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Nassim Taleb: “Los humanos tenemos miedo de vivir en un mundo que no entendemos”


Consejo Editorial
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Os invitamos a ver dos videos que, aunque un poco largos, creemos merecen la pena. Nassim Taleb es una referencia intelectual de primera línea, y más en tiempos de caos y de crisis, porque combina con gran lucidez la lógica matemática con la lógica de un profesor de filosofía. Sus libros, en castellano: El Cisne Negro y ¿Existe la Suerte?, quizás se conviertan en lectura obligada en las facultades.

Si, después de los vídeos os quedáis con ganas, os invitamos a leer un pasaje de “¿Existe la Suerte?” realmente interesante. Citamos textualmente:

¿Quién te has creído que eres para decir que, tal vez, sólo he tenido suerte en mi vida? Bueno, nadie cree realmente que haya tenido suerte. Mi planteamiento es que, con nuestro motor Montecarlo, podemos fabricar situaciones puramente aleatorias. Podemos hacer exactamente lo contrario que los métodos convencionales; en vez de analizar a gente real en busca de atributos, podemos crear gente artificial con atributos perfectamente conocidos. Así, podemos fabricar situaciones que dependen de la pura suerte sin adulterar, sin la sombra de habilidades. En otras palabras, podemos fabricar auténticos Don Nadie de los que reírnos; estarían, por diseño, desprovistos de la más mínima sombra de habilidades (exactamente como un fármaco placebo).

La gente cree que puede sobrevivir gracias a rasgos que se ajustan, momentáneamente, a una determinada estructura del azar. Aquí analizamos una situación mucho más sencilla en la que conocemos la estructura del azar, el primero de estos ejercicios es el refinamiento del antiguo dicho popular según el cual incluso un reloj roto acierta dos veces al día. Lo vamos a llevar un poco más lejos para demostrar que la estadística es un cuchillo que corta por los dos lados. Vamos a utilizar el generador Montecarlo y crear una población de 10.000 gestores ficticios de inversores. Suponga que cada uno tiene un juego perfectamente justo: cada uno tiene una probabilidad del 50% de ganar al final de año 10.000 €, y una probabilidad del 50% de perder 10.000 €.

Vamos a introducir una restricción adicional: en cuanto un gestor tenga un solo año malo se queda fuera de la muestra, “adiós, y que tengas una vida agradable”. Así, actuaremos como el legendario especulador George Soros, de quien se dice que dijo a sus gestores, reunidos en una habitación: “la mitad de vosotros estaréis fuera el año que viene”. Al igual que Soros, tenemos unos estándares muy elevados; estamos buscando simplemente a los gestores con un historial intachable. No tenemos ninguna paciencia con los que no tienen un buen rendimiento.

El generador Montecarlo tirará una moneda al aire: si sale cara, el gestor ganará 10.000 € en el año; si sale cruz, perderá 10.000 euros. Lo ejecutamos para el primer año. Al final del año, esperamos que 5.000 gestores tengan 10.000 € más cada uno y que 5.000 tengas 10.000 € menos. Ahora ejecutamos el juego un segundo año. De nuevos, podemos esperar que 2.500 gestores hayan subido dos años consecutivos; otro año, 1.250, un cuarto año, 625; un quinto, 313. Ahora tenemos, sencillamente, un juego justo, 313 gestores que han ganado dinero cinco años consecutivos por pura suerte.

Ahora bien, si ponemos a algunos de estos operadores de éxito en el mundo real, obtendremos comentarios muy interesantes y útiles sobre su notable estilo, su incisiva mente, y las influencias que les han ayudado a lograr semejante éxito. Algunos analistas pueden atribuir sus logros a precisos elementos de sus experiencias infantiles. Su biógrafo se concentrará en los maravillosos modelos que constituyeron sus padres; tendríamos fotografías en blanco y negro en medio del libro, mostrando al gran cerebro en crecimiento. El siguiente año, si deja de tener el rendimiento superior (recuerde que la probabilidad de que tenga un buen año sigue siendo un 50%), empezarían a acusarle, encontrando fallos en la relajación de su ética profesional, o en su disipado estilo de vida. Encontrarán algo que no hacía antes, cuando tenía éxito, y que, posteriormente, dejó de hacer, y atribuirán su fracaso a eso. Sin embargo, lo cierto es que, sencillamente, ya no tuvo suerte.

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