Manifiesto contra un futuro de ciudadanos – Alonso Alonso -

4 noviembre 2010 14

Uno de los problemas de ver el mundo desde el prisma de la economía es la aplicación excesiva de sus principios a cualquier aspecto de la realidad (una tendencia denominada imperialismo económico). La siguiente noticia invita a razonar desde herramientas propias de la economía, concretamente desde el concepto de equilibrio:

Una reforma legal termina con la prevalencia del apellido del padre.“. Nada extraño hasta ahora. Una situación de privilegio más abolida por la democracia. El problema está en la letra pequeña:

“Si la pareja no se pone de acuerdo o no precisa nada, los apellidos del bebé se decidirán por orden alfabético.”

Dicha medida (i) soluciona un problema pero (ii) crea otro debido a un diseño defectuoso:

(i) Soluciona un problema de negociación irresoluble, el mismo problema que sirvió a Arrow a formular su teorema de la imposibilidad (al que otro día dedicaremos una entrada). Los dos padres tienen valores diferentes, por lo que no ha de existir una solución óptima en la discusión. Ante esta disyuntiva, la ley plantea un mecanismo de resolución: prevalecerán los apellidos conforme a la ordenación alfabética.

(ii) El problema que crea el mecanismo es sencillo si se analiza en términos de equilibrio general ¿Cual es el equilibrio en el largo plazo de dicha medida? Hasta ahora, la ordenación de los apellidos era fundamentalmente aleatoria, pues dependía del sexo del progenitor. Pero ahora existen dos posibilidades:

En el primer caso, los padres se ponen de acuerdo. El equilibrio a largo plazo será similar al anterior y seguirá habiendo una distribución de apellidos similar a la actual.

En el segundo caso, los padres no se ponen de acuerdo… o se inhiben para no crear conflicto. No es difícil ver lo que sucede con este escenario. Conforme esto suceda, la distribución de apellidos se irá sesgando paulatinamente hacia los primeros por orden alfabético, mientras los apellidos más cercanos a la letra “z” comenzarán a desaparecer. Una sencilla simulación con 100 individuos con apellidos distintos muestra que, en unas 7 generaciones, 98 apellidos desaparecerían siguiendo la regla de desacuerdo de la actual legislación. Es decir, se produciría un efecto cascada en los apellidos, generandose grandes bolsas en los apellidos frecuentes cercanos a la “a” (Díaz, Álvarez, Alonso… Consulta aquí los apellidos más frecuentes de España).

Es cierto que, al poder llegarse a un acuerdo, este mecanismo no se utilizará siempre. Pero, incluso aunque solo sea utilizado un 30% de las ocasiones, irá degradando poco a poco la variedad de apellidos y afectará en el futuro a quienes sí se pongan de acuerdo (ejemplo: “¿Le ponemos Álvarez Alonso o Alonso Álvarez?”). Es más, es posible que muchas parejas opten, para no crear un conflicto, adoptar la solución por defecto.

¿Cual es el problema?

Si bien hasta aquí hay poco que objetar, habrá quien piense que esto tampoco supone un especial problema. Nada más lejos de la realidad:

  • La desaparición de apellidos supondría la pérdida de un riquísimo patrimonio cultural. Los apellidos tienen un alto valor cultural en tanto que informan acerca de nuestros orígenes (Iglesias, Sacristán), antiguas profesiones (Herrero, Zapatero), eventos pasados (Ladrón, Verdugo) o lugar de procedencia (Papandreu, Forner, Otegi), entre otros aspectos. Todo ello sesgado hacia los orígenes del padre, claro está, pero al fin y al cabo se trata de un patrimonio cultural existente.
  • La legislación crea una stiuación de injusticia hacia aquellos con apellidos más alejados de la “a”. Es decir, quien tenga el primer apellido por orden alfabético sabe que, si quiere, su apellido prevalecerá; si no se llega a un acuerdo, la ley impone el suyo. Antes la injusticia era cuestión de sexo. Ahora desaparece dicha discriminación, lo cual es deseable, pero se introduce una discriminación que fuerza la degradación de la variedad de apellidos.
  • La degradación crearía problemas administrativos. La concentración de apellidos dificultaría el trabajo administrativo: si una gran parte de ciudadanos se apellidase Alonso Alonso, sería mucho más fácil confundir a unos con otros, que es el objetivo contrario que busca nuestro sistema de dos apellidos. También sería mucho más difícil localizar a conocidos a través de Internet; en unas generaciones, estarían naciendo miles de Alejando Alonso Alonso / Alonso Álvarez / Aguirre Álvarez / etc. cada año
  • Los padres acabarían creando apellidos compuestos para recuperar información sobre sus raíces, y tendríamos un país con nombres como Paloma Alonso-Quijano Alonso de Chiner.

