Los analistas internacionales, escépticos respecto a España

16 febrero 2010
Los analistas internacionales de muestran escépticos

La reciente estabilidad del diferencial de los bonos españoles no parece haber alterado la imagen que los analistas internacionales tienen de España. El bono español cerró la última sesión con un diferencial de 85 puntos básicos respecto al alemán, nuevamente por debajo de la cota de los 100 y muy lejos desde luego de los 304 puntos de los bonos de Grecia y de los 153 del bono irlandés. Los esfuerzos de Elena Salgado y José Manuel Campa (leer la entrevista realizada por Bloomberg) por comunicar los efectos de las reformas previstas sobre la estabilidad fiscal a medio y largo plazo parecen haber surtido efecto y el mercado parece haber relegado la preocupación por España a un segundo plano.

La hipótesis de que los mercados estén descontando un posible salvamento de España en caso de extrema gravedad no es creíble; de ser así, el diferencial del bono griego habría ya retornado a valores más bajos, una vez puestos en marcha los primeros esfuerzos de coordinación para reflotar la economía griega. Además, mientras Grecia es una economía relativamente pequeña, con un coste de la deuda asumible, no es así el caso de la española. Así pues, todo parece indicar que, de momento, los inversores internacionales han valorado positivamente las propuestas de reforma del sistema de pensiones y que están a la expectativa de la propuesta de reforma del mercado laboral.

Las fuentes del escepticismo

Sin embargo, los analistas internacionales mantienen su escepticismo sobre la economía española y siguen situando al país en el punto de mira. En primer lugar, se muestran sorprendidos ante las investigaciones del CNI por posibles delitos de colusión y posibles ataques financieros a los mercados de bonos y de acciones (Market Watch, Reuters) y de las insinuaciones del gobierno español de que diversos medios anglosajones puedan encontrarse detrás de dichos movimientos (The Guardian).

Pero, sobre todo, las dudas sobre la propia viabilidad del Euro se centran en la situación económica de España y en sus perspectivas de salir de la recesión. Distintos medios señalan la tasa de paro cercana al 20%, el déficit fiscal superior al 10% y el hecho de que España no haya sido todavía capaz de detener un sólo trimestre la sangría del PIB. Un medio asiático se pregunta si la crisis de las deudas soberanas en Europa puede hacer descarrilar el crecimiento mundial, mientras la prensa canadiense desconfía de la capacidad del presidente Zapatero para sacar a España de la crisis.

La crítica de Paul Krugman

Pero las críticas que peor han sentado han sido las del Premio Nobel de Economía Paul Krugman, el cual expresaba su opinión hace sólo dos días en un reciente artículo en el New York Times:

Piensen en España, que en el albor de la crisis parecía fiscalmente modélica. Su nivel de deuda era baja -43% del PIB en 2007, comparado con el 66% alemán-. Tenía superávit presupuestario y una regulación bancaria ejemplar. Pero con su tiempo cálido y sus playas, España era también la Florida de Europa -y, como Florida, experimentó un enorme boom inmobiliario. La financiación de dicho boom provino principalmente del exterior, mediante gigantescas entradas de capital del resto de Europa, sobre todo de Alemania. El resultado fue un rápido crecimiento combinado con una inflación significativa -del 35% entre 2000 y 2008, frente al 10% de la alemana-. Debido al alza de los costes, las exportaciones españolas se fueron volviendo poco competitivas, pero se seguía creando empleo gracias a la construcción.

Y entonces explotó la burbuja. El desempleo se disparó y el presupuesto entró en déficit. Pero este déficit -causado por el desplome de los ingresos y por el gasto necesario para paliar el coste humano de la crisis- fue un resultado, no una causa, de los problemas de España.

No hay mucho que el gobierno de España pueda hacer para mejorar la situación. El problema central de la nación es que los costes y los precios se encuentran fuera de los márgenes normales del resto de Europa. Si España todavía tuviese la peseta, podría remediar la situación con rapidez mediante una devaluación -reduciendo su valor, por ejemplo, en un 20% respecto al resto de monedas. Pero España ya no posee moneda propia, lo cual significa que sólo puede recuperar su competitividad mediante un lento y agonizante proceso de deflación.

¿Existen visiones alternativas?

Fuera del previsible desacuerdo de las autoridades españolas, existen argumentos contra la tesis de un problema de competitividad de la economía española. Diversos expertos en macroeconomía han estado desgranando dicha tesis los pasados días. Concretamente, Jesús Fernández Villaverde (Universidad de Pennsylvania) realiza hoy una comparación de la situación española actual con la vivida en Japón durante su larga crisis. Las conclusiones son que, a pesar de los mayores costes laborales unitarios, el efecto real sobre la competitividad no es significativo y que España puede seguir ganando cuota de mercado. No obstante, ello no tiene por qué garantizar una recuperación económica sólida si no se corrigen los problemas estructurales y los problemas del sector financiero español.

Leer el artículo completo en «Nada es Gratis».

Artículo escrito por Abel Fernández

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