Como un buen ocio, un buen vino: claves de la comunicación, el caso de SOTOMANRIQUE

Hay mucho trabajo, inteligencia y conocimiento tras cada botella de vino.


Teresa García González
Como un buen ocio, un buen vino: claves de...

Cultura, campo, viñas, septiembre, sudor, celebración, historia, raíces, arraigo, sabor, color,.. eso es el vino. Si a esto le añadimos la variedad de moda de uva, garnacha; Cebreros, uno de los pueblos  más famosos de Ávila, y estar en el mapa mundial de vinos con mejor valoración; decía que si añadimos estos condimentos llegamos a SOTOMANRIQUE, una bodega familiar, que cuida con cariño todos los detalles —desde la cepa hasta el diseño de sus etiquetas— , con la tradición de sus viejas viñas pero con la vanguardia de su saber hacer y su capacidad de innovar —hasta han creado unas naranjas azules— es capaz de llevar al límite la creación de vinos muy variados y de alta calidad. Vinos que he tenido el placer de descubrir, saborear y conectar con mi día a día en un sin fin de oportunidades.

Me gustan las empresas que conciben el producto como un todo, cuidando todos y cada uno de los detalles. Apple enamora a su audiencia porque desembalar uno de sus productos es casi una experiencia religiosa. En SOTOMANRIQUE pasa algo similar: te llega a casa en una caja diseñada hasta el máximo detalle, con unos colores indistinguibles. Cuando llega a tu casa el producto no parece que compras vino. Cuando ves sus etiquetas, ya sabes que están en otro nivel, buscando a un público exigente de creatividad, diseño y elegancia, me atrevería a decir. Cuando ves el color de sus vinos, en sus distintas variedades, también sabes que son diferentes. Y cuando los pruebas en copa, te han ganado. Ser de Ávila y tener esta joya en casa, es todo un orgullo para alguien tan obsesionada por la comunicación, la creatividad y el trabajo bien hecho.

De la misma manera, los que me conocen saben que para mi viajar es una forma de vivir, de respirar, de ver donde otros no ven, de adaptarse a otras culturas o ponerse en su lugar, de tener la sensación de que aún nos queda mucho por aprender. Esta visión global del mundo la comparto también con la variedad de uva garnacha que se cultiva cuidadosamente en Cebreros y, en general, en toda la Sierra de Gredos. Es la más internacional, la más valorada entre la crítica especializada, entre nuestras variedades de uva en España, y eso hace que podamos encontrar vinos de bodegas como SOTOMANRIQUE en todo tipo de ciudades por donde he viajado: Estocolmo, Oslo, Copenhague, Londres, Ginebra, Moscú… Mi ADN es global, y el de SOTOMANRIQUE, también, otro motivo por el que me identifico con esta forma de hacer.

No me imagino la vida sin el sabor de un gran vino: tinto o blanco. Como tampoco cocinar sin el placer de un buen vino—para ciertos pescados, mariscos o carne—. No hay una buena conversación con amigas en El Barrio de la Latina, en Madrid, sin degustar alguna nueva variedad. Ni un verano sin rosado. El vino está presente en nuestras vidas… y casi desde el inicio de la humanidad.

Desde hace años, de forma incansable, se dice que el mercado del vino está saturado, a efectos del consumidor, por marcas, marketing, tipos de uva, muchas veces con barreras culturales (que levante la mano quien no conoce al pedante de turno hablando del vino sin que le entiendas nada) y sobre todo porque ya no hay país que no haga vino y que lo quiera exportar. Y, mientras, año tras año, la uva sigue creciendo en las cepas, y hay que vender y crear valor añadido con ellas. Resulta muy complejo llevar el vino a ciertos segmentos de clientes, que tienen otras alternativas de consumo. Y sólo las marcas que miman mucho su producto y cómo lo comunican son capaces de diferenciarse en esa nebulosa el mercado.

Por esta razón, no por querer ser una marca más se puede destacar. El diseño del vino es todo un arte. Cómo se trabajan y se cuidan las cepas. Viñas en la montaña, viticultura orgánica, respeto al medio; cómo se diseña al máximo detalle el proceso de la vendimia —todo a mano y en cajas— o cómo se hace el tratamiento del frío.

Un mismo kilo de uva puede crear un nefasto vino, que se vende a granel a precios que convergen a cero, o puede ser una obra de arte valorada internacionalmente. Entre ambos mundos está el saber hacer, un gran equipo, mucho trabajo, la capacidad de absorber el conocimiento de esa profesión y, sobre todo, saber comprender muy bien qué busca el consumidor, y qué le puedes ofrecer para que te elija a ti y no las decenas de alternativas que tiene para tomar (cerveza, refresco, otras marcas de vino…). Por eso, cuando coges una botella y no otra de una tienda, cuando el camarero te recomienda un vino y no otro, cuando estás a punto de hacer click a una botella y no a otra… ese momento donde la decisión es tan importante, y tan competitiva, hay muchos factores en juego.

En este sentido, como apasionada de la comunicación hoy me he planteado responder una pregunta: ¿Qué busco yo en un vino?

1.- Cuando estoy en una tienda busco color, diseño, elegancia… que me transmita ‘algo’, a veces no sabes de forma consciente qué es, para ir a esa botella, cogerla, y analizarla con más detalle.

