Rigideces educativas, consecuencias productivas

16 Noviembre 2010 7

Seguro que no se extrañaría si le digo que en su empresa:

:: se sabe perfectamente quién es su jefe, a quién tiene usted “por debajo” y por los lados, es decir se conoce el esquema jerárquico a la perfección

:: todas las personas que la componen saben exactamente qué tienen que hacer y cómo lo tienen que hacer en cada momento

:: existen controles precisos para medir que cumple con los objetivos para los que ha sido contratado/a: desde el control horario hasta cómo redactar un e-mail

:: el ascenso en la escalera jerárquica es complicado, lento y tienden a primar patrones como la experiencia y la capacidad técnica

Lo raro no es que usted se reconozca en esta forma en la que están diseñadas las empresas. Lo desconcertante es que han sido diseñadas, pensadas y transmitidas adecuadamente (con mínimos cambios) desde hace más de un siglo. Nuestras organizaciones están pensadas para el control, la precisión, la estabilidad, la disciplina y la fiabilidad, como dejó establecido Max Weber hace casi un siglo. Nuestra forma de organizarnos ha tenido como padres espirituales del management a Winslow Taylor, Henri Fayol o del propio Max Weber a finales del siglo XIX y principios del XX. Son los responsables de diseñar instrumentos para gestionar el gran desafío de la revolución industrial. Para crear grandes conglomerados empresariales donde no existían. Para involucrar a trabajadores poco formados a realizar tareas muy automatizadas, con objetivos claros, delimitados y con procesos repetitivos.

Pero en un siglo han cambiado muchas cosas. La integración de los mercados es cada vez más intensa, las Tecnologías de la Información y Comunicación (TIC) han revolucionado la forma de gestionar nuestros negocios, de comunicarse, de interactuar y las propias oportunidades de la división del trabajo. Los ciclos de vida del producto/servicio son cada vez más cortos. Existe mayor presión competitiva en los mercados; mayores desafíos empresariales para lanzar ideas novedosas al mercado o nuevos modelos de negocio: cómo vender, cómo comprar, cómo relacionarnos con los clientes, proveedores e intermediarios. Hoy el desafío consiste en crear organizaciones inteligentes donde se concentren personas formadas, con alta motivación, con capacidad para comunicarse, para crear, capturar y moldear ideas que se conviertan en valor añadido para la organización.

Necesitamos eduación con creatividad para conseguir productividad laboral

¿Y creen que es posible planificar y encorsetar a los trabajadores y que al mismo tiempo tengan iniciativa, tengan creatividad y pongan toda la pasión posible en lo que están haciendo? Ésa es una de las grandes preguntas que el propio Gary Hamel lanza en su libro El Futuro del Management, y su respuesta es que no.

Las personas derrochan creatividad, tienen intereses, motivaciones y capacidades para conectarse con otras personas con sus mismos intereses. El problema es que esos intereses y esas capacidades no las aprovechan en sus puestos de trabajo, sino a la salida de los mismos. Parece que cuando una persona entra a trabajar por la mañana en su empresa se despoja de algunos elementos básicos que la definen: creatividad, pasión, interés por aprender y mejorar. No tenemos organizaciones que valoren ni la creatividad, ni la flexibilidad ni la pasión. Nos pasamos una gran cantidad de tiempo protegiendo nuestras ideas, evitando que nadie nos las copie. Al menos deberíamos de dedicar el mismo esfuerzo, si no más, a conectar esas ideas con otras personas ajenas a nuestra organización para crear sobre ellas, para llegar a acuerdos, para involucrar el talento interno que tenemos y fijar el salario, los incentivos, sobre la base de estos patrones que son los que están definiendo la competitividad empresarial actual.

Cambio de dirección en el sistema educativo

Pero para disponer de personas creativas, que exploren sus pasiones, que estén dispuestas a comunicarse, a asumir riesgos, a cometer errores y a aprender de ellos, necesitamos que nos eduquen en ello. De la misma forma que empecé este artículo podría haber comentado los principios que tienden a definir nuestro sistema educativo actual, desde infantil hasta la universidad. En la mayoría de los centros educativos de nuestro país:

:: se sabe que el profesor “manda” y los alumnos “están por debajo”, cualquier tendencia hacia lo contrario es un escándalo social

:: todos los implicados (profesores, alumnos y padres) tienen unas tareas claras e inmutables, que no cambian con los años

:: los alumnos tienen unos objetivos definidos que cumplir y sufren controles periódicos para comprobar su productividad, al tiempo que se promueve la competitividad

:: no hay lugar en nuestros centros para la formulación de preguntas, para cuestionarse lo impuesto, para el desarrollo individual, para el despertar creativo ni para la búsqueda del talento

:: alumnos que son embutidos de conocimientos que a la salida de su centro educativo podrían encontrar a golpe de click sin mayores dificultades en lugar de dotarles de las herramientas para enfrentarse a problemas distintos de los aparecen en su libro de texto (lo cual les oxida para enfrentarse a un mundo cambiante);

Nuestros alumnos y alumnas derrochan creatividad, tienen intereses, motivaciones y capacidades para conectarse con otras personas con sus mismos intereses. El problema es que esos intereses y esas capacidades no las aprovechan en sus lugares de estudio, sino a la salida de los mismos, cuando “se conectan” con el mundo.

Parece que cuando un niño o adolescente entra al colegio o instituto por la mañana se despoja de algunos elementos básicos que deberían definir el aprendizaje: creatividad, pasión, interés por aprender y mejorar. No tenemos un sistema educativo que valore esa creatividad ni pasión.

