La ciencia, la investigación y la cultura startup definen el progreso

16 mayo 2022

Pasó algo desapercibido. Pero personalmente lo situaré como un pequeño hito; un antes y un después. Me refiero a un tweet de principios de mayo, el cual, en base a la información publicada por el diario El Referente, elaboraba un ranking de universidades españolas. El criterio para ordenarlas era el número de unicornios (y casi unicornios) actuales en España que han sido creados por exestudiantes de esas instituciones académicas.

Este tipo de evaluación se está ya dando sistemáticamente en ciertos países. Me refiero a juzgar a las universidades por un indicador clave: cuántos de los estudiantes que pasan por ellas acaban creando proyectos empresariales ambiciosos. Expresado de otra forma: cuántas empresas y qué número de puestos de trabajo generan los exestudiantes de esas instituciones académicas.

Si finalmente este indicador de eficiencia universitaria se acaba imponiendo también aquí (ese tweet es un primer indicio de que puede ser así), no será por el impulso de la administración o de los responsables de las mismas universidades, sino que llegará desde la sociedad.

Las startups han sacudido el mundo. Aparecieron hace unos sesenta años. Pero en las últimas décadas se han extendido por el planeta y están generando una auténtica revolución. Pero aún hoy la mayor parte de responsables universitarios no saben lo que es un unicornio.

Las startups y la evolución de la tecnología

Las startups son en gran parte responsables de la actual tan rápida evolución de la tecnología. Suponen también vitaminas para la innovación empresarial. Os lo muestro sólo con una cifra.

En el sector aeronáutico mundial, hay actualmente unos 200 proyectos para desarrollar sistemas alternativos de propulsión de aviones. Sólo el 18% de ellos están siendo promovidos por las propias compañías fabricantes de las aeronaves. El 36% lo asumen otras corporaciones del sector, como, por ejemplo, los fabricantes de motores. La mayor parte (el 46%) de los proyectos de nuevos sistemas de propulsión está hoy en manos de startups, de sus emprendedores e inversores.

Con ello, no extraña que las grandes corporaciones sigan de cerca el fenómeno de las empresas emergentes. Son muy conscientes de los nuevos tiempos de la innovación. De hecho, las corporaciones, empresas a las que solemos llamar “tradicionales”, en el sentido de usuales, habituales o normales (¡no en el sentido de conservadoras!) y en contraposición a las startups, ajustan constantemente sus metodologías de innovación, las adaptan a cada momento.

Las empresas tradicionales innovan para innovar

Ello explica que algunas de las grandes corporaciones actuales tengan edades que superan los 150 años. Siemens nació en 1847 para fabricar telégrafos. Más de un siglo y medio después, tiene 300.000 empleados en distintas ubicaciones alrededor del planeta. Los productos altamente tecnológicos de la empresa están en todos los estadios de la cadena de valor de la electrificación. Opera también en las campos de la imagen médica y el diagnóstico in vitro.

Vayamos ahora a Philips. Su origen se remonta a 1891. Apareció como un fabricante de bombillas. Desde entonces, la corporación ha ido saltando a campos cada vez más complejos. Ya en este siglo, ha abandonado sectores que, por la competencia asiática, aportan menos valor y negocio y ha profundizado en la alta tecnología de la salud. Otra empresa más que centenaria: Nokia, nacida en 1865 para producir pasta de papel a partir de la madera. A principios de este siglo era líder mundial en un sector entonces altamente tecnológico, el de los teléfonos móviles.

¿Cómo realizan esas compañías las transiciones hacia otros sectores más intensivos en tecnología? ¿Cómo crean productos tecnológicamente tan exigentes? La respuesta es innovando. Es decir, adoptando nuevas sistemáticas, metodologías, culturas y modelos organizativos para continuar creando productos cada vez más sofisticados.

La Investigación y el Desarrollo: sistemáticas inventadas por las corporaciones para inventar

Las empresas no siempre han tenido departamento de I+D. El primero fue el de General Electric, creado en el año 1900. Otras corporaciones copiaron la idea y ahora no hay ninguna gran empresa que no use esa “herramienta” de creación de innovaciones.

