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Un artículo más sobre el BCE: Mario lo merece


Montserrat Formoso
Un artículo más sobre el BCE: Mario lo merece
Los mercados esperaban ya impacientes y nerviosos la llegada de Draghi. Habían pasado meses desde el primer guiño sobre la disposición a actuar del banco central en la dirección anunciada, aunque ya hacía años que se reclamaba desde distintos frentes que lo hiciera.

draghi

Ya hemos salido de dudas, y en la reunión del 5 de junio el BCE demostró que, cuando quiere, puede actuar. Cumplió el guión definido por el grueso de los analistas: reducción del tipo repo hasta el 0,15% y de facilidad marginal de depósito hasta territorio negativo (-0,10%), medidas sin precedentes para la propia institución, e incluso, en el segundo caso, para un banco central de sus dimensiones. Pero todo ello estaba ya descontado en precio. Así que, para que la situación no se quedase en tablas, tenía que ir más lejos en la heterodoxia. Y fue. Anunció la suspensión de la esterilización de las compras de deuda realizadas bajo el programa SMP, así como una nueva LTRO condicionada. Y, como broche final, vuelta a la retórica: “la política expansionista no ha terminado”, sentenció Draghi guiñando un ojo desde su asiento en Frankfurt, pues la siguiente medida que tienen entre manos es la compra de ABS, medida que atacaría directamente la fragmentación del sistema financiero: una QE a la europea. Lo que está fuera del tablero son las compras de bonos soberanos, y no sólo por la obstinación germana, que también, sino porque la compresión de los tipos en toda Europa y la menor probabilidad de un escenario de ruptura del euro alejan una necesidad demasiado costosa. De momento, las medidas anunciadas tienen como destino inyectar liquidez al sistema y contribuir al aumento de los precios para romper la dinámica deflacionista que amenaza. La estabilidad de precios como bandera que el BCE exige llevar está en niveles cercanos al 2%, tanto con las alzas como las bajadas controladas. Y el discurso de ayer vino marcado por una rebaja de las expectativas de inflación para los próximos años. De las medidas que se pondrán en práctica, una de las más importantes es el LTRO de 400.000 millones de euros “condicionado”, es decir, inyecciones de liquidez a largo plazo (cuatro años) concedidas a las entidades siempre que éstas se lo presten única y exclusivamente a medianas y pequeñas empresas no financieras. Pero, tal como señala Xavier Sala i Martí, “Se puede ofrecer la posibilidad a los bancos de tener dinero barato para que lo presten a las empresas. ¡Pero no se les puede obligar a cogerlo!”. Así que no tenemos más remedio que volver al estado de resignación de la espera para ver si éstas medidas realmente funcionan, más allá de la inyección de confianza sobre un banco central que hace efectiva su propia regeneración. Porque, además de una acción contundente y agresiva, el BCE ha lanzado un mensaje de credibilidad a los mercados, primero por la gran determinación en el anuncio de las medidas, y segundo por la unanimidad en el voto del Consejo de Gobierno de la que se presumió en la rueda de prensa. Señor Weidman, nos complace la alineación de objetivos. Los mercados ya emitieron su veredicto: alza de las bolsas y caída de las primas de riesgo, mientras que el euro no sabe si va o viene (depreciación inicial para recuperar terreno), poniendo en evidencia que la guerra de divisas es cosa de dos (y más) bancos centrales. Y hoy en día la competencia es dura. En el mundo del análisis y los papers ya se ha abierto el debate –tal como apuntó Nuño Rodríguez- de si Draghi es malo porque generará burbujas o si lo es porque ha actuado demasiado tarde. Abracen una postura, pero tengan en cuenta que el verdadero resultado se conocerá con el tiempo, quizás tras la próxima crisis. Después de Greenspan no conviene precipitarse. Ni bueno ni malo el BCE estaba “obligado” a actuar. Primero porque la publicidad realizada por los miembros del Consejo en los últimos meses abogaba por ello, por mucho que el ministro de Finanzas alemán, Wolfgang Schaeuble, hiciese campaña por su disconformidad con las políticas monetarias no convencionales (habría saber también a quién estaba hablando). Y segundo porque la “pasividad” ante la evolución de la inflación en los últimos trimestres amenaza la débil pero real recuperación económica, tanto de Alemania como -y muy especialmente- de las economías periféricas. Y la pregunta del millón, ¿funcionarán las medidas? Silencio en la sala. Partiendo de que la economía real de la Zona Euro es mucho más dependiente del crédito bancario si la comparamos con la de EEUU, que depende más de los mercados de capitales, aumentar la liquidez en el sistema constituye el paso previo para reactivar el crédito y la demanda interna, y así evitar poner en riesgo la recuperación económica. Pero ello en un contexto en el que los bancos europeos siguen ajustando sus balances para cumplir con los requisitos de capital para pasar los test de stress, que hace que la motivación a prestar por parte de los bancos seguirá siendo limitada, al menos hasta que la publicación de los test de estrés a partir de septiembre ponga todas las cartas boca arriba. De nuevo, la política monetaria entra en terreno experimental. Tan fascinante desde un punto de vista académico para todos aquellos que nos atrae la política monetaria y la macroeconomía como inquietante si nos bajamos un poco al mundo real.
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