Adolescencia extraordinaria: conversaciones a los 16 años

8 mayo 2022

Atención, ¡noticia! Nuestros jóvenes sí tienen valores. Los jóvenes sí sienten que quieren cambiar las cosas. Piensan en un mundo mejor, critican lo que ven a su alrededor. Lo quieren mejorar. A veces se sienten indefensos. O no han nacido en el lugar adecuado, con el apellido adecuado y la cartera adecuada. Pero algo les mueve en su interior. Y estoy francamente orgulloso, y me siento optimista, de que los grandes perdedores, nuestros jóvenes, encuentren razones para luchar, superarse y hacerse las grandes preguntas que todos, alguna vez, después de muchas cicatrices, nos hemos hecho.

Este no es un artículo cualquiera. Es la reflexión compartida con dos mentes adolescentes de 16 años. Mi hija Claudia y su amigo Israel. Ambos tienen un combustible intelectual sólido. Piensan, hacen, debaten, incluso se consideran a veces raros, pero no saben que son extraordinarios.

Tras una conversación de WhatsApp, he decidido compartir mi diálogo con ellos. Porque a veces pensamos que nuestros jóvenes sólo están eclipsados por el móvil, y este tipo de generalizaciones ni son verdad, ni son positivas. No he editado nada sobre sus preguntas y reflexiones. El nivel de sus reflexiones es mérito exclusivo de ellos. 

Claudia e Israel, 16 años.

Israel sueña con ser profesor. Claudia sólo tiene en la cabeza ayudar a los demás y sumar. Ambos se retroalimentan en ideas y pensamientos. Me han hecho partícipe de algunas de ellas y, con su permiso, los difundo.

El reto de la educación: enseñarnos a aprender

—Israel»El cambio para mí sería dejar de producir peleles como nosotros que sólo buscan aprobar sin ningún amor o interés por aprender. Estamos educando a personas con el objetivo de que no tengan que pensar mucho y puedan cumplir en su trabajo»

Vuestra reflexión es crítica. De hecho, para mí la educación tiene varios matices importantes:

1.- Jamás dejamos de aprender, o no deberíamos. Esto es un proceso continuo. Esto no va de memorizar algo, escupirlo en un examen y sacar una nota. Esto realmente no sirve de mucho. Y en el mundo, cada vez más complejo, en el que vivimos, esto sería una auténtica locura.

2.- Tan importante es aprender como desaprender. Aprendemos muchas cosas erróneas en nuestra vida: supuestos valores equivocados (siempre tenemos que ser más, hacer más, lograr más, si no tienes X no eres nadie..), muchas formas de pensar y de hacer que, en realidad, con el tiempo se demuestran caducas. Así que para aprender hay que desaprender cosas, dejar hueco al nuevo conocimiento.

3.- Y, lo más importante, una educación, real y productiva, lo que nos tiene que enseñar es aprender a aprender. Hacerte preguntas, crear curiosidades, buscar, descubrir, experimentar… sentarse a repetir cosas de memoria, no nos hace mejores personas, ni nos ayuda a nada en la vida. Tener instrumentos para pensar, en cualquier situación, eso sí nos hace fuertes. 

Einstein repetía una y otra vez —porque fue un estudiante nefasto, como yo, ¿sabes que suspendía hasta que llegué al instituto y un profesor creyó en mí?— que él no iba a memorizar nada que podría encontrar en un libro. Que él tenía que ocupar su cabeza en hacerse preguntas.

Soy un gran lector de Adam Grant, uno de los profesores más jóvenes y brillantes de la mejor Escuela de Negocio de Estados Unidos. Toda su vida se dedicó a luchar contra las culturas arrogantes y fomentar lo que él denomina “culturas de aprendizaje”. Y, precisamente, dice: «en las culturas de aprendizaje, la norma es que la gente sepa lo que no sabe, dude de sus prácticas actuales y conserve la curiosidad por probar nuevas rutinas… en ellas se innova más y se comenten menos errores»

Las reformas educativas: ¿el qué o el cómo aprender?

—Israel y Claudia: «con cada reforma educativa que se ha hecho en este país se han reducido los contenidos drásticamente, puedes preguntarle a alguien mayor y te dirá que en sus tiempos se estudiaba mucho más… y no es un problema del sistema educativo en sí, ni de los profesores ni de los alumnos… antes la gente luchaba votando y manifestándose para poder ir a la escuela y que fuera un derecho porque querían aprender, ahora nosotros la aborrecemos y solo la vemos cómo una obligación fastidiosa y preferimos estar en casa que aprendiendo».

