¿Cómo salimos de esta? (II)

17 mayo 2011 1

En el capítulo anterior decíamos que la probabilidad de que una persona esté en la bolsa de desempleo de España aumenta más que significativamente si no tiene estudios, si tiene menos de 30 años, si ha trabajado en la construcción y si su último trabajo es temporal. Además, lo habitual es que esté en el paro y no se forme, a pesar de que su nivel educativo sea muy bajo. Ésta es la foto fija que explica más del 90% de la destrucción de empleo y del aumento del desempleo de la economía española durante la actual crisis económica.

Déjenme que empiece fuerte:

:: ¿Alguien cree que el perfil de un sindicalista español es de una persona con menos de 30 años, sin estudios, con contrato temporal y en paro? Me temo que la respuesta es que no, que el perfil es muy distinto. La propia experiencia de estar presente en muchas negociaciones laborales me permite corroborar esa intuición. Por lo tanto, ¿a quién representan los sindicatos? ¿Quién representa al colectivo de los jóvenes?

:: Si hay que despedir, ¿quién sale primero de una empresa, el joven -licenciado o no- con contrato temporal o una persona con experiencia y contrato indefinido? Sólo en indemnizaciones, las barreras que alejan a estos jóvenes de una persona que lleva dos décadas en una empresa, por ejemplo, es tan grande que la única vía de escape es que al joven no se le renueve el contrato o se le despida.

:: Si hay que contratar, ¿a quién cree que contrataría, a un joven sin experiencia previa y sin estudios o a un joven también sin experiencia pero con cualificación -módulos superiores o estudios universitarios o cursos específicos de formación-? Aunque sólo sea por flexibilidad, y dado que ambos no tienen experiencia, lo racional es contratar al joven formado, porque puede ir escalando en la empresa, a medida que va adquiriendo más experiencia. Su formación señala una cierta capacidad para sobrevivir en el mercado laboral.

:: Por otro lado, está el problema de la rotación laboral. Como el colesterol hay una rotación buena y otra mala. La mala es la que está impregnada en la economía española, la de los que entran y salen muy rápido en una empresa y no les da tiempo a adquirir ni experiencia y amplios conocimientos (esto es lo que genera el cáncer de la temporalidad). Esa rotación no mejora ni el capital humano ni la productividad de una persona.

En cambio, hay otra rotación buena que es la que se produce dentro de la empresa. Si una empresa ficha a un joven ingeniero y lo va moviendo en diversos departamentos y va interactuando poco a poco con el resto de los trabajadores (sin estar 3 meses haciendo fotocopias), esa persona puede empezar a utilizar su capital humano y adquirir nuevas habilidades realmente productivas. Ésta es una de las grandes conclusiones de los estudios en este campo (consultar este documento, por ejemplo).

Esto está inventado, es uno de los secretos del éxito del modelo alemán. Esta entrevista en La Vanguardia al presidente de la patronal alemana da muy buenas pistas de cosas que se pueden hacer “de otra manera”, y de la importancia de conectar la educación con el mundo empresarial y científico.

Mi visión personal, fruto del trabajo con muchas empresas, es que hay muchas barreras imaginarias y egos para hacer que se produzcan rotaciones dentro de la empresa. Ya el concepto de PUESTO de trabajo lo dice todo. Parece que una persona está en un PUESTO y ya es de ella, es inamovible… y nadie se lo puede arrebatar. Este tipo de mentalidades en la gestión empresarial es uno de los problemas que tenemos que abordar y superar con garantías

Lo que no se puede tolerar como sociedad es que los más formados, los que más posibilidades para crecer y aportar en una compañía, no usen ese potencial, esa formación. El capital humano se disuelve si no se usa. De nada nos sirve ingenieros que utilizan sus conocimientos para trabajar en la caja de un supermercado.

La primera gran diferencia de unos países y otros (incluso entre emergentes y occidentales) no está tanto en la dotación de recursos, sino en el uso de esos recursos. ¿Prefieres un país cargado de AVE o un país donde los ingenieros, los arquitectos y los abogados trabajen de ingenieros, de arquitectos y abogados? ¿Uno donde haya muchas autopistas o uno donde se usen las autopistas de forma intensa y para crear valor? ¿Qué le da valor a una infraestructura y a una inversión, los euros invertidos o su uso productivo? ¿Y quién aporta lo productivo? ¡¡Las personas!!!. Pues trabajemos para que las personas crezcan, se desarrollen y aporten a la sociedad. Cuando lo logremos, pongamos AVE.

