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Sargent y Chari

¿Cuales son los límites de la racionalidad humana en el ámbito económico? ¿Cómo debe tratarse dicha racionalidad en los modelos macroeconómicos? Una de las críticas más recurrentes tras la crisis financiera ha sido la supuesta ingenuidad del supuesto de racionalidad económica de los individuos. La revolución de Lucas se basaba en que los ciudadanos no eran neutrales y reaccionaban a la política económica, ajustando su comportamiento y neutralizando el efecto de muchas decisiones políticas. Así, ante un aumento del gasto público, la equivalencia ricardiana predice que los individuos ajustarán a la baja su consumo actual para contrarrestar los mayores impuestos futuros esperados, anulando así el supuesto efecto del aumento de la demanda agregada.

La crítica hacia el supuesto de racionalidad de los ciudadanos se basa en que numerosos experimentos han mostrado fuertes sesgos cognitivos y del comportamiento en los seres humanos, sesgos que contradicen la hipótesis de racionalidad. Se critica también el supuesto de que las personas sean capaces de ajustar su patrón de consumo y ahorro ante una política monetaria que le es en gran parte desconocida y ante un conocimiento muy limitado de la política fiscal y de sus perspectivas a largo plazo.

Dos recientes documentos ayudan a comprender mucho mejor cual es la posición de los macroeconomistas actuales ante esta crítica. Por un lado tenemos la reciente comparecencia de VV Chari ante el Congreso de los Estados Unidos. Por otro lado tenemos una interesantísima entrevista con Thomas Sargent, uno de los padres de la macro moderna. Resumimos aquí algunos de sus argumentos a favor de la modelización del agente racional.

(i) El mayor factor causante de la crisis ha sido la asunción de riesgos excesivos por parte de la industria financiera. Como predecían varios artículos de referencia, la garantía implícita de salvamento que los gobiernos ofrecen al sector bancario ha alimentado un comportamiento excesivamente arriesgado. Los gestores financieros han actuado estratégicamente y han sido extremadamente racionales: si gano la apuesta, yo me llevo los beneficios; si la pierdo, el estado pagará la factura. En este caso, hubiera sido más sensato tener en cuenta los principios de racionalidad extrema en vez de confiar en la falta de ella. De haberse tenido en cuenta, no se habría producido una desregulación tan fuerte del sector financiero.

(ii) En segundo lugar, si no se aceptan los supuestos de racionalidad, ¿cual es la alternativa? Los modelos macro han de describir el comportamiento de los agentes y su reacción ante los cambios. Es decir, es necesario especificar concretamente cómo actúan los agentes ¿Sería más realista suponer que los individuos no buscan, en base a su información limitada, una maximización de su renta o de su utilidad?

(iii) Gran parte de los experimentos de economía conductual se realizan en entornos controlados y con grupos de individuos poco representativos respecto a la población general. Por ello, es difícil realizar la inferencia de la muestra a la población.

Ante la ausencia de una alternativa, de momento parece más útil suponer que una parte de la población se comportará de modo racional en lo económico, a pesar de que otra parte no lo haga. De todos modos, os recomendamos encarecidamente leer ambos documentos para que juzguéis vosotros mismos.

Abel Fernández

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