Esto que dices es extremadamente importante. Bajo mi punto de vista aquí pasan varias cosas, a la vez. En primer lugar, muchos de nosotros (y yo tengo 44 años y me incluyo) hemos vivido sin conocer la represión, la falta de libertades o luchar por lo que ahora vemos como algo normal. Y esto es terrible.

Los derechos hay que ganarlos todos los días. Hay que sudarlos. Y, además, trabajar de forma incansable porque esos derechos mejoren y nunca se pongan en cuestión. Muchos derechos ahora se están empezando a cuestionar, estamos viviendo retroceso de libertades. 

Mis abuelos (y los tuyos) pasaron hambre. Sabían lo que era no moverse, porque te podían moler a palos. Hoy lo estamos viendo en Ucrania, un tarao puede matar a diestro y siniestro y no lo puedes controlar, sin evitar una gran guerra. Pero no somos conscientes de lo que pasa en Siria, ni lo que pasa en Yemen, Etiopía, … 

Necesitamos una educación sólida con espíritu crítico, porque esto es lo único que nos hace verdaderamente libres y poder exigir. No se trata de cuánto contenido tengamos que estudiar, sino el QUÉ y el CÓMO nos curtimos en esa educación.

Leía hace poco una frase de Jaime Casap, responsable de programas educativos de Google, donde decía: «dejad de preguntar a los estudiantes qué quieren ser cuando sean mayores, y preguntadles qué problemas quieren resolver y qué deben aprender para resolver esos problemas». 

Esa es la clave: pensar de forma crítica cómo podemos mejorar nuestro mundo, el nuestro cercano y el de los demás.

Pero esto no se puede hacer sin algo que se está matando, entre ello gracias al hedonismo de vivir del placer inmediato y del estímulo de los 15 segundos de tik tok. Hay que sudar para tener capacidades que te convierten en una persona flexible, capaz de gestionar el riesgo, la complejidad, las relaciones humanas, la sensibilidad con los demás— y averiguar sus necesidades.  

Capacidades para ver, pensar, escribir, trazar nuevos puentes. Valores, iniciativa, creatividad. Pueden venir de serie, pero se pueden, se deben, trabajar, para convertirlas en verdaderos activos. De hecho son nuestros activos más preciados para navegar en este siglo XXI. 

Lo fácil es tomar atajos, pensar que el esfuerzo y el trabajo duro —con nosotros mismos y con nuestro entorno— no son necesarios. Pero no es verdad, por eso tenemos que re-definir el término la forma en la que aprendemos… 

Aprender o titulitis

—Israel y Claudia: «Y es muy fácil comprobarlo, la mayoría de gente pequeña y de nuestra edad solo quiere ir a la escuela no para aprender sino para tener un trabajo que les dé dinero, y hay menos gente de la que nosotros pensamos que quiera estudiar algo porque de verdad les llene o les apasione»

Exacto, vamos a las escuelas y a las universidades en busca de un título para conseguir un trabajo. Pero, ¿sabes? El 70% de los jóvenes que quieren trabajar, no lo logran. El mercado laboral desprecia sus títulos y la gran mayoría acaba yéndose. 

Pero, lo más importante, la titulitis es una puta enfermedad social. Yo nunca aprendí más economía que cuando acabé mi carrera, me enfrenté a problemas reales y tuve que poner toda mi capacidad de análisis a tratar de entender lo que no era capaz de entender. 

No hay que estudiar por un título. Ni por un trabajo. Ni siquiera por dinero. Tiene que haber algo que te mueva de verdad. Una curiosidad que te alimente todos los días. Una motivación, algo por lo que luchas. ¿Y sabes? No sólo esto te hará más feliz, sino que además, te convertirás en una persona relevante en ese campo y, ¿sabes también? Cuando esto ocurre el dinero llega sólo.

Nadie más desdichado que ser un puto esclavo del dinero, de un trabajo que no te gusta, aguantar horarios, gente, prostituir tus valores… Hay que buscar algo más grande que tú para poder levantarte todos los días con ganas de luchar. Eso mueve el mundo.

