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Clint Eastwood: 90 años de buen cine… y un decálogo de buen Management.

el gran Eastwood empezó su carrera como John Wayne y a este ritmo la acabará como John Ford…


Enrique de Mora
Clint Eastwood: 90 años de buen cine… y un...

Este 31 de mayo, Clint Eastwood ha cumplido 90 años. Repito, noventa años. ¿Pasa sus días jugando al dominó, tomando el sol en la plaza del pueblo con sus coetáneos o pescando plácidamente? No precisamente… Está pensando en su siguiente proyecto, casi sin saborear las mieles del estreno de su última película, ‘Richard Jewell’ (2019), sobre el atentado ocurrido durante los Juegos Olímpicos de Atlanta 96. Y hace tan sólo dos años que rodó y estrenó “Mula”, en la que ha sido su última interpretación hasta la fecha.

Haga lo que haga, Clint Eastwood es ya el último mito viviente del cine clásico. Ha sido y sigue siendo un trabajador incansable. Una de sus características es que llega a los 90 años conjugando en presente el verbo trabajar, como menciona un artículo de ABC.

A estas alturas de la película, valga la expresión, cada seguidor tiene su propia clasificación de obras maestras del incombustible director. Algunas que no dejan lugar a dudas son ‘El jinete pálido’, ‘Bird’, ‘Mystic River’, ‘Sin perdón’, ‘Million Dollar Baby’ y  ‘‘Gran Torino’. Se considera de manera casi unánime que su primera obra maestra de Eastwood fue ‘Bird’ (1988) —su espectacular retrato del saxofonista de jazz Charlie Parker—, pero…, realmente fue gracias al western ‘El jinete pálido’ cuando empezó a ser reconocido y tomado definitiva —y universalmente— en serio tras la presentación de la película en el Festival de Cannes de 1985. En febrero de ese año, el prestigioso “New York Times” publicó un artículo titulado “Clint Eastwood seriously” que reflejaba bien a las claras el cambio de actitud que la crítica norteamericana experimentó respecto al cine del californiano. Eastwood se ganaba definitivamente los primeros retazos de esa vitola de respetabilidad de la que goza ahora…

La cuestión es que Clint Eastwood ha dirigido casi cuarenta películas, treinta y ocho para ser exactos, y ha ganado cuatro Oscar (dos al mejor director, por “Sin perdón” y “Million Dollar Baby”). Su currículo cinematográfico se completa con unas 60 películas como actor y unas 30 como productor. A estas alturas de su vida, se han escrito decenas de libros sobre Eastwood y centenares de reportajes y artículos —hagan un repaso por la prensa de estos días, con ocasión de su nonagésimo cumpleaños—.

Uno de los libros más vendidos fue la biografía escrita por Patrick McGilligan, promocionada con la advertencia de que no había sido autorizada por Clint Eastwood. En ella se desvelaban detalles más o menos escabrosos de su también intensa vida amorosa y aspectos relativos a su inmensa fortuna y a su notable capacidad para no gastar un dólar en vano: también goza de un lugar de honor entre los tacaños de Hollywood. Para darle un toque de humor, lo de “por un puñado de dólares” tuvo algo de premonitorio…

Pero no sólo se publican incesantemente libros y artículos sobre el director de San Francisco. Eastwood inspira y emociona a gente de toda edad y condición, por ejemplo, a grupos musicales como Oddjob, un quinteto sueco que le dedicó un disco, “Clint”. Es una pequeña joya para los seguidores de Eastwood y para los amantes de la música, ya que revisa en clave de jazz-rock parte de las bandas sonoras de su filmografía. De hecho, según la revista “Rolling Stone”, existen 23 canciones –pop, rock, country o incluso punk— de diferentes intérpretes rindiéndole homenaje.

No falta la representación española, de la mano del grupo mallorquín Antònia Font, que incluye el tema “Clint Eastwood” en su disco “Lamparetes”. Cuando desvelo mi atracción por Clint Eastwood y por la mayoría de sus obras, descubro la fascinación que ejerce sobre gente muy variopinta. No gusta ni mucho menos sólo a hombres rudos y amantes del western o de las películas policíacas, como podía suceder en sus inicios. 

Casi todo empezó en 1964, concretamente, en el desierto de Tabernas (Almería)… Allí, el todavía poco conocido actor norteamericano protagonizó “Por un puñado de dólares”, el primero de tres westerns de éxito dirigidos por un tal Sergio Leone… Como es sabido, los otros dos, también rodados en Almería y en otros lugares de España, fueron “La muerte tenía un precio” (1965) y “El bueno, el feo y el malo” (1966). Esta trilogía le lanzó al estrellato mundial. Aun así, tras sus primeros papeles individualistas y duros (el pistolero de ceño fruncido dio paso al autoritario, frío y amoral inspector de policía “Harry el sucio”), Eastwood convivió con cierta estigmatización y el encasillamiento por parte de la crítica. No obstante, en los 70 descolocó a esta última al empezar a dirigir películas a cuál más interesante.

