Publicaciones de Lilian Fernández

Últimas publicaciones de Lilian Fernández

Admitamos que las democracias son imperfectas por definición. Admitamos que el espíritu castizo lleva impreso en su ADN una tendencia a la crítica autodestructiva que jamás nos hará tener un sentimiento de grandeur como nación. Admitamos que las cosas no están tan mal como las sentimos diariamente y que algo habrá cambiado en el último […]

Cada mañana, junto al café y las tostadas, nos desayunamos con un nuevo escándalo: tarjetas black, fortunas de dudosa procedencia, cuentas en Andorra, Suiza o cualquier otro paraíso fiscal, puertas giratorias, nepotismo, tráfico de influencias… La realidad se ha tornado tan grotesca y absurda que más que ver el telediario se tiene la sensación de […]

Simón González de la Riva: Sin competencia no hay clientes, ¿o sí?Hace unos días ya lo decía: “El usuario de los servicios públicos es un cliente cautivo. Apenas tiene maneras de influenciar directamente sobre el comprador, y estas son (de nuevo) difusas, farragosas, costosas en tiempo y esfuerzo, o directamente muy caras en tiempo y […]

Simón González de la Riva: Sin competencia no hay clientes, ¿o sí?Hace unos días ya lo decía: “El usuario de los servicios públicos es un cliente cautivo. Apenas tiene maneras de influenciar directamente sobre el comprador, y estas son (de nuevo) difusas, farragosas, costosas en tiempo y esfuerzo, o directamente muy caras en tiempo y dinero” .

Lilian Fernández: ¿Hablamos de Competencia? Ahí lo habíamos dejado…Un concepto tan evidente en el sector privado como es el de competencia, en el ámbito público requiere de un sobreesfuerzo –siempre ciñéndome a la realidad, más allá de los deseos -, de hecho, es muy común encontrar en los diferentes textos de los procesos de reforma la palabra “recrear” para referirse a competencia, admitiendo implícitamente la premisa de su inexistencia y la casi imposible incorporación efectiva de mecanismos liberalizadores que la garanticen.

Lilian Fernández: Cuando me preguntan porque estoy en twitter siempre digo que es por la oportunidad de encontrar personas que me aportan un prisma distinto, me hacen dudar y repensar sobre todo lo que yo daba por cierto e inamovible. Una de estas personas es Simón. Solemos nutrir nuestro Tweetline con largas charlas en 140 caracteres sobre lo divino y lo humano, en las que solemos llegar a un cierto grado de consenso desde el disenso.

Retomando en el punto en el que quedó la primera parte de este artículo, cabe plantearse cuál debe ser el papel de las Administraciones Publicas en un entorno tan dinámico, cambiante y complejo como el que marca la Edad Digital. Estamos ante un Estado claramente sobrepasado por el empuje de una ciudadanía que utiliza intensivamente las nuevas tecnologías, convertidas en un instrumento que le capacita para interconectar, organizarse y realizar intercambios bordeando o escapando de cualquier regulación y “tutela”.

Día a día asistimos a un recrudecimiento de las protestas del gremio de taxistas contra Uber. Todo parece indicar que el otoño será caliente, las huelgas y manifestaciones proliferarán con el objetivo de presionar al Ministerio de Fomento para impedir la irrupción de competencia en el sector del transporte discrecional de viajeros. Tras el aviso a navegantes del Ministerio a los usuarios de las plataformas de transporte colaborativo de que podían estar incurriendo en conductas delictivas, picada por la curiosidad -y también, confieso mi pecado, porque utilizo ambas- decidí indagar en las causas de este conflicto para formarme una opinión propia, no influenciada por declaraciones varias y medios de comunicación.

Suelo ironizar con que lo mejor que le podría pasar a este país es que, por una extraña y selectiva ciclogénesis explosiva, se volatilizaran las Administraciones Públicas y pudiera empezarse de nuevo. Como la probabilidad de que ocurra es muy lejana, es necesario provocar una catarsis que las incendie y, como el ave fénix, resurjan de sus cenizas sin la grasa que las atenaza.

El año 2013 será recordado como un año convulso, en el que los devastadores efectos de la crisis económica han hecho saltar por los aires una de las bases esenciales de nuestro contrato social: el amplio consenso, aun con matices ideológicos en el grado de intensidad, en la atribución al Estado de un papel activo en la provisión de una vasta cartera de servicios y en la articulación de políticas públicas destinadas a cubrir necesidades de amplios segmentos de la población.

Comenzaba la primera parte de este artículo planteando cuáles son las causas por las que todos los planes de modernización de las Administraciones Públicas españolas abordados desde finales de los años 80 han sido auténticos fiascos. Señalaba como una de las causas del fracaso, el falso punto de partida: los planes han partido de una concepción institucional y atacan lo males puramente administrativos.