Volviendo a las startups, viendo que se han configurado como un actor relevante de la innovación, las empresas tradicionales han reaccionado, desarrollando modernas herramientas para innovar, que se basan en ellas. Así, ya no quedan corporaciones que (además de su departamento de I+D) no tengan también su programa de Corporate Venturing y su fondo de inversión en startups.

Airbus Bizlab, Lufthansa Innovation Hub, Store N°8 de Wallmart, Chemovator de BASF, Next47 Accelerator de Siemens, Leo Innovation Lab de Leo Pharma, Hubraum de Deutsche Telekom, Samsung NEXT…. Todos ellos son ejemplos de programas corporativos basados en las startups.

Intel Capital, Google Ventures, Microsoft Venture Fund M12, Qualcomm Ventures, GE Ventures, GM Ventures, BMW i Ventures, Philips Ventures, Dell Technologies Capital, Solvay Ventures, Toyota Ventures, Cisco Investments, Pfizer Ventures…, son ejemplos de fondos de inversión corporativos en empresas emergentes tecnológicas.

Las startups traspasan la frontera del desarrollo tecnológico y de la investigación, ¿y las universidades?

Las startups avanzan pues la frontera del desarrollo tecnológico. Lo hacen de manera directa. Pero también indirectamente, ya que han cambiado la forma como las corporaciones están haciendo innovación.
Pero, ya que hemos empezado hablando de las universidades, preguntémonos: ¿Y ellas? ¿Han adaptado sus procesos a la nueva realidad que las startups suponen? ¿Han revolucionado también las startups a ese entorno?

Las universidades son distintas a cómo eran hace cincuenta años. En este tiempo, la investigación se ha acercado a las empresas. De hecho, el concepto de innovación abierta, aunque es más amplio, no existiría sin esa colaboración entre universidades y corporaciones.

La transferencia de tecnología nació para dar salida a los resultados de la investigación hacia el mundo empresarial y el mercado. Una de las rutas de esa transferencia ha sido la creación de empresas spinoffs basadas en la investigación, las cuáles son ellas mismas startups. Por este tipo de compañías, durante la pandemia reciente, nuestra sociedad ha percibido el valor de la I+D para afrontar los grandes retos: Las vacunas han sido creadas por Moderna, Biontech, Curevac o Vaccitech, todas ellas creadas por científicos, desde la ciencia.

Recordemos también a esos afamados ocho profesores de Cambridge quienes a lo largo de su vida han hecho investigación muy relevante (algunos de ellos son Premios Nobel) y han creado empresas de éxito basadas en su investigación. Después, en 2019, impulsaron Ahren Innovation Capital, un fondo de 200 millones de libras para invertir en startups científicas. Además, convencieron para invertir en ese fondo a empresas como Unilever, Aviva y Sky y a multimillonarios como André Desmarais de Canadá y Carlos Rodríguez-Pastor de Perú.

Viendo su trayectoria, debemos preguntarnos cómo los definimos. ¿Son profesores, científicos, emprendedores y empresarios o inversores? La respuesta es que lo son todo.

La investigación es hoy un componente más de una sopa espesa, con multitud de actores, y donde los roles quedan totalmente mezclados.

Las startups Deep Tech se configuran como el instrumento “transportador” por excelencia de los resultados de la investigación al mercado y a la sociedad. Las universidades deben ver que no es tan importante transferir tecnología como transferir personas que transfieran tecnología.

Cómo el universo startup ha influido en las universidades y lo hará más

Llegan sistemáticas concebidas en ese mundo startup que permiten agilizar la validación de conceptos y la creación de empresas. Por ejemplo:

  • el colocar la necesidad y oportunidad antes que la tecnología o la patente;
  • los retos;
  • el disponer rápidamente de un mínimo producto viable;
  • el fracasar rápido o el pivotar.

Los grupos de investigación sistematizarán la incubación de empresas. Al igual que ahora dirigen tesis doctorales y proyectos de investigación, de manera metódica tutorizarán la creación de startups científicas. Así pues, esos grupos serán también incubadoras o venture builders para una parte de su personal predoctoral y postdoctoral.

Los resultados de las tesis doctorales serán la base de muchas de esas empresas. Esto sucede ya, aquí.

