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Sabemos de dónde venimos pero ¿y a dónde vamos?


Andrés Alonso
Sabemos de dónde venimos pero ¿y a dónde...
La actual crisis tiene un comienzo claro y unos nombres bien conocidos -Bear Sterns, Lehman Brothers, Goldman Sachs- bancos cuyas quiebras crearon una onda expansiva que reventó a su vez las burbujas existentes en Europa, provocando distintas respuestas de la banca central: mientras en EEUU la Reserva Federal innovaba para salir del bache, el Banco Central Europeo se mantenía más conservador, actitud a la que se vieron forzadas también las autoridades fiscales: la austeridad primó en todos los países europeos para hacer frente a una crisis que, aún hoy, no sabemos cómo acabará. La explosión de todas esas burbujas –ajenas y propias- afectó de tal forma al sistema bancario europeo y a la situación fiscal de varios países que todavía hoy, cuatro años después de las primeras grandes quiebras, estamos intentando cuantificar y asumir pérdidas: España se encuentra a punto de solicitar un nuevo rescate, Italia observa cual vigía nuestros movimientos y Alemania, paradójicamente, obtiene beneficios al financiarse al 0%, debido en parte a la calidad de activo refugio que ha disfrutado durante los últimos años. No obstante, todavía nos queda presenciar el desenlace de la crisis, tras el cual sabremos qué parte del coste asumirá Alemania como acreedora neta que arriesgó más de la cuenta. Tras ver este desolador panorama, es natural que muchos se pregunten si realmente el capitalismo basado en el mercado es efectivo a la hora de proporcionar un aceptable nivel de vida a los ciudadanos. Y una parte de dicha pregunta tiene relevancia y respuesta inmediata: efectivamente, muchos mecanismos de nuestro sistema se revelaron disfuncionales. Sin embargo, el hablar de “sistema” puede llevar a engaño debido a la connotación estática de la palabra. Pero si algo ha definido al sistema imperante en occidente desde principios del S.XIX es su capacidad de adaptación. Las soluciones y estructuras fallidas se han descartado mediante un sencillo mecanismo de adaptación. Así, no estaría de más preguntarse ¿cuáles son los principales cambios que habrá sufrido nuestro sistema tras la crisis? Veamos sólo algunos ejemplos ilustrativos: – La titulización ya no existe. Estas grandes vías de financiación han desaparecido abiertamente en favor de otras más conservadoras, ante la dificultad de valorar riesgos para los cuales se desconoce la distribución de su correlación. De hecho, el mismo concepto ‘banco’ como entidad principal de financiación está cambiando y no es el mismo que hace muchos años. Re-concebir el sistema capitalista pasa por explorar y averiguar nuevas vías de financiación, tanto bancarias como incluso ajenas a dicho sistema (http://en.wikipedia.org/wiki/Crowd_funding). – ¿El mercado interbancario? Nos encontramos en el siglo XXI y los bancos no funcionan con dicho sistema. Aunque, en cambio, sí han sobrevivido los intercambios con operaciones colaterales (repos). Es interesante observar que sin este colateral ya no existe movimiento de dinero. – ¿Existe realmente el euribor/libor? No lo sabemos. No sabemos si existe o si es un fantasma de lo que antes era o, incluso, de lo que en un momento aparentó ser; estamos seguros de que el lector conoce del escándalo de Barclays y de lo que éste supuso. Hemos aprendido que el riesgo por liquidez existe y se cotiza; la fijación de un tipo de interés de 6 meses es mucho más segura que la del lejano 12 meses, llegando a concluirse hoy que dos pagos consecutivos de Euribor 6 meses y un sólo pago de Euribor 12 meses nunca más serán lo mismo. – Hemos cambiado la forma en la que medimos el riesgo de los mercados: tenga el lector presente que podemos incluso afirmar que el VaR – value at risk – está moribundo. El riesgo de crédito lo es todo hoy en día, hasta el punto de que ahora los derivados de tipos de interés lo incluyen como indispensable en sus precios (nace el CVA o el counterpary valuation analysis).

–  Los productos estructurados desaparecen. La banca privada ya no demanda un extra de rentabilidad aceptando a cambio comprar opciones sobre divisa, renta variable o tipos de interés -o incluso todas juntas-. Las sucursales ya no venden preferentes para capitalizar a sus bancos, porque los supervisores se han dado cuenta de que los bancos pueden incluso no tener beneficios, lo cual hace que los inversores minoristas pierdan, y el negocio se venga abajo. Antes, en cambio, todo era más sencillo, o eso nos decían.

Las Cajas de Ahorro se modernizan para sobrevivir a una crisis que es muchas veces ‘depredadora’ con ellas. Es curioso porque una Caja podía comprar un Banco pero no viceversa. Hoy todo son bancos, con la ayuda de ‘papá Estado’. – ¿Los ratings? ¿Qué confianza transmiten los ratings de las agencias en la actualidad? Lehman tenía una calificación triple A cuando quebró por los activos basura. Si los ratings sencillamente replican los vaivenes del mercado ¿hasta qué punto añaden información para los inversores? – El Banco Central Europeo. Lleva los tipos de interés a la zona del cero, compra bonos soberanos y hace subastas de dinero a largo plazo. Todo esto porque “no funciona” el mecanismo de traslación de los precios de política monetaria. Es decir, que la dispersión de tipos de interés entre Alemania y básicamente cualquier otro país de la Eurozona – atento el lector, ¡cualquier otro país europeo! -, está en máximos. En cambio, si esto es así, y comprando bonos soberanos se ayudaría a suavizar este mecanismo de traslación de precios, ¿por qué no lo hace incondicionalmente? En cambio, se dedica a pedir condicionalidad (rescate) para actuar, dando la impresión de ejercer más como financiador de última instancia que como gestor de política monetaria. – La austeridad y las reformas estructurales. Sin duda, hablamos de algo realmente duro como es la austeridad. Para atajar las crisis debemos atender a los gastos y los ingresos… pero los ingresos no responden debido a su extraño diseño procíclico (como el caso estrella del impuesto de transmisiones patrimoniales), por lo que hemos recurrido en mucha mayor medida a la austeridad. ¿Hemos elegido realmente bien? Y aquí estamos, al borde del precipicio y sin saber qué hacer. No sabemos si tenemos bancos buenos o malos, si nuestro Banco Central es además “algo más”, si nuestra austeridad es la salvación o la condena … Los tiempos cambian y a buen seguro que aprenderemos de los errores, y también que los libros de texto registrarán todos estos cambios. Pero quien esté intentando escribirlos en tiempo real, según van cambiando las cosas, tendrá muchos tachones y borrones. Se trata de una tarea casi imposible, y lo peor es que, además, nos estamos acostumbrando a ello. El sistema capitalista es sólo un sistema de asignación de recursos, no una estructura rígida. Por lo tanto, nadie sabe hacia dónde se dirige; sólo que mutará para sobrevivir. Todo está cambiando, y todo está por hacer. Pero desde luego, ya nada es como era antes.

Sobre los Autores:

Jaime Bravo, 15 años, escritor y futuro economista

Andrés Alonso, economista y editor de la sección de Finanzas en Sintetia.com

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