Una posible solución

La ley aún se encuentra en trámite parlamentario y puede ser mejorada. Estamos ante un caso más de diseño defectuoso, en el que se corrige un problema (discriminación sexual) pero se crea otro (degradación de la variedad de apellidos). La solución que proponemos es sencilla de implementar:

Ante una situación de desacuerdo (o inhibición) de los padres, el orden de los apellidos se resolverá por sorteo. Una sencilla modificación elimina el problema que se crea. De esta forma, la evolución de la distribución de apellidos seguiría una pauta similar a la actual y (i) no se produciría una degradación de apellidos por culpa de la legislación y (ii) no habría una posición inicial de poder en la pareja (la actual propuesta da el poder de negociación a quien tiene el apellido más cercano a la “a”).

Es decir, no es necesario, para corregir una injusticia histórica, deteriorar nuestro patrimonio cultural, crear conflictos en la pareja dando a una parte poder sobre la otra ni crear futura confusión administrativa. En última instancia, quien crea que la aleatoriedad en la elección del apellido no es justa, rogamos lo compare con la situación actual. O le recomendamos la lectura del ensayo de Montaigne sobre la Fortuna.


14 comentarios

  • Anónimo  

    El tema de las filias, mas viejo casi que la palabra misma. La solución propuesta legal es un disparate, más digna de la época bíblica de Salomón que de la actual.

    En cuanto a la solución aportada por usted, sería la más justa para las partes pero se alejaría del fin que persigue, mantener la riqueza cultural. La forma de adquirir nuestros apellidos a generado que haya muchos iguales por lo que los sorteos no evitarían la pérdida paulatina de esa riqueza al haber un quintillón de García’s y sólo unos pocos Staedler’s (conozco a un lapicero que se llama así).

    Quizás deberían de hacer un híbrido de los apellidos, uniendo los dos en uno tal que así:

    – Si un Pérez tiene un bebé con una Domínguez: Pe-Do.
    – Si un Minguélez tiene un bebé con una Galiana: Ming-Ga.

  • Abel Fernández (author)  

    ¿Por qué dice que el sorteo eliminaría la variedad de apellidos? No es así. Si ahora mismo existe un mayor porcentaje de “García” que de “Velasco”, la propagación con el actual sistema ya es aleatoria en tanto que solo importa el sexo del padre. Con nuestro sistema propuesto, el primer apellido saldría tanto de uno como de otro, pero en tanto que no existe correlación entre el sexo y el apellido (puesto que uno puede nacer varón o hembra pero su apellido no depende de ello), la distribución actual se mantendrá del mismo modo que con el sistema que ahora tenemos. ¡Es pura estadística! El sistema propuesto por el gobierno, en cambio, sí que reduce la diversidad porque impone un criterio.

  • Anónimo  

    Yo iba más allá, en donde el orden del apellido se elige siempre al azar.

    Si un vasco de apellido onomatopéyico impronunciable (el único del país), casado con una española de apellido Álvarez, tuviera que sortear el orden del apellido de su bebé, tendría las mismas probabilidades de ganar o perder. Pero si no hay más apellidos como ese, la probabilidad de pérdida significa la extinción.

  • Anónimo  

    Y si se pusiera el primer apellido siguiendo el orden alfabético del segundo?, es decir, David Gutiérrez Vidal y Natalia Pulido Aguirre, en este caso, Aguirre está antes que Vidal, por lo que se toma los apellidos en este orden, Pulido Gutiérrez. Así no hace falta echar mando un de una moneda :)

  • Anónimo  

    Y si es una vasca la que posee ese apellido bajo el antiguo sistema también se perdería…
    Por sorteo, la vasca o el vasco da igual el sexo seguirán pudiendo, según decida el azar, perpetuar sus apellidos.

  • Anónimo  

    Ya existe un registro de los apellidos más comunes. Así que lo mejor sería ordenarlos por el menos común primero. Así se mejoraría la durabilidad de los apellidos a punto de desaparecer y mejoraría la variedad de nombres reduciendo los problemas administrativos.

  • Anónimo  

    “Pero, incluso aunque solo sea utilizado un 30% de las ocasiones”, por decir algo claro. En realidad es la típica polémica creada por nuestros rancios medios de opinión, que han conseguido hacer creer que la gente va a tener que usar el orden alfabético para poner los apellidos. La mayor parte de los padres se pondrá de acuerdo.

