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Cuando el IVA va, los incentivos vienen


Javier García
Cuando el IVA va, los incentivos vienen
¿Cómo afecta la subida del IVA a las empresas? ¿Qué implicación tiene subir el IVA y, a la vez, bajar las cotizaciones a la Seguridad Social en la parte que abonan las empresas? Xavier Sala-i-Martín decía ayer en un crítico artículo que “la combinación de ambos impuestos podía dar lugar a una ‘devaluación fiscal’ que abarataba los productos españoles respecto de los alemanes y eso contribuye a aumentar la competitividad española. Eso hubiera sido una manera inteligente de justificar el cambio fiscal”. Xavier se refería así a Montoro y a sus dificultades para transmitir a los ciudadanos qué se está haciendo con las medidas y, sobre todo, con la que atañe a la gran mayoría de los ciudadanos: la subida del IVA. Estas palabras, así como otros comentarios leídos en las redes sociales y medios de comunicación, me han animado a compartir los siguientes números y reflexiones. Los números tratan de demostrar que no existe tal devaluación fiscal, que no se abaratan los costes de los productos españoles y que a corto plazo la capacidad de competir de las empresas se reduce mientras sus presiones financieras aumentan. ¿Todo esto por la subida del IVA? Para abordar esta cuestión déjenme explicar muy brevemente cómo funciona el IVA para una empresa. El IVA es un impuesto al consumo de los productos que venden las empresas. La legislación dice que el IVA lo pagan los consumidores, no las empresas, que hacen de “recaudadoras” del Estado. A grosso modo -hay algún matiz- las empresas emiten facturas con IVA (lo que se llama IVA repercutido), pero como ellas también compran materias primas, servicios y productos necesarios para la producción de los bienes o servicios que venden, al IVA repercutido a los clientes se le resta el soportado por las propias empresas. Un vendedor de tela emite una factura con IVA al sastre, el cual, después de aportarle valor, vende a sus clientes también con IVA. El IVA de la venta de trajes menos el de las compras de tela da la diferencia a ingresar en hacienda por la sastrería. En un sentido estático, un aumento de 3 puntos en el IVA implicaría un aumento tanto del precio de la tela a la sastrería como del precio del traje al consumidor final. Y el resultado inmediato sería que los ingresos en hacienda aumentarían. Pero la vida suele ser más compleja y muchos factores pueden distorsionar la realidad. ¿Puede ocurrir que una parte de la subida del IVA reduzca los márgenes empresariales de ciertas empresas? La respuesta es que sí, y más veces de lo que podemos imaginar a priori. Para que el IVA sea neutro, el sastre tiene que tener, para empezar, el valor de subir el precio de sus confecciones un 3% el próximo 16 de julio. ¿Será esto posible? El sastre observa que sus ventas se han reducido, que la competencia es feroz y que el consumidor analizará todas las alternativas para evitar en la medida de lo posible ese incremento de precio. ¿Subirá el sastre el precio de sus trajes? La respuesta no está clara, independientemente de que la legislación diga que el IVA lo soportan los consumidores. Las empresas tienen muchos motivos para buscar vías alternativas para no trasladar la subida del IVA a sus consumidores (que sólo piensan en precio final, no en precio sin IVA). Este dilema se conoce como la “capacidad de traslación de un impuesto”. Y no siempre es posible. ¿Cuándo sería 100% posible? Cuando el sastre supiese con certeza que todas las empresas subirían ese precio y cuando supiese que la demanda de su producto no se reduciría, es decir, ante una demanda muy inelástica de su producto. Pongamos tres ejemplos distintos: 1. Pensemos en un abogado que sólo trabaja para empresas. El abogado ha facturado a la empresa 10.000 euros más el IVA por sus servicios. Hoy tendría que ingresar a hacienda 1.800 euros (el 18%). Después de la subida, tendrá que ingresar 2.100 euros. A priori, la empresa que contrató al abogado deducirá del IVA que repercutió a sus clientes la factura de su abogado, sin incrementar el precio ni su presión financiera. Por lo tanto, aquí no habrá muchos problemas. Hacienda ingresará más. 2. Ahora pensemos en una ingeniería especializada en carreteras que trabaja para la