Signadyne fue creada por un par de estudiantes de doctorado del Instituto de Ciencias Fotónicas, quiénes no encontraban en el mercado el equipo tecnológico que sus tesis requerían. Desarrollaron la tecnología, hicieron su tesis con ella y después crearon una empresa para comercializarla. Finalmente, fue adquirida por la corporación americana Keysight.

Hay programas que focalizan totalmente en las tesis doctorales, para convertirlas en empresas tecnológicas, creadoras de nuevas soluciones. Un ejemplo es el que tienen de manera conjunta las universidades Cornell de Nueva York y Technion de Israel en plena Gran Manzana.

Los grupos de investigación se abrirán también a los emprendedores externos, ofreciéndoles sus tecnologías como base de nuevas startups. Abundantes programas llamados de Entrepreneurship in Residence buscan a esos emprendedores externos y los acercan a las universidades.

Desde ese planeta de las startups, llegan también a la investigación y a la transferencia, los mentores, propios de las aceleradoras. Por ejemplo, el MD Anderson Cancer Center y la Universidad de Texas tienen una red de esos mentores para ayudar a las startups y spinoffs. Está basada en el programa Venture Mentoring Service del MIT. En España, la Universidad de Málaga inició su red en 2015.

La transferencia de tecnología ya no es lineal

La transferencia de tecnología ahora ya no es lineal. Las Oficinas de Transferencia de Tecnología deben formar parte de esa sopa espesa, ser ingredientes que contribuyan a fermentar y catalizar. Gestionar patentes y contratos de licencia es algo muy mecánico, casi puramente administrativo. Convienen roles más relevantes.

Por otra parte, la transferencia de tecnología del futuro usará también sistemas Prueba-Error, con enfoques que algunos comparan con los de la biología sintética. Es lo que proponen Hellow Tomorrow y Boston Consulting Group, con su enfoque cíclico design-build-test-learn (DBTL). Desde el problema, usando metodologías de design thinking, sugieren las propuestas. Después (no antes), buscan las tecnologías y los resultados de investigación necesarios. Y en este punto, Ciencia e Ingeniería avanzan juntas.

Llegan pues -desde el mundo de las startups- las ideas Lean Startup y Design Thinking, bajo otros nombres y con adaptaciones, a la investigación y la transferencia de tecnología. Programas como The Collider o Deep Science Ventures (DSV) muestran el camino.

Antes se creaba una spinoff desde los resultados de la investigación. Era lo que en la jerga de la transferencia se llamaba: Una invención en busca de un mercado (o una solución en busca de un problema). Ahora, la motivación es el reto o la necesidad que quiere cubrirse. Ese es el punto inicial.

Después, esos programas agrupan el conocimiento, el talento y el capital necesarios. Y construyen empresas científicas. Estos Venture Builders científicos van a extenderse por el sistema investigador, promovidos tanto por el sector público como por el privado.

Los campus universitarios, más que campus académicos, pronto serán verdaderos ecosistemas de innovación y emprendimiento. Hoy mismo, el MIT no sólo tiene una oficina de transferencia de tecnología. Tiene otros 200 recursos (oficinas, programas, etc.) en su campus que generan esa mezcla de vida científica, tecnológica y emprendedora.

Los estudiantes no acuden al campus para sus clases. Van allá para algo más trascendente. El resultado será una mayor capacidad de convertir la frontera del conocimiento en aplicación práctica, en impacto.

Así pues, las universidades evolucionarán en sus sistemáticas para convertir su ciencia en impacto. Y lo harán integrando plenamente estos enfoques que vienen del planeta emprendedor y a las mismas startups en sus funciones de investigación y transferencia de tecnología.

Y finalmente, lucirán su número de unicornios.

Artículo escrito por Pere Condom-Vilà

Director de la Oficina de Investigación y Transferencia de Tecnología de la Universidad de Girona

1 Comentario

  1. Jordi Mestres

    Hola Pere, felicitats per l’escrit i el teu blog.

    Podries afegir el contingut del tuit al que et refereixes al principi? En tot l’article no comentes si l’ordre de les universitats per (quasi)unicorns és significativament diferent a l’ordre establert pels criteris actuals. Intueixo que les que són top seguiran essent top i a mesura que baixes en el rànquing començaran les variacions.

    Merci!

    Records d’un gironí.

    Jordi Mestres

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