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¿Qué fue de los brotes verdes?


Colaboración
¿Qué fue de los brotes verdes?

Es indudable que nos encontramos en una de las situaciones económicas más complicadas en las que nuestro país se ha visto inmerso, al menos en las últimas décadas. La actual crisis tiene en nuestra economía una doble vertiente. En primer lugar, estamos padeciendo la misma crisis que en la mayoría de los países de nuestro entorno, con similares consecuencias. Pero, en segundo lugar, estamos experimentando nuestra propia crisis, fruto del agotamiento de un modelo productivo, como país, intensivo en mano de obra pero con escaso valor añadido (baja productividad).

Hay algunos signos en la economía internacional esperanzadores, que hacen presagiar que si bien aún no hemos comenzado a remontar, podemos estar cerca del fondo, aunque esta frase se repite mucho desde el verano del 2009. La clave es que una vez tocado fondo, ¿cuánto tiempo permaneceremos en él? Concretar en qué momento y cómo saldremos de esta situación es un ejercicio de adivinación, por lo que me abstengo de intentar la más mínima aproximación. En cualquier caso salir, saldremos de esta, como lo hemos hecho siempre. El problema es cuándo y en qué condiciones.

El caso de la economía nacional es bien distinto, por estar sometida a dos crisis de origen distinto, uno internacional y otro de origen interno y con una intensidad al menos igual a la que hemos importado. Pero es que además estamos tomando exactamente las medidas contrarias a las que deberíamos adoptar para salir fortalecidos y cimentar un futuro distinto. El motivo de que se estén adoptando las medidas erróneas quizás resida en una concepción equivocada de los más elementales principios económicos.

La riqueza no es algo dado, inamovible y escaso que tenemos que repartir. La riqueza se crea o se destruye. Los creadores de riqueza son las personas que, individualmente o en múltiples formas de asociación colectiva (empresas), desarrollan actividades económicas que generan plusvalías y por lo tanto incrementan su patrimonio. Es por tanto función de los empresarios la creación de riqueza que les beneficia a ellos y al resto de la sociedad mediante el intercambio libre de sus bienes y servicios. Proporcionan trabajo que permite que los trabajadores tengan ingresos y todos juntos pagan impuestos que permiten que existan los estados como hoy los conocemos. Por último, y mediante el ahorro, acumulan capitales que sirven para ponerlos a disposición de nuevas empresas que los tomarán prestados para seguir generando más riqueza.

Los gobiernos no crean riqueza, pero pueden ayudar a destruirla (también a crearla bajo los incentivos adecuados, normalmente a través de buenas regulaciones y creando marcos institucionales fuertes pero flexibles). Únicamente, y tomando de manera no voluntaria, parte (o la mayoría en algunos casos) de las riquezas de las personas, deciden arbitrariamente en qué deben ser invertidos estos capitales para beneficio de todos. Digo arbitrariamente, porque es al menos dudoso que alguien pueda decidir mejor que nosotros qué es lo más adecuado para nosotros mismos, y en cualquier caso es contrario a los principios básicos de la libertad. Reconociendo, por tanto, cómo se crea la riqueza (y por tanto el trabajo) y quienes asumen dicha función, todas las medidas que deberíamos adoptar debieran estar dirigidas a facilitar esta tarea.

Necesitamos seguir trabajando de forma intensa en adoptar reformas estructurales que permitan transformar nuestro país, para hacerlo más rico y prospero. Para poder crear más puestos de trabajo, de mejor calidad y más estables. Para establecer las bases de un nuevo futuro económico. Estas reformas deberían ser adoptadas sin miras cortoplacistas, sin atender réditos electorales, asumiendo las consecuencias políticas y persiguiendo únicamente el beneficio de todos a largo plazo.

Propongo a continuación una serie de medidas que considero imprescindible para lograr este fin:

..: Gasto público y déficit: hemos probado, al inicio de la crisis al juego del gasto público y planes de expansión que han demostrado un fracaso notable. Aplicamos la misma receta que dar de beber a un alcohólico. Efectivamente mientras no le cortemos el suministro de alcohol no sufrirá los terribles efectos de la abstinencia. Pero cuanto más tardemos en cortarlo más deteriorara su salud y más terrible será la recuperación.

