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El nacimiento de la filosofía o lecciones sobre innovación


Juan Sobejano
El nacimiento de la filosofía o lecciones...
Cuando estudiaba filosofía, una de las cosas que más me maravillaba era el salto que los filósofos milesios dieron en su pensamiento para pasar de uno puramente religioso a otro en el que la razón científica marcaba el camino a seguir. Siempre pensé que ése fue posiblemente uno de los saltos más grandes que el hombre ha dado en su evolución intelectual.

Imagínense por un momento lo que puede suponer comprender el mundo desde una explicación religiosa, que ofrece respuestas más o menos sencillas a los fenómenos que nos rodean, que no supone por parte del hombre una reflexión una construcción teórica, sino una comprensión del lenguaje divino. Imagínense lo que es vivir de la mano de seres superiores que dan sentido a la existencia, y pasar a sentirse huérfano intelectualmente, sólo frente a la realidad, teniendo que comprenderla, interpretarla, conocerla, saberla de nuevo. El hombre solitario frente al mundo. El salto es brutal, y sólo se podía dar en la antigua Grecia. Hablaba el otro día con mi amiga Luz Suárez, profesora de filosofía, y me decía: “es así, Juan, sólo pudo pasar en Grecia, un país pobre que para subsistir tenía que conquistar otras tierras, salir de su casa, y que además no trataba de imponer a sus dioses, sino comprender e integrar a los de esos territorios ocupados”. De hecho es significativo que los primeros filósofos fueran los milesios, nacidos no en el centro de Grecia, sino en las colonias de Asia Menor. Teorías sobre el nacimiento de la filosofía Por supuesto hay muchas teorías sobre las razones de ese nacimiento de la filosofía en Grecia. He de aclarar antes de continuar que no pretendo ser etnocéntrico en mis reflexiones, y que entiendo que hay un pensamiento muy poderoso en Asia con una serie de escuelas muy importantes, incluso anteriores a la griega. Sin embargo me quiero centrar en el pensamiento y la filosofía occidental, para no ramificar la reflexión. Como digo, hay varias teorías sobre el origen del pensamiento filosófico occidental. Ni que decir tiene que ese salto del pensamiento mítico o religioso al filosófico natural no fue brusco, sino que siguió un proceso gradual, pero que tuvo en los filósofos milesios (Tales, Anaximandro y Anaxímenes) a los que dieron el primer paso.  Tenemos por un lado las teorías de John Burnet, que habla del nacimiento de la filosofía como fruto de la genialidad del pueblo griego, obviando por tanto cualquier elemento histórico o social. Es, evidentemente, una teoría coja. Por su parte Francis Macdonald Cornford, en obras como Principium Sapientiae, considera que el pensamiento filosófico es una evolución del pensamiento mítico y religioso. De ese modo se observa una continuidad que se hace muy evidente en la obra de los poetas. Así, Hesíodo, en obras como Teogonía, ofrece una descripción del universo desde una visión mítica, pero al mismo tiempo desarrolla un modelo estructurado y lógico desde su visión. El pensamiento filosófico no es sino el despojarse de esas vestimentas míticas y hacer que los poetas evolucionen hacia una forma de reflexión más independiente del mito y la religión. Jean-Pierre Vernant sigue esta línea en libros como Mito y Pensamiento en la Grecia Antigua, donde además introduce reflexiones contextuales socioculturales, políticas y económicas. De ese modo ve como hay elementos clave que facilitan la transición del pensamiento mítico-religioso al filosófico, como pueden ser la inexistencia de una casta de sacerdotes, la existencia de las ciudades y las concentraciones urbanas, la importancia del sabio como figura central de la vida griega, la difusión pública del saber, la libertad individual como centro de la vida política y social, la importancia de los poetas y las particularidades de la religión griega. Vamos con cada una de ellas y veamos por qué pueden ser importantes para nosotros. Ausencia de castas sacerdotales No existe el dogma, no hay grupos minoritarios que controlen el saber, en este caso religioso, ni imponga reglas inamovibles. La ausencia de castas de sacerdotes facilita la libertad de pensamiento. La religión tiene un claro componente civil. Del mismo modo parece fundamental que hoy en día enfoquemos no sólo la innovación, sino cualquier avance en el pensamiento desde la ausencia de grupos de privilegio que mediatizan nuestras reflexiones y dirigen nuestro razonamiento. Y es complicado, todos tendemos a la búsqueda del grupo y de la referencia, lo que en sí no es malo si somos capaces de, en un momento dado, de cuestionar esa referencia elegida. Existencia de las