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Derechos de autor y Ley de Economía Sostenible


Abel Fernández
Derechos de autor y Ley de Economía...

Hace algunas semanas FEDEA presentó el libro electrónico “La ley de Economía sostenible y las reformas estructurales”, donde se discuten las principales propuestas del Ejecutivo y se plantean ideas adicionales. En términos generales, el informe defiende que el proyecto de ley: “es un paso muy modesto en la dirección necesaria” y llama la atención sobre la reformas pendientes: saneamiento del sistema financiero, mercado de trabajo y sistema de pensiones, educación, sostenibilidad fiscal, etc. En este sentido, no puedo estar más de acuerdo con el diagnóstico de esta fundación. Sin embargo, tengo algunas dudas sobre algunos artículos concretos.

En los capítulos 11 y 12 los economistas Michele Boldrin y Pablo Vázquez abordan el sistema de protección de propiedad industrial e intelectual. En el primer caso, los autores entienden que el sistema de patentes está creando una barrera en el proceso de catching-up tecnológico de nuestro país, en tanto en cuanto España produce muy por debajo de la frontera de posibilidad de producción mundial. Para acortar el periodo de convergencia, el artículo defiende la creación de una “banco de patentes” que, previo pago a los poseedores de la propiedad industrial por parte del Estado, deje a disposición de cualquier empresa el uso libre de tales patentes. En este sentido, Boldrin y Vázquez apuestan por una reorientación de las políticas de I+D+i: frente a un esfuerzo inversor exclusivamente en investigación propia, defienden dirigir recursos públicos a “abaratar” la copia de tecnología ajena. Por lo tanto, los autores no plantean “piratear” los derechos de propiedad industrial, sino socializar la inversión en patentes para acelerar la convergencia tecnológica. Y esta recomendación, que considero razonable, parece no tenerla en cuenta en el capítulo siguiente en el que discuten la bondad de la propiedad intelectual.

La Ley de Economía Sostenible introduce la creación de una comisión que, previa denuncia de un autor, pueda proceder a cerrar una página web que no respete los derechos de propiedad intelectual (por ejemplo, “piratee” películas, música o libros). Todo ello bajo el permiso, en todo caso, de una autoridad judicial. Internet se ha transformado en el nuevo “gran bazar” donde conviven portales de compra-venta legales -eBay, iTunes o Amazon- con otras webs con ánimo de lucro que comercian con “falsificaciones”. Así pues, parece razonable pensar que ha llegado el momento de diseñar un marco institucional donde pueda operar este mercado porque, en caso contrario, la “falsa moneda” siempre reemplaza a la “buena”. Sin embargo, Boldrin y Vázquez consideran inapropiada esta reforma.

Por ona parte, los autores defienden que el “pirateo” facilita la digitalización de los consumidores. Dado que el consumo de libros, música, películas o videojuegos es gratis (aunque sí tienen que pagar el acceso a Internet a los teleoperadoras), los consumidores tendrán incentivos a aprender a utilizar los ordenadores o a navegar por Internet. Así pues, el “pirateo” podría facilitar la mejora del capital humano de los trabajadores.

Por otra parte, el artículo considera que la lucha contra la “piratería” en Internet viene explicada por una resistencia al cambio del sistema de remuneración de los autores. En este sentido, la industria cultural querría evitar el desarrollo de los mercados virtuales para mantener una estructura de negocio centrada en los soportes físicos. Por lo tanto, la reforma de la LES vendría a bloquear el crecimiento de Internet y, con ello, a retrasar el desarrollo tecnológico de nuestro de país. Pues bien, en mi humilde opinión ni una ni otra consideración se mantienen.

