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Estrategias dominantes subóptimas


Abel Fernández
Estrategias dominantes subóptimas

A menudo uno se pregunta por qué algunos mecanismos de política económica están tan nefastamente construídos (ej: las competencias sobre el suelo y la vivienda) y otros en cambio funcionan razonablemente bien (ej: IVA). Uno también se pregunta por qué algunos artificios sin sentido sobreviven hoy en nuestra legislación (la separación entre las cuotas arbitrarias de la Seguridad Social que “ingresan” respectivamente el trabajador y la empresa, cuando lo que determina qué parte soporta cada parte es la elasticidad relativa de la oferta y demanda del trabajo).

¿Es posible que nuestra sociedad siga por un camino equivocado durante tiempo o existe una parte del proceso que no comprendemos? Una breve historia de Barry Nalebuff (Universidad de Yale) puede arrojar algo de luz:

“La mayor parte de la gente, yo incluído, crecimos pelando los plátanos a partir del rabo. En cambio, el rabo es un mejor punto de sujeción y la otra punta es mucho más fácil de pelar, así que pelar el plátano desde dicho punto es una estrategia dominante. De hecho, así es como los expertos en pelar plátanos (los monos) lo hacen. La implicación de esto es que algunas tradiciones que damos por hechas son subóptimas”. (HT: Chris Blattman)

La enseñanza de esta historia no es en absoluto trivial, sobre todo si consideramos que una parte de nuestro sistema laboral está heredado de una dictadura. Quizás parte de la explicación sea el miedo al cambio, pero también resulta una explicación difícil cuando España cambió por completo su régimen político… desde dicha misma dictadura.

Otra parábola con monos como protagonistas (“La paradoja de los monos”) nos enseña que algunos mecanismos institucionales pueden tener sentido en el momento en que se crean, como la puesta en marcha del actual sistema de pensiones por el canciller Bismarck. Pero también que dicha razón de ser puede desaparecer con el tiempo sin que posteriores generaciones se percaten de ello debido a complejos mecanismos de transmisión social. Incluso en el caso de que los gobernantes se percaten de dichos errores, el votante mediano ha de percatarse también para que el coste político de las reformas no exceda el beneficio del partido en el gobierno.

¿Cuándo comenzarán los ciudadanos y los políticos a tomarse en serio proposiciones como la “flexiseguridad” danesa, el IBI como instrumento impositivo eficiente y desincentivador de la corrupción o el sistema austríaco de protección laboral / jubilación? Quizás la actual presión de los mercados financieros les obligue a repensar aquello que daban por sabido.

Abel Fernández

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Comentarios

  • Anónimo

    me encantaaaaaaaa

    • Article Author
  • Anónimo

    Con hablar de que la protección al empleo actual es un sistema heredado de la dictadura, y de que el welfare state es un invento de Bismarck crees argumentar correctamente a favor de tus tesis…. El welfare state es fruto de una evolución y tradición dilatada de luchas sindicales y concesiones política y empresariales, y el Estatuto de los Trabajadores, que es la legislación laboral actual es de 1980.

    También podría argumentar que tus argumentos a favor del laisse faire son no decimononicos, sino del siglo XVIII o bien que la escuela de Chicago o Milton Friedman son los economistas de cabecera y fueron estrechos consejeros de regímenes dictatoriales de extrema derecha latinoamericana como el de Pinochet.

    Imagínate que para descalificar tus posiciones en vez de discutirlas con argumentos de teoría económica, sociología o politología, dijera que tus posiciones liberalizadores son herederas de las de los Chicagos boys de Pinochet…

    • Article Author
  • Abel Fernández

    Gracias por tu respuesta,

    En ningún momento he criticado el estado del bienestar, sino algún mecanismo concreto de su provisión. Uno puede estar de acuerdo con que el Estado ha de proveer educación o servicios sociales pero puede creer que algunos mecanismos de dicha provisión son obsoletos y que los incentivos están mal alineados. El estado de bienestar es mucho más que el sistema de pensiones. Es una decisión colectiva por la cual el estado da cobertura (sanidad, educación, servicios sociales) a los más desafortunados y a los que tienen menores oportunidades. Las pensiones son sólo una parte y el ejemplo concuerda con la paradoja de los monos.

    No critico el sistema de pensiones por ser “antiguo”, sino por estar diseñado para una realidad que no es la actual; a pesar de ello, las posibles reformas en ese sentido son muy mal recibidas, y no me refiero al retraso en la edad de jubilación, sino a proposiciones como los sistemas de cuentas nocionales, sistemas como el austríaco en el que lo ahorrado en prestaciones por desempleo te lo llevas a la jubilación o sistemas mixtos (capitalización / reparto). Hay muchos ejemplos.

    Del mismo modo, critico el “reparto” de las cuotas de la Seguridad Social por ser una ficción que da una falsa idea de quién ingresa qué. Poca gente sabe que eso no lo determina un decreto, sino las elasticidades relativas de oferta y demanda del trabajo, que además varían entre sectores. ¿Por qué mantenemos esa ficción, por nimia que sea? La mayoría de trabajadores no son conscientes de lo que pagan realmente a la Seguridad Social.

    Lamento si viste en mis argumentos una crítica implícita a algo por ser antiguo. No es así, hay mecanismos antiguos venidos de todo tipo de regímenes que funcionan bien. Pero otros no, y he puesto algunos ejemplos. Si no tocamos ni un pelo del sistema de pensiones es demográficamente imposible que aguante más de 40 años. El argumento central era que, por muy inteligentes que nos creamos, aceptamos por costumbre mecanismos institucionales que hoy en día son disfuncionales.

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