Test del Grit: ¿cómo vas de pasión y perseverancia?

21 Febrero 2017 3

Una de las revelaciones editoriales de 2016 en Estados Unidos ha sido el libro “Grit: el poder de la pasión y la perseverancia”, de Ángela Duckworth, conocida psicóloga de la Universidad de Pensilvania que saltó a la fama por una charla TED que ha recibido ya más de 10 millones de visitas. Este tocho de 370 páginas puso de moda un nuevo vocablo, “Grit”, al que me apetece dedicarle una amplia reseña.

 

Éste es el primer post de un seriado que voy a escribir en mi blog (serán probablemente 6 entradas), en los que iré repasando el libro desde distintas perspectivas, con sus matices, luces y sombras, incluyendo una reflexión sobre si el Grit se puede desarrollar y su posible impacto en la educación, que es de los temas más controvertidos que rodean la obra de Duckworth.

No es un libro redondo, ¡¡mira que es difícil encontrar uno de Management/Autoayuda que lo sea!! y me ha dejado sensaciones contradictorias. Es a menudo simplista pero reconozco que como relato motivacional puede funcionar bien, precisamente por eso, porque es una teoría para el crecimiento personal que se entiende sin un gran esfuerzo, y apunta a habilidades que realmente merecen mejorarse.

Pero… ¿qué es el Grit? En pocas palabras se puede definir como: pasión y perseverancia ante las metas de largo plazo. Es difícil encontrar un sinónimo exacto de Grit, pero en mi opinión, los que más le pegan serían determinación, constancia y tenacidad. Es algo así como el coraje y la fortaleza que tienen determinadas personas para luchar por una misma cosa durante mucho tiempo.

Es la capacidad de elegir un objetivo y esforzarse de forma constante por conseguirlo a largo plazo. Por eso, las personas con un alto Grit son aquellas que:

  1. saben muy bien lo que quieren
  2. son tenaces, insistentes, para conseguirlo.

El poder predictivo de la constancia, dice Duckworth, es asombroso. La constancia entendida como un “compromiso continuo y resuelto con ciertos tipos de actividades en contraposición a esfuerzos esporádicos en diversas áreas”. Por eso, según ella, “cuanto mayor es el Grit de una persona, menos cambios en su carrera suele hacer”. O sea, coges una pregunta, un reto, una duda, y no la sueltas, porque siempre está presente en tu mente: es la gran pregunta o reto que orienta tu vida.

El libro de Duckworth defiende básicamente dos tesis:

  1. Que el Grit es uno de los predictores más importantes del éxito en cualquier ámbito
  2. Que todos tenemos la posibilidad y capacidad de aumentar nuestro Grit.

Este post está dedicado a la primera de sus tesis, mientras que trataré la segunda en otras entradas del blog.

Empezaré por desgranar ahora el primer ingrediente del Grit, que es la “pasión” (te recuerdo que el segundo es la “perseverancia”), y aquí conviene hacer una aclaración importante. La forma en que la gente común conceptualiza intuitivamente la pasión es diferente de cómo se define por el Grit. Según Duckworth, no es intensidad, sino constancia con el paso del tiempo. Refleja “consistencia en la dirección” o la capacidad de adherirse inquebrantablemente a un único objetivo durante un largo período de años. Por eso las preguntas del Test del Grit (hablo de esto más adelante) que tienen que ver con la “pasión” lo que buscan es saber en qué medida seguimos con nuestros objetivos a largo plazo, o miden lo que la psicóloga de Stanford, Catharine Cox, llamó “persistencia en la motivación”.

El segundo ingrediente del Grit es la “perseverancia”, que se asocia tal como sugiere su nombre, a la tenacidad y la fuerza de voluntad. Si hay una idea (frase del test) del Grit que me parece reveladora, y potente, es la de preguntarse esto: “¿Termino lo que comienzo?”. Si uno se compromete con algo, debería terminarlo. Y para acabar lo que se empieza, hay que esforzarse. También tiene que ver con la tolerancia al fracaso y la capacidad de levantarse después de reveses con la confianza de que se puede conseguir el objetivo.

Un error que se comete al interpretar el Grit, y que la propia autora ha tenido que aclarar muchas veces, es que se tiende a poner toda la atención en la perseverancia, olvidándose la pasión, que es igual de importante: “si usted es muy, muy tenaz y obstinado sobre un objetivo que no es significativo para usted, y no le interesa lo suficiente, entonces eso es sólo monotonía. No es sólo determinación, sino seguir una dirección que a usted le interesa” justificaba la autora. Esto es lo que a mí me gusta llamar “esfuerzo motivado”, que es algo que retomaré en una entrada posterior.

Otra cuestión interesante que pone Duckworth sobre la mesa es el del esfuerzo vs. talento. Ella insiste que el talento (entendido como la suma de actitudes y dotes naturales de una persona) “no es lo único que hace falta para triunfar en la vida”, que es algo con lo que es difícil no estar de acuerdo. Lo que pasa es que, yo añado, tampoco el esfuerzo es siempre suficiente, y eso también conviene dejarlo claro.

Se queja la autora, a mi juicio con bastante razón, de que el talento natural es paradójicamente más sexy y glamoroso que el esfuerzo, cuando tiene el escaso mérito de ser algo heredado, adquirido de forma natural, no ganado. Es bastante inexplicable que deslumbre más lo innato que lo conseguido con esfuerzo.