  • Anónimo  

    Porque entonces al menos tendría un 50% de posibilidades de conservar el apellido mientras que, con el sistema actual, la extinción es segura.

  • Anónimo  

    Una posible solución que aumentaría la variedad de apellidos es tener en los registros una lista de apellidos y número de personas que lo tienen. En caso de conflicto, prevalece el que tenga menor número de personas en la lista.

    Si la lista se actualiza periódicamente (cada año, por ejemplo), a la larga habrá una tendencia a aumentar la distribución de los apellidos.

  • Anónimo  

    Cuando se aprobó la Ley antitabaco dijeron…. que los dueños de los locales elijan si quieren permitir fumar o no…el noventa por ciento de los locales se quedaron como “de fumadores” por elección de sus propietarios. No contentos con el deseo mayoritario de los locales afectados el Gobierno ha cambiado de nuevo la Ley, ignorando obras, gastos y adaptaciones, para adecuarla a lo que no quisieron hacer en principio para que no les tacharan de autoritarios, ahora prohibiran fumar en todos los locales. En el caso de los apellidos va a pasar lo mismo, la tradición, fuertemente arraigada hará que el noventa por ciento de las parejas decidan que sus hijos lleven el apellido de padres y abuelos, y si no…al tiempo. ¿Nos cambiará entonces el experimento un Gobierno que no se cansa de inventar tonterías, ajenos a la voluntad de la mayoría? El cambio de nombres y apellidos ya está observado en el Registro Civil.

  • Anónimo  

    No conoce usted la cantidad de feministas (much@s de sexo masculino!) de pro que por el efecto acción-reacción se opondrían/opondrán al tradicional uso y posición de apellidos

  • Abel Fernández (author)  

    Creo que lo ideal no es aumentar artificialmente la frecuencia de apellidos extraños. El mero hecho de que algunos apellidos sean extraños mientras que otros muy frecuentes es un valor cultural en sí mismo, pues contiene información sobre el pasado (¿hay más “Zapateros” en Murcia o en Orense?). Lo ideal es un sistema que no altere artificialmente las proporciones, y el que se nos ocurre que respeta esto es un simple sorteo entre el apellido del padre y la madre.

  • Anónimo  

    A ver, elegir el orden de los apellidos se puede hacer desde 1999, no han desaparecido apellidos que yo sepa, ni se ha hundido el país. Además, a muchas familias les puede gustar más Zapiaín que Prada, por ejemplo. Las familias se podrán de acuerdo, elegirán, la riqueza se mantendrá, y sólo en un muy reducido número de casos se decidirá “por defecto” y prevalecerá el orden alfabético. Sinceramente, prefiero esto a que prevalezca el apellido masculino. A los que tanto se quejan… ¿Qué les parecerían unos cuantos siglos de prevalencia del apellido de la madre? Es que de verdad… tenemos un país muy muy rancio, ahí tenemos a nuestro próximo líder supremo que nos va a sacar de la crisis, diciendo que “va a dar la batalla para la prevalencia del apellido del padre”. Toma ya lección de igualdad! La que nos espera!

  • Anónimo  

    El apellido paterno se impuso porque la mujer estaba limitada al ámbito doméstico, del político estaba excluida. Como los tiempos han cambiado es lógico cambiar el sistema, que ya estaba obsoleto y no cumplía la función para la que se había creado. Un sistema que por defecto aplica el apellido paterno no es buena.
    El sistema aleatorio me parece el mejor, pero no el aquí indicado porque éste obvia a algunos de los agentes implicados. Y es que al Estado no le importan los apellidos, su orden o su originalidad, tan sólo quiere resolver ese conflicto entre partes sin discriminar a ninguna utilizando un sistema que se resuelva por sí mismo. Lamentablemente de esta forma los apellidos se convierten en el agente discriminado. Una posible solución que cumpla todos los requisitos (sistema que se resuelva solo, trato equitativo para las partes, no discriminador de los apellidos) sería que los hijos nacidos tomaran como apellido el de su madre y las hijas el de su padre. Así no habría discriminación a los apellidos, se resolvería el sistema con cierta equidad para las partes y el sistema se resolvería solo. La riqueza cultural se mantendría también y ningún agente externo y vivo sería necesario para hallar una solución, algo que el Gobierno ha querido evitar.

    Otra medida, que estoy que me salgo, es sacar provecho de estos conflictos vía subasta. Quien quiera imponer su apellido sobre el de su cónyuge, que pague.

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