La persistencia de los malos gobiernos

2 marzo 2010
La persistencia de gobiernos malos

Daron Acemoglu, profesor del MIT, y Georgy Egorov y Konstantin Sonin, profesores de la Northwestern University, divulgan los resultados obtenidos en su artículo de investigación «Selección política y persistencia de malos gobiernos», el cual se publicará próximamente en la revista Quarterly Journal of Economics.

¿Por qué emergen y persisten gobiernos malos e incompetentes bajo una gran variedad de regímenes políticos distintos? Esta columna presenta una nueva visión. Aunque muchos regímenes democráticos no ofrecen mejores resultados que otros menos democráticos bajo condiciones especiales como los conflictos o el primer desarrollo económico, los regímenes más democráticos parecen presentar una mayor flexibilidad ante determinados shocks.

Los gobiernos malos e incompetentes son, en la práctica, ubicuos. Algunos se basan en el simple robo, regímenes que mantienen su poder por la fuerza. Birmania ha sido gobernado por una junta militar desde el golpe de estado del General Ne Win en 1962. La junta ha permanecido en el poder a través de la fuerza y la represión, siendo considerada como extremadamente corrupta.

Pero, incluso en los regímenes corruptos, uno esperaría que aquellos en posición de afectar a la economía, el poder militar u otros objetivos sociales fuesen competentes. Pero éste no parece ser el caso en la práctica.

  • La élite política cubana bajo el poder de Castro ha sido extremadamente estable, como Jorge Domínguez muestra. Veinte años después de 1965, de los 11 miembros fundadores del Consejo de Estado, uno había muerto y otro depuesto, mientras el resto permanecían en su puesto. Mientras tanto, Fidel Castro y su Consejo presidían uno de las peores resultados económicos de la segunda mitad del S.XX.
  • Durante los años críticos de 1980 -1984, cinco miembros del la Oficina Política de la Unión Soviética, entre ellos tres Secretarios Generales, murieron (con más de 70 años) en su cargo, en vez de haber sido reemplazados cuando eran demasiado viejos y los desafíos económicos y sociales requerían talento fresco y nuevas habilidades. La década de 1980 agravó la crisis económica y política en la Unión Soviética.
  • El actual gobierno iraní parece estar lleno de políticos completamente incompetentes que están llevando al país a problemas económicos más profundos, a pesar de que el país dispone de muchos burócratas y políticos aspirantes bien formados.

¿Por qué parecen los regímenes autocráticos incapaces o reacios a incluir a individuos con mayor talento en los cuerpos de decisión, al menos como tecnócratas?

Esta cuestión no es sólo relevante para los regímenes autocráticos, ya que en muchas sociedades democráticas políticos incompetentes pueden permanecer también en el poder durante largos períodos de tiempo. Así que una pregunta más general sería: ¿por qué emergen y persisten gobiernos malos e incompetentes bajo una gran variedad de regímenes políticos distintos?

Una respuesta recae en la dificultad que tiene la sociedad o los actuales mandatarios para identificar a los individuos con talento en los que se podría delegar la toma de algunas decisiones. Los gobiernos incompetentes son elegidos, de acuerdo con este supuesto, porque elegir a los individuos adecuados como miembros del gobierno es difícil tanto para los votantes como para los actuales dictadores. Aunque esta situación pueda ser relevante en muchas circunstancias, no explica por qué políticos o tecnócratas incompetentes permanecen en el poder una vez elegidos, particularmente en posiciones cruciales.

Una nueva perspectiva sobre los malos gobiernos

En nuestro último trabajo desarrollamos una perspectiva distinta. Enfatizamos que muchos regímenes, desde formas imperfectas de democracia hasta formas variadas de autocracia, se permiten un cierto grado de poder de veto por parte de ostentadores de cargos clave en el gobierno. Una vez están en el poder, pueden ser relevados, pero se encuentran también en posición de formar parte de un nuevo gobierno que reemplace a algún otro miembro del actual.

El grado del poder de veto por parte de los mandatarios actuales corresponde aproximadamente a cuantos miembros del actual gobierno es necesario que formen parte del siguiente. En una democracia ideal, no es necesario un solapamiento entre el gobierno de hoy y el de mañana. Una democracia imperfecta, en cambio, da un cierto poder de veto. Por ejemplo, al menos un miembro de los clave en un gabinete debería quedarse en el poder para garantizar la continuidad («alguien que sepa cómo apagar las luces») o para evitar que el siguiente gabinete se alce con el poder.

Nuestro argumento es que incluso un poder mínimo de poder de veto conduce a la persistencia de gobiernos altamente ineficientes formados por muchos miembros incompetentes. Además, dichos gobiernos son reacios a incluir a miembros más competentes, aunque ello aumentase la eficiencia del gobierno y la renta de los ciudadanos y miembros del gabinete.

La razón es que la inclusión de un nuevo miembro con más talento puede abrir la puerta a futuras rodas de cambios en la composición del gobierno, desplazando definitivamente a aquellos actualmente en el poder. Por ejemplo, aplicando esta idea al contexto iraní, el líder supremo Ali Jamenei y Mahmoud Ahmadinejad tendrían miedo de incluir tecnócratas de talento en el régimen, pues después podrían formar parte o moverse para formar un gobierno mejor que los excluyese.

