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Entrevista a Jorge Juan Fernández, autor de “Las reglas de juego”, parte I


Javier García
Entrevista a Jorge Juan Fernández, autor de...

Jorge Juan Fernández nació en Oviedo en 1976. Licenciado en Economía por la Universidad de Oviedo y la Università degli Studi di Torino, master en Teoría Económica y Teoría Política por la London School of Economics and Political Science (LSE), Programa de Alta Dirección en Instituciones Sanitarias (PADIS) por el IESE Business School y Graduate Studies Program por Singularity University (NASA Ames Research Centre, Silicon Valley). Tras diez años dirigiendo proyectos de consultoría en estrategia y operaciones en España y Europa continental, se ha incorporado recientemente a una institución sanitaria líder y de referencia internacional con el reto de transformar la prestación de servicios de salud mediante la incorporación de tecnologías. Experto en desarrollo y comercialización de innovaciones tecnológicas y de negocio en el sector de la salud. Su blog personal es www.jorgejuanfernandez.com, su blog profesional es www.saludygestion.com y el blog del libro es www.lasreglasdejuego.com. Puedes seguirle en Twitter (www.twitter.com/jorgejuan).

 

Hoy en Sintetia queremos hablar con Jorge precisamente debido a la publicación de su nuevo libro, “Las reglas de juego” . Un libro brillante que pone de relieve la importancia de las TIC, el conocimiento y la forma en la que podemos enfrentarnos a los desafíos empresariales del presente, y no sólo del futuro.

 

1.- Jorge, ¿cómo surge “Las reglas de juego”? ¿Qué te ha motivado a su escritura?

 

“Las reglas de juego” (leqtor universal, 2010) es la revisión y actualización de un libro digital, generado de forma colaborativa, en un ejercicio de crowdsourcing abierto desde la comunidad de innovación Infonomía, y publicado gratuitamente en su red en 2009 que ha tenido (hasta el día de hoy) más de 425.000 descargas. La principal razón para escribir el libro es que no existía. Todo el mundo hablaba mucho de estos temas, pero no había nada escrito en el mundo al respecto; nunca antes se había tratado el tema de las leyes de la información de esta forma. Como señaló Alvy (Microsiervos) en el endorsement del libro, “los mundos de la tecnología y de internet están salpicados de perlas de sabiduría que durante épocas se han transmitido en forma de “leyes”, teorías y principios”. Pero siempre han estado dispersas. No se trata de “leyes” en sentido jurídico, sino leyes como las descubiertas en las diferentes disciplinas de conocimiento científico a lo largo de la historia, como por ejemplo las leyes de Newton o la teoría de la relatividad de Einstein (en Física), las leyes de Mendel (en Biología), etc. El libro no sólo ofrece una extensa recopilación de estas “leyes”, sino que además indaga en ellas, buceando en sus orígenes y en la mente de los protagonistas que las propusieron. Se pueden encontrar leyes decanas como la ley de Moore, la ley de Metcalfe o la ley de Brooks.

 

2.- ¿Puedes sintetizarnos brevemente sus argumentos más importantes?

 

Se trata de un libro para entender una nueva sociedad (donde el factor de producción clave para crear valor y generar riqueza es la información y el conocimiento, en lugar de los recursos físicos y materiales o el capital) con unos nuevos protagonistas (los trabajadores del conocimiento). La idea principal del libro es que la revolución digital (la aparición de internet y la eclosión de contenidos) ha provocado una disrupción. Esta disrupción ha acarreado (y aún acarreará más) unos cambios drásticos en la manera en que vivimos y trabajamos, dando lugar a una economía postindustrial en la que la creatividad, el conocimiento y las ideas son los factores clave de creación de valor y generación de riqueza.

 

La revolución digital que hemos vivido en los últimos quince años ha alterado dos factores fundamentales para el ser humano: tiempo y espacio. El tiempo porque hoy la información fluye a gran velocidad y el espacio porque ha reducido las distancias entre las personas. La alteración de estos dos factores, tiempo y espacio, ha traído consigo un aumento de la complejidad y por extensión, una mayor incertidumbre. Ante este escenario de incremento de la complejidad y la incertidumbre en nuestro entorno, tenemos dos opciones: 1) incrementar nuestra complejidad (aquí la información jugaría un rol fundamental), o 2) reducir la incertidumbre (aquí el elemento clave sería la tecnología). Por tanto, necesitamos comprender bien cómo información y tecnología funcionan y nos afectan, para poder sobrevivir en contextos como el actual. El cambio será más profundo de lo que creemos y la consolidación del mismo será más lento de lo que pensamos. Puedes no comprarte el libro o comprártelo pero no leerlo, pero no podremos obviar las consecuencias de lo que allí está escrito. Estas dos realidades cotidianas tan difíciles de manejar, Información y Tecnología, son dos elementos cuyo impacto es y será clave en la vida de las personas y en la competitividad de las empresas y los países del siglo XXI. Nos jugamos mucho en ello: lo más importante, la calidad de nuestras vidas y las de nuestras familias.

