¿Donde está el milagro económico chino?

4 Junio 2010 2

No es difícil encontrar fascinación o superlativos de todos los calibres sobre la evolución reciente de China. El objetivo de este artículo es contraponer una imagen más sosegada sobre la realidad de dicho país y argumentar que lo que está sucediendo ni es ningún milagro ni es excepcional. Y, desde luego, que no es ningún espejo en el que los países en desarrollo se tengan que mirar.

En primer lugar, hemos de admitir que conocemos realmente poco sobre China. La magnitud geográfica y poblacional, así como la lejanía cultural, distorsionan a menudo las comparaciones.

Para empezar, es bien conocido que el régimen miente frecuentemente con sus cifras. Un ejemplo: mientras el Gobierno reportaba cifras muy positivas de crecimiento durante 2008, una medida menos manipulable, como es la producción de energía, se desplomaba un 4% en términos interanuales. La primera fuente de fascinación proviene de utilizar magnitudes absolutas y concluir que China es la tercera potencia económica mundial. En cuanto se expresan las magitudes en términos relativos, la imagen cambia mucho. El siguiente gráfico muestra la evolución del PIB per cápita de algunos países seleccionados.

 

 

Si abandonamos la visión antropomórfica de los estados -son los ciudadanos, y no los países, los que sufren, se hacen más productivos y trabajan más o menos-, el mensaje es claro: China no es una potencia económica mundial, sino la suma de 1.338 millones de personas relativamente pobres. La línea negra horizontal se ha fijado en nivel de la renta per cápita del habitante medio de China en 2007. Como dicha renta está expresada en términos reales, podemos ver que China está ahora como estaba Corea del Sur hace 20 años o como estaba España… ¡hace más de 40! Ni siquiera llega a superar en nigún momento la renta per cápita de Argentina en el período, uno de los países que menos ha crecido durante el último medio siglo.

 

Altas tasas de crecimiento con limitantes futuros

Es cierto que el país ha experimentado altas tasas de crecimiento real durante los últimos años, pero no hay nada de extraordinario en ello. China estaba absolutamente lejos de la frontera tecnológica, tanto productiva como institucionalmente. Con un mínimo de apertura exterior, trabajo duro -característica común a muchos países de cultura confucionista, aspecto correlacionado con el crecimiento, como documenta Sala i Martin- y seguridad jurídica en las inversiones era inevitable que experimentase un fenómeno de convergencia. Gran parte de la ganancia proviene del paso del campo a la ciudad; del paso de una renta agraria de subsistencia hacia el uso de maquinaria en la producción.

Pero este tipo de crecimiento tiene un límite, el que imponen los rendimientos marginales decrecientes en el uso de maquinaria: un trabajador no producirá el doble si tiene a su disposición dos máquinas de coser, sino lo mismo que producía con una. Mientras haya margen para la mecanización básica y población fluyendo del campo a la ciudad, China seguirá creciendo con fuerza, pues su renta media es aún baja. Pero ello no es suficiente para un crecimiento sostenido, que se basa en la productividad y en la innovación, algo difícil en el complicado entramado institucional de grandes empresas públicas y regulación de la vida económica.

En cuanto a la educación, aunque el esfuerzo ha sido importante, sus años medios de escolarización se encuentran aún lejos de niveles propios de los países desarrollados, como muestra el siguiente gráfico. La linea horizontal muestra de nuevo el nivel del último año, 2010 en este caso, equivalente a la que tenía Corea del Sur hace 30 años y todavía inferior a la de Estados Unidos en 1950.

 

 

 

Desigualdad entre campo y ciudad Otra característica de la realidad social en China es el fuerte dualismo campo – ciudad. 712 milliones de personas (el 53%) viven en el campo y 622 millones (el 47%) en zonas urbanas en 2009, según el China Population Information Center. Como las medias de renta no son muy representativas en casos de distribuciones bimodales, separemos las dos chinas y repitamos el análisis de la renta per cápita. Hacemos una extrapolación gráfica sencilla a partir de los datos ofrecidos por Reuters en los que se observa un diferencial de ingresos campo – ciudad del 333%. Las diferencias son demoledoras:

 

 

La parte más desarrollada de China, la urbana, aún está muy lejos de referentes culturales muy próximos como Taiwán o Corea del Sur. La parte menos desarrollada, la rural, se encuentra en niveles de riqueza similares a los de Angola o la República del Congo, a pesar de sus desastrosos resultados de crecimiento durante la segunda mitad del S.XX.

 

Conclusiones

La evolución de China durante las últimas décadas no tiene ningún componente milagroso. Se trata del habitual paso del campo a la ciudad que sólo llama la atención por su volumen. Pero la renta en las ciudades y la educación todavía se encuentran muy lejos de países de su entorno con características similares, mientras que la China rural, más de 700 millones de personas, subsisten con rentas equivalentes a países del desastre humanitario del S.XX, África. A pesar de la pobreza generalizada en gran parte de la población, el país está sufragando con fines propagandísticos una serie de eventos e infraestructuras propias de países ricos: Juegos Olímpicos, Exposición Universal en Shanghái, red de trenes de alta velocidad, etc. Su modelo económico no tiene nada de extraordinario, y el país se enfrenta a fuertes limitantes en el medio plazo, una vez el trasvase de las zonas rurales a las urbanas se haya completado.

El crecimiento sostenido se basa en la educación, en la innovación y en la libertad de actuación de los agentes económicos, algo difícil hoy en día en un régimen todavía muy estatista. A todo ello hay que añadir una falta alarmante de derechos civiles y un alto nivel de censura y represión. Todo ello no quiere decir que China, por su tamaño y su posible desarrollo futuro, no vaya a jugar un papel principal en la economía mundial. Pero es necesario no perder la perspectiva y tener en cuenta que el crecimiento de China no ha sido ningún milagro y que, hoy por hoy, la situación del país es muy poco envidiable.

2 comentarios

  • […] en cuenta. Como sostiene el economista de Sintetia Abel Fernández, en un artículo titulado “¿Dónde está el milagro económico chino?” (4 de Junio 2010), en realidad el crecimiento de China tiene poco de milagroso o excepcional. […]

  • Nicolas  

    Los gráficos con escala aritmética son engañosos a la vista cuando hay una gran amplitud de la escala entre los valores iniciales como es el caso.. Si calculas tasas de crecimiento la cosa cambia drásticamente y si no es un milagro se acerca bastante.

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