A pesar de que este mecanismo sólo parezca tener un pequeño impacto en el nivel de competencia del gobierno, mostramos que incluso un mínimo poder de veto puede hacer que el peor gobierno posible emerga y persista por siempre. La lógica es la misma: el peor gobierno permanecerá en el poder mientras todos sus miembros prefieran formar parte del actual gobierno en lugar de uno más competente, anticipando que la inclusión de un político de más talento desestabilizaría el sistema por completo.

Una pregunta natural en este contexto es si los regímenes más democrácticos, aquellos en los que el poder de veto es bajo, tienen como resultado mejores gobiernos, con miembros relativamente más competentes. Este no es el caso, y, de hecho, regímenes más democráticos pueden dar como resultado peores gobiernos. Ello es así porque el menor veto de los que ostentan el poder, el cual identificamos con una mayor democracia, hace más fácil el reemplazo de un gobierno dado pero crea una mayor inestabilidad para gobiernos futuros. Ello puede desincentivar cualquier cambio por el miedo del gobierno a la inestabilidad.

Esta conclusión es consistente con la sorprendente regularidad empírica de que, en las posguerras, los regímenes democráticos no consigan mejores resultados que las dictaduras, incluso cuando las dictaduras incluyen casos desastrosos como Cuba bajo Castro, Irak bajo Saddam Hussein o Zaire bajo Mobutu (consultar, por ejemplo, Przeworski y Limongi 1997, Barro 1996 o Minier 1999).

Algunos han sugerido que esto refleja los problemas inherentes de los regímenes democráticos. Nuestro punto de vista resalta, en cambio, que los diferentes matices de la democracia y de la dictadura tenderán a producir distintas calidades del gobierno dependiendo de las condiciones iniciales y otros detalles institucionales.

Pero la pregunta acerca de si regímenes más democráticos o más dictatoriales tienen más o menos éxito bajo condiciones dadas puede ser definitivamente menos importante que la de cómo responden a condiciones de cambio. Todo régimen se enfrenta a numerosos desafíos importantes, y estos desafíos requieren distintos tipos de habilidades y distintos tipos de políticos en el poder. La carrera política de Winston Churchill es, quizás, el ejemplo más claro de que las habilidades necesarias para un éxito bélico son muy distintas a aquellas útiles para la gestión exitosa de una economía en tiempos de paz. En un contexto similar, parece que regímenes autoritarios como el mandato del General Park en Corea del Sur o de Lee Kuan Yew en Singapur pueden ser beneficiosos -o poco dañinos- durante las primeras fases del desarrollo, mientras un diferente estilo de gobierno, con mayor participación, puede ser necesaria conforme la economía se desarrolla y aumenta en complejidad (consultar Acemoglu, Aghion y Zilibotti 2009 o Aghion, Alesina y Trebbi 2009).

La evidencia empírica reciente sugiere que los regímenes más democráticos pueden estar mejor preparados para hacer frente a dichos desafíos, teniendo más éxito a la hora de llevar al poder a políticos capaces de afrontar dichas situaciones, que regímenes menos democráticos. Por ejemplo, las democracias parecen tener tasas de crecimiento menos volátiles que las dictaduras (ver, por ejemplo, Besley y Kudamatsu 2009).

El marco de trabajo que desarrollamos ayuda a resaltar por qué puede suceder esto. Particularmente, muestra que incluso cuando los regímenes más democráticos no producen necesariamente mejores resultados que los menos democráticos bajo unas circunstancias dadas, en presencia de shocks que necesitan distintas competencias las democracias sí obtienen mejores resultados. En otras palabras, la democracia parece estar asociada a una mayor flexibilidad en la presencia de shocks. Nuestro análisis ilustra esto mostrando que la probabilidad de que el mejor gobierno posible acceda al moder es monótona en el grado de democracia -es decir, decreciente con el poder de veto de quienes ostentan el poder- cuando existen condiciones cambiantes y desafíos. También resalta qué tipos de gobiernos no democráticos pueden resultar mejores a la hora de generar buenos gobiernos. Por ejemplo, dependiendo del valor de contar con el mejor talento en el gobierno en comparación con el daño que puede causar tener miembros relativamente incompetentes, los regímenes no democráticos del tipo junta militar o monarquía parecen funcionar mejor.

Las consecuencias de la selección de los tipos adecuados de políticos y la persistencia de los tipos erróneos de políticos y gobiernos en el poder son más amplias de lo aquí mencionado. De todos modos, este tipo de análisis, al combinar la relación entre selección política y tipos de régimen, puede generar nuevas reflexiones acerca de por qué un emerge tipo particularmente costoso de esclerosis de los gobiernos y las élites.

Daron Acemoglu, Georgy Egorov y Konstantin Sonin.
Artículo cedido por VOX-EU (Center for Europeran Policy Research).

Artículo escrito por Abel Fernández

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