 

3.- En el discurso político e, incluso, institucional y mediático, la palabras TIC e innovación casi van de la mano. Parece que la única forma de hacer algo de futuro es a través de estas vías. En cambio, cuando nos vamos a los datos, ni las inversiones públicas son tan significativas ni la participación de las empresas en proyectos innovadores es tan elevada, al menos en España y en comparación con otras economías más dinámicas (Estados Unidos, Reino Unido, Dinamarca, Holanda, Alemania, algunos países asiáticos…). ¿A qué se debe tanto discurso y tan poca acción?

 

Hay tres palabras que podríamos decir que son “trending topic” en los últimos dos-tres años: TIC, innovación, emprendedor. Hay más gente ayudando a innovar y a emprender que innovadores y emprendedores propiamente. Mi valoración es que será la próxima burbuja que explote. Mi abuelo siempre repetía una frase de Esopo: “después de que todo sea dicho y hecho, más es dicho que hecho”.

 

A nivel de país, diría que el principal problema es de encaje presupuestario: no hay dinero para todo. En el actual contexto de restricción presupuestaria, sin duda, pero esto ya era cierto en la etapa en que crecíamos por encima del 3% del PIB de media (lo cual hizo España durante casi 15 años). En la época de vacas gordas, no fuimos capaces de re-ordenar nuestras prioridades de gasto, dando mayor peso a partidas que supongan un nuevo modelo de crecimiento económico, basado en el conocimiento. En definitiva, Tecnología e Información para una Sociedad y Economía del Conocimiento. Es lo que se conoce como la paradoja de la innovación en las organizaciones de Edgar Schein: “las organizaciones que no quieren innovar cuando el entorno es propicio acostumbran a querer hacerlo cuando ya es tarde”.

 

A nivel individual, porque España y los españoles (argumento extensible también a otras partes de Europa) nunca han tenido el mismo espíritu emprendedor e innovador que ha tenido Estados Unidos, por ejemplo. Preferimos la seguridad al riesgo, en general. En España, ser emprendedor es un oficio muy duro “socialmente” (aparte de la dureza “económica” que de por sí conlleva el riesgo de emprender): si te sale bien, eres un ladrón o un suertudo; si te sale mal, eres un fracasado. De cualquiera de las formas pierdes: no es un juego muy divertido, la verdad.

 

Como definía el periodista gallego Julio Camba la envidia de los españoles es un sentimiento diferente al que tienen los naturales de otros países: “la envidia de los españoles no es aspirar al coche del otro, sino a que el otro se quede sin coche”. Algo muy típico del carácter español. También Fernando Fernán-Gómez tenía una opinión interesante al respecto: “la envidia no es el pecado nacional de los españoles, sino el desprecio de la excelencia: quien envidia desearía escribir las 1.200 páginas del Quijote; quien desprecia es el que dice: pues, chico, yo he leído 30 páginas del Quijote y no es para tanto”. Para romper este círculo vicioso, sugiero dos cosas: 1) introducir el fomento de la iniciativa emprendedora en la escuela (como hace Valnalon con sus iniciativas EME y EJE, que lleva más de 15 años impulsando) y 2) empezar a recopilar y a difundir historias de personas que puedan servir de ejemplo, de modelo a las futuras generaciones. No sacar noticias sólo, sino recopilarlas en una página web, accesible en todo momento para todo el mundo. Necesitamos que los jóvenes tengan claro que hay otros modelos a los que pretender emular, diferentes de Belén Esteban and company.

 

4.- A veces parece que se transmite la idea de que la innovación es una cuestión de dinero, de gasto, es decir, “cuánto más gasto en I+D+i, mejor”. Para un economista lo importante no es el gasto, sino medir cuánto de esa I+D+i ha generado retorno, productividad, nuevas oportunidades. Lo mismo con las nuevas tecnologías. ¿Considera que en España las políticas públicas vinculadas a estas materias están orientadas hacia los objetivos correctos desde una perspectiva empresarial?

