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Máximas sobre la innovación. La primera, es humana


Juan Sobejano
Máximas sobre la innovación. La primera, es...
He estado revisando todos los artículos que he ido publicando en Sintetia y he tratado de sacar algunas máximas que considero imprescindibles a la hora de hablar de innovación. No creo que sean todas las posibles, y puede ser que alguna de ellas a más de uno no le parezcan importantes, sin embargo durante mi trabajo y estudio yo sí he podido descubrir su importancia. Soy de los que creen que toda acción humana, puramente humana, ha de ser invariablemente imperfecta, y no hay dos imperfecciones iguales, por lo que cada uno entiende la innovación desde una visión personal no sólo alimentada por las lecturas y conocimientos, sino también por las experiencias, personales siempre. Así que voy a comenzar una serie de artículos, no necesariamente correlativos, donde iré desgranado algunas de las características que considero básicas de la innovación. Verán que en muchos de esos artículos repetiré conceptos e ideas, incluso reflexiones. Es lo que tiene el conocimiento, que es una red de ideas que somos capaces de conectar. 1.- La innovación es humana. Qué obviedad, ¿no? Pues tengo la sensación de que a veces hay que repetirla una y otra vez y grabarla a fuego. La innovación está hecha por y para personas, y eso hace que necesite un contexto de investigación en el que el ser humano sea el centro del mismo. Es por eso por lo que siempre apuesto porque la antropología y la etnografía formen parte de cualquier proyecto de innovación. Esta “humanidad” de la innovación se puede enfocar desde dos perspectivas: .. Desde dentro. Puesto que la innovación es gestionada por personas, por seres humanos, desde dentro. Gestionada e ideada, con todo lo que ello conlleva de bueno y malo. Además es fundamentalmente un proyecto colectivo que ha de tener muy en cuenta la gestión de equipos. Gestión que a su vez ha de enfocarse no sólo al posible proyecto en concreto, sino a la creación de un equipo estable y responsablemente integrado en una organización creativa, con una adecuada gestión del talento y de la motivación que requiere el trabajador. ..Hacia fuera. Ya que la innovación es para las personas, para su beneficio. Y esto es básico a la hora de comprender el enfoque y la importancia que estamos dando a la innovación. Es tradicional enfocar la innovación como un proceso interno, limitado a la mejora de lo que ya existe o creando algo nuevo (producto, servicio, proceso…) desde la propia reflexión. Sin embargo la innovación comienza fuera, desde el cliente o persona para la que aparentemente está enfocada esa innovación. Creo que es básico que las empresas entiendan que ellas no han de luchar por crear mejores productos o servicios, sino que han de apostar por dar mejores soluciones a los problemas de sus clientes.

humana

2.- La clave de la innovación no está sólo en la tecnología. Hay gente que sigue pensando que la clave de la innovación está en la tecnología, que sin tecnología es imposible desarrollar cualquier proyecto de innovación. Lo que suele ocurrir en estos casos es que los que así piensan se quedan en la herramienta y no van más allá, no le dan sentido a su uso. Me resulta descorazonador ver cómo las empresas parecen quedarse en los fuegos de artificio de las herramientas, con sus colorines, su sofisticación y su modernidad, sin comprender que es fundamental entrar a la innovación con un enfoque artesano, siendo conscientes de que la innovación necesita de una visión, un modelo y una estrategia que hemos de construir nosotros, para luego elegir la tecnología que nos facilitará ese objetivo que nos hemos marcado. El acercamiento a la tecnología ha de ser desde una perspectiva humana, con un sentido previo y siendo consciente de que es una herramienta, de que nos ha de servir para algo, no quedarnos en ella. La tecnología es importante en un mundo como el actual, pero no es la clave de la innovación. 3.- La innovación como filosofía. En realidad la innovación no es sino una forma de interpretar el mundo, una forma de aceptar que somos incapaces de comprender la existencia y por eso hemos de amoldarla a nuestra forma personal de verla. Sé que parece un enfoque demasiado filosófico y abstracto, pero me he dado cuenta de las diferencias que surgen en distintas empresas aplicando modelos muy similares de innovación. La aceptación de distintos elementos de un mismo modelo de innovación o el poner más énfasis en unos que en otros no es sino fruto de la propia humanidad de esa innovación. No hay una ejecución automática, como no hay una aplicación repetitiva de lo que ha de hacerse en cada situación. La innovación requiere una visión previa de la realidad para querer reinterpretarla o alimentarla. Y eso a pesar de que la innovación ha de partir del “otro”, de la parte que va a ser objetivo de la misma. A pesar de eso hemos de ser nosotros los que construyan una repuesta a esa necesidad desde nuestra visión, desde nuestra filosofía. Al fin y al cabo la innovación es como la filosofía, un diálogo entre muchos. La búsqueda de una verdad, o de una interpretación de la realidad que se considere válida, es un proyecto común, nunca individual, y al igual que la historia de la filosofía, con todo lo que ella tiene de avance constante, no es sino la historia de un diálogo multitudinario persiguiendo algo tan inasible como la Verdad (en algunos casos en su versión del Ser), la historia de la innovación no es sino el diálogo de muchos, la acumulación de respuestas a los cambios que la realidad va generando en la vida diaria de las personas con las necesidades y problemas que van naciendo y hay que satisfacer y solucionar. 4.- La innovación como realidad social. La innovación no es aséptica, tiene impacto social, no importa que no sea innovación social. Cualquier cambio que generamos tiene un impacto en el entorno, a veces más intenso, a veces más tenue. Esto es más intenso posiblemente en entornos urbanos. Ya he dicho en alguna ocasión que en entornos rurales es el territorio el que define los modelos de negocio, mientras que en entornos urbanos es el modelo de negocio el que define el territorio. La innovación genera cambios en nuestra área de influencia, produciendo ondas de impacto más o menos intensas. En zonas urbanas va modelando el territorio creando espacios interpretados de relación, espacios no siempre humanizados pero siempre humanos. La innovación también es un fenómeno histórico, una acumulación de soluciones que pretenden ir enriqueciendo la experiencia de vida del ser humano. No hay innovación si no se piensa en el ser humano. No hay innovación si no es hecha por el ser humano. No hay innovación si no se busca un cambio que impacte en un entorno humano.
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