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Las nuevas tecnologías y la transformación del mercado laboral


Juan Sobejano
Las nuevas tecnologías y la transformación...

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Leo un interesante artículo en el The New York Times, Jobs, Productivity and the Great Decoupling, donde analiza la relación que ha tenido, casi matrimonial, el dato de la productividad con el del empleo en un país como Estados Unidos. Tengo que aclarar que, en mayor o menor medida, esta correlación creo que también se cumple en Europa. Como digo, en unos países de una manera más clara que en otros.

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El artículo, escrito por Erik Brynjolfsson Andrew McAfee, muestra un total paralelismo entre el aumento de la productividad y del empleo hasta, aproximadamente, finales de la década de los 90, cuando se empieza a observar una divergencia entre la productividad, que aumenta incluso a un ritmo superior al de antes, y el empleo, que se estanca e incluso desciende. Jared Berstein también publicó un interesante artículo sobre el tema: The Challenge of Long Term Job Growth: Two Big Hints, y añade una gráfica muy llamativa. Bueno, vamos por partes. Analicemos primero el gráfico de Brynjolfsson y McAfee. Vemos que se genera lo que ellos llaman el “gran desacople”, una separación progresiva entre la correlación existente entre productividad y mano de obra. Hasta ese desacople, finales de los 90, el aumento de la productividad tenía entre sus factores clave el aumento de la mano de obra, por lo que parece que esa relación es directa: a más trabajo más productividad. Evidentemente esto no quiere decir que no hubiera otros factores importantes, como la tecnología, pero sí que en cualquier caso el trabajo es clave en la movilización de esos factores. El desacople que se observa a partir del 2000 es interesante. Por esas fechas es cuando se masifica y generaliza el uso de las nuevas tecnologías de la información y la comunicación (TICs). Las TIC parecen ser la piedra angular para que las tecnologías más “industriales”, por así decirlo, den de sí todo su valor. Hasta esas fechas, finales de los 90, hay avances tecnológicos muy potentes, pero no parece que tengan un impacto directo en el empleo. A partir del 2000 se observa un descenso del empleo pero un salto de la productividad. Según los autores una de las razones clave está en “la naturaleza cambiante de los avances tecnológicos”. Esos avances parecen hacer innecesaria mucha mano de obra, que como se observa genera una disminución en el empleo, incluso antes de la crisis de 2008. Antes de esa crisis se genera un repunte, pero a partir del 2008 vuelve a bajar y no parece haberse recuperado a día de hoy. Con el surgimiento de las TICs determinados empleos intensivos en mano de obra dejan de tener sentido. Este tipo de trabajadores, no adaptados a estos cambios, van recuperando empleos bien adaptándose a estos cambios del entorno laboral y el mercado, bien accediendo a empleos donde todavía la mano de obra intensiva es un factor clave. Además hay nuevos trabajadores más cualificados que se van uniendo al mercado laboral y que en ocasiones no pueden acceder a él, por no estar éste preparado para asumir esa cantidad de mano de obra. Con el paso del tiempo, repito, se recuperan puestos de trabajo a través de, entre otras cosas, una adaptación de los trabajadores al nuevo mercado laboral. Pero la crisis de 2007/2008 vuelve a afectar fundamentalmente a la mano de obra menos cualificada, que ya no puede acceder a otro puesto por el tipo de crisis del mercado laboral, que afecta directamente a los puestos con menor valor añadido y que no tienen trabajo sustitutivo. Las nuevas tecnologías son, para los autores, la antesala de una automatización más intensiva. Esto se está observando, en cierta medida, en determinados segmentos, como el turismo, donde está cambiando el componente que se consideraba relevante o que ofrecía más valor añadido. Así se ve que el factor “amabilidad” se está sustituyendo por el de “eficacia” e incluso el de “experiencia”. Cuando cambian estos factores clave cambia el tipo de servicio y pivota el elemento clave del mismo. No quiere esto decir que la “amabilidad”  no sea un elemento fundamental, pero sí lo es que han entrado en la ecuación componentes que cambian el resultado de la misma. Resulta interesante esta frase de Marc Andreessen mencionada por los autores: “The spread of computers and the Internet will put jobs in two categories: People who tell computers what to do, and people who are told by computers what to do.” Las TICs se convierten, por tanto en el eje sobre el que pivota el nuevo modelo de mercado laboral. Es, sin embargo, interesante el segundo gráfico antes referenciado, el de Jared Berstein. En él se observa cómo el único sector que parece mantener en línea ascendente la creación de empleo, incluso en época de crisis, es el de la salud. Aquí parece confirmarse la importancia del cambio que se está produciendo en la estructura poblacional, con un aumento de la esperanza de vida y un mercado cada vez mayor de un público senior dispuesto a mantener un nivel de vida y salud digno. Aquí en Sintetia se explicaba esta misma semana cómo el sector salud es uno de los que más innovan y patentan en Estados Unidos. Además, el sector salud, al que se le añadiría el de la educación, tiene dos componentes clave. Por un lado suelen ser empleos con un valor añadido que, de media, es superior a otros sectores, con lo que el valor individual de los trabajadores parece ser más relevante. Además, por otro lado, el sector público suele ser muy partícipe de estos sectores económicos, siguiendo una lógica distinta a la del sector privado a la hora de gestionar despidos y contrataciones. La importancia de las TICs, por tanto, no se puede minimizar. Por eso es importante tener en cuenta estudios como los de la consultora Garner, que cada año analiza el estado de las tecnologías y su evolución desde su nacimiento hasta que se han asentado en los mercados y la sociedad.  Lo podemos ver en el siguiente gráfico correspondiente a 2014.

 

Sea como fuere, parece fundamental el valor de las tecnologías TICs en los cambios de la estructura laboral de los distintos países. Un país como España, que quiere entregar gran parte de su futuro a un sector como el turístico, con poco valor agregado en su estructura y desarrollo y una dependencia muy fuerte de factores exógenos para su éxito y con una estrategia de empresa muy enfocada al corto plazo, sufre el peligro de convertirse en un país de segunda. Es posible y deseable un modelo económico en el que el turismo tenga un papel fundamental, pero enfocado a un modelo de agregación de valor y que sea complementario de otros sectores cuyo impacto sea fundamentalmente cualitativo y no cuantitativo, un modelo que asuma la importancia de las TICs para mejorar el nivel y la estructura social y entienda que la aparición de nuevos empleos es clave para mejorar la productividad, así como un cambio en el concepto tradicional de empleo… aunque esto es materia de otro artículo.
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Comentarios

  • Juanita Arcos

    Una empresa si un buen CRM esté un poco perdida, la realidad esque las nuevas aplicaciones hacen la vida más facil al trabajar y al cliente

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