 

Estoy muy de acuerdo con tu análisis. Existe una confusión entre gestión y desempeño. A la hora de gestionar, existen dos formas de gestionar: atendiendo a los procesos (por ejemplo, en el caso de ventas: consistiría en “seguir” el número de contactos hechos, el número de eventos organizados; etc.) o atendiendo a resultados (número de unidades vendidas del producto que represento). Ambas formas de gestionar son correctas y dependen del sector y del perfil profesional de las personas. Pero el desempeño o los resultados tienen que medirse siempre por el outcome, no por el input. Lo contrario sería un enfoque reduccionista. Genís Roca lo decía muy bien en la Thinking Party de la Fundación Telefonica, si el negocio de Munich es vender zapatillas, la métrica a monitorizar en las redes sociales es “número de zapatillas vendidas”. Medir otras cosas sería equivocarnos profundamente. Siempre me ha gustado mucho la pregunta de “La Meta” de Eli Goldratt: ¿de qué quieres tener más unidades? Cada día que pasa me parece una pregunta más importante para hacernos cada uno en nuestros puestos de trabajo. En el caso que mencionas, yo no quiero tener más unidades de “gasto” ni de “publicaciones científicas” ni de “patentes” ni de “nuevas empresas creadas”, sino más unidades de “crecimiento económico asociado a esas nuevas empresas” o de “incremento en la productividad”.

 

5.- ¿Cuáles cree que son los factores institucionales, educativos y/o culturales que merman la capacidad de un país para tener ciudadanos más creativos, más emprendedores, más innovadores? ¿Qué se puede hacer para romper esas barreras?

 

No tengo muy claro cuáles son esos factores, aunque sí tengo claro que estamos ante un fenómeno multifactorial. ¿Qué se puede hacer para “tener” ciudadanos más creativos, más emprendedores, más innovadores? La respuesta es sencilla: mejorar la educación. Empezar pronto e insistir durante largos periodos de tiempo. El único sitio donde el éxito viene antes del trabajo es en el diccionario. El mejor ejemplo a copiar para mí estos días es el FC Barcelona. Como dijo Guardiola, “el Barça es hoy lo que es porque hace 20 años que definió lo que querían ser”. Más claro, agua. Es sencillo de entender, pero exige mucho esfuerzo (mucha visión de estado, no valorándolo desde una óptica electoral) y de forma muy continuada.

 

6.- Las crisis suelen crear oportunidades, tanto para quien ha hecho bien las cosas y puede mejorar su capacidad para competir, como para quienes saben buscar nuevas ideas de negocio. ¿Cuáles son los consejos que daría a una persona para convertir una idea en una empresa innovadora?

 

He oído muchas veces esa historia de que “las crisis son oportunidades”, y lo del anagrama chino crisis-oportunidad (que parece ser que no es cierto), pero no en todos los países las crisis se transforman en oportunidades. Hay un gráfico muy interesante que relaciona el momento en que alguna de las grandes empresas surgió y la fase de crecimiento económico (expansiva o recesiva), que tiene ejemplos muy interesantes, pero principalmente los ejemplos son estadounidenses (Google, eBay, etc.): hay poco ejemplo español. Respecto a dar consejos, no me considero una persona apropiada para darlos, porque yo mismo no he emprendido. Todo lo que sé proviene de haber acompañado a algunos emprendedores en ese viaje. Dicho esto, creo que las tres cosas más importantes que he aprendido en este viaje son: 1) elige algo por lo que sientas mucha pasión, porque te vas a dedicar a ello muchas horas; 2) resuelve un problema real de la gente (no sólo tuyo): la causa número uno de fracaso en la introducción de un producto (ya sea tecnológico o no) es la ausencia de un mercado relevante. Como dijo Stanisław Jerzy Lec, “muchos que se adelantaron a su tiempo tuvieron que esperarlo en sitios poco cómodos”; y 3) las ideas no valen nada; lo que importa es su ejecución, ponerlas en marcha. Eso es difícil y aburrido por momentos, y suele llevar más tiempo y costar más dinero de lo que a uno le gustaría, y por cada dos pasos que avanzas, das uno para atrás. Pero es precisamente eso lo que marca la diferencia.

 

7.- Recomiéndenos 2 libros que considera imprescindibles en el cambio de la gestión, nuevas tecnologías y la innovación. Recomiendo tres “clásicos”. Dos de Guy Kawasaki: “The Art of the Start” (2004) y “Reality Check” (2008). Y uno de Harold Evans, Gail Buckland y David Lefer: “They Made America” (2004). […] La entrevista continuará en el siguiente post. […]

Continúa la entrevista

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