ciudades Las ciudades y las agrupaciones poblacionales con una densidad razonable generan un entorno muy apropiado para, con otros elementos, facilitar la creación y difusión de conocimiento. Ya los trabajos de Richard Florida muestran cómo determinados entornos densamente poblados facilitan la generación de redes de relaciones y comunicación que impulsa la creatividad y el pensamiento, en muchos casos divergente. El valor de la inteligencia colectiva es infinitamente mayor que el de individualidades aisladas. Entornos de múltiples nodos y fuentes de información favorece la riqueza del conocimiento generado y compartido. Un entorno así convenientemente movilizado en un entorno con un gran potencial innovador. El sabio como figura central Es importante tener referentes. La ausencia de castas favorece la libertad de pensamiento, pero la posibilidad de fijar nuestra atención en un sabio en concreto nos permite fijar la reflexión en torno a un modelo con el que trabajar. Indudablemente ese referente ha de ser crítico, nunca dogmático, pero sí es útil beber de los saberes de ese sabio que ha sistematizado el pensamiento anterior y su propio pensamiento. La razón no es inocente, sobre todo porque, sobre todo si hablamos de filosofía, estamos hablando de interpretación, no de descripción. Y debemos ser capaces de interpretar, de ofrecer una visión propia y razonada de la innovación y de los proyectos innovadores en los que nos involucremos. No hay una solución perfecta, por lo que resulta aconsejable partir de un modelo para, en adelante, construir y reinterpretar. Difusión pública del saber El conocimiento y el saber tienen valor en cuanto que se usa, no cuando se poseen. Cuando Grecia utiliza esa difusión del saber como parte de su modelo político y social está enriqueciendo poderosamente la mente y la razón de sus ciudadanos, está favoreciendo la construcción de entornos llenos de saber y de posibilidades de desarrollo. El saber es posiblemente la primera fuente de riqueza. No comprender esto genera un profundo impacto negativo en los entornos a los que esta carencia afecta. La libertad individual El saber y el conocimiento o es libre o no es. O es libre o es otra cosa (fe, creencia…). La innovación sólo es posible en un entorno donde los individuos sean capaces de manifestarse en libertad. Las organizaciones piramidales, con un fuerte control sobre la información y la libertad de sus miembros, son malos entornos para la innovación. Las continuas barreras que se crean desaniman al individuo que quiere desarrollar proyectos innovadores y que se salga de los órdenes y límites establecidos. La importancia de los poetas En la antigua Grecia los poetas forman parte del grupo de creadores y gestores del conocimiento. Como dice W. K. C. Guthrie en su monumental obra Historia de la Filosofía Griega, el poeta mira al interior del ser humano, mientras que el filósofo mira hacia afuera, mira el mundo. Es importante tener muy en cuenta que el conocimiento no puede ser nunca un conocimiento compartimentado, sino que por el contrario se nutre de múltiples fuentes y visiones que lo enriquecen y mejoran. Particularidades de la religión griega Como he comentado antes, la religión es una religión abierta, no propiedad de unos pocos. Este hecho permite entrenar la mente contra los dogmatismos y comprender que no existe una verdad absoluta. El griego no pertenece a un grupo por creer en un dios, sino que cree en un dios en cuanto que pertenece a un determinado grupo. De este modo el salto de la religión a la filosofía no es visto como una traición, sino que es una respuesta más a la interpretación del mundo. La libertad es clave en los modelos de reflexión de la innovación. Sin esa libertad es imposible desarrollar un pensamiento mínimamente innovador. Y esa libertad implica también asumir su uso y funcionamiento. En mis clases con emprendedores observo como se autoimponen límites, como es complicado conseguir que ofrezcan visiones disruptivas de la realidad. El nacimiento de la filosofía, en suma, es un ejemplo de las enormes ventajas que ofrece apostar por un conocimiento compartido, libre y ajeno a límites externos. Los griegos no abrazaron un nuevo conocimiento renegando del anterior (el religioso), sino que fueron capaces de cohesionar y administrar ambas visiones del mundo de manera estable y natural, para ir adentrándose poco a poco en la filosofía como enfoque y modelo de interpretación más poderoso. Trabajar con la innovación no implica romper con el pasado, hacer tabla rasa, sino asumir todo el conocimiento anterior para construir nuevas soluciones a viejos o nuevos problemas, pero desde una base sólida.
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