Sintetia

Artículos relacionados

Filtrar por Autor

Volver a los últimos artículos

“Gendercide” en The Economist


Colaboración
“Gendercide” en The Economist

La revista The Economist publica un espeluznante reportaje que merece la pena desgranar. Vayamos por partes:

En primer lugar, los hechos. En condiciones naturales, en una sociedad nacen entre 103 y 106 niños por cada 100 niñas. El número ha sido bastante estable a lo largo de la historia y entre distintas sociedades. Aparentemente, compensa el mayor índice de mortalidad infantil de los niños, de forma que aproximadamente llegan a la pubertad (y a la edad de procreación) un número similar de niños y niñas. Uno de esos pequeños milagros de la evolución humana, producto de la continua acumulación de mutaciones y de los efectos de la selección que con tanto genio describía Richard Dawkins en “El Gen Egoísta”, a través de ideas mucho más prolijas, aunque seguramente menos inmediatas que la sombra de una mano inteligente.

En segundo lugar, la patología: en China nacen actualmente alrededor de 123 niños por cada 100 niñas. En países como Armenia y Azerbaian nacen más de 115. En otros como Corea del Sur e Inidia, alrededor de 100. Estos números reflejan los términos medios, por supuesto. En la provincia china de Anhui el número es de 227 niños por cada 100 niñas.

En tecer lugar, la explicación, que sólo puede ser una. El aborto selectivo de niñas conduce a estas anormales tasas de nacimiento.

En cuarto lugar, las causas. Y aquí es donde comienzan las sorpresas. Es conocida la política de “un niño” aplicada con rigor en China para combatir los efectos malthusianos del crecimiento de la población. En estas circunstancias, muchas familias prefieren que su único descendiente sea un varón a una hembra, por cuanto el primero es una reserva de riqueza mayor a la segunda. El avance tecnológico ha permitido determinar cada vez con mayor antelación el sexo del descendiente, de forma que por la módica cantidad de 12$ (el coste de una ecografía) una familia china evita los “inconvenientes” (fundamentalmente económicos) de tener una hija.
¿Es efectivamente una desventaja monetaria tener una hija en lugar de un hijo? Aparentemente sí: un país como Corea del Sur, que más que quintuplica la renta per cápita china, también registra esta anormal circunstancia. El valor neto descontado de un hijo, por tanto, parece mayor que el de una hija, con independencia de si nos entontramos en un país en desarrollo o desarrollado. O también, con independencia de si nos encontramos en una zona urbana o rural, como demuestra la uniformidad de esta patología entre las distintas provincias chinas.

¿Por qué no ocurre entonces lo mismo en África? The Economist no ofrece las respuestas, pero podemos proponerlas. En África no existen restricciones al número de hijos. Su nivel de pobreza (y de mortalidad infantil) hace que la estrategia más rentable para un hogar es maximizar el número de descendientes. ¿Por qué no pasa entonces en Europa o América? Podemos suponer que en estos continentes existen restricciones de otro tipo, seguramente morales, que impiden un aborto selectivo en razón del sexo.

¿Están ausentes estas restricciones en China, Corea del Sur y Armenia? No del todo. El sesgo en contra de las hijas es mayor en el tercer hijo que en el segundo, y en el segundo que en el primero. Es decir, las familas dejan actuar a la naturaleza en sus primeros descendientes. Sin embargo, cuando se encuentran cerca del número máximo de hijos que pueden alcanzar por razones económicas o, en el caso de China, razones políticas, los impedimentos morales se diluyen, ante la mayor presión de las razones de tipo monetario.

¿Es irreversible esta situación? Abundan los ejmeplos contrarios. En la propia Corea del Sur, el fenómeno ha remitido en los últimos años. De hecho, la descompensación entre hombres y mujeres es un equilibrio lógicamente inestable. Llegados a la edad madura habrá 120 millones de hombres por cada 100 millones de mujeres, o lo que es lo mismo 20 millones de hombres sin aspiraciones de tener una pareja (al menos, siempre que las mujeres permanezcan en la monogamia). En China e India, ya han aparecido casos de comercio de matrimonios, o de migraciones que responden únicamente al reequilibrio entre poblaciones adyacentes de hombres y mujeres.

Un economista no puede sino admirarse ante la cantidad de equilibrios distintos descritos en el reportaje: en China, la política de un niño impuesta por las autoridades. En África, la política de cuantos más niños mejor. En el mundo desarrollado, la política de autocontrol demográfico. Y al mismo tiempo, cabe el asombro por comprobar que los más ferreos valores morales acaban siendo desbordados por el juego de los incentivos. Un genocidio cometido por nadie en concreto, pero con tantas víctimas.

 

Isidoro Tapia

Mostrar comentarios (0)

Comentarios

Artículos relacionados

Economía

Por qué lo llamas compromiso cuando quieres decir efectividad

“Un empleador no tiene derechos sobre la personalidad de sus profesionales. El empleo es un contrato específico por una actuación específica, y nada más. Cualquier intento por...

Publicado el por José Miguel Bolívar
Economía

Las falacias lógicas del debate económico en las redes sociales

  El pasado mes de septiembre publicamos en Sintetia un artículo que dio pie a interesantes intercambios en las redes sociales. Se titulaba “Lexicografía económica tuitera y otras...

Publicado el por Sebastián Puig