Sobre innovación subyacente y crecimiento económico

4 marzo 2010
Innovacion

Uno de los pocos motivos para el optimismo que se han escuchado ante la actual crisis es que la innovación en los procesos productivos sigue su curso. Según este argumento, los algoritmos de proceso de datos y de computación siguen avanzando, el aprendizaje en el puesto de trabajo sigue produciéndose y, ahora más que nunca, los procesos ineficientes están siendo expulsados del mercado (ver Sala i Martín: “Mientras Wall Street ha hecho sus locuras financieras, Silicon Valley ha seguido innovando y eso, a la larga, es lo que determina el crecimiento de la economía. Eso quiere decir que, cuando los financieros recuperen la cordura, el capitalismo no sólo no desaparecerá sino que la economía americana saldrá disparada hacia una nueva senda de crecimiento“).

Parte de este argumento no es cierto. Los modelos de crecimiento endógeno nos han enseñado que parte de la innovación se produce gracias a la acción intencional de los agentes, que introducen innovaciones en procesos y productos para apropiarse de las rentas que dicha innovación pueda generar (ver Paul Romer). Y este proceso es hoy más difícil debido a la restricción en el acceso a crédito y la incertidumbre ante la demanda futura. Muchas innovaciones que hace sólo dos años se hubieran puesto en marcha no pueden encontrar hoy financiación o se están reservando para tiempos mejores, dado lo arriesgado de su implementación.

Pero otra parte del argumento sí es cierta, y las implicaciones para la posible recuperación y el crecimiento mundial futuro son enormes. Existen distintos tipos de innovación que no responden a incentivos puros de mercado, entre ellas:

  • El aprendizaje en los puestos de trabajo y en las empresas, mediante el sistema de ensayo y error, sigue su curso. Aún en medio de la crisis, las empresas aprenden, migran sus bases de datos hacia sistemas open source, subcontratan el almacenamiento de datos o depuran errores en sus procesos.
  • La innovación altruista continúa. Existen numerosos agentes relativamente fuera de los incentivos del mercado, como aquellos que se dedican a la investigación básica o los informáticos que contribuyen día a día al desarrollo de las aplicaciones de software libre.
  • Parte de la innovación es “serendípica”. Muchos de los mayores hallazgos científicos de la historia de la humanidad han sido fruto de azar, no de una búsqueda intencional, y seguirán por lo tanto produciéndose.

Este fenómeno de innovación subyacente sigue día a día desplazando nuestra frontera del conocimiento, es decir, el PIB potencial del mundo en su conjunto. Aunque ello no se traduzca directamente en un mayor crecimiento, cuando las condiciones vuelvan a ser propicias para la asunción de riesgos, aquellos países con una mayor capacidad para absorber conocimiento y recursos podrán experimentar tasas de crecimiento mucho mayores de lo esperado. Las ideas no son rivales. Un mismo conocimiento puede ser interiorizado por muchos trabajadores en una economía, y el conocimiento que genera un sólo trabajador se propaga por ésta con mayor facilidad cuanto mejor formados estén dichos trabajadores.

Las conclusiones de política económica, especialmente para un país como España, son claras. La capacidad de adoptar nuevas tecnologías depende principalmente del capital humano de sus trabajadores, como muestran los trabajos sobre difusión tecnológica. Por ello, quizás la reforma más importante que España tiene ante sí es la educativa. La tasa de fracaso en formación secundaria es increíblemente alta (alrededor del 41%), varias magnitudes por encima de las del resto de la Unión Europea. Y, escuelas de negocios aparte, la posición de nuestras universidades en los rankings de calidad es por lo general desastrosa.

Pero de nuestras propias escuelas de negocios punteras –IESE, IE, ESADE- se puede extraer una conclusión vital: España es capaz de competir a nivel mundial en aquellos sectores en los que los incentivos están alineados correctamente. La reforma educativa ideal consistiría en alinear los incentivos de los docentes y los estudiantes del sistema público educativo hacia el esfuerzo y la superación. De ello dependerá nuestra capacidad futura de adoptar las nuevas tecnologías e innovaciones y de acercarnos a la nueva frontera del conocimiento.

Artículo escrito por Abel Fernández

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