Especuladores ¿ángeles o demonios?


Andrés Alonso
Especuladores ¿ángeles o demonios?

La economía formal denomina especulador en los mercados financieros al agente que, aprovechando alguna información relevante y poco conocida, obtiene beneficio de la compraventa de algún valor. En su versión más beatífica se plantea la figura del arbitraje, en la que el agente no corre riesgo alguno por la quasi-simultaneidad de las operaciones de compraventa. Pero parece que la población en general no termina de asumir la proporcionalidad directa entre riesgo y beneficio y no perdona al especulador puro que obtenga un importante beneficio aún asumiendo un riesgo importante. Tampoco le otorga una mayor habilidad en el uso de la información, o incluso la función de introducir mayor eficiencia a los mercados con la aportación de dicha información.

La crisis financiera y la nueva ola regulatoria han puesto de manifiesto la existencia de los especuladores en su versión más demonizada y la necesidad de controlar a estos agentes. Sin embargo, los especuladores ayudan a completar el puzzle del mercado añadiendo información que de otra manera no saldría a la luz. Pero no se puede dejar de tener en cuenta que los especuladores pueden llegar a distorsionar un mercado manipulando el mismo en base a un importante volumen de negocio, utilizando informaciones privilegiadas o difundiendo información falsa. En este último caso se podrían colocar los recientes e insistentes rumores sobre la solicitud de ayuda a Bruselas por parte de España, que ha colocado sus valores al borde del precipicio en más de una jornada en base a rumores de mercado.

La elevada volatilidad de determinados mercados ha planteado la posibilidad de erradicar alguno de ellos como el de Credit Default Swaps (CDS), aduciendo que los precios no reflejan la realidad del activo representado al haber importantes interferencias creadas por los especuladores. La atención se ha centrado en la deuda de los emisores soberanos. Como ejemplo se pueden observar los fuertes movimientos que se han producido en el CDS de Grecia en los últimos meses.

 

 

A la elevada volatilidad hay que añadir otro problema, la iliquidez de algunos mercados, que se podría medir por la distancia entre el precio comprador y el precio vendedor (bid/ask) ofertados. Esta iliquidez se produce cuando la mayoría de los agentes tienen la misma visión. Un ejemplo claro es la venta masiva de valores soberanos europeos de países periféricos a favor de los considerados más fuertes como Alemania o Francia, que provocaron una fuerte ampliación entre el bid y el ask para los mencionados bonos soberanos.

 

Una nueva regulación es necesaria

Tanto la Unión Europea como Estados Unidos han llegado, tras más de año y medio desde la caída de Lehman Brothers, a la conclusión de que es necesario un nuevo marco regulatorio. En el momento álgido de la crisis ya se reclamó la necesidad de poner coto al liberalismo en los mercados financieros. El próximo martes Bruselas lanzará una nueva normativa que obligará a los gestores de fondos y firmas de capital privado a proveer de mucha más información a las autoridades europeas. Además obligará a los hedge funds a mantener sus activos en bancos europeos lo que podría provocar conflictos para los capitales estadounidenses. Estas normativas serán desarrolladas por Francia y Alemania, que tras el rescate a los periféricos no encontrarán oposición alguna a sus propuestas.

Durante este fin de semana, Obama también ha anunciado una gran reforma financiera que otorga mayor transparencia a la actividad de los mercados. Los sectores más críticos con los bancos de inversión tras el rescate han tomado los elevados beneficios de los mismos en el primer trimestre como un insulto para los contribuidores que tuvieron que acudir a su rescate, en vez de cómo una señal de recuperación. Parece que Goldman Sachs será el cabeza de turco elegido para el castigo ejemplarizante por hacer lo que todos los bancos de inversión, crear estructuras opacas con activos tóxicos.

Esta ola regulatoria se basa en la transparencia de los mercados para que los inversores sepan en qué invierten con conocimiento de causa y limitar las actividades más negativas de los especuladores. Quizá el problema de fondo sea que todos los ciudadanos desearon al mismo tiempo ser especuladores y por eso aceptaron atractivas remuneraciones sin tener en cuenta el riesgo asociado. Sin embargo, la rapidez con la que el mercado logra crear productos cada vez más complejos y difíciles de entender para el ciudadano de a pie parece imparable. Tan sólo nos queda esperar a ver cómo se desarrollan ambas regulaciones y su efectividad, aunque muchos se temen que esta labor será como intentar ponerle puertas al campo.

Mercedes Storch es economista y especialista en mercado de capitales.

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Comentarios

  • Anónimo

    Muy bueno el artículo, muy entretenido y pedagógico. Especuladores siempre los ha habido y los habrá, la cuestión es que no se alineen todos en el mismo sentido porque se pueden cargar desde una moneda hasta un país, y que como bien dices, la regulación sobre sus actividades es completamente necesaria, sobre todo a la hora de poder pedirles responsabilidades. Mercedes, no te conozco pero gustaría saber si escribes en algún otro foro. Muchas gracias por el artículo. Un saludo. Dto.

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