Atenuamos los efectos de la crisis aumentando el gasto público, generando un enorme déficit que deberemos devolver en el futuro con grandes intereses. Limitamos nuestra capacidad de maniobra futura porque deberemos atender los pagos de la deuda. Pesada carga para las generaciones futuras.

Si al menos este gasto fuera dedicado en su mayor parte a realizar inversiones productivas que en el futuro generen retornos, podríamos aceptar su incremento. Pero en su mayor parte será gasto corriente y “políticas sociales”. No conozco mejor política social que crear riqueza y empleo para que nadie necesite la caridad de otros.

No olvidemos además que un mayor gasto conllevará finalmente mayores impuestos que serán desviados de las actividades generadoras de riqueza y del ahorro privado para atender la creciente deuda.

Debemos por tanto volver al equilibrio presupuestario inmediatamente, evitando en la medida de lo posible recortar las partidas relacionadas con I+D+i, educación e inversión en infraestructuras. El gasto corriente debe ser cercenado.

Aplicar en definitiva las mismas medidas que cualquiera de nosotros adoptaríamos en nuestras familias: si hay menos ingresos, recortaríamos nuestros gastos, no pediríamos créditos para gastar aún más.

..: Impuestos: Todas las cantidades que los gobiernos detraen de las empresas y los particulares minoran los capitales disponibles, imprescindibles en la situación actual, que deberían ser destinados a la inversión, el ahorro y al mantenimiento de la actividad productiva. La mayor tasa impositiva de nuestro país con respecto a otros países de la OCDE lastra nuestra posición competitiva y desvía inversiones internacionales hacia otros países. Por último, la alta fiscalidad del ahorro lo penaliza. Grave error en un país con tan abultado déficit y con crecientes necesidades de financiación.

..: Mercado de trabajo: La alta tasa de temporalidad a la que se ven sometidos gran parte de los trabajadores de este país es fruto de la fuerte regulación del mercado y del altísimo coste del despido. Los empresarios se acogen a esta fórmula como única medida de flexibilización de sus plantillas siendo del todo contraproducente tanto para empresas como para trabajadores.

El mercado laboral está fuertemente intervenido y sometido a regulaciones que penalizan la creación de empleo. No debemos impedir que un trabajador pierda su puesto de trabajo ,debemos garantizar que existan otros puestos de trabajo donde poder incorporarse.

Debe crearse un nuevo modelo de contrato único que sustituya los existentes con unos costes de despido mucho más bajos en línea con las mejores prácticas de otros países que han adoptado estas líneas y que por cierto tienen bajísimos niveles de desempleo.

El marco de la negociación colectiva es otro corsé adicional apretando este mercado, imponiendo escenarios idénticos para empresas con distintas realidades. No se pueden negociar condiciones iguales para empresas que tienen realidades distintas y no se pueden ligar las mejoras salariales a los devastadores efectos de la inflación. Los aumentos salariales deberían estar ligados a la productividad y el marco de negociación debería poder adaptarse a las realidades de las empresas y, por supuesto, admitir su revisión en situaciones excepcionales, como es el caso.

Eliminación del monopolio de los Servicios Públicos de Empleo permitiendo que empresas privadas puedan realizar las mismas funciones. Incluyendo el pago de prestaciones por desempleo que podrían ser gestionadas desde el ámbito privado y sus cotizaciones deberían recoger, como si de un seguro se tratara, las distintas realidades de los trabajadores. No todos los trabajadores corren el mismo riesgo de estar desempleados ni cobran las mismas prestaciones por lo que el pago que debieran realizar cada uno debería estar en función de estas variables.

Las prestaciones a percibir deberían ser acordes además a las aportaciones realizadas, y además, considero que la regulación actual del mercado del trabajo es la causante de nuestro altísimo y recurrente nivel de desempleo.

..:Cotizaciones sociales: considero que se deben reducir sensiblemente y trasladar parte de las que soportan las empresas a los trabajadores. Actualmente la mayor parte es soportada por las empresas y una pequeña parte por los trabajadores.

..: Liberalización de las aperturas comerciales. Hay un sinfín de proyectos comerciales paralizados por voluntad política como supuesta medida de protección para el pequeño comercio. Dejemos que sean los consumidores quienes decidan cómo, cuándo y a quién quieren comprar. Estos proyectos crearían miles de puestos de trabajo e ingentes inversiones, el aumento de competencia además mejoraría los precios de adquisición y la oferta disponible.

