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Liderando la recuperación mundial


Andrés Alonso
Liderando la recuperación mundial
Jonás Fernández es Socio de Sintetia.com, director del Servicio de Estudios de Solchaga Recio & asociados y profesor asociado de la Universidad Carlos III de Madrid. Artículo publicado en “El País Negocios”, 11 de julio 2010 El Fondo Monetario Internacional ha actualizado esta semana sus previsiones de crecimiento. América Latina registraba una mejora de casi un punto para este año, de modo que la previsión de crecimiento del organismo multilateral se ha situado en el 4,8%. Esta evolución contrasta con las pobres perspectivas para las economías avanzadas (2,6%) y especialmente para la zona euro (1%). Esta rápida recuperación se une, además, a la moderada contracción de la actividad en 2009 (-1,8%) que contrasta con el duro ajuste en las economías desarrolladas (-3,2%). Así pues, América Latina no solo ha sufrido menos la intempestiva crisis financiera internacional, sino que también enfrenta una recuperación más rápida y sólida de lo esperado. Resulta recomendable estudiar las razones que han permitido a América Latina pasar por esta crisis global sin precipitarse hacia profundas recesiones como en episodios previos. En este sentido, es justo vindicar la gestión ortodoxa en la mayoría y en los más importantes países de la región de su política monetaria y fiscal, así como el diseño de un marco regulador estable en el sector financiero durante la última década. Sin duda, el Consenso de Washington, criticable por maximalista en algunos aspectos (como la movilidad plena de capitales) y por incompleto en otros (reformas microeconómicas y perspectiva institucional), ha servido para disciplinar a buena parte de los gobiernos de la región. De este modo, en esta ocasión el sector público ha logrado impulsar políticas fiscales y monetarias contracíclicas, muy lejos de las políticas de ajuste que necesitaron implementar en episodios previos para corregir crisis cambiarias, soberanas y/o financieras que se precipitaron tras shocks exógenos como el actual. Además, por primera vez también, la región parece estar teniendo buena suerte. La emersión de las economías china e india en el mercado mundial está aportando a buena parte del continente una demanda externa sostenida que ha mantenido en niveles elevados los precios de sus exportaciones y proporcionado una nueva fuente de inversión extranjera. Con todo, la región presenta un alto grado de heterogeneidad que permite observar la respuesta de la crisis desde distintas perspectivas. Por una parte, aquellas economías con políticas económicas sensatas, como Brasil, México, Colombia, Chile, Uruguay o Perú, han tenido margen de maniobra para sostener la actividad en las peores fases de la crisis y en el caso de los exportadores de materias primas, concentrados en Sudamérica, la demanda asiática les ha conducido a una muy rápida recuperación. Entre ellos, debemos destacar por su influencia la evolución de Brasil, que ha sabido desplegar una política económica ortodoxa y desarrollar nuevas instituciones sociales. Este modelo ha alimentado a su vez una demanda interna sostenida derivada de una creciente clase media que tiñe al país de una sociología económica diametralmente opuesta a la del siglo pasado, de modo que el futuro que predecía Stefan Zweig parece ya presente. Por otra parte, entre aquellos países con peor gestión económica (Argentina, Bolivia o Venezuela), algunos están logrando recuperarse en exclusiva gracias a los precios de sus exportaciones, pero en otros casos como en Venezuela ni el petróleo salvará al país de una profunda y larga depresión. En el resto, la ausencia de una estrategia económica coherente, aun cuando la demanda externa logre contener los efectos negativos a corto plazo, mantiene pendiente serios desequilibrios a purgar en algún momento. Por último, Centroamérica y el Caribe enfrentan una recuperación más lenta debido a su dependencia del crecimiento de las economías desarrolladas vía remesas y turismo. En fin, América Latina ha logrado mantener el barco a flote durante una de las peores crisis que se recuerdan y ha recuperado rápidamente niveles de crecimiento aún superiores a los registrados durante la parte alcista del último boom. Sin embargo, los retos pendientes aún siguen siendo hercúleos y están concentrados en factores institucionales y microeconómicos. En general, la región necesita un sector público más eficiente con capacidad para la provisión de bienes públicos esenciales, especialmente educación, sanidad e infraestructuras, así como de una estrategia directa contra la pobreza. Para ello, es urgente una revisión de la estructura impositiva para ampliar sustancialmente las bases tributarias. Además, las economías de la región continúan muy segmentadas debido a la pobre evolución de los acuerdos comerciales y algunos mercados claves continúan en regímenes de oligopolio, públicos y privados, que limitan la capacidad de crecimiento. Así pues, parece urgente la reactivación de un nuevo consenso que incorpore cuestiones institucionales y microeconómicas con las que situar a la región en velocidad de crucero hacia el desarrollo, manteniendo la prudente gestión macroeconómica para mitigar a corto plazo los efectos de sobrecalentamiento en algunas economías como Brasil. Leer el artículo en El País Negocios.
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