Con estos mimbres tenemos un sistema educativo que genera personas más bien pasivas, poco comunicativas, con muy poco espacio para seguir sus motivaciones, a las que nunca se les incentivó la creatividad para abordar nuevos problemas o nuevas soluciones y con una clara opacidad respecto a lo que es el mundo empresarial y las exigencias del mundo real donde su contribución será crucial en el futuro. Con estas rigideces educativas no podemos crear las capacidades necesarias para abordar una reforma en la gestión y capacidad para liderar los patrones de la competitividad empresarial. Estas rigideces educativas son, en definitiva, un lastre fundamental para crear un modelo productivo sobre los pilares del conocimiento. Pongámonos a ello porque será la gran baza económica de nuestro futuro inmediato, del que emana nuestro potencial endógeno.

7 comentarios

  • Anónimo  

    Me ha encantado vuestra reflexión. Estoy firmemente convencida de que nuestro sistema educativo en lugar de potenciar la creatividad y motivarnos para emprender un camino con alegría y pasión lo que hace es que escondamos nuestros talentos en uso doméstico. Necesitamos un gran giro en este sentido, nos beneficiaría en muchos aspectos.

  • Anónimo  

    Soy empresario y profesor de universidad desde hace más de 30 años. En la empresa, una consultoría cultural, siempre he ayudado a las organizaciones culturales a innovar como gran objetivo. En la docencia siempre me he dedicado a formar educadores y gestores culturales creativos a través de metodologías interactivas que me han permitido aprender mucho y pasármelo muy bien. Lo digo porque, a pesar de vuestras críticas justificadas al sistema educativo, los docentes creativos podemos operar sin ninguna restricción. En definitiva, que somos las personas las que tenemos en nuestras manos la posibilidad de cambiar el rumbo hacia la creatividad innovadora. Sólo que debemos aumentar el club.
    Jaume Colomer

  • Javier García  

    Claro que sí Jaume, muchas gracias por tu aportación!!!
    La clave son las personas y lo que haces, de momento, es muy meritorio y “raro”. A ver si creas escuela!!! Que me consta lo haces muy bien!!
    Un fuerte abrazo

  • Anónimo  

    Yo creo que los docentes motivados pueden hacer cosas pero no creo que puedan operar sin ninguna restricción. Yo llevo más de una década intentando cambiar un poco cada día la forma de enseñar Economía. Intento mostrar una empresa intelectual en marcha, con pocas respuestas, muchas preguntas, algunos instrumentos y mucho que hacer. Tengo a Javi y a otros muchos por aquí de testigos.
    La mayor restricción que tengo son los propios alumnos. Al ser uno de los pocos que enfocan la enseñanza de esta manera los alumnos tardan muchísimo en creer que mi forma de trabajo es productiva. De hecho, alguno me ha confesado a posteriori que pensaba que era un lunático. Ellos se sienten más cómodos memorizando algún manual o algo que dicte el profesor. Es lo que hacen durante varios lustros antes de llegar aquí. Yo uso un buen manual, tengo apuntes pero el aprendizaje se hace alrededor de ejemplos, casos, noticias y lecturas en que el material más técnico se hace valioso.
    La segunda restricción es el material disponible. Al final, depende mucho de mis ideas, de mis navegaciones y de algún golpe de suerte. Al ser pocas las personas que enseñen de una manera activa todo es artesanal y lo artesanal es poco productivo. No se alcanzan las denominadas economías de escala. Ayer les dejé organizando un concierto de Shakira en la ciudad. No les salen las cuentas. La artista cobra mucho y si cobran mucho por la entrada creen que la gente no va a acudir. Una forma de darle vida a unas ecuaciones que vienen en los manuales.
    La tercera son los incentivos. Mi único incentivo es que algunos de mis alumnos terminan siendo mis colaboradores de por vida. La universidad estaría encantada de que buscase otro trabajo y poder contratar a dos personas a tiempo parcial y sin formación para sustituirme.
    Carlos Arias

  • Anónimo  

    Muy buena reflexión Carlos

  • Anónimo  

    Os felicito a ambos por ser mentes inquietas.
    La diferencia principal entre el primer mundo y el tercero es la inquietud por mejorar, en el tercero la gente en general es
    contemplativa y conformista, donde la creatividad se usa para apagar incendios, es decir solucionar problemas puntuales con ingenio y sin continuidad organizativa o de sistemas. El primer mundo establece esquemas y construye sobre normas que marcan estilo o forma de operar, a veces, esas normas puede que limiten los posibles avances pero el orden es muy importante dado que al mismo tiempo nos sitúan u orientan.
    No pongo en duda que un cambio en el sistema educativo y empresarial, sea necesario y positivo, lo que sí creo es que los cambios radicales y profundos se producen principalmente a través de personas excepcionales que nacen con aptitudes especiales o que en circunstancias determinadas ven de modo diferente la realidad o se revelan a ella y son por ello más creativos que los que le rodeamos. Creo que fabricar genios, seres creativos, ingeniosos, o con el tesón suficiente, no depende tanto del sistema educativo o la rigidez de los esquemas como de las aptitudes personales, inquietudes que uno aporta a las empresas y éstas a pesar de sus esquemas rígidos rápidamente valoran a esas personas y les dan oportunidades y por tanto generan riqueza. No obstante, estoy a favor de mejorar los sistemas culturales dado que estos hacen la diferencia entre la conformidad y el desarrollo, o dicho de otro modo entre el primer y el tercer mundo.
    César Calso

  • Anónimo  

    Lo importante es que existan docentes enfocados a hacer las cosas para que trasciendan y motivar alos estudiantes a ser criticos reflexivos .Algunos de ellos utilizaran las herramientas , enfoques , guias para aplicarlo en el campo donde se desarrollen . Tambien servira para tener otro esquema mental de cambio y desarrollo intelectual y cognitivo .

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