Publicaciones de Xavier Marcet

Reputado Experto en estrategia, innovación y transformación con una amplia experiencia internacional. Lidera Lead To Change, una consultoría boutique con la que trabajan con empresas de toda dimensión. Es profesor asociado de la Barcelona School of Management (UPF) y preside Patronato de gestión de la Escuela de Negocios Euncet. Es Presidente Fundador de la Barcelona Drucker Society, un movimiento entorno a la humanización del management y las empresas. Es colaborador de La Vanguardia con artículos de Management y de la Revista Digital Sintetia.com, ha escrito diversos libros, el más reciente “Esquivar la Mediocridad” (Plataforma Editorial, 2018).

No les expliques por qué es importante innovar, porque lo saben. Como saben todos los casos de éxito de memoria. También saben hacer un esquema de design thinking sin mayor dificultad. Son los equipos más convencidos sobre esto de innovar. Pero los hay con muchos problemas: no son capaces de obtener resultados sólidos. Dedican tanto tiempo a explotar los proyectos que tienen entre manos, y de los que viven —y si tuvieran más tiempo, más dedicarían— que, al final, no dedican tiempo a la innovación “real”.

La humildad es una forma de sabiduría, un modo de estar. Una forma de relacionarse que suele dejar espacio a los demás. Los directivos que más me han impresionado nunca perdieron la humildad. No son pusilánimes. No practican el buenismo impostado. Pueden tomar decisiones duras o liderar transformaciones en las que el final estaba por escribir. Pero no caen en la autocomplacencia del halago fácil.

En la segunda mitad de los años noventa hablábamos de la sociedad de la información. Nos contábamos una milonga: Internet permitiría que nacieran negocios en cualquier parte. Se acabarían los monopolios, adiós a las concentraciones de empresas. Dado que las comunicaciones y limitaciones físicas no serían importantes, desde cualquier parte del mundo se podrían emprender proyectos de alto impacto. En el imaginario colectivo veíamos que Silicon Valley y todos los clústeres similares perderían fuerza al descentralizarse, llegaba el poder de lo pequeño, de lo que estaba repartido por el planeta, el mundo sería plano.

En las organizaciones hay días duros, cuando se desvanece una oportunidad por la que tanto habíamos luchado o cuando alguien nos desilusiona más por su displicencia que por su incompetencia. Hay etapas de sin sabores cuando la resistencia se impone a un cambio necesario. O cuando las culturas obsoletas derrotan a las estrategias o innovaciones que creemos nos adaptarían mejor al futuro.

Hay quien se especializa a lo largo de su vida en tener malos jefes. Aunque hay mejores cosas en las que especializarse porque tener buenos jefes es muy importante para la singladura profesional. A la pregunta de qué te ha marcado en tu experiencia laboral, qué te ha generado un profundo salto en tu trayectoria, siempre está una respuesta que se repite entre mis alumnos: ciertas personas marcan a fuego nuestra trayectoria y devenir profesional.

No se acaban de entender los motivos, pero en medio del alud tecnológico que estamos viviendo la productividad no crece, y ya pasan décadas. Algunas explicaciones apuntan a que inyectar tecnología ya no es suficiente para aumentar la productividad. Tan importante como la tecnología sería desplegar culturas colaborativas en las empresas y poner las bases de un nuevo management acorde con el mundo 4.0 en el que hemos entrado.

El Global Peter Drucker Fórum de 2017 finalizó con el público en pie, emocionado, aplaudiendo a un Charles Handy que nos recuerda que no se puede digitalizar el alma, ni la imaginación, ni la esperanza, ni la visión. Todo el evento ha estado teñido una reivindicación del componente humano en la economía, en la tecnología y en el management. Handy, filósofo social, conocido también como el «Drucker europeo», es la persona que mejor podía encarnar el espíritu de este Fórum.

En la universidad hay talento. Hay mucho talento. De hecho, tanto que muchos son conscientes de que el buque de la disrupción igual ya ha zarpado, también el de la educación superior. La resiliencia de la universidad como institución es importante y su resistencia al cambio acostumbra a ser muy elevada. Aún y así, los que quieren ver constatan que algo serio debe cambiar cuando el conocimiento al que tiene acceso la humanidad se duplica en pocos meses.

Somos los profesionales que se esculpen a través de nuestras agendas. Aquello a lo que dedicamos el tiempo nos define. También la intensidad y la eficiencia con la que usamos el tiempo. Cada uno tiene su tempo y lo encaja como puede en el ritmo con el que viven las organizaciones dónde habita. Hay un amplio abanico de usos del tiempo en nuestras profesiones que va desde la procrastinación contumaz hasta la banalización del sentido de urgencia.

Las empresas ya no son ni deben ser las «fábricas prisión» de principios de la industrialización, es una idea que (creo) compartimos todos. Las empresas deben ser espacios de dignidad y de equilibrio. Nos pasamos el día recordando que el talento es un factor determinante y hablando de sus fórmulas para captarlo y retenerlo. En este contexto, hay quien imagina que crear empresas ideales para trabajar, los «Great Place to Work», deben ser como guarderías para adultos, remozando paternalismos por doquier.

Que nadie busque en mí uno de esos tipos que creen que todos los políticos son iguales y argumentos simplistas del tipo «el que se dedica a la política solo está para robar». Si piensan eso pueden ahorrarse leer este articulo. En la política hay de todo, y hay de todo en todos los partidos: personas y profesionales muy honestos, y algunos deleznables.

Las universidades son una suma de talento. Una buena o mala universidad se determina por su forma de combinar el talento para dar resultados en forma de aprendizaje, de investigación y de valorización de conocimiento. El talento no se supone, se mastica: con la valoración de los estudiantes, con la calificación de la investigación en parámetros internacionales y en los números que acompañan a las patentes, las spin off o la transferencia a las empresas.