Y fue en la década de los 80 cuando mostró definitivamente al mundo su riqueza y versatilidad cinematográfica, abordando magistralmente el mundo de la música (“El aventurero de medianoche”, “Bird”), el del lejano oeste (“El Jinete Pálido”) e incluso el del propio cine (“Cazador blanco, corazón negro”).

Como actor, aunque no ha desplegado nunca un gran abanico de registros interpretativos, hace ya mucho tiempo que la crítica coincide en considerar que Eastwood no actúa, sino que simplemente está y que es su presencia la que produce la magia…

El conocido crítico Carlos Boyero dice: “En sus hondas y lacerantes radiografías de gente herida y perdida en la tierra de las oportunidades, en su permanente indagación del lado oscuro y de los sueños rotos, ese señor llamado Clint Eastwood, alguien que puede contar las historias más complejas y los sentimientos más intensos con la sencillez, la capacidad de sugerencia, la inquietud, el lirismo bronco y la fuerza expresiva de los clásicos, calcula con extrema lucidez la conveniencia o inconveniencia de plantar su legendaria figura delante de la cámara. Yo siempre agradezco su presencia, su humanidad, su dureza, su soterrada ternura, su peligro, su hombría. También que no sea complaciente, ni mentiroso, ni autocompasivo con el sombrío futuro de los finalmente desolados personajes que representa.”

Con el paso del tiempo, Eastwood se reveló como alguien que intentaba ser profundamente coherente consigo mismo. Tuvo que “enfrentarse” a estereotipos y cábalas sobre su ideología y, en lugar de enzarzarse en desmentidos y justificaciones, optó por construir calladamente una de las más sólidas carreras de la historia del cine.

Parece claro que a través de sus películas emprendió una inteligente, pausada y trabajada labor de deconstrucción de su primera imagen cultural, aquella que le identificaba con el prototipo del pistolero solitario o del inspector de policía fascistoide. Y así, “deconstruyendo” estereotipos y construyendo arte, llegaron en los 90 y en la primera década del siglo actual algunas de las obras redondas ya enumeradas. Hoy en día, ya no hay quien tosa a Clint Eastwood. Es un cineasta heterodoxo, que explora permanentemente nuevos territorios cinematográficos y logra en sus obras una explosiva combinación de tradición e innovación.

Eastwood tuvo desde muy pronto la ambición de controlar su carrera cinematográfica, lo cual irremisiblemente pasaba por disponer de su propia productora. Casi 50 años después de su fundación, Malpaso Productions sigue reflejando el carácter austero de Eastwood, quien insiste en gastar el mínimo dinero posible (y, por tanto, el mínimo tiempo de rodaje) y siempre en cosas necesarias.

Abundando en este aspecto, tan importante desde una faceta empresarial, en una entrevista que le hicieron hace tres años en Cannes, el director explicó: “Me gustan las primeras tomas porque nunca lograrás igualar la sorpresa de oír por primera vez un diálogo. Algunos de mis maestros, como Don Siegel, lo hacían así. Por eso tampoco me gustan los ensayos, porque si repites muchos los diálogos se vuelven monótonos. El análisis lleva a la parálisis, decía Don. Él era muy eficiente… claro que siempre se quejaba de los productores. Rodaba rápido porque pensaba rápido. En realidad, yo estuve durante los años cincuenta haciendo papeles de cualquier tamaño tanto en cine como en televisión, y ahí aprendí mucho”.

Eastwood, ha ejercido y ejerce de actor, director y productor, lo que, empresarialmente, equivaldría a empleado, directivo y empresario. Podemos establecer un decálogo de aquellos rasgos de Clint Eastwood especialmente aplicables al Management:

1.- Autocontrol, contención y sobriedad. Domina el arte de callar.

2.- Apertura, ganas de explorar nuevos territorios, asumiendo riesgos.

3.- Identidad y estilo propio. “Presencia escénica”.

4.- Atracción por la simplicidad y la “descomplicación”.

5.- Emprendedor, iniciativa. Capacidad de crear y profundo sentido de la libertad.

6.- Sentido del humor. Capacidad de observar las situaciones desde la distancia, “neutralizando” las conflictivas a través de la ironía y la socarronería.

7.- Voluntad de aprender y evolución constante.

8.- Claridad de retos y objetivos, con escrupulosa planificación y control.

9.- Gran capacidad de trabajo, no sólo alimentada de rigor y profesionalidad, sino también de eficacia y eficiencia.

10.- Pasión y compromiso.

Repasando el decálogo en cuestión, nos podemos preguntar si no nos gustaría disponer de colaboradores, compañeros o jefes que cumplieran las características descritas…

Dado que Eastwood desafía abiertamente las leyes biológicas del envejecimiento, esperemos que le quede cuerda para rato. El propio Eastwood es terminante respecto a la vejez: “Lo mejor es no tomársela en serio, eso es lo que yo hago”. Y eso parece explicar que siga trabajando a un ritmo más propio de otras edades… Como leí hace un tiempo, el gran Eastwood empezó su carrera como John Wayne y a este ritmo la acabará como John Ford…

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