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A la salida te espero

Ojalá que con la lección aprendida. Luego, de nuevo, ya recuperaremos nuestra mala memoria de siempre.


Javier Ongay
A la salida te espero

De ésta salimos. De hecho, lo estamos deseando y, además, consiguiendo. Es probable que, al día siguiente, estaremos cansados, pero también…

Orgullosos por haberlo logrado. Por habernos demostrado ser capaces de caminar casi unidos y de cumplir las normas, aunque no siempre las entendamos. Por haber conocido, día tras día, a semejantes que hacen honor a nuestra identidad de “humanos”.

Orgullosos de haber desempolvado la solidaridad, el sacrificio y el esfuerzo que, con frecuencia, mantenemos olvidados y reconocerlos en rostros, personas y corazones, y no solo en palabras.

Satisfechos por terminar y superar, aunque con girones, un periodo que nos ha puesto a prueba en el país, en nuestra ciudad, en nuestro vecindario, en nuestra familia, a nosotros mismos.

Aliviados porque podremos retomar nuestra vida, tal como era y entendíamos normal que fuera.

Inquietos, porque, en realidad, todos nos dicen que, sin embargo, ya nada será igual, pero nadie nos aclara cómo será… Y, lo que es peor, preocupados porque quizá es que nadie lo sabe.

Sabios, porque habremos madurado al descubrir que somos capaces de enfrentarnos a algo desconocido. Porque habremos comprobado que la “convivencia” obligada, 24/7, nos ha descubierto nuestras fortalezas y nuestras debilidades, así como las amenazas y oportunidades que, para bien y para mal, acumulábamos, nosotros y las personas con las que hemos compartido a la fuerza tiempo y espacio.

Sabios, también, por aprender que convivir o es ceder, hablar, compartir… o es un infierno.

Más sabios si hemos conseguido asumir nuestras debilidades ante lo desconocido a la vez que admirar la valentía de quienes luchan en primera línea, tanto como avergonzarnos de la cobardía de quienes tan solo esperan que otros lo solucionen todo.

De ésta saldremos, pues, orgullosos, satisfechos, aliviados y también algo inquietos y, sobre todo, más sabios.

Pero, cuando todo termine, nos encontraremos, de igual forma….

Arrepentidos porque ni siempre ni todos hemos dado valor suficiente a la salud y a aquello que nos la garantiza, empezando por quienes cuidan de ella.

Avergonzados porque en este país se ha faltado al respeto a nuestros mayores, cuya muerte ya nunca les permitirá ni el reproche del condenado.

Asustados, al ver la ineptitud, ignorancia e incapacidad que bastantes de los que ostentan el poder que les confiamos han demostrado en estas circunstancias…. Y asusta mucho saber que estamos en sus manos.

Enfadados, muy enfadados… porque, quien (singular y plural) debería hacerlo, no reconoce que lo inevitable no atenúa su responsabilidad sobre las consecuencias; que lo responsable no es la justificación a toda costa sino la verdad a cualquier precio; que lo ético no es imponer el “bien” que a uno (persona, partido, ideología…) le beneficia sino el mejor para todos.

A la salida nos vemos, ojalá que con la lección aprendida. Luego, de nuevo, ya recuperaremos nuestra mala memoria de siempre.

Javier Ongay

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