el tema.

    • Article Author
  • Moderación

    La realidad es que hoy en día encontraremos un estudio, una universidad, una revista que apoye prácticamente cualquier afirmación o teoría. Como Edzard Ernst, o el “British Medical London blog” y las afirmaciones sin matiz de “las terapias naturales no funcionan”. La realidad es también que el ser humano haría bien en practicar aquello de que la virtud se encuentra en el centro. Ni un cáncer se cura con zumo de naranja, ni hacer quimio y comer basura es una combinación que recomiende buena parte de la clase medica. ¿Cuantos artículos de universidades prestigiosas han sostenido la importancia de la alimentación y del estado de ánimo en la salud? incontables. Los mismos que sostienen lo contrario, que todo es irrelevante salvo la química. ¿no estará la virtud en el termino medio?
    Toda la desinformación que nos rodea no cesará mientras no leamos, escuchemos, hablemos con una visión crítica y no sólo con una visión, la nuestra.

    • Article Author
  • Mª Ángeles

    Tienes toda la razón, un gran artículo Natalia.

    • Article Author
  • Rodrigo

    De acuerdo con Natalia. Pero en vez de “fake news”, podemos mejor hablar de “noticias falseadas” sin tener que recurrir a ese anglicismo?

    • Article Author

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