Tony Wagner es un autor que escribió un libro muy interesante sobre los jóvenes que cambian el mundo, y dice:

«Demasiados alumnos se gradúan en institutos y universidades sabiendo cómo superar los exámenes, pero nada motivados a aprender, y completamente faltos de capacidades esenciales (…) Cada vez más lo que sabes es menos importante que lo que puedes hacer con lo que sabes. El interés en algo y la habilidad para crear nuevas formas de resolver problemas es la capacidad más importante que los alumnos deberían dominar hoy en día (…) Los innovadores de éxito han adquirido la capacidad de aprender por sí mismos ‘en el momento’ y luego han sabido aplicar esos conocimientos de forma novedosa». 

La capacidad de unir piezas del puzzle que, aparentemente no encajan, es lo que mueve el mundo. Créeme. Creatividad y capacidades al servicio de resolver problemas.

La clave de un gran cocinero es que con los mismos ingredientes es capaz siempre de sacar nuevos platos. Combina esos ingredientes de forma diferente. Porque la pasión de descubrir, experimentar e ir más allá, le hace ser diferencial. Si sólo hiciera las recetas que aprendió en un libro,… el mundo sería muy aburrido. Sólo los locos que rompen las reglas  lo logran.

Si no lo has visto, te recomiendo este spot con el que Steve Jobs quiso desafiar al mundo poniendo a los locos en el lugar privilegiado: 

La desgana de los profesores….

—Israel: »Muchos profesores de instituto les preguntas porque son profesores y te dicen que porque no había otra cosa o porque no sabían que hacer»

Este problema que describes, si te fijas, se responde sólo antes. ¿Cuántos de estos profesores son profesores porque es una forma de hacerse “funcionarios”, asegurarse un sueldo “de por vida” y una buena jubilación? Ya, después, si eso… damos algo de clase, nos dan asco los alumnos, nos quemamos y no tienen una motivación intrínseca (que sale desde dentro) para cultivar ciudadanos críticos que aprenden a aprender, que es la verdadera labor que debería motivar a los profesores. El sistema se pudre a sí mismo porque  matamos la pasión y el descubrimiento desde que empezamos en la escuela. Por eso hay países que nos ganan por goleada…

—Israel «Pero es bastante lógico, actualmente vivimos en una sociedad consumista la cual no para de crecer y crecer, y en la que en vez de querer aprender o conocer o intentar defender los derechos los valores y las necesidades del ser humano, prefieren únicamente ganar dinero para poder obtener una pseudo felicidad en la cual cuando ya tengas lo que quieras necesitarás más. No digo que el dinero no importe porque es obvio que si importa en una sociedad como la nuestra. Porque puedes por ejemplo tener unas capacidades intelectuales increíbles pero nunca se desarrollarán por falta de poder adquisitivo».

Decía uno por ahí que el dinero no da la felicidad pero da algo tan sumamente parecido que no soy capaz de diferenciarlo jejeje. No, fuera de bromas. Esto es la trampa.

Se necesita dinero, en unos niveles, porque sin dinero no eres libre, eres un esclavo. La vida cuesta y ganar la libertad implica no hacer cosas que no te gustan con hijos de puta que odias, por dinero. Pero no es tanto el dinero que se necesita. Esto no va de ser millonarios.

Hay una gran pregunta que cada vez se estudia más en una rama de la economía que se conecta con la psicología: ¿cómo en sociedades más prósperas estamos con problemas cada vez más generalizados de estrés y ansiedad y, en realidad, de desasosiego? Porque estamos motivados por lo efímero, por una falsa creencia de lo que es la felicidad. Esto es terrible. Yo me veo a veces sumido en un estrés que cuando soy consciente pienso claramente que algo hago mal.

Estoicismo… una forma de vida

Llevo meses leyendo sobre el estoicismo, que básicamente es una filosofía que persigue el equilibrio, no tener apego por las cosas materiales, buscar la esencia de nosotros mismos, nuestra virtud, no compararnos con los demás —¿para qué sirven las horas de Instagram más que para ver lo guapo/a, delgado/a, las fiestas, la vida fantástica que tienen los demás y yo no tengo—? 

Te copio algunas ideas del estoicismo sacadas de libros de Ryan Holiday, del que estoy escribiendo.

«Muchas veces nos enamoramos de la imagen de lo que parece ser el éxito: el cargo que ocupas, la universidad a la cual asistes, el número de personas a cargo en el trabajo, el tamaño del espacio en el estacionamiento, las becas que recibes, su acceso al presidente de la compañía, la cantidad de ceros del cheque de nómina o la cantidad de seguidores que tienes. Las apariencias son engañosas… 

(…) Tener autoridad no es lo mismo que ser una autoridad. Tener derecho y estar en lo cierto tampoco son lo mismo. Recibir un ascenso no significa necesariamente que esté trabajando bien y no significa que usted se merezca una promoción (es lo que, en burocracia, se llama caer parado). Impresionar a la gente es totalmente distinto de ser verdaderamente impresionante. 

