Vicente Varó: “en esta crisis corremos el riesgo de estigmatizar la innovación financiera”

27 enero 2014

Vicente Varó no es trader, ni analista de una agencia de rating, ni gestor de fondos de inversión. Es un periodista especializado en economía y finanzas que ha convivido con todos estos perfiles de profesionales, les ha entendido y es capaz ahora de explicar las bondades y penalidades de los mercados financieros. De hecho, comunica, gestiona e incluso organiza la comunidad online de inversores más importante de España: Unience. Por si esto fuera poco, ha sacado un libro, “Para qué sirven los … Mercados Financieros”, publicado por Ediciones Paidós. Este libro es de esos que llamamos indispensables, y no tanto porque cuenta quién tuvo la culpa en esta crisis (ejem, ¿cuántas veces hemos oído ” ¡malditos mercados! ” ), sino porque explica en palabras para todos comprensibles (¡por fin!), quien es quién en los mercados financieros.  Esto es valiente, porque hoy en día es más fácil criticar, que explicar. Por eso, ¡olé por Vicente!

vvaro

Quizás la mejor frase que tenemos para describir “para qué sirven los mercados” es la que los identifica como “el mejor mecanismo que conocemos para distribuir eficientemente los recursos de la economía”. Efectivamente, esta tesis es la que recorre el libro, donde se explica cómo los mercados no son siempre justos, ni bondadosos en sus repartos, o cómo la crisis nos ha demostrado también sus puntos más débiles. Pero, a su vez, aporta fundados razonamientos para enmendar los errores, repararlos y al mismo tiempo entender los grandísimos beneficios que históricamente nos han aportado los mercados financieros.

Lejos de poner el foco en los mercados como un ente abstracto y ajeno a la ciudadanía, lo mejor de este libro es que, de una forma secuencial, se van introduciendo escenas en las que cualquiera de nosotros se puede sentir identificado y con ello se concreta cómo intervienen los mercados en nuestra vida cotidiana: desde pagar con la tarjeta de crédito, tener una pensión, o un seguro, a permitir que la chocolatería del barrio obtenga dinero para abrir.

Éste el reto de Vicente, y en mi opinión, lo supera con nota. Su libro es un corte limpio y con bisturí al cuerpo del sector financiero. No se centra en la evolución histórica de los mercados, sino que hace un corte transversal al sistema para entender su funcionamiento.

:: La palabra mercado levanta pasiones. Parece que hay personas que los aman, o los odian ¿cómo hemos llegado a estos extremos?

Cada vez que los humanos nos buscamos explicaciones sobre algo que nos impactó, emergen reacciones extremas. A raíz del estallido de la crisis, empezamos a reflexionar sobre cómo habíamos llegado hasta aquí y surgieron esas posturas radicales. También las más moderadas, pero no hacen tanto ruido.

Al tratar de entender por qué se derribaba el edificio, muchos eligieron como chivo expiatorio a los mercados. En buena parte, gracias al discurso político, que de modo abrupto empezaron a llamar malditos especuladores a los mismos que hasta entonces eran benditos inversores. Esta postura se extendió entre los medios y buena parte de la sociedad, pero también suscitó la reacción opuesta de quienes veían la situación más bien al revés. Llegó un resurgir del liberalismo, que culpa de estos males precisamente a la intervención política en la economía, ya sea a través de los Gobiernos o los bancos centrales, y que argumenta que, sin ella, los problemas se habrían autocorregido.

:: Parece que, nada nuevo bajo el sol, ¿verdad?

Efectivamente, es lo que ha pasado en todos los países y todas las economías en sus mayores crisis. En la del 29 también se dividieron los análisis entre quienes culpaban a los especuladores y quienes ponían el foco en la actuación del Gobierno y la Reserva Federal. A ojos de la historia, ganó la primera versión. Años después, el economista Milton Friedman hacía esta explicación:

Es muy fácil de entender. Los mercados libres no tienen agencias de medios y relaciones públicas; los gobiernoslas tienen; la Reserva Federal sí las tiene… Y la Reserva Federal nunca admitiría que provocó la Gran Depresión… Si alguien comete un error siempre puede encontrar alguien a quien culpar

Otro ejemplo, cualquiera diría que los alemanes han sido beneficiados en esta crisis por los especuladores, ¿no? Pues en 2005, cuando la economía alemana estaba estancada antes de acometer un buen paquete de reformas, un destacado político alemán llamó “plaga de langostas financieras” a los mercados. Seguro que financiándose al 0% no pensaba lo mismo.