Si compro por Internet, y nunca he probado ese vino (y me encanta descubrir talentos ocultos) busco la calidad de su foto, la frescura de la descripción, la implicación emocional con lo que leo… la intriga por probar y darle click. Si cuando llega el producto me sorprende con su embalaje y cuidado, entonces soy una candidata para repetir.

2.- Busco etiquetas muy bien cuidadas, nombres atractivos de los vinos, por ejemplo, en SOTOMANRIQUE el trabajo es espléndido: Naranjas Azules, La Mira, La Orquesta, La Viña de Ayer, Tinita o Las Violetas

Y fuera de SOTOMANRIQUE me gustan mucho nombres tan atractivos de marcas como La Mujer Cañón, de Comando G, Las Beatas o La Faraona, por ejemplo.

Dame un nombre atractivo, y me fijaré en tu botella. Eso no quiere decir que sea mejor o peor, pero ya me habrás ganado frente a los sosos y aburridos nombres que existen en el mercado.

3.- Me gusta poder identificarme con el vino que quiero tomar. Si lo veo elegante, joven, que se pueda combinar con distintos momentos (comidas, cenas, reuniones con amigos…). No busco una botella que guardo por tiempo indefinido para beberlo un día concreto que no sabré cuál es. Busco que me acompañe en mi vida, y no descuide ni un detalle ni su calidad. Quizás tengo el sesgo de ser joven, mujer y con una vida social muy activa y quiero compañeros de viaje que me sorprendan tanto a mí como a mi círculo más cercano.

4.- Creo que es importante que todo producto tenga una historia, una narrativa. Para alguien de Ávila, rural, y que valora el terrible esfuerzo de la gente del campo, es importante saber cómo las marcas cuidan el paisaje y el paisanaje. Lo que está pasando en Cebreros me emociona. Recuperar viñas, buscar su personalidad y poder colocar ese vino en ciudades estratégicas de Europa y exprimirle valor (precio y el reconocimiento al trabajo bien hecho) es fundamental, y más para la renta de estos pueblos.

Profundizar en cómo joyas auténticas como son viñas centenarias son cuidadas y mejoradas para crear grandes vinos, y cómo eso se traduce en vida y progreso es muy importante para identificarte con una marca.

5.- Busco reconocimiento en los vinos, talentos ocultos con progresión internacional. No es que me deje llevar por las modas, pero sí que me gusta leer a los críticos con criterio contrastado, que sepan medir muy bien la calidad del vino y explicarte dónde están las diferencias. Y luego, me gusta probar y comprobar que esa crítica responde a mis expectativas.

No digo nada nuevo si considero que Robert Parker es la rock start del mundo el vino, y su mano derecha en España, y uno de nuestros mejores críticos, Luis Gutiérrez.

Parker es conocido porque descubre los talentos ocultos del vino a lo largo del planeta. Su motivación siempre ha sido defender al máximo al consumidor. Y como dice la propia Wikipedia: «tiene un sistema de crítica basado en 100 puntos, que diseñó junto con su amigo Victor Morgenroth. Clasifica al vino en una escala de 50 a 100 puntos, en atención al color y la apariencia, aroma y buqué, sabor y acabado y un potencial o nivel de calidad global.»

La semana pasada Luis Gutiérrez, responsable para España de Wine Advocate de Robert Parker, publicó un reportaje de Cebreros-Sierra de Gredos. Y en él, los vinos que SOTOMANRIQUE elabora en Cebreros son valorados de manera sobresaliente: los vinos LA MIRA (94 puntos), LAS VIOLETAS (93 puntos), NARANJAS AZULES (93 puntos), ALTO DE LA ESTRELLA (93 puntos), LAS LOBERAS (93 puntos), LA ORQUESTA (93 puntos), LA CRUZ VERDE (92 puntos), LA VIÑA DE AYER (91 puntos) y así en todas sus marcas dentro de la D.O.P CEBREROS por encima de 90 puntos de valoración en la más prestigiosa publicación a nivel mundial de vinos.

Como puedes comprobar, todo comunica, y en el vino, también. Si no quieres ser alguien más, por muy bueno que sea tu producto, tienes que cuidar todos los detalles: desde cómo cuidas cada cepa —como si fuera tu hijo— a cómo diseñas una etiqueta, el packaging o la narrativa que hay detrás de tu marca. Lo humano, el sudor de los agricultores creado en un producto global, elegante, competitivo en precio, fácil de beber, versátil. Cómo te valoran los ojeadores de las grandes ligas de tu mercado. Hay mucho trabajo, inteligencia y conocimiento tras cada botella de vino. Y me gusta diseccionar esos detalles antes de comprar y decidir.

Como abulense, como apasionada de la comunicación y como joven que disfruta del vino me he unido YA a la lista de amigos de SOTOMANRIQUE. Y publico ese artículo para animarte a que hagas lo mismo. ¿Qué recibirás a cambio? Si pones TESSA en el cuerpo del mensaje, recibirás una una propuesta (sorpresa) de mi parte y no te dejará indiferente, créeme. Cuando una marca sabe mimar lo que deseas, no crea clientes, crea fieles (lo entenderás si lees a Andy Stalman). Hazte amig@ de SOTOMANRIQUE y disfruta de una nueva forma de entender y saborear el vino.

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