(…) Se trata de hacer algo, no de obtener reconocimiento. El camino es más fácil en el sentido de que no tendrá que hacer concesiones. Pero será más difícil porque cada oportunidad, no importa lo gratificante o satisfactoria que sea, deberá ser evaluada de acuerdo con criterios estrictos: 

  • ¿Me ayuda esto a lograr lo que quiero lograr? 
  • ¿Me permite esto hacer lo que necesito hacer? 
  • ¿Estoy siendo egoísta o no? 

Cuando se elige este camino, lo importante no es lo que quiero ser en la vida sino lo que quiero lograr en ella. Hay que dejar a un lado los intereses egoístas y preguntarse: ¿qué es lo que quiero lograr? ¿Cuáles son los principios que dirigen mis decisiones? ¿Quiero ser como todos los demás o quiero hacer algo distinto? En otras palabras, es más difícil porque todo puede parecer una concesión».

El liderazgo emana de nuestra capacidad de aprender

—Israel: «No se trata de cambiar el sistema educativo, se trata de cambiar la sociedad. Y empieza por el sistema educativo ya que los que se formen serán los futuros presidentes, votantes y habitantes del planeta. Y se necesita que empiezan a pensar por sí mismos y no a replicar la idea de quiero ser millonario y ya, tienen que aprender a pensar ya que es algo que la sociedad ha reprimido con el tiempo. No o es casualidad que muchas de las personas importantes hayan sido grandes pensadores o gente con ideas muy conocidas por el resto de la gente»

Este es el verdadero liderazgo: personas que son capaces de pensar por sí mismas, trabajar sin descanso, con la motivación alta y haciendo lo que de verdad les llena. No se dejan impresionar ni por ricos, ni por cargos, ni por arrogantes.

Siguen su camino, silenciosos y con la vocación de aprender. Créeme, esas personas mueven a otras personas, les llega el dinero (aunque vivirán tranquilos porque muchos de los gastos son superfluos y no te dejarás nunca impresionar por ellos).

—Israel: «No voy a vivir para ver ese cambio si es que se produce. Mi objetivo es hacer que mis alumnos —Israel sueña con ser profesor— piensen por sí mismos y puedan cambiar esto. No es algo de la noche a la mañana»

Discrepo, todo cambio, por pequeño que sea, es un gran cambio. Puede crear efectos explosivos. Tu vocación, tu energía, tus ganas de hacer las cosas “de otra manera” irán calando, irás transformando vidas, que a la vez transformarán otras vidas. Jamás subestimes la importancia de un pequeño cambio. 

Como decían por ahí, si crees que lo pequeño no es importante,… trata de dormir una noche con un mosquito en la habitación. 

No hay nada pequeño. Lucha, porque tu ejemplo te trasciende. 

Así lo hago yo cuando veo que el mundo financiero está lleno de hijos de puta, chulos, prepotentes y que piensan que porque tienen varios chalets son más que yo, que nací en una familia humilde, estudié con beca y no tuve un céntimo para hacer nada en mi vida. Ahora mi cabeza, mi motivación y mis ganas de aportar lógicas a problemas financieros complejos me motivan. Y eso no hay chalet que lo iguale. 

Mira que buena respuesta, sacada también de un libro de Holiday:

—Joe —le dijo—, ¿qué se siente al saber que nuestro anfitrión ganó ayer más dinero del que tú has recibido por tu novela desde que se publicó? 

—Poseo algo que él nunca podrá conseguir —respondió Heller. 

—¿Y qué diablos es? —inquirió Vonnegut. 

—Saber que con lo que tengo me basta.

Dinero y felicidad

—Israel «En muchos casos el dinero si compra la felicidad debido a nuestro modo de vida. Para Aristóteles, la felicidad era un fin en sí mismo, algo que no necesitaba explicación. Era el desarrollo pleno de nuestras capacidades y cualidades, es decir, hacer lo propio de nuestra especie.

