Publicaciones de Xavier Ferrás

Ingeniero de Telecomunicaciones por la UPC. Master in Business Administration (MBA) por ESADE. Doctor en Management Sciences (UB). Experto en innovación y transformación digital. Ha sido Decano de la Facultad de Empresa de la Universidad Central de Catalunya. Articulista habitual en La Vanguardia y ViaEmpresa, entre otros medios de comunicación.Es miembro del Consejo Asesor de AMEC (Asociación de Empresas Industriales Internacionalizadas), de AMETIC (Asociación de Empresas TIC), de la Fundación PIMEC (Petita i Mitjana Empresa de Catalunya), de IND+I (Iniciativa por la Industria y la Innovación de Viladecans), y miembro del consejo de expertos de COTEC. Ha sido director del Centro de Innovación Empresarial de ACCIO (Agencia Catalana de Competitividad), con responsabilidades sobre las políticas de desarrollo de clústeres, I+D y transferencia de tecnología en Catalunya.

Japón desarrolló un potente sistema de innovación organizativa basada en la mejora contínua. Fue llamado “kai-zen” (algo así como mejora por el cambio). El kaizen permitió a la industria japonesa resurgir de las cenizas de la II Guerra Mundial, desarrollar sectores globalmente competitivos (como los de automoción o electrónica de consumo) y batir a los grandes rivales norteamericanos y europeos, hasta convertirse en la segunda economía mundial, sólo superada recientemente por China.

Contra todo pronóstico (al menos en el continente), y contra el sentido común, el Reino Unido ha decidido salir de la Unión Europea. Otro acontecimiento inesperado. Otro evento disruptivo de naturaleza geopolítica que va a impactar de forma decisiva en centenares de miles de empresas en todo el globo. La libra se deprecia y cae a niveles de principios de los 80.

Hace poco se presentó el Informe COTEC 2016 sobre la innovación en España. Por séptimo año consecutivo cae la inversión en I+D en la economía española. Hemos conseguido el lamentable hito de llegar al 1,23% de inversión en I+D sobre PIB, cifra que anticipa cómo será la competitividad de los años venideros: precaria, basada en bajos costes e intensiva en servicios y sectores de baja productividad.

Hace pocos días, The Economist mostraba que la suma del valor bursátil de las grandes empresas digitales norteamericanas (Apple, Google, Microsoft, Amazon y Facebook) era 5 veces superior al de los gigantes manufactureros germanos (Daimler, Siemens, BMW, Volkswagen y Continental).Sólo Facebook tiene un valor en los mercados financieros mayor al de Daimler, Siemens y BMW juntas. ¿Es normal este hecho?

En los últimos tiempos está cambiando de forma acelerada la idea que teníamos del proceso innovador. La innovación se ha convertido en el verdadero proceso estratégico de toda organización que quiera triunfar o, como mínimo sobrevivir, en un mundo de cambio exponencial. El proceso innovador, que se empezó a describir en la literatura de management como un proceso de naturaleza lineal, con principio en la I+D y final en el mercado, se ha tornado algo mucho más complejo, interactivo y social.

Demasiado a menudo oímos debates sobre los “sectores estratégicos de la economía”. Y en muchas ocasiones, los opinadores de turno hablan de “apuestas” por uno u otro sector. ¡Pobre economía si la dejamos en manos de jugadores de póker! Existen corrientes de pensamiento económico que tienen aversión a la selección de “sectores estratégicos” como motores de la economía de los países.

En los próximos años vamos a asistir a una encarnizada guerra por el control del comercio directo a consumidor (B2C) entre las ya llamadas “Big Four”: Google, Apple, Facebook y Amazon competirán a muerte por el control de los datos de usuario, y por ofrecer la oferta más ubicua, ergonómica y usable en clave de experiencia de consumidor para venderle todo lo que sea susceptible de ser vendido.

Hay gente que todavía cree que esto de la innovación va de post-its. Montamos unos cuantos eventos para emprendedores, buscamos un coach, llenamos algunas paredes de post-its de colores, dibujamos unos cuantos canvas, prototipamos, incubamos (palabras de moda en el universo innovador) y… ¡Zas! Ya tenemos unas cuantas ideas transformadoras, convertidas en imbatibles modelos de negocio que nos catapultarán a la economía del siglo XXI: Bonos de compra por internet, la n-ésima red social para singles, o almacenes digitales de objetos perdidos. 

Seré transgresor: en muchas organizaciones la función “Recursos Humanos” es totalmente prescindible. O, mejor dicho, es subcontratable. En la mayoría de organizaciones que he conocido, Recursos Humanos es poco más que una gestoría administrativa de contrataciones, despidos y tramitación de nóminas. ¿Les suena? Si es así, sería más eficiente externalizarla. En muy pocos casos se percibe como una función estratégica (pese a las bonitas presentaciones corporativas).

“En Busca de la Excelencia” fue un best-seller publicado por primera vez en 1982. Su autor, Tom Peters, se convirtió en una de las grandes figuras del management del último cuarto de siglo. El libro marcó un hito en la cultura de gestión, y elevó a los altares empresariales una palabra sacrosanta en los años que seguirían: excelencia. La excelencia empresarial es una virtud de perfección, una cualidad excepcional que orienta la estructura de la empresa hacia la eliminación sistemática de toda anomalía, la estandarización de procesos, el error cero, y la satisfacción absoluta del cliente.

Poca gente tiene una visión positiva del sector financiero. Oficinas bancarias con empleados burocratizados, productos incomprensibles, contratos ilegibles y nefastas experiencias de consumidor. Imagen que ha empeorado sensiblemente desde el estallido de la crisis financiera de 2008. ¿Se ha reinventado la banca? Es indudable que a nivel mundial se ha impulsado una profunda reforma del sector financiero. Reforma forzada por la gran burbuja inmobiliaria previa, que hacía insostenible el modelo anterior.

Aunque nuestra visión de la competitividad internacional toma todavía como unidad de análisis la empresa individual, la dimensión país gana cada vez más relevancia: compiten empresas contra empresas, pero también, cadenas de valor contra cadenas de valor, ecosistemas nacionales de innovación contra ecosistemas nacionales de innovación y estrategias-país contra otras estrategias-país. No son las empresas chinas las que se lanzan a la competición global, es el modelo chino de competitividad el que invade la economía internacional.