Se avecina otra gran final, si bien no tan emocionante como la del domingo, mucho más relevante para el bienestar del mundo en su conjunto. La batalla no está exenta de una cierta carga ideológica, con un lado encabezado por Krugman y su visión keynesiana y el otro por Alesina, con una visión más empirista, justificada por el papel de las expectativas.
El encarnizado debate sobre los efectos macroeconómicos de los recortes fiscales ha llegado a España. Hasta ahora, el consenso estaba en que la política fiscal contractiva (recorte del gasto) tendría un efecto negativo sobre el PIB que retrasaría la recuperación. La base teórica del razonamiento se encuentra en el modelo IS-LM básico.
Sin embargo, la investigación empírica más extensiva realizada hasta ahora sugiere lo contrario. Alesina y Ardagna analizan la evidencia histórica disponible (Large Changes in Fiscal Policy: Taxes Versus Spending) y encuentran que, tras un recorte del gasto público, el PIB suele experimentar una expansión. Debido a lo contraintuitivo del resultado (al menos, dentro del keynesianismo ortodoxo), los investigadores intentan explicar qué mecanismos podrían dar como resultado crecimiento en vez de contracción. La explicación más aceptada por la profesión se encuentra en las expectativas de los inversores, que descuentan un futuro más estable de las finanzas públicas, aumentando su confianza actual.