..:Precios y actividades reguladas. Eliminación de todos los precios fijados y de las tarifas obligatorias tanto para los servicios regulados como de colegios profesionales. Dejando que sea el mercado el que cree los precios y fomentando la competencia. Trasladando el coste real de cada servicio a los consumidores para que sean ellos los que decidan.

..: Reforma de la educación. Pilar básico de nuestro futuro y que actualmente no alcanza los niveles de calidad deseables. Sería deseable un gran pacto de estado sobre la educación que evitara su reforma con cada cambio de gobierno. Instaurar de nuevo valores como el esfuerzo y el trabajo. Nuestros alumnos no son recompensados por un desempeño superior y ponemos mayor énfasis en equilibrar el nivel con los menos exitosos. Recuperar el respeto en las escuelas y acentuar el espíritu innovador y emprendedor de nuestros estudiantes.

Sería recomendable el estudio de medidas que fomentaran la competencia entre centros educativos, que recompensaran las mejores prácticas y los esfuerzos de los docentes. Estas medidas deberían ser acompañadas por libertad absoluta para que los padres puedan elegir los centros en los que desean educar a sus hijos sin discriminar ninguna alternativa. En este sentido, debería estudiarse la implantación del conocido como “cheque estudiante” que permita la libre elección de centros educativos sin discriminación entre públicos, privados o concertados.

..: Copago de los servicios públicos. Establecer el copago en los servicios públicos como la sanidad. Estas medidas se han adoptado en países con gran tradición “social” de nuestro entorno con notable éxito.

..: Privatización de todas las empresas que permanecen en el sector público. Además analizar qué actividades que se desarrollan en ámbito público son susceptibles de transmitir al ámbito privado con el fin de mejorar su calidad, reducir su coste y lograr un mayor desarrollo económico.

..: Terminar con la fragmentación del mercado nacional. Existe una infinidad de normas regionales que impiden el desarrollo de la actividad económica. Eliminación de las barreras que impiden la libre competencia dentro nuestro estado.

..: Mercado energético. Deberíamos realizar un debate serio sobre la energía en España. No podemos despreciar ninguna alternativa dentro del mix energético, todas las fuentes energéticas son imprescindibles, por supuesto incluyendo la de origen nuclear. Cerrar las centrales nucleares sería un suicidio. Aumentaría los costes de la energía eléctrica y nuestro grado de dependencia de países en su mayoría muy inestables políticamente. Muchas empresas intensivas en el uso energético están sufriendo la falta de competitividad por los altos costes energéticos.

Podríamos estudiar trasladar a los consumidores el coste de cada fuente energética con transparencia, su origen y su impacto económico y ecológico para que decidieran que tipo de energía desean consumir.

..: Cambio del sistema de pensiones. Hace muchos años que todos somos conscientes que el actual sistema de reparto es insostenible y que finalmente quebrará. Como su quiebra se producirá en un horizonte temporal muy largo, aunque cada vez más cercano, nadie está dispuesto a explicarlo con claridad y a proponer su cambio. Pero por ocultar la realidad esta no deja de existir.

Lo deseable sería su sustitución por un sistema de capitalización que evitaría su quiebra y que trasladaría la responsabilidad de las pensiones a las personas para que libremente decidan sobre su futuro. Si los fondos de pensiones estuvieran gestionados en el ámbito privado permitirán multiplicar las tasas de ahorro del país.

En cualquier caso mientras se mantenga el actual sistema de reparto y para evitar su inminente quiebra se deberían adoptar medidas como alargar la edad de jubilación, reducir las pensiones máximas, aumentar la base del cálculo a toda la vida laboral y una mayor proporción entre las aportaciones realizadas y las prestaciones a percibir.

Ante este panorama, mi pregunta que da título a este artículo es ¿qué fue de los brotes verdes?

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Comentarios

  • Abel Fernández

    Las cotizaciones sociales son un impuesto al trabajo y es legítimo cuestionarse su nivel. Además, son un impuesto regresivo, lo cual casa mal con nuestra concepción de la sociedad.

    Pero eso sí, es irrelevante quién se supone que las “ingresa”. La incidencia (es decir, quién lo paga realmente) la determinan las elasticidades relativas, no la legislación. Si movieramos hoy la parte empresarial a la nómina del trabajador, no tendría ningún efecto real. En todo caso, los trabajadores serían más conscientes de cuantos impuestos pagan.

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