A mí me parece evidente que los ‘espíritus animales’ deambulan tanto por los mercados como por las instituciones.

:: ¿Cómo definirías “cultura financiera”, de la que tanto se habla pero que es difícil de concretar? ¿Hasta qué punto la cultura de mercados financieros es indispensable?

Lo definiría como el conocimiento, o el acceso rápido y sencillo al mismo, que nos permite tomar las mejores decisiones económicas para alcanzar nuestros objetivos.

Es indispensable porque nos ayudará a cometer menos errores. Quizá nunca logremos evitarlos por completo, porque la codicia y el miedo son difíciles de extirpar del ser humano, pero sí a conocer los riesgos que asumimos con nuestras decisiones.

:: A la hora de explicar los problemas de los mercados financieros, la teoría enumera lo que se llaman los “fallos del mercado”, como por ejemplo: existencia de bienes públicos, asimetría de información, o externalidades. Para solucionarlos, se precisa de la figura de un regulador. ¿Ángel o demonio? Danos tu opinión sobre la necesidad de intervenir en algún grado los mercados.

Tengo amigos defensores de ausencia total de regulación que cuando hay una operación en bolsa sospechosa de información privilegiada piden fuertes sanciones. En mi opinión, sí son necesarios y su buen desempeño es clave para que el conjunto de los ciudadanos puedan tener confianza en los mercados financieros. Siempre va a haber actores que busquen estafar a otros. En España cada año la CNMV descubre un buen número de chiringuitos financieros.

O, por ejemplo, con el tema que vendrá en los próximos meses. La nueva regulación europea para limitar los conflictos de interés en la colocación de productos financieros en las redes bancarias. En los países más bancarizados el poder de la entidad es muy fuerte y me parece correcto obligar a las entidades a que pongan más interés en ofrecer un mejor servicio al ciudadano que a preocuparse sólo por colocar masivamente el producto que le interesa.

También creo que las tentaciones para intervenir en exceso pueden ser muy fuertes. Y un buen ejemplo es la prohibición de las posiciones cortas durante la crisis. Especialmente creo que fue un error mantenerlas tanto tiempo en España. Como se ha visto, los bajistas no eran el problema, sino el los motivos que les daba España para ser bajistas.

::  ¿Cómo definirías a la especulación? ¿La prima de riesgo sube por culpa de los especuladores?

Comprar o vender bienes o activos con la intención de obtener una ganancia por la fluctuación de los precios, sin intención de disfrutar de ‘aquello’ que has comprado o vendido. En muchos ámbitos de la vida podemos estar especulando casi sin darnos cuenta. Para mí, por ejemplo, comprar un décimo de lotería también es especular.

¿Sube la prima por la especulación? En parte sí pero, ojo, cuando baja en parte también. Sin embargo, en los medios y la política sólo se utiliza el término en el plano negativo.  Nunca he visto un titular en televisión del tipo “Los especuladores hacen subir un 3% la bolsa”. En este caso, se suele hablar de inversores…

::  Dedicas uno de los capítulos al papel de la tecnología en las finanzas ¿En qué grado la innovación financiera, y el uso de cada vez más y mejores sofisticadas tecnologías de análisis y trading, es culpable de esta crisis?

Corremos el riesgo en esta crisis de estigmatizar la innovación financiera. Y sería un gran error. Es cierto que el estallido se produjo a partir de las barbaridades hechas a partir de derivados financieros, pero eso no fue culpa de la tecnología, sino de quienes construyeron esos productos infravalorando el riesgo.

O de cómo se ha diseñado esa tecnología.  Por ejemplo, los sistemas para la medición de riesgo son más avanzados que jamás en la historia, pero en muchos casos se basaban en premisas erróneas de partida, muy relacionadas con las teorías de mercados eficientes.

Si parece más complejo entender el beneficio que aporta la operativa de los robots en bolsa, que en algunos mercados llega a suponer más del 50% de las operaciones diarias y que han llegado a provocar desplomes tremendos en las cotizaciones en cuestión de segundos.

Sin embargo, se han creado grupos de trabajo en los reguladores que no han sido capaces de detallar si realmente son tan perniciosos y no han llegado a ninguna conclusión. Incluso, señalan ventajas como que aportan más liquidez al mercado.

:: ¿Podrías darnos algún ejemplo de buen uso de la tecnología en las finanzas?

Por supuesto. Para empezar ha mejorado el acceso de los ciudadanos a la información y la formación. No sólo tenemos más conocimientos, sino también más posibilidad de acceder a quienes los tienen. Yo veo casi todos los días en nuestra red social de inversores Unience agradecimientos de gente  por lo que está aprendiendo de otros inversores y profesionales.