Ojalá todo esto que he dicho en algún momento pueda expresarlo y que la gente me tome en serio sin llamarme loco o que diga que no voy a cambiar nada, ojalá en algún momento más gente lea esto, y me gustaría enseñárselo a gente que a ojos de nuestra sociedad sean ‘intelectuales’, a los que la sociedad hace caso.Parece que es más divertido vivir en la ignorancia»

Esa felicidad comprada por dinero, no es felicidad, son impulsos. Sin un propósito, sin algo dentro de ti que te muestre equilibrio…. El dinero no aporta NADA. ¿Por qué crees que la gente empieza con alcohol, luego con drogas, luego más y más y más… ? Llega un punto donde no saben cómo lograr estímulos, no pensar, evadirse. Cuando estás lleno de propósitos, los que sean, esto ayuda a estar en equilibrio.

Más estoicismo de Ryan Holiday, porque detrás de muchas cosas que dicen que compran la felicidad, en realidad está la envidia y la comparación…

«El poder, el sexo y la fama son placenteros. La forma más común del deseo es la envidia, el ansia por aquello que los demás tienen, por la única razón que lo tienen. Una frase brillante del escritor Joseph Epstein es esta: ‘De los siete pecados capitales, la envidia es la única que no es divertida’. Demócrito había dicho dos mil cuatrocientos años antes: ‘Un hombre envidioso se aflige a sí mismo como si fuera su enemigo’.

Nadie bajo el yugo de la envidia o los celos está en condiciones de pensar claramente o de vivir en paz. ¿Cómo podría hacerlo? Este es un interminable ciclo de desdicha. Envidiamos a alguien que envidia a alguien más. El obrero quiere ser millonario, el millonario envidia la simple vida del empleado de nueve a cinco. El famoso anhela recuperar la vida privada a la que muchos otros renunciarían gustosamente; el hombre o la mujer con una pareja hermosa solo piensa en alguien un poco más bello. Da mucho que pensar que aquel al que envidiamos en realidad podría envidiarnos a nosotros».

(…)

«Si querer algo te vuelve miserable mientras no lo tienes, ¿eso no disminuye su valor? Si obtener lo que «quieres» tiene también sus consecuencias, ¿es realmente placentero? Si el mismo impulso que te ayuda a alcanzar el éxito también te lleva inevitablemente a extralimitarte o excederte, ¿es una verdadera ventaja?»

El valor de la motivación instrinseca

—Israel: «Una de las sensaciones más satisfactorias que he tenido en mi vida fue una vez que salí de un examen de mates para el que llevaba estudiando dos meses, salí y yo sabía que hice todo lo que podía haber hecho y por ello ya estaba contento, luego saqué un siete, había gente que estudiando menos o copiando, había sacado más nota que yo, pero yo estaba feliz porque sentía que me había realizado, sentía que había usado mi plena capacidad»

Esa sensación es el verdadero PODER (con mayúsculas). Eso es lo relevante, eso es el liderazgo de verdad, eso es lo que cambia el mundo. ¿De qué sirve la nota copiando? ¿De qué sirve que te den un título así? ¿De qué sirve aparentar si estás vacío? 

Los que así lo logran, con atajos, están rotos por dentro (aunque en su ¡ Instagram les veas felices, están rotos por dentro). No son fuertes mentalmente. No tienen valores… Da igual sus notas. El poder es el tuyo. 

Un 5 estudiando es más que una matrícula copiando. Este es el resumen de todo. Da igual la nota, lo has dado todo, has trabajado, HAS HECHO porque te parecía importante HACERLO. No para aparentar, no para SER “listo” o para que te cuelguen una etiqueta los demás. GRABA esa sensación a fuego en tu mente. Porque esta sensación hará que cambies tu mundo y el de muchísima gente que te seguirá.

Yo te puedo decir una cosa: un profesor en segundo de Economía me cambió la vida. Era una optativa. Sobre lógica científica. Eramos 7 en clase. Nos hizo pensar más allá de lo que jamás había pensado hasta ese momento. Devoré los libros que me recomendaba. Escribí y pensé mucho gracias a su pasión por el conocimiento que nos transmitía. 

Pues bien, gracias a ese profesor, estoy seguro que muchos estamos cambiando la realidad de muchas cosas. Pocas o muchas, pero sabemos que lo que hacemos tiene un propósito, un por qué, algo importante. Nacimos para SUMAR. 

Tú y Claudia sois ejemplos de sumar. Nunca dejéis de luchar, buscar vuestro equilibrio, vuestra fortaleza, que no os tumbe nada exterior. Y poco a poco el camino se hará más fácil.

No lo olvidéis, el camino es la recompensa. Cada paso es una victoria. 

Artículo escrito por Javier García

Editor de Sintetia

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