Los problemas del concepto de competitividad (I)

1 julio 2010
Los problemas del concepto de competitividad

En esta serie de artículos analizaremos brevemente la multitud de problemas con los que cuenta el concepto de competitividad aplicado a los países. La causa de la extensión del término se encuentra posiblemente en lo sencillo de las metáforas y las comparaciones con la realidad de una empresa. Pero un país no es una empresa, y las múltiples diferencias entre un tipo de entidad y la otra pueden llevar a comparaciones y argumentos erróneos.

El error sistemático en la medición del concepto «exportaciones»

Una de las variables centrales para los argumentos de competitividad son las exportaciones de un país. Pero el término «exportación» es un poco difuso, o, para ser exactos, no es comparable entre países con tamaños geográficos y poblacionales distintos. ¿Qué es una exportación? Es una venta en bruto (es decir, hablamos de precio x cantidad, no de VAB) de un bien o conjunto de bienes… a un agente económico situado en el «extranjero».

Pero imaginemos que les hacemos la pregunta «¿Qué es un extranjero?» a dos personas distintas: a un comerciante que vive en Andorra La Vella y a otro que vive en Denver. Para el andorrano, el 99,99% de los habitantes del mundo son extranjeros y está bastante habituado a hacer negocios con ellos. En cambio, el habitante de Denver tiene a su alrededor 310 millones de personas que considera sus compatriotas y a los que suele vender la práctica totalidad de su producción. Así, el concepto de exportación tiene un significado distinto allí donde lo apliques, en función del tamaño de cada unidad nacional.

Más sistemáticamente, podemos decir que el concepto de exportación es un concepto teórico no observable que simboliza la apertura de un agente o grupo de agentes al exterior pero que sufre de un grave problema de agregación. Supongamos dos entidades geográficas A y B. La unidad A tiene 100 trabajadores, 150 unidades de capital, PIB por valor de 200 y exportaciones por valor de 50. La unidad B tiene 80 trabajadores, 140 unidades de capital, PIB por valor de 160 y exportaciones por valor de 40. El cuadro siguiente resume las características de cada país y qué sucedería con dichas características ante una hipotética unión de ambos países.

La hipotética unión de A y B

Para el número de trabajadores, el capital y la producción no hay ningún problema, se suman sin más. El problema con la variable exportaciones es que, en el momento que ambos países se juntasen, las antiguas ventas de uno a otro dejarían de considerarse como exportaciones por tratarse ya del mismo país. Si, como muestra el siguiente gráfico, de los 50 y 40 hipotéticos euros que exportaban A y B con anterioridad a la unión, 15 de cada país correspondiesen a ventas al otro, en el cómputo de las exportaciones conjuntas perderíamos 30 unidades. Así, en vez de tener unas exportaciones conjuntas de 90 unidades, éstas serían sólo de 30. Y mientras cada país por separado tenía una apertura del 25%, si los considerásemos un único país sólo tendrían una apertura del 16,7%.

El cómputo de las exportaciones de A y B

Llevando el argumento al extremo, si todos los países del mundo se unieran en uno sólo… ¡no habría exportaciones! En cambio, si considerásemos a cada empresa un país propio, la práctica totalidad de sus ventas se realizaría “al exterior”. Resumiendo: existe un error de medición sistemático en la construcción de la variable exportaciones. El error es sistemático porque, cuanto más grande un país, más flujos internos dejan de contabilizarse como ventas externas y menores son sus exportaciones: de ahí que un de los países más competitivos del mundo, Estados Unidos, tenga unas exportaciones de aproximadamente el 10% del PIB mientras las de Bélgica superan el 90% de su PIB. Mientras para un estadounidense no se considera una exportación una venta a un estado vecino, sí se considera así una venta de Bélgica a Holanda.

El problema con el error de medición

Es cierto que los errores de medición están en todas partes, especialmente en las macromagnitudes. La diferencia en este caso es que la mayoría de dichos errores son aleatorios, es decir, tan probable es que se mida mal el PIB una unidad a la baja como al alza, y que los errores aleatorios de medición no tienen por qué ser extremadamente problemáticos a la hora de argumentar y testear hipótesis de política económica. Si la variable que estamos examinando contiene un error aleatorio, nuestras conclusiones tendrán un poco menos de fiabilidad de la esperada, pero no estarán sesgadas (equivocadas). Pero con un error de medición sistemático (no aleatorio) las cosas cambian.

Sin entrar al detalle en los problemas estadísticos (consultar para iniciarse en ello “Errors in variables models”), las conclusiones a las que lleguemos pueden estar sesgadas. Es decir, que serían conclusiones erróneas. Y aunque haya quien pueda argumentar que esto es un problema al comparar niveles (exportaciones absolutas) pero que no tiene por qué darse al estudiar las variaciones anuales de las mismas, hemos de recordar que la expansión del comercio no es geográficamente neutral, como nos recuerda el enigma de la distancia. Las variaciones tienen distinta intensidad en función de la distancia, y la probabilidad de que dos áreas económicas sean consideradas un mismo país depende también… de la distancia entre las mismas.

En el siguiente artículo sobre la competitividad trataremos el problema de su indefinición como concepto y la imposibilidad de que un país quiebre en un sentido empresarial.

Artículo escrito por Abel Fernández

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