Financiación empresarial: el sudoku continúa

3 mayo 2011
La necesidad de garantías para contar con financiación empresarial

Hace unos meses publiqué un artículo que denominé «El sudoku financiero». En él explicaba cómo tendía a ser la financiación de las empresas industriales y la importancia de la deuda a corto plazo. Básicamente, se argumentaba que los aprovisionamientos (materias primas) y el funcionamiento ordinario, se financiaban -antes de la crisis- con mucha facilidad, y a coste muy bajo, a través de líneas de crédito a un año que se renovaban prácticamente de forma automática.

También comentaba que la crisis lo que trajo consigo fue un cierre de muchas de esas líneas, que acompañado de una caída de ventas muy elevada generó la necesidad de afrontar medidas drásticas. Primero, para devolver las deudas a corto plazo y, segundo, para poder afrontar las pérdidas, porque éstas a su vez son una fuente de nuevas necesidades financieras.

Por último, otra de las ideas fuerza es que el inicio de la crisis generó despidos masivos prácticamente un año después, cuando esa financiación a corto plazo empezaba a caducar y los ajustes eran más que urgentes.

Un año después de aquel artículo, las cosas han cambiado, a peor. Las ventas no se han recuperado de forma sostenible, así lo muestran los grandes indicadores de producción industrial o índice de comercio minorista. El empleo no crece y sigue existiendo una demanda interna aún débil.

En este contexto, el sistema financiero está saliendo de la Unidad de Cuidados Intensivos (UCI). Pero lo hace de forma muy lenta, poquito a poco. El riesgo latente en sus balances es muy notable, la sensibilidad a la hora de prestar dinero es muy elevada; las garantías hipotecarias ya no sirven (es un hecho) sino no van acompañadas de un plan de viabilidad y de negocio muy solvente, con un contabilidad muy bien estructurada y con una credibilidad como empresa muy arraigada.

Hoy es más fácil que un banco se preocupe por ti y te ayude si tienes un gran endeudamiento con él que si no tienes endeudamiento. Parece un contrasentido pero es la experiencia personal que estoy viviendo desde hace meses. El ahogamiento de la devolución de los préstamos, la no renovación constante de las líneas de crédito y la caída de las ventas, son tres ingredientes suficientes para estar en el cóctel de “empresa en apuros”.

Los bancos, ante la imposibilidad de devolver el principal y los intereses contraídos, están entrando a valorar posibilidades para alargar plazos o fórmulas alternativas para no incrementar su morosidad. Una de las formas más utilizadas últimamente es “prestamizar”, es decir, convertir en préstamo lo que antes era una línea de crédito. La diferencia es sumamente importante: con una línea pagas según la utilices, un préstamo pagas siempre -lo uses o no-. Pero esto está generando algún que otro problema, si las ventas no se recuperan y el resto de bancos tratan de hacer lo mismo, la devolución de estos préstamos se convierte en un verdadero sudoku.

Por ello, el ahogamiento financiero en el tejido empresarial español empieza a ser un hecho irrefutable. De hecho, el propio profesor Joaquín Maudós, en un artículo en Cinco Días, lo deja muy claro: «Las empresas españolas tienen más restricciones en el acceso al crédito bancario que las de otros países europeos y menos perspectivas de que la situación mejore a corto plazo, con una situación mucho peor para las pymes que para las grandes empresas».

Si tus ventas caen, te asfixia la devolución de una deuda contraída en épocas de bonanza y del “todo lleno y dinero barato”. Si la crisis empieza a remitir y las ventas empiezan a crecer, las necesidades financieras para el día a día crecen y no hay bancos que tiendan a ayudarte, sobre todo si vienes de una profunda crisis interna, aún con pérdidas contables notables y debilidad de tus fondos propios. Los datos del Banco de España así lo indican ( boletín económico de marzo 2011)

Cuando hablas de garantías hipotecarias las cosas se ponen difíciles. Un importante directivo de una entidad nacional nos decía la semana pasada: “nosotros estamos vendiendo muchos locales, tras la fusión. ¿Para qué quiero sus locales, aunque estén libres de cargas?” Esta pregunta es demoledora, y demuestra que la credibilidad tiene que estar fundamentada en el plan de negocio, en la estrategia empresarial, en la credibilidad de estar limpio en morosidad con terceros, en demostrar que has hecho lo correcto cuando era necesario y que sigues vivo y con muchas fuerzas.

Pero todo ello es muy difícil de conseguir. Es difícil encontrar empresas en beneficios en época de profunda crisis. Es difícil encontrar a empresas que hayan tenido que acometer fuertes despidos y abonar importantes indemnizaciones y que tengan contabilidades saneadas. Es difícil demostrar una recuperación de las ventas cuando el país está sumido en una gran incertidumbre. Y es difícil que preste dinero una entidad financiera que ella misma tiene muchas dificultades para lograr en los mercados internacionales.

La innovación, como decía Steve Jobs, no va de dinero, va de personas. Pero sin dinero tampoco se puede innovar, porque necesitas contratar a personas con talento, necesitas probar cosas, aunque no te generen ingresos inmediatos; lo mismo ocurre para exportar. ¿Se exporta sin más? La respuesta es que no, se precisa caminar muy despacio, explorar, gastar, articular un modelo de negocio adecuado. Si no estamos suficientemente entrenados en innovar ni en exportar, no seremos creíbles y tendremos una fuerte debilidad frente a entidades financieras.

La crisis nos ha conducido a una situación donde hemos acumulado un gran endeudamiento en las empresas, y ahora toca devolverlo. No somos capaces de hacerlo con garantías. A la vez no se recuperan las ventas en los mercados que conocemos. Nos toca hacer cosas nuevas y venderlas en otros mercados. Y patinamos en el intento. Al no estar entrenados, perdemos credibilidad, las garantías hipotecarias han perdido valor. Y lo que cuenta son garantías de modelo de negocio, disponer de un plan estratégico muy articulado, pensado y creíble. Y, sobre todo, convencer de que sabes cómo resolver en la que estás metido.

Muchas empresas tienen todos estos condimentos, y no tendrán -tienen- problemas para sortear la crisis y mejorar, incluso, sus cuotas de mercado. Pero otras muchas, pero muchas más que las anteriores, no están entrenadas. No saben cómo actuar. Están ahogadas por superar su pasado y no tienen oxígeno para pensar en el futuro. De lleno se han metido en un callejón sin salida y sin capacidad de reacción. La tragedia está en que abordar nuevas soluciones en este contexto es algo sumamente complejo. Y esto es quizás lo que explica la incertidumbre generalizada y el problema estructural de la economía española.

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Artículo escrito por Javier García

Editor de Sintetia

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