Si no hay rotación dentro de una empresa, si la formación no te genera grandes ventajas para progresar dentro de una organización, si la precariedad laboral para los formados es similar a la de los no formados y hay un exceso de jóvenes cualificados activos en el mercado laboral pero que no tienen diferencias notables de empleabilidad frente a los no cualificados… ¿cómo vamos a transmitir a la sociedad que la formación, el esfuerzo y las actitudes personales hacia la mejora personal son instrumentos clave para cambiar y generar más prosperidad? Si hay tapones laborales hacia los jóvenes en todos los niveles, ¿cómo les transmitimos que la clave es arriesgar, es lanzar proyectos y es aspirar a escalar socialmente? ¿Se valora esa escalada y ese esfuerzo?

Parece una tontería, pero cualquiera del mundo empresarial que conoce la sociedad anglosajona y la española siempre llegan a la misma conclusión: “Google nunca se financiaría en España, ni Facebook”…ni muchos proyectos “de alto riesgo”. Algo falla si tenemos una sociedad que no permite emerger proyectos globales, que no apueste por sus jóvenes, que les permita explorar todo su potencial. Y que valore que si se equivocan, la solución es evaluar por qué, levantarse e incentivar que lo vuelvan a intentar.

Parece que tenemos mecanismos reactivos (y no proactivos) para que las generaciones jóvenes y más formadas de nuestra historia sean lo que deberían de ser: un hervidero de ideas, proyectos, incitativas y la maquinaria de la revolución social y económica del país. ¿O nos formamos sólo para ser funcionarios -ojo, con esto no quiero decir que los funcionarios no tengan que estar formados, sino que no todo el mundo puede serlo o puede aspirar a serlo-? ¿O nos formamos para ocupar tareas que no requieren ninguna cualificación? ¿De verdad creemos que se puede desperdiciar de esa manera el capital humano de un país que, por otro lado, cuesta tanto crear?

A este problema social que tenemos hay que añadirle la resaca de nuestra burbuja inmobiliaria. Es necesario asumirlo: se han creado unos incentivos perversos que han sacado a muchos cientos de miles de jóvenes de los institutos para trabajar en la construcción. Ahora todo eso se desinfla y el sector destruye más del 50% de todo el empleo de la crisis española. Tenemos una bolsa millonaria de jóvenes sin ninguna formación. ¡¡¡Aceptémoslo!!!. Y aceptemos también que no va a volver otro sector que lo resuelva. Ni siquiera la construcción.

La crisis está haciendo que la construcción se renueve, se focalice en la internacionalización, en la innovación, en nuevos materiales, en industrializar sus procesos. El sector tiene que ser competitivo y eso no lo va a lograr metiendo más personas en las obras, sino metiendo más personas en sus departamentos de innovación. No pensemos que estamos ante una caída de la demanda temporal de empleo de baja cualificación. No pensemos que esto pasará cuando se recupere la crisis. Esa visión es simplemente miope.

Si tenemos claro que esto no va a volver, la solución es dejar de invertir en otras cosas para invertir en las personas. Para acabar con la resaca no necesitamos más alcohol, sino desintoxicarnos. Para hacerlo tenemos que hacer un plan de choque de formación y capitalización en España. En países emergentes donde los niños compiten con el subempleo (pedir a la salida de los aeropuertos) y los vertederos, la solución para meterlos en las aulas es pagarles, y pagarles más cuantas mejores notas logren, e incentivar con becas estudios cada vez más avanzados. Siempre pagar por el esfuerzo, no por ir a clase (sería tirar el dinero otra vez por el desagüe).

Pues lo mismo necesitamos hacer con los jóvenes menores de 30 años de España que no tienen formación. Hay que diseñar un plan formativo a gran escala para ellos. Que combine conocimientos teóricos con talleres prácticos. Que combine las herramientas TIC con el acceso a prácticas en empresas, en talleres para emprender, en formación en diversas disciplinas trasversales y especializadas. Busquemos cómo utilizar las aulas de los institutos, de los centros de formación privados, y por supuesto involucrar a las empresas. Y generemos el incentivo a que ganen dinero a medida que esos conocimientos sean mejores.

Creo que con unos cuantos kilómetros de AVE que dejemos de hacer esta medida podría resultar realmente productiva en el país. Necesitamos reconducir la situación laboral de España no sólo con las reformas (lideradas por personas que no representan al colectivo que verdaderamente está en paro y taponado) sino a través de la formación (de verdad) y en la forma en la que se gestionan nuestras empresas (de verdad).

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