administración pública. El mecanismo presupuestario suele ser fijar partidas definitivas. Es decir, se estipulan 2 millones de euros para un trabajo de ingeniería, IVA incluido, y no se mueve ni un euro más. La Administración no repercute el IVA, sólo lo soporta. Tras la subida del IVA, esa ingeniería tiene que reducir sus precios para seguir prestando el servicio, dado que el precio total no va a cambiar –se trata de una demanda completamente inelástica, porque no puede gastar más al estar sujeta a una restricción presupuestaria estricta-. La subida de 3 puntos de IVA hace que lo que realmente factura esa ingeniería pase de 1.695.000 con un IVA del 18% a 1.652.800 euros (aproximadamente) con un IVA del 21%. ¿Quién ha soportado realmente la reforma del IVA? La empresa en su totalidad. Tendrá que dejar de ganar 42.000 euros, o reducir ese importe de otros costes para no entrar en pérdidas, lo cual podría suponer algún despido. Esto es válido para la ingeniería o para las compras de lápices en la Administración o para la contratación de servicios de limpieza (¡piensa cuántas cosas compran a las empresas la administración y valora!) 3. Por último está el caso intermedio, en el que las empresas irán trasladando poco a poco el impuesto y probando a medida que su competencia y los clientes se vayan aclimatando. Una gasolinera verá que puede subir antes impuestos y El Corte Inglés lo tendrá más complicado, porque no se puede hacer una campaña de reducción de precios a 5.000 productos y ahora volver a subirlos. Si para bajarlos ya estaban “tocando” sus márgenes comerciales, ahora tienen que tomar una decisión muy seria al respecto. Zara ya anunció que no subirá el IVA este año. Por lo tanto, primera regla fundamental. El IVA no es un impuesto que paguen en su totalidad los consumidores, a pesar de que así lo estipule la legislación: depende del tipo de cliente y de la competencia. Ante esto, el gobierno habla de “devaluación fiscal”: a las empresas se les reduce en un punto lo que pagan por sus trabajadores a la Seguridad Social. ¿Cuál es la magnitud de este alivio financiero para las empresas? Algunos números nos ayudan a comprender este fenómeno. Las empresas cotizan a la Seguridad Social por sus trabajadores, entre un 24% y un 30% de su salario bruto según unas condiciones muy claras y fijadas. Si se reduce un punto esa cotización, ¿qué impacto tiene? Pensemos en el colectivo de empresas de las ingeniarías o servicios a empresas, por ser las que más proporción de costes laborales tienen (de forma que el ahorro nos salga bastante alto): Una empresa ingeniería que facture 500.000 euros sin contar el IVA y que tenga aproximadamente 250.000 euros de costes laborales y unos 10 empleados. ¿Cuánto tiene que repercutir esa empresa en IVA tras la subida, si puede? Unos 15.000 euros adicionales (3 puntos sobre su facturación). A este IVA repercutido hay que restar el soportado, pero ya sabemos que al menos tiene un 50% de costes laborales que no llevan IVA, por lo tanto, como máximo soportará unos 7.500 euros adicionales. ¿Y cuánto es el ahorro anual en costes a la Seguridad Social, en una empresa con una proporción de costes laborales muy superior a la media? La friolera de 1.650 euros al año. Por lo tanto, tengo un riesgo potencial de no poder subir los precios en 15.000 euros frente a un ahorro de costes de 1.650 euros. ¿De verdad esto es una devaluación fiscal? ¿De verdad esto no tiene ningún impacto en las empresas? ¿Sirve esto para crear empleo o para destruirlo? En consecuencia, las medidas anunciadas son sólo un 10% de devaluación fiscal. El restante 90% es un intento desesperado por tapar el agujero presupuestario. La aritmética básica ayuda a menudo a comprender cosas aparentemente complejas.  Parte de esa nueva carga de 15.000 euros puede llegar a trasladarse a facturas “sin IVA” es decir, en fraude. O puede traducirse en menores márgenes para las empresas y, por tanto, ahorro de costes y despidos. O se traduce en subidas de precios que reducen el consumo y, al final, presión para reducir costes y de nuevo despidos. ¿Aumentará la recaudación? No sabemos qué tendrá más peso, aunque de momento ya sabemos que la recesión ha reducido la recaudación por IVA desde principios de año. Lo dejo ahí.
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