Me gusta mucho la definición que propone Duckworth de talento: “rapidez con que las habilidades mejoran con el esfuerzo”. O sea, dado un esfuerzo dado, un esfuerzo constante, unos aprenden más rápido que otros, y ese es un indicador que refleja el talento, la capacidad innata. Pero claro, si hacemos variable el esfuerzo que pone cada persona, entonces una con menos talento podría terminar compensando con creces esa limitación.

Carlos Megía, en El País, ponía como ejemplo icónico del Grit al “cholismo”, el ideario de Diego Pablo Simeone, entrenador del Atlético de Madrid, que según Megía recuerda mucho al discurso de Duckworth. Yo, sin embargo, pienso que también ahí se combinan en dosis equilibradas el esfuerzo y el talento. Creo que hay una tendencia a subestimar el talento de Simeone, como si su éxito solo obedeciera a una cuestión de carácter, y no es así.

Para tangibilizar el Grit tenía que haber un sistema de medirlo, y eso es lo que hace Duckworth al crear lo que ella llama la “Escala de Grit”. Dedicaré lo que me queda de post a explicar esta escala que funciona como un test, por si quieres aplicártelo.

La Escala del Grit es un test-cuestionario de 10 frases. Hay que puntuar cada frase según el grado en que uno/a se identifica con ella “comparándose con la mayoría de la gente”. Debo decir que a mí me ha costado mucho responder a este test porque la variabilidad del resultado era enorme según lo exigente que me pusiera y con quiénes me comparara. Quizás sea más certero hacerlo preguntándole a gente que nos conozca, y después calculando un promedio de las respuestas. Esto último no lo recomienda la autora sino que es una opinión mía.

Te invito a que intentes rellenar el test por tu cuenta, tú solito/a. Y después le pidas a gente que te conozca bien a que te lo aplique. Después comentáis los resultados y las diferencias. Ahí te dejo una transcripción del test del Grit que he preparado en Word, para que la uses, si te apetece probarlo por tu cuenta. Al terminar el test, sumas la puntuación obtenida en todas las frases y la divides entre 10, y eso da tu Grit.

Un añadido importante. Las frases o preguntas impares reflejan el componente de la PASIÓN dentro del Grit, mientras que las pares corresponden al de PERSEVERANCIA; así que puedes calcular el subíndice de Grit para cada elemento por separado, dividiendo cada subtotal entre 5, y así ver en cuál de los dos ingredientes estás mejor o peor.

Por terminar, te diré que la obra de Duckworth no debe juzgarse con euforia desmedida pero tampoco de forma injusta. En mi opinión hay mucho de hype alrededor de esta propuesta, pero también aspectos interesantes que vale la pena estudiar y discutir. Se aprenden y fijan cosas interesantes con este libro. A mí me ha servido para reforzar una idea en la que vengo trabajando mucho a título personal desde hace tiempo y es la conveniencia de enfocarme, de intentar hacer muy bien pocas cosas. Ésta ha sido una guerra personal mía toda la vida porque soy muy curioso así que me entrego a la biblioterapia para buscar razones que ayuden a vencer mi tendencia natural a la dispersión. El Grit es una teoría motivacional que puede ayudar a eso pero tiene sus limitaciones, como explicaré en los siguientes posts, que publicaré muy pronto.

NOTA: Ésta es una versión resumida del post original. Si quieres leer el texto completo, puedes hacerlo en el blog de Amalio Rey.

3 comentarios

  • Pablo  

    Interesante idea el test de Grit. Cuando queremos materializar una idea es como avanzar por un liquido que fluye en dirección contraria. En mi opinión, la perseverancia es la fuerza que nos hace avanzar por ese liquido.

  • Vicente Bou Ayllón  

    Las sombras que yo le veo.

    La “(in)cultura del esfuerzo” nació recientemente: con los primeros agricultores hace unos doce mil años. Desde que el trigo nos domesticó: menos tiempo de ocio, peor alimentación, más dolores (luxaciones, hernias, etc.), ansiedad, dependencia, violencia,… “el mayor fraude de la historia” según Yuval Noah Harari.

    Nuestro entorno institucional y político provoca en nosotros conductas que no se explican sólo por nuestras características psicológicas. Un ejemplo del error: el fracaso escolar tiene como única causa los alumnos, ellos son el problema, los defectuosos, por falta de “grit”, claro. ¿Mejor cuestionar dicho entorno o estructura?

    Podemos estar en uno hoyo en el que es mejor no seguir cavando, un camino por el que es mejor no seguir. ¿Mejor aprendemos a elegir cuando sí perseverar y cuándo no?

    Cualquier régimen político cabe hasta en una pareja sentimental. La práctica del “grit” ¿con qué tipo de régimen nos hace compatibles?

    Pensar que la vida es un valle de lágrimas y los que lloran son bienaventurados ¿se lleva bien el “grit” con estas creencias no científicas?

    Quienes verdaderamente se dedican a lo que les apasiona (motivación intrínseca) no piensan en auto-disciplina ni hablan de ella.

  • Juan Tatay - silta  

    Muy interesante reflexión.
    La entrada “How to Develop a Growth Mindset” en OfficeVibe me encantó y enganchó, vuelvo a ella de modo recurrente:
    https://www.officevibe.com/blog/develop-growth-mindset
    (aquí la citaba http://blogdesilta.blogspot.com.es/2016/06/why-you-need-to-develop-growth-mindset.html )

    Y creo que me gustaba porque me recordó a mi propia entrada anterior: http://blogdesilta.blogspot.com.es/2014/03/caracter-emprendedor-directivo-o.html

    Gracias.

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