En primer lugar, defender el “pirateo” como mecanismo de alfabetización digital resulta una vía discutible. Un desarrollo racional de tal argumento podría hacernos recomendar “piratear” también el derecho de propiedad industrial con el objetivo de converger primero con la frontera de posibilidades de producción mundial. Sin embargo, los autores defienden socializar el coste de la compra de patentes y no su uso ilegal. Además, el “pirateo” no parece el mejor método de educación digital. En este sentido, no creo que a los actuales “analfabetos digitales” (principalmente, gente de edad avanzada o personas con reducida formación) podamos incentivarlos a usar Internet bajo la promesa de “consumo gratuito” de servicios sujetos a derechos de autor. Y en todo caso, aún siendo así, parece razonable buscar otros mecanismos alternativos a infringir la ley.

En segundo lugar, con independencia de la estrategia de la industria cultural, resulta complicado defender un cambio de modelo de negocio, desde los soportes físicos a los virtuales, si en este segundo los ingresos son cero. En mi opinión, la “piratería” juega en contra del cambio de modelo. Si verdaderamente defendemos la evolución del modelo de negocio, está claro que debe ser posible una rentabilidad positiva de la inversión. ¿Alguien confía en el futuro comercial de Amazon una vez se popularice el libro digital y los costes del “pirateo” editorial se reduzcan a cero? Mientras existan webs ilegales que vendan o distribuyen bienes y servicios sujetos a derechos de autor gratis será muy difícil armar un modelo de negocio en Internet y, además, se llevará por delante el viejo modelo. Es decir, la “mala moneda” elimina a la “buena”, la oferta desaparece y, con ella, el mercado. Así pues, si defendemos un cambio en las pautas de “consumo” de cultura es necesario delimitar el marco institucional en donde va a operar el nuevo mercado y, por lo tanto, establecer que el comercio ilegal, las ventas sin “IVA” o las falsificaciones son un delito que lleva aparejado el cierre de tu “tienda virtual”.

Ciertamente, estamos en tiempos de cambio y aún no sabemos a ciencia cierta como regular perfectamente los derechos de autor. No seré yo quien se atreva a perfilar una regulación perfecta de los mismos. En todo caso, y con independencia de otros debates, considero que el mercado digital debe tener un marco regulador transparente y estable y creo que esta propuesta de la Ley de Economía Sostenible va en el camino adecuado.

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Comentarios

  • Anónimo

    La aparente contradicción de los artículos de Boldrin y Vázquez creo que se explica porque defienden un cambio progresivo respecto a la propiedad intelectual que no sea muy traumático. En el caso de los derechos de autor se puede avanzar más y en el de la propiedad intelectual por ahora quizás no tanto.

    Aún así, un par de puntualizaciones. Los autores no creo que defiendan que se deba alfabetizar digitalmente a través de la piratería, constatan que ahora la piratería sí incentiva el uso de las TIC y exponen que una posición dura tiene una contrapartida.

    Los soportes virtuales tienen muchos ingresos (más conciertos, más descargas de pago, ingresos por publicidad…). En Amazon lo sabe bien y confían en el libro digital y de hecho comercializan desde hace tiempo su propio lector de libros, están posicionados ahí supongoq ue siguiendo el modelo de iTunes o Spotify, que ganan mucho dinero en un sector en el que el coste de pirateo editorial ya es cero.

    • Article Author
  • Abel Fernández

    A mí me gustaría romper una lanza a favor del argumento de Boldrin, aunque sólo sea desde el punto de vista del empírico agnóstico:

    Podemos argumentar todo lo que queramos acerca de los incentivos a la produccion intelectual bajo distintos (o ausentes) regímenes de protección, pero lo cierto es que los datos que analizan en su libro (Boldrin y Levine – Against Intellectual Property) son sorprendentes: tras la introducción del sistema de patentes en EEUU, la tasa de patentes creció más en aquellos países donde no había protección (creo que, por ejemplo, Alemania), que en EEUU. El libro lo explica muy bien y es gratis descargarlo, como no podía ser de otra manera.

    Por mucho que nos convenza una teoría, si los datos parecen sugerir lo contrario…

    • Article Author
  • Alfredo

    Y los trolls de patentes están por las nubes. desde luego el crecimiento puede ser infinito, pero de ahí a ver un mundo ideal en las patentes, dista un trecho

    • Article Author

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