Tenemos otro buen ejemplo, más social, en las plataformas de microcrédito, que hacen posible financiar proyectos de desarrollo en el tercer mundo.

También los comparadores de productos financieros, los simuladores, las webs de agregación de información financiera que nos permiten controlar mejor el gasto familiar…

:: ¿Eres de los que cree que el capitalismo (a) pasará a otra vida, (b) tendrá larga vida o (c) sufrirá una profunda transformación?

Creo que vivirá una transformación, pero quizá no demasiado profunda.

:: ¿Qué falla cuando entre los economistas más prominentes existen diferencias ideológicas tan marcadas?

No falla nada. Los seres humanos tenemos diferencia de criterios y de ideas y esa diversidad la consideramos positivas. No veo la razón por la que en el terreno económico deba ser diferente.

:: Hablamos mucho de macro, de grandes reformas, pero ¿qué hay de lo micro? ¿por dónde empezamos, qué pueden hacer los ciudadanos y las empresas desde hoy para mejor sus posibilidades de futuro?

Para mí, hay que partir por conocernos mejor a nosotros mismos y el impacto de nuestras decisiones. Y sobre todo, por lo primero. En la medida que nos demos cuenta de la irracionalidad de la mayoría de nuestras decisiones económicas, estaremos más dispuestos a formarnos e  informarnos mejor.

También por entender bien el entorno. Mucha gente desconoce que, cuando compró la casa con una hipoteca, intervino indirectamente en casi todos los mercados financieros: en el interbancario, en el de titulizaciones, en el de divisas, en el de renta fija a través de la prima que pagó al contratar el seguro de hogar… Todo esto intento explicarlo de modo sencillo en el libro.

:: La crisis nos ha traído una imagen que parece va a durar mucho en la retina de los ciudadanos: “la socialización de las pérdidas y privatización de los beneficios” ¿Cómo se recupera la credibilidad en las instituciones y en las entidades financieras para evitar estos “daños colaterales”?

Los ciudadanos necesitan ver que quienes cometieron los mayores errores (o delitos, según el caso) paguen por ellos, que la justicia es igual para todos. Claro, que también tendría que serlo para los dirigentes de las propias instituciones.

 :: En tus últimos 5 consejos sobre cómo gestionar tu dinero, sentencias que “si no somos capaces de identificar el riesgo [de una inversión], mejor dejar pasar la oportunidad”. Sin embargo, hoy en día, con las preferentes, los depósitos estructurados y las OPV de bancos ¿en qué medida nuestro problema en España está motivado por inversores que no se informaron, o más bien que no fueron informados? ¿cómo podemos saber cuándo no tengo la información suficiente en finanzas?

Muy buena pregunta. Realmente es difícil establecer un límite, un nivel de conocimientos del producto suficiente. Solo se puede apelar al sentido común. Se trata de responderte a la pregunta: “¿Cuál es el riesgo de este producto que me ofrecen?”. Por ejemplo, “si estas preferentes me pagan un 8% y los depósitos el 4%… ¿qué riesgo estoy asumiendo por ese mayor interés?” “Si un banco me ofrece un depósito al 5% y otro al 2%… ¿Por qué el primero me paga más?” “Si veo que Bitcoin está disparado y quiero comprar… ¿Qué puede hacerme perder mi dinero?” Si no nos sabemos responder, mejor buscar otra opción, a no ser que tengamos un asesor financiero alineado con nuestros intereses o a inversores de confianza con mayores conocimientos.

:: Para terminar, una pregunta difícil ¿Es posible separar Economía de Política? Por favor, responde sincero, como en tu libro, sin tecnicismos complejos que enmascaren la explicación.

No. Absolutamente imposible. Una anécdota. Tuve la suerte de estar en la redacción fundacional del diario elEconomista, que coincidió con los meses clave de la guerra de opas sobre Endesa en la que había claros intereses políticos al respecto. Hicimos una rueda de prensa de lanzamiento del periódico y al director le preguntaron qué orientación política tendría. Cuando dijo que éramos neutrales, el periodista preguntó: Vale, ¿qué línea editorial tendréis en la opa sobre Endesa?

Estoy bastante de acuerdo con Anatole Kaletsky, autor de Capitalism 4.0, quien considera que se trata de una relación que se mantendrá a lo largo del tiempo y que irá evolucionando en función de quien parezca tener más culpa en las crisis que se vayan sucediendo: los sistemas políticos o los mercados.

Artículo escrito por Andrés Alonso

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